Dalí en la portería
Volvía anoche para mí casa tarareando la canción Suspiros de España después de un doble programa de teatro. A veces, la coincidencia de dos piezas escénicas hace que uno entienda mejor el mundo que habitamos aunque sea sobre ficciones del pasado porque, al final, la historia es un bucle que se repite constantemente. En Dalí versus Picasso de Fernando Arrabal que se presenta estos días en el Matadero Madrid, hay un encuentro poético entre los dos geniales pintores para mostrarnos sus fragilidades y terrores antes la creación y el desarraigo vital. Todo transcurre dentro, delante y detrás de un cuadro porque, probablemente, su vida no existió más allá del arte y el precio que pagaron, a pesar de pasar a ser inmortales en la historia de la pintura, tal vez no fueron muy felices, al fin y al cabo…artistas mortales. Salvando las distancias, en La casa de la portera, el excelente coreógrafo y bailarín, Ramón Oller nos sitúa en ese país sin fronteras que es el mundo de los artistas, esos gitanos trashumantes que igual bailan en una plaza que en el Folies Berger y siempre, con la memoria a cuestas, con todo lo que se queda en el camino al recorrer tantos. Y de nuevo, el precio de crear a costa de perder la vida en cada paso, en este caso, de baile.
Adolfo Simón



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