Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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Josep María Miró: El teatro aún es uno de los mayores agitadores de consciencia que tiene la cultura.

miro¿Cómo surge el proyecto de El principio de Arquímedes?…Háblanos del texto y del montaje…
Para mi la escritura es vocacional y por tanto siempre parte de una necesidad. En el caso de «El principio de Arquímedes», de la necesidad de hablar de una sociedad que se mueve bajo la presión del miedo y de la sospecha y del triángulo entre padres-hijos-educadores. La obra gira alrededor de un beso que da un monitor de natación a un niño que no quiere sacarse la burbuja porqué le da miedo el agua. Me parecía interesante plantear que nos está pasando como sociedad para que ya no tengamos claro cual es el límite entre un gesto de ternura y uno de peligro. Es evidente que tenemos una sociedad cada vez más asustada y que le ha pasado factura en términos afectivos y de relaciones humanas. La pregunta es clara: ¿Preferimos una sociedad en la que aún sea posible un gesto de ternura o activar todos los mecanismos de control? En cualquier caso… ¿Alguna de las dos opciones nos da algún tipo de garantía?.

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¿Hubo ocasión durante el proceso para que los actores aportasen ideas en el texto o en la puesta en escena?…¿Cómo ha sido el trabajo con ellos?…
Diferencio dos aspectos: la escritura como espacio íntimo y los ensayos como trabajo de equipo. El proceso de ensayos es un momento maravilloso en que contrastas ideas con los actores y con el equipo artístico. Es un tiempo de constante debate y contraposición de ideas. El director tiene una mirada general sobre qué quiere contar y de qué manera pero también es un momento en que todo eso se pone en común con los actores, el escenógrafo, las personas responsables del espacio sonoro, iluminación, vestuario… Cuando -como en este caso- dirijo un texto que he escrito, los ensayos es el mejor momento para cerrar definitivamente la escritura. Siempre modificas alguna cosa en función de las necesidades actorales y porqué es el momento en que contrastas la escritura con el sentido teatral. He tenido la suerte de rodearme de un equipo artístico comprometido que siento como una familia. No entiendo el teatro sin rodearme con un equipo humano comprometido con el texto y el hecho teatral. Talento y talante, eso es primordial.

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¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para crear esta obra?…
Más que un referente técnico o artístico, «El principio de Arquímedes» nace de un momento vital, de una mirada sobre el mundo. Estaba especialmente preocupado en hablar de las sociedades del miedo, de los nuevos modelos que se nos imponen por ello. Quería escribir una obra que jugara con el espectador y que fuera el espectador quien resolviera, quien se posicionara moralmente. En esta obra el espectador resuelve a partir de su moral. Y supongo que… como en cada obra… Siempre hay algo de todas aquellas personas que admiras o que te gusta su trabajo.

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¿Por qué haces teatro?…
El teatro es uno de los rituales más antiguos que tenemos y que nos permite una cosa única: el aquí y ahora. El encuentro entre el público y una ficción. Lo irrepetible de cada función. Y el teatro nos permite ser un canalizador en tiempo presente de emociones, reflexiones… El teatro aún es uno de los mayores agitadores de consciencia que tiene la cultura.

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¿Qué balances haces de tus trabajos como director-autor de teatro?…
Pienso que el balance más importante que uno debe hacerse es preguntarse si es honesto y está satisfecho con aquello que ha hecho. Y a partir de aquí, intentar seguir trabajando en la línea de pensamiento que crees e intentar mejorar y dar nuevos pasos o proponerte nuevos retos. En este sentido, hay unos años que coinciden en mis inicios en el Institut del Teatre en que hay las primeras probaturas de escritura y que entro en contacto con algunas personas que admiro y respeto y que han sido muy importantes en mi trayectoria como Lluïsa Cunillé, Josep Maria Benet i Jornet o Xavier Albertí. Diría que es sobre 2009 con «La dona que perdía tots els avions» (XXXIV Premio Born de Teatre) que considero que escribo la primera obra de la que me siento satisfecho. «Gang Bang» fue otro momento crucial. Recibió muchas críticas, incluso un ataque en una de las funciones; siempre he dicho que «Gang Bang» y su recepción me dio la libertad definitiva para seguir escribiendo lo que quería, sin concesiones; sin ese texto posiblemente no habría escrito «El principio de Arquímedes» que es una obra que me ha dado múltiples alegrías y proyección internacional; «Fum» y un nuevo texto que acabo de escribir y que estoy corrigiendo son un paso más y creo que ahondan más en las complejidades humanas. Con todo… Sigo sintiendo que escribir es tan apasionante como difícil.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
El teatro no ha de tener una única función. El teatro han de ser muchas cosas y con funcionalidad muy distintas. Siempre digo que el teatro es un diálogo entre lo que sucede en el escenario con la platea ya sea haciendo reflexionar, generando debate, provocar una discusión de ideas, entretener, enojar, sorprender… Reconozco que a mi, personalmente, como autor y también como espectador, me gusta el teatro que interroga, que habla del mundo que nos ha tocado vivir, incluso que es capaz de poner al espectador en espacios frágiles y desafiarlo. En todo caso, pienso que en un paisaje teatral sano tiene que haber un amplio abanico teatral y que el teatro público tiene que ser especialmente sensible en promover las nuevas dramatúrgias, lo experimental y la recuperación y reinterpretación del repertorio y de la tradición.

