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SUSANA SÁNCHEZ: Cuando escribo los dedos hacen lo que quieren y el tiempo desaparece
¿Qué es el teatro para ti?…
Es lo que tengo, lo que hago y donde crezco: un tormento, una herramienta creativa, una profesión, un delirio, una exigencia, una responsabilidad, un subidón, una lucha, un puzzle, una onda expansiva, una búsqueda constante, una furgoneta, una semilla, un altavoz. El teatro para mí es Clan de bichos: una herencia para mis hijas.
¿Cómo surgió que escribieses teatro?…
Siempre quise escribir. Hago teatro desde el colegio, inventando historietas surrealistas en clase. Estudié periodismo pero descubrí que me interesa más contar mi visión del mundo desde la ficción estilizada que desde la versión manipulada de una supuesta objetividad. La ficción es más honesta, más atrevida y tiene más vuelo. Llegar al teatro profesional fue el aterrizaje inevitable a mi vocación.
¿Por qué escribes teatro?…
Ojalá escribiera más. Hago más teatro del que escribo. Ahora mismo estamos representando 5 obras de Clan de bichos, entre títeres, campañas de sensibilización y derechos humanos, campañas escolares, de teatro y educación en valores, viajar, talleres, criar a nuestras hijas, las putas tareas del hogar… ¡Necesito tiempo! Escribo y representamos el tipo de teatro que hacemos porque es lo que tengo que hacer, estoy aquí para hacer y contar exactamente esto.
Háblanos de tus últimos proyectos escénicos…
Estrenamos COMO UNA REGADERA con teatro de objetos y títeres de gran actualidad: unos chorizos se llevan la pasta y se nos va la olla persiguiéndoles para conseguir que Mamá Olla vuelva a estar llena para su familia. Después de 175 funciones en La Cueva de Clan de bichos ahora hay que adaptarlo para moverlo por festivales. Y estamos preparando un espectáculo para adultos con máscaras de comedia del arte y otras de animales. Unas máscaras excelentes del artesano uruguayo Jorge Añón con las que queremos cortar la respiración del respetable público.
¿Qué balance haces del desarrollo de tu escritura?…
Que lo más difícil es ponerme a escribir. Cuando lo hago, parece que se escribe solo. Lo que haya aprendido, ahí estará, pero cuando escribo los dedos hacen lo que quieren y el tiempo desaparece. Lo más difícil es sentarme con muchas horas por delante para no hacer otra cosa. Estar sola. Huyo a la biblioteca para no distraerme. He aprendido para qué sirvo, cuáles son mis talentos: soy hábil para crear situaciones y sketches ágiles, sobre todo para la comedia, mi hábitat natural. Luego los personajes hablan solos. Uno escribe lo que puede, no lo que quiere.
¿Y de tus últimos trabajos como autora en teatro?…
Todas las obras de Clan de bichos tienen textos míos originales, incluyendo las canciones, así que sé cómo funcionan en escena con públicos muy diversos: al interpretarlos yo misma, a veces improviso según el perfil de los espectadores. Es una delicia comprobar y sentir que palabras tocan realmente al interlocutor. De lo no estrenado, escribí hace poco un texto supuestamente infantil, o para títeres, ¡VIVA LA VACA!, sobre una vaca lechera a la que desahucian una gallinas grotescas y… en fin, hiperrealismo ¿no? Siento claramente que hasta que no se publique o se estrene, la historia no ha nacido.
Opinas como algunos autores que no hay que publicar un texto hasta verlo estrenado…
¡Qué tontería! La literatura dramática tiene entidad por si misma. El texto es sólo una parte del hecho teatral. Y su mera lectura es muy gratificante. El lector imagina su puesta en escena ideal. Lo que sí hay que hacer es estrenar los textos que se publican. Hay que escribir, publicar y estrenar. Todo a la vez o en el orden que se pueda. Lo que un creador no puede consentir es que sus textos no vuelen, se desconozcan, que se pudran en un cajón o en un ordenador. De hecho, lo inédito o no estrenado que tengo escrito, ni lo cuento, no existe. Otras veces estreno cosas que no he escrito, sólo esbozado, textos a medias que a posteriori del estreno, y si tengo tiempo, me siento a concretar en letras exactas, a ver en qué quedó la cosa…
¿Se puede aprender a escribir teatro?…
Se pueden aprender estructuras, trucos de Sanchis Sinisterra o Veronese, técnicas para que los personajes resulten verosímiles (como el eneagrama aplicado a la creación artística). Se debe leer mucho, ver mucho teatro, cine, series de televisión, payasos, bailes, pintura… Cualquier técnica artística, incluso la del arte dramático, se puede aprender. Otra cosa es hacer arte. El talento y la magia no se aprenden, pero pueden llegar, si te pillan trabajando.
Háblanos de ese peculiar taller que vas a impartir sobre el ENEAGRAMA…
El eneagrama es un método fascinante de análisis de personalidades. Lo aprendí hace 12 años cuando estudiaba interpretación en La Guindalera, con Juan Pastor y Yolanda Porras, gracias a un taller de la psiquiatra Chusa Balbás pero no orientado al crecimiento personal, sino aplicado al teatro. Es una herramienta sorprendente, divertida pero sobre todo muy útil para la creación de personajes, un esqueleto esencial sobre el que el actor o escritor construye y logra un personaje verosímil. Lo que distingue mi taller de otros de eneagrama, ahora que el método se ha puesto bastante de moda, es que yo soy dramaturga, guionista, titiritera y actriz y no busco ni ofrezco analizar la personalidad del tallerista, como hacen los psicólogos o sociólogos, ni mucho menos su crecimiento personal, sino la de cientos de personajes de ficción. El taller está cargado de ejemplos de teatro, literatura, cine y televisión y también tiene una parte práctica de improvisaciones. Es una metodología interesante para un director, casi imprescindible para un director de casting: si el actor comparte el tipo de personalidad con el personaje que interpreta, ya tiene el 90% del trabajo hecho.
