Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

Mónica Valenciano nos habla de su trayectoria y proyectos.

Valenciano¿Cómo llegas a la danza contemporánea?¿Cómo fue surgiendo tu personal lenguaje en el escenario?…
Comencé mi formación en Canarias, hablo de un tiempo en que la única opción posible de acceder a una formación, era la danza clásica. Tuve la suerte de formar parte en mis comienzos, de una compañía, cuyo director en ese momento era Lorenzo Godoy, mi primer maestro y un artista muy creativo y abierto a lo que ocurría en el ámbito de la danza en otros países, y periódicamente invitaba a otros coreógrafos a dar talleres, así pude acceder a conocer la técnica de Rudolf Laban, algo que me marcó especialmente, una especie de iniciación que despertaba en mí una resonancia, al sentir que existía un camino posible que conectaba con mis necesidades ya de investigación, conocimiento de herramientas para desarrollar aspectos técnicos dentro de la improvisación y estimulación creativa. Fue entonces cuando decidí irme a Barcelona al Institut del Teatre donde continué con mis estudios de clásico y contemporáneo. En el último examen (tenía entonces 19 años), se incluía la presentación de una pieza de creación personal y recuerdo que la presentación causó cierta polémica y perplejidad, y recuerdo que me dijeron: “Chica, tu quizás seas una buena actriz, pero no es eso lo que entendemos por danza”. Así que me pusieron un excelente en la asignatura de creación e interpretación a la vez que me suspendieron en todo lo demás. Entonces, marché a Madrid y entré en la RESAD. En el último curso, debía presentar una escena de creación personal, y se repitió la historia, me dijeron con extrañeza…“Se ve que eres muy buena bailarina, pero eso no es ser actriz”. Y volvieron a suspenderme. Tras una etapa de crisis y reflexión, pues no parecía encontrar un lugar posible, entré en un período de recogimiento donde escribía, dibujaba bailaba en casa. De ahí surgió un pequeño proyecto que presenté en el Círculo de Bellas Artes de Madrid donde entonces daban residencias temporales y una sala para trabajar. Estuve sumergida allí durante dos años. Lo recuerdo como un viaje interior apasionante. Un proceso de reconstrucción, despojamiento y transformación. Donde empezar a encontrar las primeras semillas de lo que fue germinando en la elaboración de lo que fue mi primera obra. Cada tres meses, el proceso se abría a presentaciones con público. Un día llegó Laura Kumin, de la Comunidad de Madrid y me propuso estrenarla por la Red de la Comunidad. En otra ocasión Roger Salas me invitó a formar parte de la programación Noche de Solos, y así poco a poco se fue desarrollando el camino. Luego Barcelona. Continué trabajando en otros proyectos que viajaron aún en solitario por algunos Festivales de Europa y EEUU. Desde otro período de crisis y cuestionamiento, surge la necesidad de apertura del lenguaje, de compartir, experimentar el diálogo con otros y comencé a dar los primeros talleres de donde surge El bailadero, como lugar de práctica, de encuentro donde el lenguaje sale de su autismo y se ramifica encontrando ya algunos ejes de su propia formulación, aquello fue como entrar por un punto y salir mirando al mar. Surgía un nuevo campo de posibilidades a explorar, a descubrir en sucesivas etapas que implican obras como “Puntos suspensivos”, Miniaturas, Adivina en plata y la serie de los Disparates (siete piezas). Desde ese proceso de maduración, paralelamente se abre una nueva etapa de colaboraciones, intercambios y confrontación del lenguaje con otros ámbitos. El encuentro con el cineasta Chus Domínguez en la exploración de la escritura del cuerpo a través de la mirada de la cámara y sus posibles lecturas y otras propuestas como el Centro Coreográfico de Rennes, Catherine Divérres que me ofrece la posibilidad de crear una pieza con sus bailarines. Después colaboré con Fernando Renjifo, con la poeta y filósofa Chantal Maillard. A través de la impregnación de su escritura, de su libro “Hilos”, surge mi último solo “Impregnaciones en la Srta. Nieve y Guitarra”… y otros artistas, con cada uno de ellos un viaje, experiencias de las que volvía enriquecida, realmente transformadoras.

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Impartes cursos habitualmente…¿Cómo enfocas el trabajo en ellos…?¿Cuáles son los objetivos?…
Actualmente se conjugan varias líneas de trabajo, complementándose…por un lado, el desarrollo pedagógico, impartiendo cursos y talleres. La práctica que me acompaña ya en el tiempo del dibujo y la escritura. Y el trabajo con El bailadero, como grupo de investigación y colaboración en el que continúa desarrollándose el lenguaje y la constricción de nuevas obras.

¿Qué ha significado que te otorguen el Premio Nacional de Danza?…
El Premio Nacional ha supuesto, en principio una sorpresa, lo inesperado de una utopía sembrada quizá en el tiempo… que encuentra de pronto un lugar posible, cierta visibilidad a esa fe ciega en la que he ido trabajando…Reconforta sobre todo en el reconocimiento compartido de aquellas-os que han acompañado mi trabajo desde el comienzo, en los momentos de soledad y dificultad, brindárselos a ellas-os, esa constelación de luciérnagas sin cuyo apoyo nada hubiera sido posible. Lo demás, es como siempre…incertidumbre y seguir encontrando en el camino la manera de continuar trabajando, descubriendo. Inaugura tal vez, una nueva confianza en algo que me viene ocupando hace tiempo, la necesidad de transmisión a los demás y al público.