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¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al teatro en España?…
Es una obviedad que la subida del IVA y los recortes al teatro son una estocada a un sector ya de por sí frágil. Estas medidas, evidentemente, nos demuestran que tenemos un gobierno que no le interesa la cultura porqué la cultura es un generador de ideas, de debate, de pensamiento… No se trata tan solo de medidas económicas, si no con una motivación sobre la población. Un buen tejido cultural nos hará mejores ciudadanos, nos ayudará a crecer como personas. Tengo mis dudas más que razonables que este gobierno le interese tener ciudadanos inquietos, con ideas propias. Sus políticas en materia cultural así lo demuestran.

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¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
La verdad he estado tan ocupado con varios proyectos y con el estreno en castellano de «El principi de Arquimedes» que poco he visto. Así que tiraré un poco atrás y te citaré tres espectáculos de la pasada temporada: «En tierra de nadie» de Harold Pinter en el Teatro Nacional de Catalunya, con un Lluís Homar que es sin duda uno de los grandes actores de nuestro país; «Proyecto Felisberto» dirigido por Mariana Percovich en Uruguay y que me descubrió la figura y el mundo fascinante del escritor Felisberto Hernández; y en Madrid el Macbeth de José Martret en la Pensión de las pulgas, un espectáculo ambicioso, sobretodo si tenemos en cuenta que se trata del off y que no tiene nada que envidar a grandes producciones.

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¿Proyectos?…
En el Festival Temporada Alta participo en dos proyectos, «Esperança Dinamita», un espectáculo de cuplés versionado por el grupo Le Croupier y en «Llibràlegs», cuatro piezas breves de Pau Miró, Marc Artigau, Jordi Prat i Coll y de un servidor, que dirige Prat i Coll. Actualmente también hay varias producciones en marcha de «El principio de Arquímedes» en otras ciudades del mundo. Se ha estrenado ya en Buenos Aires -ya van por el quinto mes en cartel-, México D.F, San Petersburgo, Puerto Rico y Londres y se estrenaran en los próximos meses en Croacia, Alemania o Grecia, por ejemplo. Como autor he acabado un texto nuevo y tengo un par en marcha. Y me gustaría poderlos levantar. En 2015 dirigiré un «El carrer Franklin», un texto de Lluïsa Cunillé que se estrenará en el Teatre Nacional de Catalunya dentro del Festival Grec 2015.

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Victoria Szpunberg nos habla sobre su relación con el teatro

victoria¿Qué es el teatro para ti?…¿Por qué escribes teatro?…
El teatro es un arte presencial que se construye de forma colectiva. Es un lugar de encuentro en el que confluyen elementos terriblemente efímeros con ecos muy arcaicos. Aspectos materiales, físicos y prosaicos conviven con aquello más profundo, y con aquello más elevado. El teatro es aquí y ahora y, sin embargo, queremos eternizarnos en él. «El instante eterno». Es un juego, pero jugársela es cosa seria.

