La pensión de las pulgas, un espacio de otra dimensión
En pocos espacios escénicos de Madrid puedes viajar a otros lugares y tiempos al atravesar su puerta. La pensión de las pulgas tiene esa capacidad, cuando entras en sus salas, puedes dar un salto imaginativo y trasladarte a New York o Los Ángeles o viajar a Dinamarca sin moverte de la silla. Si, el teatro posibilita estas experiencias pero hay ocasiones en que nos hablan de otro sitio y uno no puede despegarse del barrio en el que está situado el teatro. Durante el mes de septiembre y también en octubre, hay tres propuestas nuevas en este espacio de la calle Huertas que tienen muchas razones para ir a verlas…
La Maratón de Nueva York es una obra del dramaturgo italiano Edoardo Erba, dirigida por Jorge Muñoz y protagonizada por Joaquin Mollà y Chechu Moltó.
Dos actores, calzados con unas deportivas, sobre dos metros de césped artificial y dispuestos a pasarse una hora literalmente corriendo, aunque no se muevan del lugar, reflexionan sobre por qué corren y sobre la vida.
Lo más interesante de la pieza, además del esfuerzo físico que realizan los actores durante la duración de la obra, ya que están corriendo literalmente sobre el lugar que pisan, es el juego temporal en el que nos sumergen, la carrera va transcurriendo ante nuestros ojos y les acompañamos tan solo con un movimiento angular que realicen. Pero, hay más sorpresas, porque en ese viaje imaginario descubriremos los detalles de la singular relación de los personajes y sobre todo, descubriremos un final sorprendente que hará que recompongamos de otro modo la peripecia de estos seres huyendo hacia el vacio.
Un disgusto danés es una pieza escrita y dirigida por Jumon Erra e interpretada por Elena Fortuny y Gretel Stuyck
Dos propietarias de un prestigioso restaurante y amigas inseparables, Olga y Lidia, cenan en su local vacío, una vez acabado el servicio. Inesperadamente, su relación se verá puesta a prueba. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por amistad? ¿Qué grado de compromiso es justo exigirle a un amigo? Cuatro años más tarde, las dos amigas se volverán a encontrar para cenar en el mismo lugar. Pero esa conversación, ese pacto alcanzado durante el postre, habrá dejado en ellas una honda huella. Olga y Lidia se verán obligadas a descubrir los auténticos límites de su relación.
También en esta obra vamos descubriendo que nada de lo que parece es, creemos que estamos antes un encuentro cordial de dos amigas pero durante el tiempo que dura la pieza, descubriremos que no están en un mismo plano físico las protagonistas, creemos que están a la misma hora y en el mismo lugar pero no, cada una está en una situación distinta que hace más rica e interesante la propuesta, pero para saber qué pasa realmente, tendréis que acudir a ver las próximas funciones.
Cliff de Alberto Conejero ha sido dirigida por el propio autor y Alberto Velasco e interpretado con entrega absoluta por Carlos Lorenzo
Días antes de la celebración de la ceremonia de los Oscar de 1961 –la cuarta y última ocasión en la que fue nominado– Montgomery Clift prepara en su apartamento de Upper East Side su regreso a los escenarios teatrales con La gaviota de Chéjov. Ha decidido abandonar su carrera cinematográfica y escapar por fin de los mandatos de los estudios y del hostigamiento de la prensa. Pero antes tendrá que cerrar las cuentas pendientes con el pasado.
Esta pieza es un trabajo exquisito desde todos los puntos de vista, Carlos Lorenzo realiza un trabajo intenso y comprometido para mostrarnos ese frágil ser que fue Cliff en el ocaso de su carrera. Para ello, se apoya en un texto complejo y sugerente ya que nos sumerge en todo lo que pasa en la cabeza del actor ante un momento en el que tiene que enfrentarse a sus deseos, miedos, sueños y fracasos…Un texto valiente, duro…como la vida misma. Todo lo que está en juego, espacialmente, sonoramente y en el video que se proyecta, está perfectamente ensamblado y al servicio de la historia que se está contando; todo esto gracias a la mano sensible con que lo han dirigido el autor y Alberto Velasco.
Adolfo Simón




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