Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

Doña Perfecta de Benito Pérez Galdós en el Teatro María Guerrero-CDN

Orbajosa, lugar donde transcurre la acción de Doña Perfecta, podría ser la España del siglo pasado y podría representar el espíritu de este país en la época de la transición y tal vez hoy…¿mañana?. Cuando aparece un título como Doña Perfecta de Benito Pérez Galdós en la programación de un Teatro Nacional, surge la duda de si es el material más idóneo para estar en ese marco escénico; toda obra puede ser objeto de escenificación si se tiene en cuenta que ha de tener interés para el público al que se dirige. Está claro que en esta ocasión, Ernesto Caballero ha sabido hacer la lectura apropiada para que nos sirva de reflexión de cómo somos y venimos siendo desde que el mono se puso de pie…si es que no seguimos a cuatro patas. La sutileza del espacio escénico que nos muestra un mundo cargado de apariencias del que surge violentamente la naturaleza oculta…delante de la que, un carillón de autómatas gira y nos muestra las estampas de un tiempo presente que va involucionando hacia un pasado brutal, solo maquillado mientras ha interesado mostrar la sonrisa hipócrita, es el espacio subliminal que nos ayuda a reconocer que asistimos a un representación distorsionada de la realidad y en medio de esta mascarada cateta, el personaje que viene de afuera, con aires de renovación pero extranjero molesto al fin, llega a un lugar y no mide las consecuencias que tendrá expresar sus ideas libremente, desencadenando una trágica sucesión de acontecimientos, generando un final que recuerda al de la Casa de Bernarda Alba.
Adolfo Simón

DoñaPerfecta

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