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¿Qué balance haces de tu trayectoria como autora?…
Este tipo de preguntas es para periodistas, académicos o autores que guardan prolijamente todos los recortes en los que aparece su nombre. Me dedico al teatro desde los 17 años, o tal vez antes, hace muchos años… Hago danza desde pequeña, empecé a bailar a los 10 años. Entonces, la respuesta es que aún resisto.
Quiero sentirme libre e independiente, eso tiene su precio. Odio las clasificaciones, eso tiene su precio. Me gusta ir de un lugar al otro, probar, investigar… Eso tiene su precio. He escrito varias obras, se han traducidos unas cuantas, todas las he estrenado, en Barcelona y fuera, casi siempre en salas alternativas. He conocido el teatro oficial, no me sentí bien en ese espacio, aunque creo que no topé con la mejor de las insitituciones. He conocido el teatro comercial, me reí más que en el oficial. Sigo en lo independiente. He hecho dramaturgias para danza, me encanta trabajar con coreógrafos, ahí he encontrado un lugar interesante. He escrito cuentos sonoros, para la radio y para instalaciones, suelo trabajar con Lucas Ariel, un artista del sonido, músico también, hemos hecho varias piezas en las que se mezcla el texto y el espacio sonoro. He escrito obras infantiles, sobre todo desde que soy madre. También he trabajado en proyectos de teatro y educación… Soy profesora en el Institut del Teatre de Barcelona y en otras escuelas. Y sigo estudiando.
He ganado algunos premios. Sin embargo, siento que mis mejores obras (al menos las que yo considero más elaboradas) no encuentran con facilidad su lugar.

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¿Cómo surge el proyecto de Boys dont cry?…Háblanos de la obra….
Cuando Francesc Garrido me propuso hacer algo juntos, me hizo una ilusión tremenda, es uno de los actores que más respeto de la cartelera catalana. Yo tenía una escena breve, casi una obra corta, sobre dos hombres. Hace tiempo que quería trabajar personajes masculinos. En esa escena un personaje mata al otro. Había trabajado en la dramaturgia de una pieza de danza sobre la historia de Caín y Abel, creo que ese episodio bíblico influyó especialmente, quería seguir con eso. Decidí continuar la escena de los dos hombres: uno de los protagonistas había muerto, o seguía con un drama psicologista en el que la viuda se encuentra con el asesino o dejaba que lo inesperado me sorprendiera, transformando el género, el código… Quise trabajar sobre la expectativa. El público empieza «entendiendo», asiste a un codigo reconocible y, de repente, nada es lo que parece. Intento que nada quede enquistado, cuando crees que has entendido, cuando has juzgado lo que ves, aparece lo otro, lo extraño, lo misterioso, el cuestionamiento de la convención.

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¿Cómo fue el proceso de creación del texto?¿Pudiste seguir el proceso de puesta en escena?…
Gloria Balañà, la directora, ha estado a mi lado durante el proceso de escritura. Me gusta mucho compartir el metrial con ella. Es una persona con mucha sensibilidad y una capacidad de escucha impresionante. Luego, hicimos lecturas con los actores, antes de que la obra estuviera acabada. Ellos me dieron ideas buenísimas. Francesc leyó el texto cuando apenas tenía 10 o 15 páginas, me animó mucho a seguir. Aceptaron muy bien el viaje que yo les proponía, en el que el realismo se va desfigurando. O tal vez se trate de un realismo más profundo, en el que se cuela el inconsciente, la contradicción, el deseo, el azar, lo posible y hasta lo imposible.

¿Hay algún referente técnico o artístico del que partiste para crear este texto?…
Como ya he dicho, creo que tuvo especial influencia el mito de Caín y Abel. El primer asesinato. Un hombre que mata a su hermano porque no se siente tan estimado por Dios. Caín está marcado, lleva consigo la marca del crimen y de su propia herida.
En cuanto a la dramaturgia, en esa época estaba leyendo especialmente a Pinter, esos personajes burgueses tan insatisfechos. Recuerdo también que vi varias veces la película Cache, de Haneke, me apasiona como juega con la expectativa. Nunca te da lo que quieres ver, te da otra cosa. Me planteaba un trabajo específico sobre la expectativa.
Por otra parte, hace unos años trabajé en un proyecto con Rafael Spregelburd. He visto muchas de sus obras y he leído con atención sus textos, he aprendido mucho de sus mecanismos dramatúrgicos, en los que de repente se dispara una lógica inesperada y singular.