¿Qué otros proyectos pedagógicos hay en vuestro espacio formativo?…
El coach tanto de interpretación como de escritura. Ismael Moreno se encarga de la parte más plástica y visual con talleres de teatro de objetos, de creación de títeres con materiales de reciclaje, performances… es un artista más intuitivo y sus talleres son muy prácticos, muy participativos. Yo manejo la parte más aristotélica, la construcción dramática, de guiones, el eneagrama, y también talleres de teatro social y educación en valores tanto para profesionales teatrales como docentes, universitarios y técnicos en cooperación, sensibilización y desarrollo.
¿Cómo ves la autoría teatral en estos momentos?…
Abrumadora. Hay tanta gente escribiendo y estrenando ¡¡¡que dan ganas de dejarlo!! Una competencia magnífica que obliga a ponerse las pilas.
¿Qué sentido ha de tener el teatro hoy?…
Tanto como siempre. O incluso más que nunca: hay tantas cosas mal organizadas en nuestra sociedad, tanto robo material y moral, que hay mucho que denunciar. El teatro, el arte, no tiene las soluciones pero si la obligación de mostrar en un escenario el panorama de lo que pasa hoy y aquí, y dejar en el lado del espectador ese “¿qué hacemos ahora?”, con-mover en el sentido de llamar al movimiento. En Clan de bichos es que somos muy brechtianos, no lo podemos evitar. Por otra parte, al estar tan tecnificados, el espectáculo en vivo cobra una relevancia extraordinaria. Somos artesanos milenarios y resulta que el teatro es el mejor 3D.
Alguna sugerencia para crear en tiempos de crisis…
Lo mejor se crea en tiempos de crisis. Desde la crisis, social o vital. De hecho, como empiecen a ir realmente bien las cosas, es decir, que sea verdad que empiezan a tener poder los políticos honrados, no sé sobre quién vamos a hablar los cómicos: necesitamos poderosos deshonrosos porque son la materia prima para nuestra farsa. Afortunadamente este es un país de pícaros, algo encontraremos.
¿Qué obra de teatro has visto últimamente? ¿Qué te pareció?…
La Asamblea musical de Guillermo Rayo, un concierto teatralizado en la Sala Off de la Latina. Es un hombre orquesta genial, compositor, cómico, crítico, atrevido, inteligente, sencillo, comprometido… Un hallazgo.
Duet for one en La Guindalera
Siempre que acudo al Teatro de la Guindalera tengo una sensación similar, como si el público que asiste se conociese, como si ya hubiesen coincidido antes en el hall que hay antes de entrar a la sala. Creo que han conseguido, en esta década de existencia de la íntima Guindalera, crear un público afín, no solo porque han podido ser participes de las existencia de la misma colaborando con los micro-crédito si no porque, las personas que acuden regularmente, saben que hay garantía de un buen texto, de una propuesta teatral, algo que parece muy sencillo pero que en estos días, en los que la cartelera es tan caótica, no es tan fácil y ahí, en ese caos, pierden los artistas y el respetable: Si uno vive una experiencia profunda en el teatro, no lo olvidará nunca, si vive un fiasco, no volverá a pisar un patio de butacas. De nuevo un texto potente para enfrentarse a la décima temporada: Duet for one de Tom Kempinski. Una obra en apariencia sencilla ya que nos muestra los encuentros entre un médico y su paciente (No me gustan las obras de juicios o sesiones de psicólogo porque se estancan en lo que dice el bueno y lo que le responde el malo o la charla terrible que le suelta el enfermo tumbado en un sofá) Pero aquí no hay nada de eso, hay un viaje a las zonas más oscuras del individuo para encontrar los ecos donde la herencia emocional se quedó truncada. Y además, creo que aquí se va más allá de dar luz a esos espacios de la protagonista, creo que vamos intuyendo que el médico también tiene territorios en su memoria donde no se ha atrevido a entrar nunca. Otra obra interesante sería saber qué hay tras el rostro impenetrable del terapeuta. Pero aquí lo que hay es un combate escénico importante entre una mujer herida y un médico que no alivia sus heridas aunque le acompañe mientras le cicatrizan. Juan Pastor hace un ejercicio importante de sencillez en el trabajo como director y actor y María Pastor está sencillamente fantástica.
Adolfo Simón
Gulliver en Liliput en La Guindalera
Gulliver en Liliput es un cuentacuentos, basado en la popular novela: Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, ideado para iniciar a los niños en el mundo del teatro y de la lectura. Hasta ahora, los contadores de cuentos se presentan sin teatralidad para provocar en nuestra imaginación el relato que nos comunican. En esta propuesta, Álex Tormo nos invita a un delicioso viaje interactivo en el que los niños y mayores jugamos a ser los efectos especiales que acompañan la narración y dialogamos con el personaje en el idioma liliputiense. Una propuesta diferente para que los niños acudan al teatro en verano.
Adolfo Simón
TRES DESECHOS EN FORMA DE ÓPERA en LA GUINDALERA
Con la excusa de Satie, porque otra no le encuentro, nos exponemos ante una nueva composición musical con adivinanzas como principal y repetida base textual. La firma Jorge Fernández Guerra. Pero entras en la sala y te encuentras un paisaje de otoño reconocible y un ambiente cálido de la mano de Vanessa Montfort en su mágica primera dirección. Y los cantantes y los músicos de una calidad poco usual, muy destacable.
Ana Martín Puigpelat
















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