Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

Indagación sobre estéticas y poéticas en la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Hoy aproveché para ver la programación doble que hay en el Teatro de la Comedia, sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

En la sala Tirso de Molina hay un tríptico que contiene «El disfraz, las cartas y la suerte». Cada pieza se instala en un estilo diferente. El disfraz, la primera, es un melodrama musical con un ritmo trepidante que mantiene la atención del público durante el juego de cambios de roles sociales. Las cartas es un monólogo que nos sumerge en las peripecias de una mujer casada y engañada, durante casi una hora, la actriz muestra sus miedos y deseos en escena. La última, La suerte, en un diálogo sumergido en una atmósfera sonora que nos lleva a la Galicia profunda, para descubrir lo que la avaricia puede producir al ser humano. Las tres piezas solo tienen como denominador común el espacio escénico, tal vez habría funcionado mejor la primera en un programa y las otras dos en otro ya que las dos horas y media sin descanso que duran las tres hace perder la atención a partir de la segunda.

En la Sala grande, una compañía de clowns nos invita a desentrañar los entresijos de El diablo cojuelo mientras invitan al público a relajarse para permitir que una compañía disparatada pueda realizar un proyecto «serio» sobre un texto clásico… ¿Qué es clásico?, esto se pregunta un personaje en algún momento…Y tras estas propuestas, muchos espectadores se lo habrán preguntado también.

Adolfo Simón

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