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¿Qué momento está viviendo hoy el teatro en Barcelona/Cataluña?…¿Cómo está la autoría teatral en Cataluña?…
Como antes, un periodista te contestaría mejor a esta pregunta. Se habla mucho de «dramatúrgia catalana». Tengo colegas muy interesantes, gente que escribe cosas muy variadas. Para mí hay mucho potencial amagado, fuera de lo que vemos en el escaparate.
Existe una escuela de dramaturgos, mucha gente joven escribiendo. Creo que está de moda ser dramaturgo, tengo mi teoría sobre eso. Somos una sociedad con más artistas que espectadores. Todos queremos proyectarnos, que nuestra identidad esté en boca de otros, en los diarios, el facebook, la tele… Hacer cine es muy costoso y escribir poesía o pintar cuadros es demasiado romántico, se ve como algo antiguo. La música ya se ha abaratado hasta límites insospechados, cualquiera hace música hoy en día, o ruido, no sé qué hacen, me parece algo detestable lo que la industria está haciendo con la música. Escribir teatro parece más accesible. Mucha gente escribe obras. Ahora bien, la dramaturgia es otra cosa. El autor teatral es otra cosa. Tanta gente que escribe y tantas obras idénticas, las mismas fórmulas, los mismos giros… De todas formas, me parece bien que haya mucha gente y mucha variedad. Aunque creo que se está apoyando excesivamente un tipo de teatro muy convencional.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?…
El teatro más que nunca debería defender su papel político. También reivindicar lo que tiene de ritual, de lugar de encuentro entre las personas. Y no olvidar que es un acto artístico, cultural. Por lo tanto, debería aspirar a la belleza, al discurso crítico, a una mirada humanista… Crear un espacio en el que la sociedad puediese enfrentarse a sus miserias, a sus virtudes, a sus sentimientos más profundos y a las ideas más arriesgadas.
La gente que nos dedicamos al teatro deberíamos aspirar a metas más elevadas y caminos más elaborados. Y partir de que el público es inteligente.
Estamos viviendo un momento muy difícil. Las salas pequeñas están al límite del cierre. Los programadores tienen mucho miedo y buscan productos absolutamente comerciales. La gente está perdiendo el trabajo. Sin embargo, lo peor es el empobrecimiento espiritual, la falta de criterio, de ética y de estética.
La profesión está deprimida y desanimada. Ojalá fuera un problema sólo del teatro, es un problema sistémico, y muy general. El teatro debe encontrar su fuerza en este momento.

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¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
Viajo mucho a Buenos Aires, ese modelo nos puede dar ideas, aunque las comparaciones son odiosas. Allí han creado sin demasiada subvención, con presupuestos mínimos y, sin embargo, existe una cantera de actores y dramaturgos excepcional. La ventaja que tienen es la enorme tradición teatral que tiene el país. Todos los bonarenses han ido alguna vez al psicoanalista y han estudiado teatro. Es una costumbre social.
En Catalunya tenemos dos problemas importantes, aparte del problemón económico; por una parte, es difícil crear espacios de exhibición por un tema legal (salas que no pueden abrir porque no cumplen los requisitos burocráticos) y, por otra parte, parece ser que no tenemos suficiente público para el teatro más novedoso.
Sin embargo, el que quiere crear algo, el que siente la necesidad de hacerlo, encuentra la manera de adaptarse y de resistir.

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Mónica Valenciano nos habla de su trayectoria y proyectos.

