Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

«La sonámbula» en el Teatro Real

Mucho antes de que el verismo explotara la temática de la infidelidad femenina desde perspectivas realistas cargadas de testosterona –y proclives a la exhibición de retumbantes agudos tenoriles–, Bellini abordó lo que era entonces un espinoso tabú con un cuidado y una delicadeza dramática y vocal casi oníricas. Ambientada en los Alpes suizos, esta ópera semiseria enfrenta a las gentes de estas idílicas tierras –idealizadas por los románticos en Guillermo Tell, La hija del regimiento o Giselle– a sus propias mezquindades, arrojados al vacío de la desconfianza y el ostracismo por la incierta sombra de una vulgar sospecha. El sonambulismo de la protagonista actúa así como el revulsivo necesario para despertar a todos de una pesadilla colectiva, a la vez que proporciona su momento álgido a una poética partitura que se acabó convirtiendo en uno de los iconos más duraderos y resistentes del belcantismo.

Esta nueva producción corre a cargo de Bárbara Lluch, promesa nacional que, tras una década de trabajo en Londres, ha presentado en Madrid Le cinesiLa casa de Bernarda Alba y La del manojo de rosas y que, a tenor de lo conocido, presentará La sonnambula con un lúcido toque moderno y feminista. 

El montaje es una gran producción en la que todos los elementos escénicos encajan a la perfección para provocarnos una reflexión estética a partir de lo que nos proponen en el libreto y, sobre todo, para que una orquesta espléndida y un equipo artístico en la escena…coro, cantantes y bailarines nos muestran una historia en primer plano que oculta todo un comportamiento de represión involutivo por una sociedad que se deja llevar por el qué dirán. Al final salimos del teatro con la sensación de haber disfrutado estéticamente y pensado sobre qué sociedad potencia los valores o las miserias humanas.

Adolfo Simón

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