Un hombre con gafas de pasta de Jordi Casanovas en La pensión de las pulgas
¿Te has levantado alguna vez por la mañana y no te podías poner en pie sin haber bebido ni una gota de alcohol la noche anterior?…
¿Has sentido que en la cola del cine, tras un señor con gafas de pasta, te ha dado un mareo?…
¿Cuántas veces llegas alegre a una cena con amigos y sales con una depresión profunda por aguantar al que te ha tocado al lado?…
Si, los chupa sangre ya no se llevan, están de moda los vampiros de energía…Son peores!!!. Esos que se las dan de inteligentes, amables y comunicativos y que, en realidad, son unos manipuladores de personalidades, energía y emociones. Jordi Casanovas ha escrito y dirigido una pieza extraña e interesante, está a medio camino entre esas películas francesas donde quedan los amigos para cenar en el campo para ponerse al día sobre sus últimas experiencias personales y esas películas fantásticas de los setenta en las que el vampiro de turno vivía en el ático y te chupaba la sangre en el ascensor. Pero no crean que es una obra de bla, bla, bla…o de mordiscos en el cuello, aunque de todo esto hay. No, en el fondo hay una crítica muy sibilina sobre estos tiempos en los que resulta tan fácil quedarse en la fragilidad de lo que nos dicen que somos y por tanto, perder el norte de lo que realmente deseamos. Y está dirigida con muy buen ritmo y algún que otro toque de humor que ayuda a transitar por ese precipicio teatral. Y además, hay cuatro actores experimentados como son José Luis Alcobendas, Markos Marín, Inge Martín y Olga Rodríguez que dan vida y juego a este cuento perverso de rabiosa actualidad.
Adolfo Simón


Deja un comentario