Valenciano¿Cómo llegas a la danza contemporánea?¿Cómo fue surgiendo tu personal lenguaje en el escenario?…
Comencé mi formación en Canarias, hablo de un tiempo en que la única opción posible de acceder a una formación, era la danza clásica. Tuve la suerte de formar parte en mis comienzos, de una compañía, cuyo director en ese momento era Lorenzo Godoy, mi primer maestro y un artista muy creativo y abierto a lo que ocurría en el ámbito de la danza en otros países, y periódicamente invitaba a otros coreógrafos a dar talleres, así pude acceder a conocer la técnica de Rudolf Laban, algo que me marcó especialmente, una especie de iniciación que despertaba en mí una resonancia, al sentir que existía un camino posible que conectaba con mis necesidades ya de investigación, conocimiento de herramientas para desarrollar aspectos técnicos dentro de la improvisación y estimulación creativa. Fue entonces cuando decidí irme a Barcelona al Institut del Teatre donde continué con mis estudios de clásico y contemporáneo. En el último examen (tenía entonces 19 años), se incluía la presentación de una pieza de creación personal y recuerdo que la presentación causó cierta polémica y perplejidad, y recuerdo que me dijeron: “Chica, tu quizás seas una buena actriz, pero no es eso lo que entendemos por danza”. Así que me pusieron un excelente en la asignatura de creación e interpretación a la vez que me suspendieron en todo lo demás. Entonces, marché a Madrid y entré en la RESAD. En el último curso, debía presentar una escena de creación personal, y se repitió la historia, me dijeron con extrañeza…“Se ve que eres muy buena bailarina, pero eso no es ser actriz”. Y volvieron a suspenderme. Tras una etapa de crisis y reflexión, pues no parecía encontrar un lugar posible, entré en un período de recogimiento donde escribía, dibujaba bailaba en casa. De ahí surgió un pequeño proyecto que presenté en el Círculo de Bellas Artes de Madrid donde entonces daban residencias temporales y una sala para trabajar. Estuve sumergida allí durante dos años. Lo recuerdo como un viaje interior apasionante. Un proceso de reconstrucción, despojamiento y transformación. Donde empezar a encontrar las primeras semillas de lo que fue germinando en la elaboración de lo que fue mi primera obra. Cada tres meses, el proceso se abría a presentaciones con público. Un día llegó Laura Kumin, de la Comunidad de Madrid y me propuso estrenarla por la Red de la Comunidad. En otra ocasión Roger Salas me invitó a formar parte de la programación Noche de Solos, y así poco a poco se fue desarrollando el camino. Luego Barcelona. Continué trabajando en otros proyectos que viajaron aún en solitario por algunos Festivales de Europa y EEUU. Desde otro período de crisis y cuestionamiento, surge la necesidad de apertura del lenguaje, de compartir, experimentar el diálogo con otros y comencé a dar los primeros talleres de donde surge El bailadero, como lugar de práctica, de encuentro donde el lenguaje sale de su autismo y se ramifica encontrando ya algunos ejes de su propia formulación, aquello fue como entrar por un punto y salir mirando al mar. Surgía un nuevo campo de posibilidades a explorar, a descubrir en sucesivas etapas que implican obras como “Puntos suspensivos”, Miniaturas, Adivina en plata y la serie de los Disparates (siete piezas). Desde ese proceso de maduración, paralelamente se abre una nueva etapa de colaboraciones, intercambios y confrontación del lenguaje con otros ámbitos. El encuentro con el cineasta Chus Domínguez en la exploración de la escritura del cuerpo a través de la mirada de la cámara y sus posibles lecturas y otras propuestas como el Centro Coreográfico de Rennes, Catherine Divérres que me ofrece la posibilidad de crear una pieza con sus bailarines. Después colaboré con Fernando Renjifo, con la poeta y filósofa Chantal Maillard. A través de la impregnación de su escritura, de su libro “Hilos”, surge mi último solo “Impregnaciones en la Srta. Nieve y Guitarra”… y otros artistas, con cada uno de ellos un viaje, experiencias de las que volvía enriquecida, realmente transformadoras.

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Impartes cursos habitualmente…¿Cómo enfocas el trabajo en ellos…?¿Cuáles son los objetivos?…
Actualmente se conjugan varias líneas de trabajo, complementándose…por un lado, el desarrollo pedagógico, impartiendo cursos y talleres. La práctica que me acompaña ya en el tiempo del dibujo y la escritura. Y el trabajo con El bailadero, como grupo de investigación y colaboración en el que continúa desarrollándose el lenguaje y la constricción de nuevas obras.

¿Qué ha significado que te otorguen el Premio Nacional de Danza?…
El Premio Nacional ha supuesto, en principio una sorpresa, lo inesperado de una utopía sembrada quizá en el tiempo… que encuentra de pronto un lugar posible, cierta visibilidad a esa fe ciega en la que he ido trabajando…Reconforta sobre todo en el reconocimiento compartido de aquellas-os que han acompañado mi trabajo desde el comienzo, en los momentos de soledad y dificultad, brindárselos a ellas-os, esa constelación de luciérnagas sin cuyo apoyo nada hubiera sido posible. Lo demás, es como siempre…incertidumbre y seguir encontrando en el camino la manera de continuar trabajando, descubriendo. Inaugura tal vez, una nueva confianza en algo que me viene ocupando hace tiempo, la necesidad de transmisión a los demás y al público.

