Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

El vergonzoso en palacio en la Compañía Nacional de Teatro Clásico

A Tirso de Molina no solo le debemos la creación de Don Juan, uno de los mitos que quizá junto con Hamlet, Don Quijote y Fausto han llegado a ser algunos de los elementos fundacionales de la cultura europea. También le debemos una de las articulaciones más sorprendentes por su libertad y fuerza en cuanto a personajes femeninos se refiere. Tirso de Molina se somete, en su vergonzoso en palacio, a una de las grandes convenciones teatrales de su época: la dificultad del amor entre clases sociales diferentes, pero lo hace recorriendo un camino que seguirán Marivaux, Lope de Vega, Beaumarchais o Goldoni. Y en ese camino traza la maravilla de su comedia de enredos, equívocos, transgresiones y profundidades psicológicas de unos personajes que nacen en las primeras décadas del siglo XVII. La obra es una delicia porque nos introduce en un juego de máscaras, como en los carnavales, donde los ricos son pobres y los tontos listos. Ese viaje durante un par de horas, en el que podemos soñar que los limites solo existen en nuestra imaginación, es un acto de libertad que el autor propone y que los espectadores debemos recibir como el derecho fundamental del ser humano. En la propuesta está este delirio y caos para que, en algún momento, cuando el teatro se ilumina, entendamos que los sueños pueden dejar de ser pesadillas.

Adolfo Simón

La sonrisa de Eros | Babelia | EL PAÍS

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