«Carmen» en el Teatro Real
Calixto Bieito nos propone una reflexión sobre determinados símbolos a la hora de revisitar «Carmen», ópera que creó un mito y símbolo a la vez de una España en un tiempo determinado. Para ello despoja el escenario de adornos e introduce dos grandes componentes: La bandera española y la figura del famoso toro de Osborne. Los personajes que transitan por este vacío escénico son a su vez otra serie de símbolos del poder, lo impuesto, la tradición y la sensualidad, la pasión y, como no, la libertad representada en la figura de Carmen. Los símbolos pueden condicionar toda una serie de comportamientos en la población, banderas, iconos, uniformes… nos hacen reflexionar sobre la necesidad de crear símbolos y suscitar pasiones para aferrarse a ellos o la necesidad de experimentar la libertad.
Luis Mª García Grande
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Desde su estreno en París en 1875, Carmen, de Georges Bizet, es una de las óperas más representadas de la historia, se ha convertido en un mito y ha servido de inspiración a grandes artistas de otras disciplinas: pintura, danza, cine… El Teatro Real la recupera en esta ocasión con dirección musical de Marc Piolllet y escénica de Calixto Bieito.
El director de escena español destapa en Carmen una historia de violencia y marginación, de sensualidad a flor de piel, de lucha de sexos, en la que la verdadera protagonista es la violencia de género. Bieito traslada la acción a una Ceuta o Melilla de los años setenta, con un decorado minimalista que desnuda el lado más marginal de la ciudad.
Despojando la ópera de símbolos estereotípicos, Calixto Bieito logra que el protagonismo recaiga sobre las pasiones que transitan por el escenario. Un escenario casi desnudo que representa una España sórdida, atávica y machista, donde la fábrica de tabaco se relega a los márgenes de un cuartel militar en la frontera de lo que podrían ser Ceuta y Marruecos. La bandera española izada en medio de un territorio africano es el símbolo perfecto de algo que se quiere imponer, aunque no quede muy claro exactamente qué es ese algo. El universo de esta Carmen es el de los trapicheos, la testosterona y el turismo de sol y playa. Producción concebida originalmente para el Festival de Peralada, fue repuesta en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona y propuesta de nuevo por la Opéra national de Paris. Es esta última producción la que llega ahora al Teatro Real.
Tristán e Isolda de Richard Wagner en el Teatro Real
De nuevo Peter Sellars dirige escénicamente una ópera en el Teatro Real, en este caso se enfrenta a un monumento wagneriano como es Tristán e Isolda, cuatro horas de maravillosa música perfectamente dirigida por Marc Piollet y ejecutada con maestría por la orquesta. Richard Wagner crea una música fascinante para acompañar la historia del amor imposible de Tristán e Isolda, un amor que trasciende al tiempo y la realidad. Es una ópera intensa y teatral, la acción es mínima, todo ocurre en la cabeza y el corazón de los personajes. Esta obra es un reto para cualquier director de escena que puede dejarse llevar por lo aparatoso y perder de vista la esencia de la pieza. Pero Sellars, de nuevo nos sorprende al elegir a un artista contemporáneo como es Bil Viola y dejar que la escenografía sea una caja negra donde aparecen las fantasmagorías que el video artista ha creado. Este ambiente mágico y crepuscular nos sumerge en las emociones de la obra y acompaña a los espléndidos cantantes en el viaje al universo de los sueños imposibles. Un obra genial.
Adolfo Simón


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