Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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David Ojeda: El teatro tiene la labor de acrecentar a la sociedad, en valores, en realidades y en compromisos

ojeda¿Cómo surge el proyecto que estrenas en la Sala de la Princesa?…Háblanos del texto y del montaje…
El proyecto de Fisuras surge dentro de la propuesta del Taller Rivas Cherif del CDN, Escritos en escena, a partir del texto de Diana Luque.
Como plantea el proyecto, se trata de una apuesta en creación, un texto que no se halla cerrado, sino que está en proceso, durante todo el tiempo de trabajo, pudiéndose incorporar, ajustar, adaptar y valorar en todo momento hasta el último día de muestra, dado que será a partir de entonces cuando se haya concluido su composición. Y así está siendo.
Tanto Diana como yo, asistimos en conjunto a todo el proceso creativo, y eso ha sido una maravillosa experiencia, pues hemos ido dando forma, a través del trabajo de estudios e improvisaciones con los actores, a la escritura de Fisuras. Existía un borrador inicialmente, con una propuesta de personajes, que no ha variado, alrededor de un 60 % de escenas, mientras que a partir de todo el tiempo de trabajo inicial, alrededor de las tres primeras semanas, se fue conformado lo que ha dado pie al texto casi difinitivo, pues como digo, el texto se cerrará en sí el día 21 de diciembre, cuando hagamos el último pase. El montaje pues se constituye como una labor en proceso, donde la dramaturgia a tres bandas, la de la propia autora, la del director y la de los actores, va cerrando y concretando el principio original de la autora, y en la que Diana tiene una labor presente y constante en tanto debe atender que el proceso creativo no sea divergente hacia la fábula, sino enriquecedor y esclarecedor.

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¿Cómo ha sido el proceso de creación?…
Ha durado siete semanas, teniendo un crescendo en el proceso de concreción del texto.
Las primeras tres semanas ocupó la labor de improvisación y creación de estudios para personajes y situaciones, desde las que ir ajustando los distintos acontecimientos que conformaban las historia.
A continuación, perfilar los personajes en las situaciones ya concretadas y acercar el texto «provisional», así se debe considerar dentro de la propuesta, a lo largo de las escenas, ajustando más la línea de conflictos y viendo la eficacia del escrito, recientemente constituido, y siendo en muchas ocasiones labor de la propia gestación del intérprete en su labor de estudio e improvisaciones. En este sentido, se confecciona una labor en tres intenciones que deben adaptarse desde la generosidad, la escucha y la suficiente honestidad, pues, se ha de saber que se está en un cuerpo vivo, operando en el instante, y que cualquier condición extraña o innecesaria podría hacer tambalearse parte del engranaje. Esta es la gran diferencia a otros procesos, pues aun cuando se puedan llevar a cabo ciertas labores preliminares de configuración de personaje y ciertas apuestas previas al texto en la investigación del conflicto, se torna leve pues el texto ya nos depura la mirada, la trayectoria a seguir, es una obra cerrada que se abre de a poco para el estreno, mientras que aquí, el estreno, si lo hubiere, se produce el último día, cuando se acaban las muestras, al menos, el estreno del texto que será ya definitivo.

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¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para crear esta puesta en escena?…
En concreto ninguno, he seguido fiel a mis atenciones como director a la hora de que el espacio escénico donde la acción del intérprete esté desde un primer momento definido. En este caso, me parecía necesario acotar desde un primer momento los espacios y los entornos donde los seis personajes iban a encontrarse, hallando de a poco, en las dos primeras semanas, la ubicación inicial de los espacios de los personajes, pues era conveniente a la hora de trazar una mínima línea de intenciones que pudiera dar coherencia primordial al trabajo interpretativo de los estudios y las improvisaciones. Se fue elaborando una escaleta de acontecimientos y lugares de referencia, a la que a poco a poco se fue llenando de contenido y la concreción paulatina del texto.
El universo plástico lo he tenía muy aproximado, levedad de espacio, lugares en dos planos de acción, sobre lo real y lo onírico, y acotar que menos elementos dieran el máximo de posibilidades. Esto estaba condicionado por el propio espacio donde se iba a mostrar, la Sala Princesa, y desde un primer momento, intenté acotar el espacio en los distintos lugares de ensayos que hemos tenido, perfilando al final de las tres primeras semanas una leve planta de espacios, lugares y entornos en los que se movían los personajes. Desde luego, iba en una dirección que se debía acercar a lo hiperreal, en línea, como bien aportaba en su escrito preliminar de imaginario la propia Diana, ubicado entre una director como David Linch con propósitos donde lo cotidiano se vuelve extraño, siniestro, acaso algo anormal… o irreal. Ese ha sido el cometido final en la labor de espacio escénico y propuesta de iluminación, ayudados por el equipo técnico del CDN que en todo momento han intentando acercarse de manera sumamente creativa y disponible al proceso creativo.