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¿Cómo ves el panorama de la danza contemporánea en nuestro país?
Invita la incertidumbre y… se multiplica el misterio. Tal como lo vengo observando oscilar, entre esa intermitencia de señales… quizás como llamada que se busca en su supervivencia desde un estado aún de máxima precariedad. Especialmente desde el ámbito que corresponde a la danza de investigación y creación, se evidencia un retraso significativo en relación a otros países donde se cuenta como imprescindible la integración con respecto al funcionamiento y campo de acción, es decir apoyos, espacios, atención… que considero esencial para el desarrollo y estímulo del espíritu creativo. Cuando creo que se ha de considerar como herramienta vital, más aun con los momentos que tienen que ver con crisis de valores materialistas y el desequilibrio y la insatisfacción de una sociedad de mercado basada en el producto y consumo inmediato, mutilando así las condiciones orgánicas necesarias para el descubrimiento que da lugar a la nutrición y el enriquecimiento humano.

¿Qué es lo que te mueve?…
¿Donde está ahora el cuerpo?…La pregunta en sí alberga ya aquella llamada al cuestionamiento disparado en este momento. La necesidad de reflexión que comenzaría en cada cual, por la desactivación de los mecanismos que han conducido a la inercia de la práctica escénica hacia los condicionamientos… resultado inmediato. Quizás se requeriría actualizar la presencia de una percepción más horizontal (menos intención y más atención) desde una apertura en profundidad hacia el estímulo y desarrollo de procesos que puedan dar lugar a proyectos y contextos que implicarían otro diálogo, otra mirada (dista mucho del que se instaló hace años). Se hace necesario el contacto entre artistas e interlocutores desde donde se puedan impulsar proyectos, cuestionar y escuchar… atendiendo a gérmenes, necesidades diferentes que nos mueven ahora, revisar otras percepciones, perspectivas relacionadas con el tiempo…el espacio, entre otras condiciones imprescindibles, que puedan generar un posible campo de investigación y creación. El apoyo a estos escasos espacios emergentes en nuestro país aún es frágil. Generalmente son gestionados por los propios artistas, que se arriesgan y proponen proyectos para que también otros puedan relacionarse en el intercambio de ideas, colaboraciones que permitan la confrontación de lenguajes o a través de residencias de trabajo, seminarios, talleres, etc. Como otra opción, la que se viene sucediendo en los últimos años, es la de la diáspora y el exilio de nuestros mejores artistas a otros países.

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¿Qué temas o propuestas te seducen a la hora de poner en pie un proyecto?…
Como bien dice Luisa Valenzuela en su libro “Escribir con el cuerpo”…”La caligrafía de mis pasos son el itinerario de mi sed”. Observo en este devenir de la vida, en su tejido. En lo cotidiano suelo acompañarme de una libreta, una cámara, libros, donde voy registrando material de texto, imágenes, reflexiones, dibujos, apuntes, depositándose en un diario que se va impregnando de instantáneas en el día a día. Cosas que observo porque quizás me miran, algunas prenden de manera especial, otras aparecen sin intención ni voluntad consciente. De ahí, en esa mezcla, poco a poco se va configurando, va emergiendo parte de una in-formación que va formando algo y a su vez me transforma en cierto modo. Es a veces como una inmersión, otras como un pescador, de donde puedo ir trayendo algo, como hilos que van tejiendo con otros un lugar posible conformando una especie de mapa o cartografía de pistas, señales a transitar, poner en juego. Ya con la entrada en el espacio de trabajo, algo de todo esto empieza otro viaje, el de dar a luz rincones oscuros que hacen esquina en la memoria.

¿Hay un proceso o plan de trabajo que sigues habitualmente cuando empiezas un nuevo espectáculo?… Háblanos de ello…
El proceso de materialización es siempre sorprendente, porque emergen cosas muchas veces inesperadas y reveladoras. Aquello que deseaba salir, aquello a medio nacer de uno mismo, tal vez algún pliegue que se abre, encuentra su respiración, y algo se libera, tanto en los procesos de solo como en los proyectos de grupo.