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¿Cómo ves el panorama de la danza contemporánea en nuestro país?
Invita la incertidumbre y… se multiplica el misterio. Tal como lo vengo observando oscilar, entre esa intermitencia de señales… quizás como llamada que se busca en su supervivencia desde un estado aún de máxima precariedad. Especialmente desde el ámbito que corresponde a la danza de investigación y creación, se evidencia un retraso significativo en relación a otros países donde se cuenta como imprescindible la integración con respecto al funcionamiento y campo de acción, es decir apoyos, espacios, atención… que considero esencial para el desarrollo y estímulo del espíritu creativo. Cuando creo que se ha de considerar como herramienta vital, más aun con los momentos que tienen que ver con crisis de valores materialistas y el desequilibrio y la insatisfacción de una sociedad de mercado basada en el producto y consumo inmediato, mutilando así las condiciones orgánicas necesarias para el descubrimiento que da lugar a la nutrición y el enriquecimiento humano.

¿Qué es lo que te mueve?…
¿Donde está ahora el cuerpo?…La pregunta en sí alberga ya aquella llamada al cuestionamiento disparado en este momento. La necesidad de reflexión que comenzaría en cada cual, por la desactivación de los mecanismos que han conducido a la inercia de la práctica escénica hacia los condicionamientos… resultado inmediato. Quizás se requeriría actualizar la presencia de una percepción más horizontal (menos intención y más atención) desde una apertura en profundidad hacia el estímulo y desarrollo de procesos que puedan dar lugar a proyectos y contextos que implicarían otro diálogo, otra mirada (dista mucho del que se instaló hace años). Se hace necesario el contacto entre artistas e interlocutores desde donde se puedan impulsar proyectos, cuestionar y escuchar… atendiendo a gérmenes, necesidades diferentes que nos mueven ahora, revisar otras percepciones, perspectivas relacionadas con el tiempo…el espacio, entre otras condiciones imprescindibles, que puedan generar un posible campo de investigación y creación. El apoyo a estos escasos espacios emergentes en nuestro país aún es frágil. Generalmente son gestionados por los propios artistas, que se arriesgan y proponen proyectos para que también otros puedan relacionarse en el intercambio de ideas, colaboraciones que permitan la confrontación de lenguajes o a través de residencias de trabajo, seminarios, talleres, etc. Como otra opción, la que se viene sucediendo en los últimos años, es la de la diáspora y el exilio de nuestros mejores artistas a otros países.

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¿Qué temas o propuestas te seducen a la hora de poner en pie un proyecto?…
Como bien dice Luisa Valenzuela en su libro “Escribir con el cuerpo”…”La caligrafía de mis pasos son el itinerario de mi sed”. Observo en este devenir de la vida, en su tejido. En lo cotidiano suelo acompañarme de una libreta, una cámara, libros, donde voy registrando material de texto, imágenes, reflexiones, dibujos, apuntes, depositándose en un diario que se va impregnando de instantáneas en el día a día. Cosas que observo porque quizás me miran, algunas prenden de manera especial, otras aparecen sin intención ni voluntad consciente. De ahí, en esa mezcla, poco a poco se va configurando, va emergiendo parte de una in-formación que va formando algo y a su vez me transforma en cierto modo. Es a veces como una inmersión, otras como un pescador, de donde puedo ir trayendo algo, como hilos que van tejiendo con otros un lugar posible conformando una especie de mapa o cartografía de pistas, señales a transitar, poner en juego. Ya con la entrada en el espacio de trabajo, algo de todo esto empieza otro viaje, el de dar a luz rincones oscuros que hacen esquina en la memoria.

¿Hay un proceso o plan de trabajo que sigues habitualmente cuando empiezas un nuevo espectáculo?… Háblanos de ello…
El proceso de materialización es siempre sorprendente, porque emergen cosas muchas veces inesperadas y reveladoras. Aquello que deseaba salir, aquello a medio nacer de uno mismo, tal vez algún pliegue que se abre, encuentra su respiración, y algo se libera, tanto en los procesos de solo como en los proyectos de grupo.

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¿Tienes proyectos entre preparación?…Háblanos de ello…
Si, ahora estoy terminando de organizar el nuevo mapa para el tránsito de la próxima obra, el próximo viaje. Trabajo, en principio, desde una serie de anclajes muy claros tanto técnicos como de contenidos más poéticos, de aspectos que se abren a una nueva investigación. Ya tienen nombre, se llamará “Imprenta acústica (en 14 borrones) de una aparición”. Se asoma a cuestiones que me mueven ahora: la acústica del movimiento, la escritura sonora del cuerpo (la voz del cuerpo)…el cuerpo de la palabra, la multifocalidad, su tactilidad, el cuerpo poliédrico y sus diferentes texturas en el espacio, la percepción como estado de presencia al encuentro de esa geografía que puede abrirse paso en el interior, segregando un espacio, red capaz de tocar ese instante, presente continuo que pueda alojar ese blanco donde la mirada convoca y prende su visión. De ahí, no la explicación sino la implicación es lo que me interesa. Lo inesperado de esa comunicación que respira entre la escena y el espectador en el sentido más contemplativo del acceso a la mirada y sus propias posibilidades de lectura.

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