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¿Por qué haces teatro?…
Quizá porque no pueda ya, no sepa o no quiera hacer otra cosa. En este montaje, se da un instante muy hermoso. Y es parte de este engranaje mágico de nuestra profesión. En el proceso de elección de elenco, se trazaron varias posibilidades para uno de los roles, y en el camino, apareció la figura de Vicente Díez. Esto supone para mí una importante posibilidad, no porque el resto de intérpretes no sean de suma necesidad, imposible pensar en otros, David Alonso, Ángel Perabá o Xenia Sevillano, sino porque se ha producido un hecho sumamente emocionante para mí con la participación de Vicente. Pues, hace nada menos que unos treinta años, le vi actuar en la mítica Sala Cadalso con el Indio quiere el Bronx, un montaje que con mis apenas quince años, significó que me decidiera finalmente a encaminarme a esto que realizo hoy día. En este sentido, hallarme en el CDN y encontrarme con su participación, pienso, en ciertos momentos, que ha cerrado un camino que se iniciara entonces, cerrar mi deseo y mi destino. Y digo esto, y en este sentido, porque abre, por todo motivo, un espacio de crecimiento, apuesta y búsqueda en mi trayectoria, aún incierta, pero que me ha supuesto una gran ilusión, una necesaria entrega, un merecido aprehendizaje, a través de la labor continua de todo el equipo artístico, junto a Diana Luque y Miguel Ribagorda, quien además de asistirme en la dirección ha dado un calado con la labor de poética musical que hubiera sido impensable de cualquier otra forma.

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¿Qué balances haces de tus trabajos como director teatro?…Háblanos de tus últimos trabajos…
Pues que han sido necesarios, sin excepción. Desde que se produjera con mi anterior compañía, El Tinglao, el montaje de Fando y Lis, del que todavía tengo remansos, pues, próximamente estoy invitado al Congreso de Literatura de la Crueldad en la Universidad Complutense a través del profesor y Catedrático Javier Huerta Calvo, y una próxima publicación de la obra, la cuál he podido prologar con la mirada de hoy a lo que fue la puesta en escena, añadiendo fotos del espectáculo; así como germen inicial de Mi piedra rosetta de mi querido amigo José Ramón Fernández y que ha inaugurado la nueva andadura en la que me encuentro, Palmyra Teatro, siento que Fisuras enmarca y propone un salto hacia adelante. Un crecimiento de un propósito donde la coralidad escénica, la mirada trágica, la atención a personajes nobles en momentos inciertos, la creación con apuestas estéticas y estilísticas en espacios únicos, permanentes, donde no existe el vacío escénico interpretativo, donde la música es motor de la dinámica de la acción y la conducción del conflicto, donde los tres lenguajes escénicos se muestras al unísono en una labor fundamental en el eje del espectáculo, en fin, en todas estas características, pienso que son una línea de intenciones que dura desde hace diez años, sin ser mucho ni poco, apuesta por una definición de todos esos parámetros, singnifcando una estructura artística, estética y estilística suficiente. Donde la mención a la discapacidad, y a la diversidad humana, se hace eco tanto en escena como a nivel dramatúrgico, cuestiones que me rondan y pueblan desde mis principios artísticos y teatrales, desde 1992 con la idea original de lo que fuera El Tinglao, compañía que dirigí durante casi 15 años, con una puesta innovadora en el panorama nacional, apostando por vías que hoy son reales, algo cotidianas, pero que entonces, era sumamente genuinas… Creo que en este arco de más de veinte años, y en lo concreto, en el ciclo ce los últimos diez años, Fisuras, hace un salto suficiente, y circunda una puerta desde el que adentrarse a una aventura nueva, una amplitud en la mirada y un recorrido en la búsqueda de espacios en diálogo con todo esto que me antecede.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Pues creo que tiene la labor de acrecentar a la sociedad, en valores, en realidades y en compromisos. Creo que la labor del teatro no duerme, no se siente ajena a las situaciones vitales, a las distintas formas sin ética que rodea a la política, por ejemplo, y a las distintas necedades y comportamiento faltos de humanidad de muchas capas sociales. Busca continuamente actualizarse, convertirse y avanzarse a sí mismo, pues tiene una labor de vate, vigía y timón permanente, no nunca una permisividad, un estancamiento, sino una pura y digna vanguardia, pues en todo hecho teatral se renueva, analiza y enmarca atenciones que la sociedad y el ser humano nunca debe dejar de atender. Por eso, hoy, mañana y desde siempre, el teatro no ha perdido, pierde ni perderá ese rumbo, por tanto, labor inexcusable e imperecedera, por suerte, en tanta marchita y a veces inane condición vital, también nociva, reitero, en ciertos comportamientos carentes de ética y valor humano de ciertos estratos sociales o de ciertos profesionales de la política, que por otro lado, debieran revisar sus acciones para ver otra función vital y social más necesaria.

