Tres movimientos de danza
La cartelera de septiembre sigue avanzando a pasos de danza. Esta semana hemos asistido a tres propuestas muy diferentes.
En la sala Lagrada, dentro de Miradas al cuerpo, una pieza de Adriana Henao de Colombia, con el título de La noche oscura del alma; un viaje a lo oscuro y luminoso del pensamiento y el corazón de una mujer.
Y en Viaje al Centro de la danza en los Teatros del Canal dos propuestas de teatro danza, por un lado, Arat de la Compañía De Sangre y Raza, que combinó dos piezas de baile flamenco con un enlace de danza zíngara entre las dos piezas, creando un tríptico curioso y peculiar.
Y una obra llena de apuntes acertados que cuando se reafirme la propuesta en próximas funciones conseguirá inquietar ese juego entre teatralidad realista y danza de espectros alrededor del personaje protagonista: 34-35 de Carmelo Segura Companhia.
Adolfo Simón
De dioses y simios
Hace años, en Semana Santa no se podía ver teatro porque era una falta de respeto ante el calvario y muerte de Jesucristo. Ahora, por suerte, no solo hay teatro programado en toda la ciudad de Madrid, si no que podemos encontrarnos funciones irreverentes que nos hacen pensar sobre los mitos y creencias.
En la Sala Lagrada se ha representado «Últimas palabras de copito de nieve» de Juan Mayorga en un montaje de la Compañía Arte de Urgencia dirigida por David Trueba. El texto de Mayorga sigue de rabiosa actualidad después de haber pasado años de la desaparición del emblemático simio. Y sigue de actualidad porque supo unir muy bien la anécdota frívola de subir a los altares a un mono blanco; por ser diferente al resto y porque su discurso se sustenta en reflexiones filosóficas que nos vienen muy bien tener en cuenta en estos tiempos donde es tan difícil diferenciar entre lo ético y lo ridículo. Plantear la puesta en escena en un salón que podría ser el establo que había en los pueblos tras las casas, es muy acertado. Y el toque burlesco del cuidador, ayuda a comprender mejor la dimensión entre el simio civilizado y el salvaje.
En el Teatro Galileo, Jesús se bajó de la cruz para hacer un acto de valentía y expresar todas aquellas dudas que muchas veces nos han asaltado ante una procesión o la estampa del crucificado. Eduardo Velasco, en El profeta loco, se enfrenta a la escena con entrega total y aprovecha cada detalle e idea para conseguir que el público se sienta cerca del «misterio» y al tiempo sea crítico con toda la parafernalia y negocio que siempre rodea a todo lo concerniente al gran mito de la historia que es Jesús de Nazaret. Sorprende que justo en estas fechas se pueda disfrutar de una propuesta tan diferente a las que habitualmente podemos acceder, algo debe estar pasando en nuestro país o tal vez es que los artistas ya están muy cansados de seguir haciendo la corte a un mundo lleno de injusticias y desigualdades.
Adolfo Simón




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