Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

El mágico prodigioso, cuando Calderón conversa con el lenguaje de hoy

Hay algo especialmente atractivo en ver cómo un clásico se resiste a quedarse congelado en el tiempo. Eso es precisamente lo que propone Adolfo Simón con El mágico prodigioso, a partir del texto de Calderón de la Barca. Una versión que pasó por el Corral de Comedias de Alcalá de Henares dentro del Festival Hispanoamericano de Siglo de Oro Clásicos en Alcalá y que busca un encuentro entre la palabra de Calderón y los códigos visuales del público actual. Una mirada contemporánea que encuentra en los títeres, el teatro de objetos y la videocreación una vía de comunicación directa.

Y lo hace sin miedo a mezclar lenguajes.

El diálogo entre un texto del siglo XVII y uno de los espacios teatrales más emblemáticos de nuestro patrimonio tiene algo de ritual. Una conversación entre épocas distintas.

La dirección y versión de Adolfo Simón construyen un espectáculo que respeta la raíz poética de Calderón mientras agiliza el relato para hacerlo permeable a públicos muy diversos.

Desde los primeros minutos queda claro que no estamos ante una puesta en escena convencional. El verso convive con proyecciones, objetos y un universo de títeres que se convierte en uno de los grandes hallazgos de la propuesta. Lejos de funcionar como un simple recurso estético, forman parte esencial de la narración y abren nuevas lecturas sobre la historia de Cipriano; ese hombre que persigue respuestas hasta poner en cuestión sus propias creencias.

Uno de los grandes aciertos del montaje reside en su lenguaje visual. Conviven varios mundos al mismo tiempo. El verso comparte espacio con las proyecciones, los objetos animados y unos sugerentes títeres diseñados y construidos por Eva Gallego y Luis Castilla, realizados en ganchillo y manipulados siempre a la vista, poseen una cercanía especial. No intentan ocultar la mano del intérprete; al contrario. El público observa cómo actor y figura respiran juntos, creando una relación casi orgánica que aporta humanidad incluso a los momentos más fantásticos.

Por momentos aparecen referencias visuales que recuerdan a determinados universos digitales o estéticas próximas al videojuego, algo que acerca la obra a espectadores jóvenes sin necesidad de simplificar el material original.

Pero lo más interesante es que la función no pretende modernizar a Calderón a cualquier precio. No hay una actualización superficial ni una búsqueda desesperada de actualidad. Lo que hace es señalar que muchas de las preguntas planteadas por el autor siguen estando presentes. La necesidad de creer en algo, la dificultad para distinguir la verdad de la manipulación o la lucha constante entre nuestros principios y nuestras ambiciones siguen formando parte de la realidad cotidiana.

Quizá esa sea la mayor virtud de este Mágico prodigioso, acercarse a un clásico desde el respeto, pero sin convertirlo en una pieza de museo. Encontrar nuevas imágenes y demostrar que Calderón todavía puede dialogar con espectadores de edades y sensibilidades muy distintas.

Las historias sobreviven cuando siguen siendo capaces de interpelarnos. Y esta versión encuentra varias maneras de hacerlo. Sin estridencias. Sin discursos impuestos. Simplemente dejando que la poesía, los objetos y la imaginación ocupen el escenario.

Dave Aidan

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