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¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al teatro en España?…
Viniendo de lo anterior, ha afectado rotundamente, haciendo que aparezcan aspectos nada deseables ni para los creadores ni para el público. La palabra crisis, como sabemos, es por desgracia una constante en el quehacer de nuestro arte, y por ello, aporta la necesaria imaginación para salir de ella. Quizá esa crisis, real, que vivimos, debieran padecerla otros estamentos de la acción profesional y social, para que tuvieran mejores ideas, y no compras insólitas de intenciones necias. Se mira a Europa por motivos infinitos, pero no se reconoce nunca en nuestra electiva profesionalidad política el ámbito de la cultura en esa Europa que ha hecho grandes apuestas, aciertos infinitos y actos sociales para con la cultura de sus naciones y pueblos, y que por desgracia aquí seguimos no usando, pero que a los profesionales de esta arte, de esta profesión, milenaria, no nos parecen inciertos, imposibles e inmarcesibles en una sociedad democrática, que evoluciona y que busque para sus ciudadanos un crecimiento ético, cultural y político. Es por todo ello, lamentable, y hace difícil poder mantener con las mismas circunstancias activas a la necesaria función profesional que debiera compararse al resto de profesiones de nuestro país, pues qué sería de otras tantas funciones sociales y profesionales si se vieran en estas mismas situaciones de recortes y desatenciones permanentes… quizá, por suerte, los que estamos en este lugar, seamos capaces de imaginarlo… otros, igual, no tienen esa capacidad…

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¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
Pues por todo el momento de atención que ha supuesto Fisuras, solo he podido ver Fausto de Pandur. Creo que sigue fielmente las señas de identidad de este genuino director. Es mayestática, una apuesta estética grandiosa, y un rasgo distintivo más en el universo de su dirección. Sobre todo, rescato la labor de la dramaturgia, que me pareció acertada para abrir esa fábula con distancia y originalidad suficiente a nuestros días. Hay actuaciones fantásticas como la de Ana Wagener o la del mismo Roberto Henríquez, dimensionando el trabajo coral y estético del resto del elenco. Para mí, ha sido algo más sugerente, como espectador, que otras propuestas que haya visto anteriormente del mismo director.
En otro orden, resalto En el desierto, que pude ver a inicio de temporada, y que creo que es una de las obras más geniales que haya visto de Chevy Muraday, y que es una lástima no pueda volver a la escena madrileña, igual me equivoco, o que tuviese un tiempo más en cartelera, pues creo que resume una marcada búsqueda y recorrido en su trayectoria como creador y coreógrafo, y propone un trabajo sumamente artístico, estético y profesional en el engranaje del teatro, la danza y la mirada conjunta, a través del resto de aportes artísticos que configuran la nómina de intérpretes y diseñadores que aúnan el proyecto, y que consolida un trabajo escénico de los mejores que puedan haberse visto en este arranque de año escénico.

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¿Proyectos?…
Pues continuar con la difusión de Mi piedra rosetta que abre un marco sobre la diversidad en la escena y la accesibilidad para el público con discapacidad sensorial en todas sus representaciones, cuestión primordial al proyecto de Palmyra Teatro y no muy común en la escena nacional. Conseguir que se pueda ver más viene siendo mi objetivo del último año, a ver si lo logramos,… y existen otras aventuras, pero mencionarlas pueda ser motivo de que dejen de serlo, por tanto, como las meigas, haberlas, haylas… pero mejor, vivirlas, pues será lo mejor, así que eso pido a los reyes, papás noeles y otras figuras de la magia, la ilusión y por tanto, la realidad…

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¿Se pueden hacer propuestas combativas de teatro hoy?…
Por supuesto, y en mi caso, Palmyra Teatro es mi apuesta combativa, pues reivindico que la escena es plural y diversa, que los lenguajes escénicos brindan una oportunidad inmejorable para encontrarse la posibilidad humana en todo su rigor y extensión, añadiendo a que no solo en la escena se vea esa necesaria vida compartida por las personas con capacidades diferentes, sino que apuesto porque cada función toda persona sin ningún requisito ni condición sienta la posibilidad de compartir su ocio, su cultura y su hecho vital ante una función accesible, motivando a que no sea un día exclusive, sino inclusive, en el mundo en el que vivimos. Quizá sea mi lugar de combate, pero siento que en muchos aspectos se une a todos y cada uno de los motivos que los profesionales del teatro hacen y construyen cada día, para seguir haciendo un mundo y una sociedad mejor, al menos, lo tenemos inscrito en nuestro código deontológico, y por qué no, en el genético…

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