«Federico hacia Lorca» de La Joven Compañía en los Teatros del Canal
La Joven Compañía ha decidido acercarse y acercar a los jóvenes a Lorca aportando su grano de arena en la visión del legado del poeta. Los Teatros del Canal acogen las primeras representaciones que más tarde continuarán en Conde Duque.
Cuentan con colaboradores excelentes para ello: Irma Correa y Nando López al mando de la dramaturgia, Miguel del Arco como director, Pazo Azorín creando escenografías oníricas, la iluminación de Juan Gómez-Cornejo y toda la ilusión de sus actores.
La propuesta pretende crear pequeños destellos de las vivencias de Lorca a través de una recreación no lineal de su vida tomando como excusa el momento de su muerte, en el que se supone que pasa toda la vida por su mente. Una idea acertada en la que los autores han conseguido hilvanar textos del poeta y dramaturgo granadino, algunos más conocidos y otros más personales, escenas y personajes importantes en la vida de Lorca, como Maruja Mallo, Rafael Alberti, Margarita Manso, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Buster Keaton, Luis Rosales o, incluso, el de José Antonio Primo de Rivera.
La puesta en escena conseguida por Miguel del Arco es potente, dinámica y arriesgada, con los actores pasándose el testigo de Lorca continuamente, expresando la alegría de vivir que irradiaba y generando flashes con su universo poético.
Como siempre, es importante destacar la gran labor pedagógica que La Joven Compañía sigue consiguiendo utilizando El Teatro como elemento generador de curiosidad y emoción, capaz de acercar a nuestros grandes autores a nuevas generaciones de estudiantes que tienen la oportunidad de disfrutar con propuestas de calidad excelente, pero que no aburren y permiten facilitar la labor de los profesores en la tarea de transmitir conocimientos importantes y de motivar para el aprendizaje.
Luis Mª García Grande.

La Balsa de Medusa en la sala II del Centro de Arte Fernán Gómez
La propuesta que podremos ver hasta el día 20 de septiembre en el Fernán Gómez es portadora de un mensaje valioso, en cuanto muestra al espectador de una manera intensa la delgadez de las paredes de nuestro mundo, no más resistentes que ese papel que juega un rol simbólico importante en el montaje dirigido por Manu Báñez con dramaturgia de Antonio Escribano. La premisa de inicio de la historia será familiar a los cinéfilos: un grupo de burgueses que celebra una fiesta descubre que, por alguna poderosa -y desconocida- razón, no puede salir de la habitación en que se encuentran. Efectivamente: es un acercamiento efectivo y lúcido a El Ángel Exterminador, la película que Luis Buñuel dirigiera en 1962.
El elenco cumple con creces. Se puede suponer que Marcial Álvarez está inmenso en su papel de anfitrión de esta fiesta surrealista, pero también realiza una interpretación completa y meritoria Mélida Molina, sin desmerecer al resto del reparto. La propuesta está bien entramada y dirigida, y resulta un espectáculo que remueve por dentro y es efectivo en la intención de recordar lo cerca que están la celebración del caos y el orden de la barbarie. La Balsa de Medusa es un montaje más que sugerente y una recomendación, entre otras cosas porque todo ciudadano necesita ser recordado de vez en cuando, de manera cercana, como la del teatro, que el hombre, tan refinado, tan sociabilizado, tan educado, no está más que a unas cuantas comidas de convertirse en el animal más cruel y primitivo.
Rafael Ruiz Pleguezuelos

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