Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

David Lorente: El verdadero arte siempre es combativo: si no lo es, no es arte.

lore¿Cómo surge el proyecto que presentas en La Pensión de las Pulgas?…
«El Grito del Contrabajo» surge a propuesta de mi gran amigo Roberto Drago, que andaba a
vueltas desde hacía mucho tiempo con adaptar la novela «El Contrabajo», de Süskind y probarse
en el difícil terreno interpretativo del monólogo. Roberto y yo ya habíamos trabajado juntos en
otros dos montajes y la verdad es que nos entendemos a las mil maravillas, y eso es algo que hay
que aprovechar siempre, con lo que cuando me lo propuso no me lo pensé.
Háblanos del montaje, del texto…
La primera premisa fue hacer de la novela teatro. Tras una primera adaptación de Roberto, nos
propusimos condensar al máximo el texto, sacando de la novela lo que denominábamos los «hits»
del personaje, es decir, las frases esenciales en lo referente sobre todo a su conflicto. No hay
nada añadido por nuestra parte. Nada. Todo lo que se dice está en la magnífica novela de
Süskind. En el género novelístico creo que no es tan importante, pero en teatro el conflicto es la
esencia, y al comprimir las setenta páginas de la novela hasta dejarla en nuestra adaptación en
siete, apareció el conflicto, apareció incluso otro personaje, podríamos decir, respecto al de la
novela. Un personaje mucho más disparatado y a la vez, me atrevo a decir, más interesante para
darle vida en un escenario.
Tras depurar de esta manera la novela, tanto Roberto como yo teníamos claro que en esta historia
tenía que participar Ernesto, hermano de Roberto, contrabajista, y también enamorado del texto
desde hacía años. Y a partir de su incorporación, nos pusimos a jugar con el asunto.
¿Hubo ocasión durante el proceso para que los actores aportasen ideas en la puesta en escena?
No sólo hubo ocasión, sino que fue desde el principio el objetivo. Entiendo que el actor es el que
manda, el que debe llevar en todo momento la iniciativa. Todos los que le rodeamos debemos
acompañar. Dirigir no es mandar, es escuchar.

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¿Cómo ha sido el trabajo con ellos?
Somos amigos desde hace mucho. Nos conocemos muy bien. Concha Delgado y Miriam Reyes
también entraron enseguida en el proyecto, y entre los cinco nos propusimos sobre todo
investigar, aprender, y divertirnos. No se puede hacer buen teatro sin divertirse.

¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para crear esta propuesta?
La verdad es que no se me ocurre ninguno.

¿Por qué haces teatro?
Creo que es lo mejor que sé hacer para ganarme la vida, la verdad.

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¿Qué balances haces de tus trabajos como director de teatro?
Sinceramente, no hago nunca ningún balance de mi trabajo. No le doy ni siquiera esa importancia.
Sí que es verdad que cada vez tengo más claro lo que he dicho anteriormente, que dirigir es
escuchar, todo lo contrario a imponer. El director tiene que conseguir que todos las personas que
participen en el montaje lo hagan de la manera más libre y creativa posible.

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Háblanos de los más recientes
Hacía como tres años y algo que no dirigía teatro. Yo soy actor más que director. Me meto a dirigir
normalmente cuando alguien, como en este caso Roberto Drago, me propone algo que no puedo
decir que no. No sé valorar muy bien «mi trayectoria». No me hago mucho caso.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?
Pues creo que la función intrínseca de toda manifestación artística, es decir: serlo. Ser arte. El arte
es necesario en el sentido de inevitable, afortunadamente. Por mucho que se esfuerce, y a veces
se esfuerza con tozudez, el ser humano no puede vivir sin arte. Es imposible.

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¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?
Es evidente para mí que estos gobernantes que tenemos no quieren Teatro. Es evidente.

¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
La primera que me viene a la cabeza es «El sueño de una noche de verano» que vi en Almagro
dirigido por Tim Robbins. Me fascinó.

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¿Proyectos?
Estoy empeñado en dirigir «El Monstruo de los Jardines», una delicia de obra de Calderón de la
Barca, y vive dios que lo conseguiré.

¿Se pueden hacer propuestas combativas hoy en día?
Me pongo estupendo y digo: hacer arte es hacer preguntas. Hacer preguntas es cuestionar.
Cuestionar es, siempre, combatir. El verdadero arte siempre es combativo: si no lo es, no es arte.

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