Otro teatro comercial es posible
Por suerte, la memoria es selectiva y ya no recuerdo como era el teatro comercial de hace unos años. Si busco en el archivo de los espectáculos vistos me llega un extraño olor a rancio y viejo. Ayer he visto dos espectáculos que tienen en común que juegan con otro planteamiento tanto en su puesta en escena y en aquello que cuentan en la obra. Miré a mi alrededor y el público seguía siendo ese perfil de señor-a con posibles y más en estos tiempos, para poder pagarse una entrada de teatro, pero les vi sonriendo y recibiendo con agrado otro tipo de poética y eso, me parece un logro y beneficioso para el teatro o al menos, para un tipo de teatro que también ha de tener su lugar en la cartelera…Las obras fueros:
Al final de la carretera de Willy Russell dirigida por Gabriel Olivares en el Centro de Arte Fernán Gómez
El hijo de la novia de Fernando Castets y Juan J. Campanella dirigida por Garbi Losada en el Teatro Bellas Artes.
Adolfo Simón
Shírley Valentíne de Willy Russell en el Teatro Maravillas
Todos tenemos una Shírley Valentíne en nuestro interior…todos hemos hablado alguna vez a la pared o a una piedra cuando no encontramos interlocutor, aunque estas materias no respondan…nos escuchan, nos permiten expresar todo eso que anda amordazado por dentro. Verbalizar los deseos y los sueños es una manera de darles vida, de hacerlos posibles aunque sea en nuestra imaginación. Shírley Valentíne es una obra aparentemente sencilla y sin embargo, nos habla de todos los temas importantes para el ser humano y aunque la voz es de una mujer, es trasportable a cualquier persona. La versión de Nacho Artime es transparente, permite que la obra se cuele en la actualidad con unos pocos detalles y aunque no transcurre la acción aquí, la sentimos cercana y propia. Manuel Iborra ha dirigido con una sutileza extraordinaria esta historia de una heroína de nuestro tiempo. Pero donde hay que detenerse y quitarse el sombrero es ante el trabajo que hace Verónica Forqué…El formato monólogo es de lo más difícil de realizar en escena y de lo más aspero para el espectador. La obra dura casi dos horas y no se hace larga ni cansa…Porque si alguien que no conoce a Verónica Forqué(cosa difícil)fuese al teatro, pensaría que lo que cuenta esta mujer es su propia biografía; es tal la mímesis que ha realizado la actriz, tan profunda la conexión con todo lo que hace y dice que por momentos me parecía estar sentado delante de la mesa de la cocina, escuchando a una amiga como desglosa y matiza, deliciosa y profundamente, el descubrimiento de que la vida es para vivirla y no para mirar como la viven los demás.
Adolfo Simón




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