Los seres laberínticos de Adriana Roffi
En estos momentos, en la cartelera madrileña se puede disfrutar de dos propuestas escénicas de Adriana Roffi. Como si pasara un tren de Lorena Romanín en el bello y rococó nuevo espacio OFF del Teatro Lara, pieza que dirige y en Ámame en La pensión de las pulgas, obra que firma como autora y directora. Las comparaciones son odiosas y no se trata de hacer esto, más bien, tratar de descubrir cuál es la personal poética de esta autora y directora. En ambas obras hay un trabajo sencillo desde la puesta en escena, son planteamientos realistas con toques mágicos. El trabajo con los actores es sutil; esas composiciones de personajes que parecen extraídos de la realidad: «esos vecinos invisibles» que parecen normales y que esconden laberintos misteriosos en los que se ocultan sus deseos profundos. Y como autora, también trata de acercarnos a la realidad con una mirada aguda; como si a la misma le hiciera un corte con un bisturí fino, pudiendo ver, a través de esa grieta el deseo, la tolerancia, el miedo, la vulnerabilidad de estos seres. No es fácil encontrar nuevas voces personales en la escena, Adriana Roffi lo es.
Adolfo Simón



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