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¿Tienes proyectos entre preparación?…Háblanos de ello…
Si, ahora estoy terminando de organizar el nuevo mapa para el tránsito de la próxima obra, el próximo viaje. Trabajo, en principio, desde una serie de anclajes muy claros tanto técnicos como de contenidos más poéticos, de aspectos que se abren a una nueva investigación. Ya tienen nombre, se llamará “Imprenta acústica (en 14 borrones) de una aparición”. Se asoma a cuestiones que me mueven ahora: la acústica del movimiento, la escritura sonora del cuerpo (la voz del cuerpo)…el cuerpo de la palabra, la multifocalidad, su tactilidad, el cuerpo poliédrico y sus diferentes texturas en el espacio, la percepción como estado de presencia al encuentro de esa geografía que puede abrirse paso en el interior, segregando un espacio, red capaz de tocar ese instante, presente continuo que pueda alojar ese blanco donde la mirada convoca y prende su visión. De ahí, no la explicación sino la implicación es lo que me interesa. Lo inesperado de esa comunicación que respira entre la escena y el espectador en el sentido más contemplativo del acceso a la mirada y sus propias posibilidades de lectura.

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Noticias desde Barcelona

Las V Jornadas de Inclusión social y la Educación en las Artes Escénicas se celebrarán en Barcelona
El Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM), junto al British Council, la Embajada del Reino de los Países Bajos, La Casa Encendida, la Red de Teatros y el Institut del Teatre han convocado la quinta edición de las Jornadas sobre la Inclusión Social y la Educación en las Artes Escénicas.
http://www.mcu.es/novedades/2012/novedades_IV_Jornadas.html

Nuevas escenas, nuevas miradas en La Pedrera
Las Nuevas escenas, nuevas miradas que por segundo año consecutivo vuelven a encallar sobre la ciudad condal son las nuevas voces y nuevos votos a los que deberíamos acogernos como principio de todo cambio, de toda aportación. Y es que el ciclo de artes escénicas alternativas que La Pedrera vuelve a proponer nos saca de la homogeneidad programadora de buena parte de los centros de creación artística, tanto escénica como de otros terrenos, y nos propone un serial de actividades en torno a las vías de expresión alternativas de las artes escénicas: espectáculos y mesas redondas que, durante tres semanas, convertirán Barcelona en una ciudad mucho más habitable para la aportación y convivencia con nuevas maneras para moldear un (sic) escenario mucho más habitable, heterogéneo y arriesgado.
Durante prácticamente lo que queda de mes, del 7 al 28 de febrero, la Sala Gaudí de La Pedrera de Barcelona acogerá la segunda edición del ciclo Nuevas escenas, nuevas miradas: o un recopilatorio de nuevas propuestas escénicas que no sólo se expondrán y representarán sobre la madera, sino que se llevarán a debate por medio de conversaciones en mesas redondas. Cinco espectáculos que van desde la experimentación industrial de la naturaleza con CaboSanRoque montando una orquesta de animales mecánicos con aptitudes musicales ensamblándonos en este Bestiario que dista mucho del de Julio Cortázar; el cuestionamiento espacial llevado tanto a un conflicto arquitectónico de escalas como del concepto “magnitud” aplicado a todo tipo de tinglado escénico con el estreno de Mi gran obra, de David Espinosa; el (sic) ficticio y sideral ejercicio irónico de representar del Fingir del Colectivo 96º; el catálogo de soledades en constante batalla entre lo real y lo irreal del teatro visual El rey de la soledad, de la compañía Playground; o el monólogo-conferencia y exposición de ideas (no ultraviolentas como las de Miguel Noguera y en tono optimista del show De milagros y maravillas; convergerán con mesas redondas en las que se hablará acerca de las Fábricas de Creación de Barcelona (o el nuevo proyecto de promoción cultural de la Ciudad de Barcelona) o una charla acerca de conocer el papel del arte escénico dentro del nuevo paradigma socioeconómico, o si somos una sociedad Fast-Cult o no. Escenas de un maridaje con la escena alternativa en perpetua confesión de nuevas alternativas para la expresión y las vías de comunicación creativo-alternativas.
http://www.lapedrera.com/es/nuevas-escenas-nuevas-miradas-ciclo-de-creaci%C3%B3n-esc%C3%A9nica

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