Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

El nombre de la rosa de Umberto Eco en el Teatro Nuevo Apolo

El reto de llevar a la escena, la novela que después fue espléndida película, de El nombre de la rosa de Umberco Eco es grande. La historia nos es familiar de algún modo porque no solo nos habla el autor de una serie de acontecimientos puntuales que ocurren en la siniestra Abadía si no que nos hacen reflexionar sobre el poder y el horror sobre la manipulación de la mente del ser humano a través de las creencias. Ese laberinto de piedra y oscuridad por donde se pierden y aparecen los personajes casi fantasmagóricamente, es necesario que sea un personaje más, ha de instalarse en el imaginario del lector o ante los ojos del espectador para que cuando se acceda al espacio de la sabiduría y el conocimiento, podamos entender el valor de la perdida de estos. Sin duda alguna, el espacio escénico es un gran acierto, un gigantesco libro que se abre y se transforma es todos los lugares precisos para que ocurra la trama de esta historia. El equipo de actores es compacto y consiguen inquietarnos en cada una de sus apariciones. Una apuesta monumental de la que salen bastante bien parados todos los creadores del espectáculo.
Adolfo Simón

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