Esperando a Godot de Alfredo Sanzol en el Centro Dramático Nacional
«…no se sabe por qué…» esta frase la repite durante unos parlamentos uno de los personajes de esta versión personal que ha hecho Alfredo Sanzol de la obra de Beckett. Hay que intentar zarandear a los clásicos, sacarlos de las urnas de adoración…es un gesto lícito para los creadores, incluso a riesgo de equivocarse. Sí, hay que probar los límites de los textos importantes del pasado pero hay que medir con inteligencia los pasos a dar o al menos, pensar varias veces si el camino que se va a elegir llevará a algún paraíso nuevo o al infierno del disparate. Alfredo Sanzol está estrenando constantemente como autor y director, está muy bien en estos tiempos de precariedad pero hay que pensar si tanta producción no hace peligrar el fondo del trabajo que realiza. Este autor y director tiene un mundo propio muy sugerente cuando escenifica sus propios textos, un humor disparatado e inteligente que nos sumerge en pequeñas pesadillas deliciosas. Pero cuando se enfrenta a otros autores a los que trata de imprimir su peculiar mirada, no siempre encuentra la horma de su zapato. Al menos en esta clownesca y plana versión de Esperando a Godot no lo ha conseguido. Las dos horas de función transcurren en un diálogo chistoso y rápido que remite más a los shows de café teatro picante que a la obra filosófica de Beckett.
Adolfo Simón


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