LEB: «La vanguardia escénica a las puertas del Pirineo», un festival sorprendente.
Tres son los pilares sobre los que han construído este festival. Un escaparate contemporáneo largamente soñado y diseñado con mucha seriedad…
1-Excelencia artística…Una apuesta por nuevas poéticas que asuman riesgos creativos
2-Transmisión de conocimiento…Actividades paralelas para un diálogo directo entre compañías y público.
3-Integración social…Espectáculos y actividades accesibles para todas las personas. Una celebración y visibilización de la inclusión.
Y estas premisas, se han volcado del 1 al 9 de diciembre en…
Funciones de arriesgados formatos en distintos espacios, foros de debate dirigidos a profesionales, talleres formativos, exposición, sesiones divulgativas, premio de textos escénicos, procesos de mentoría con colectivos locales, escuelas de artes escénicas invitadas, acciones de mediación…
El 1 de diciembre aterricé en Pamplona y tras media hora en coche, llegué a Aoiz, una población de alrededor de 3.000 habitantes, un lugar con ese fantástico aire sobrio del norte y con gente muy acogedora. Podría haber llegado hasta allí para unas breves vacaciones en las puertas del Pirineo pero no, allí estaba a punto de iniciar su andadura, el Festival LEB, con un programa sorprendente que ya quisieran muchas de las grandes ciudades de nuestro país o ya me gustaría que hubiera en alguno de los rincones despoblados de esa España que mira poco por los lugares pequeños y a los que, difícilmente, llegan propuestas culturales de interés.
Durante el tiempo que estuve allí, vi un lugar volcado en un evento que provocaba el encuentro entre profesionales y visitantes con la población de ese bello rincón. Mi participación fue en una mesa debate sobre nuevas dramaturgias escénicas; durante tres horas debatimos con entusiasmo sobre los nuevos lenguajes y estéticas ante la mirada atenta de un nutrido público. Tuve la suerte de conocer a fondo la trayectoria de Eugenia Klever, Maialen Díaz, Dario Sicco y de Jana Pacheco que moderó con gran precisión la sesión.
Pero antes, tras la inauguración del Festival, se presentó el texto ganador del I Certamen LEB y pudimos recorrer la exposición de trabajos realizados con grupos de adolescentes con mediación teatral.
Todas las actividades estaban atravesadas por encuentros cordiales durante la comida o la cena, consiguiendo compartir información sobre nuestras trayectorias durante conversaciones relajadas.
Y al finalizar de la primera sesión…»Mujer en cinta de correr sobre fondo negro», una función arriesgada en el Centro Cultural a la que, sorprendentemente, asistió mucha de la ciudadanía, además de los participantes del Festival.
El día 2 tuvo como eje programático el taller «Yo es otro, poéticas de autoficción» que impartió Borja Ortíz de Gondra, entre la sesión de la mañana y la tarde, acudimos a la plaza del pueblo para disfrutar de una función de danza urbana: «The Town». Y, de nuevo, al finalizar la jornada, otra función teatral, en este caso… «El Dios del Pop».
Durante dos días asistí a contenidos bien estructurados, organizados para poder disfrutarlos sin presión ni prisas y, ante un despliegue fantástico de fórmulas de accesibilidad para los asistentes con diversidad que no he visto ni en grandes centros nacionales.
Sin duda, ha surgido una experiencia escénica que no es lo habitual en nuestro país y menos en lugares que no son el foco mediático pero esto es, precisamente, lo más admirable, la posibilidad de que la cultura llegue donde no se suele disfrutar y en buenas condiciones, con calidad y cuidado.
He de dar la enhorabuena a su director Asier Andueza Elía y a todo su equipo que, estuvieron volcados con pasión y delicadeza. Solo queda desear que ya se esté gestando la segunda edición y que tenga la misma atención política y social de este año. Por lo que me pudieron comentar otros colegas, el resto del Festival siguió con un nivel de excelencia y armonía total.
Adolfo Simón


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