«Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos» en Nave 10
Enamorarse es un acto de fe, una misión espacial de alto riesgo para la que no hemos hecho entrenamiento. Desde la experiencia de la creadora, enamorarse pasados los cuarenta es, además, un ejercicio de autoconfianza. La confianza que se había perdido en el viaje hasta esa edad. Pero tengamos veinte, cuarenta o sesenta años, creamos en los extraterrestres o no, el amor nos llega de sorpresa y nos hace sentir que estamos de nuevo en el principio de todo.
Esta idea la autora y directora la plantea como un cuento delirante para tomar distancia de la cotidianeidad y poder enfrentarse de nuevo a los sueños de siempre, a esos que el amor suele enturbiar y aquí, tienen posibles paisajes para vivirlos.
Luis García Grande


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