Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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La Compañía Nacional de Danza con «Casi-casa» de Mats Ek en el Teatro Real

Neoclásica, Clásica y Contemporánea. Estas son las variaciones que nos está presentando durante estos días la CND en el Teatro Real.  Un programa muy variado con obras de Balanchine, Forsythe, Mats Ek y José Carlos Martínez y que nos hace mirar el mundo de la danza desde varios ángulos y facetas.

Comenzando con Allegro Brillante de Balanchine, nos sumergimos en la frescura de la danza abstracta, el nuevo clásico representa el «romanticismo ruso expansivo» en palabras de Maria Tallchief. Un ritmo musical vigoroso como el de Chaikovski nos impulsa a meternos en coreografía de una técnica complicada y una velocidad que ya quisieran algunos Ferraris, pero todo está bien resuelto porque los pasos están hilvanados, cosidos y reforzados para que nada rompa el ritmo enérgico de la música. Balanchine sabía lo que hacía y él mismo lo dijo: «contiene todo lo que sé acerca del ballet clásico en trece minutos». Allegro Brillante

Delibes Suite nos devuelve a los grandes ballets clásicos con un paso a dos. La pieza está coreografiada por José Carlos Martínez y en ella se pretende recoger pasos complejos dotándolos de ligereza y aportando así un pequeño grano de arena al mundo de la danza.

in the middelLa impactante música de Thom Willems nos anuncia que ha llegado el cambio de registro y nos sumergimos en los electrónicos años ochenta con In the Middle, Somewhat Elevated de Forsythe. Con ella llega uno de los platos principales de la noche sumergiéndonos en el mundo de la creación coreográfica a través de bailarines que desarrollan el tema inicial y lo amplifican hasta que el conjunto se convierte en variaciones y pas de deux de creciente complejidad. Una coreografía impactante y bien llevada por la compañía que demuestra más soltura aún en lo contemporáneo que en lo clásico, y en la que un acertado vestuario verde metálico acompaña y acentúa las notas musicales. Sólo una pega: «el título hace referencia a dos cerezas que penden del centro del escenario y que sirven de reflexión sobre el vasto interior de la Ópera de París, para el que fue creado el ballet»… nos dice el programa…y la verdad es que hay que leer el programa para darse cuenta de qué es lo que cuelga sobre el escenario.

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Mats Ek y José Carlos Martínez

Pero el plato fuerte esta vez es Casi-Casa de Mats Ek que se estrena por primera vez en Europa y que nos habla de la cotidianeidad, de lo importante que es vivir las pequeñas cosas de la vida como leer el periódico, observar a los hijos, los animales, el tráfico, la gente…cosas que no están hechas para ser miradas. El coreógrafo busca resaltar en una puesta en escena minimalista, compuesta por un sillón, una puerta y una cocina, nuestro pequeño mundo, el arte que se encuentra en nuestro día a día. La poética con la que aborda el hecho cotidiano nos crea un sentimiento de optimismo al lograr resaltar nuestro pequeño mundo. La expresividad en los movimientos que crea Ek  y la conjunción con el grupo nos hace pensar que la vida es como un regalo y hay que cuidarla. Toda una declaración de principios.Casi Casa Mats Ek

La CND está haciendo un gran esfuerzo de la mano de José Carlos Martínez para ampliar su repertorio y consolidar sus vertientes clásica y contemporánea de manera que se llegue a ser referencia entre los ballets internacionales y se nota el ímpetu con el que poco a poco va saliendo ese trabajo por el que ha apostado y que va dando sus frutos
. Un gran esfuerzo que no está siendo recompensado por la administración pública que asfixia con unos salarios que no llegan al mileurismo a los que son el cuerpo y alma de la compañía y que impide que haya giras internacionales y que el bailarín se dedique a bailar al cien por cien. Menos mal que nos queda Ek para recordarnos que con la danza podemos disfrutar todos los días pese a la escasez económica.

Luis Mª García Grande.

Fotografía J. Vallinascnd casi cas

El Cascanueces del Ballet Imperial Ruso en el Teatro Nuevo Alcalá

El Teatro Nuevo Alcalá, estrenó ayer “El Cascanueces” de Piotr Chaikovsky, coreografía de Gedeminas Taranda e interpretado por el Ballet Imperial Ruso, el más popular y navideño de los ballets, con muy buena entrada, casi lleno, una voz por megafonía nos pedía clemencia con los niños de la escuela de ballet de Madrid, que actuaban por primera vez en un espacio profesional, y empezaba la obertura de la conocidísima pieza moviendo los recuerdos de muchas representaciones del Cascanueces. Se levanta el telón y la calle de la ciudad se va llenando de niños que pasean y juegan con sus vigilantes padres y por la magia del teatro empiezan a suceder juegos, alegría y esperanza el espacio se va llenando de bailarines y bailarinas que fusionan la música con sus cuerpos y ofrecen la imagen viva de la armonía, los colores y el movimiento de los trajes y empieza a crecer la belleza por el escenario, algo clásico, pero magnífico, puro teatro. Bendita imperfección de los niños que me reconcilian con el espíritu navideño y me hacen olvidar la crítica realidad que nos envuelve. En dos actos, con un pequeño descanso, el Ballet Imperial Ruso parece ir recuperando su esplendor, recuerdo hace dos años haber sentido tristeza por apreciar cierta oxidación, tanto en la coreografía como en la puesta en escena, de otro clásico de su repertorio, y hoy, el vestuario de Andrey Zlobin y Anna Epatieva nos llena los ojos de belleza que flota y vuela, de transparencias que parecen primaveras y de tutús que me reconcilian con el mejor ballet clásico de la escuela rusa. Los bailarines y bailarinas muestran su ligereza haciendo fácil esos pasos de a dos, a tres y a lo que haga falta, giran, saltan y tocan el cielo. Los bailarines de la danza española, árabe y rusa son magníficos pero a destacar la pareja formada por los chinitos, presenta a un excepcional bailarín que te hace pensar que el cuerpo no pesara y no tuviera articulaciones. Masha, no sé quien lo interpretaba esta vez pues en el programa de mano aparecen dos nombres Lina Sheveleva y Radamaria Duminika, es brillante en su actuación, pero mención especial para Nariman Bekzhanov, que representa con fuerza y virilidad la verdadera armonía de la danza, que brilla en cada giro, que vuela por el espacio y sonríe y hace fácil lo imposible y nos hace soñar. Cuando el telón cae, con público aplaudiendo en pie, lo que sentí fue que estábamos en Navidad, con mayúsculas, que pese a todo hay que encarar estas fiestas con alegría y bondad, que los niños nos hacen creer en la magia y que un ballet como el Cascanueces sirve para recordárnoslo, que ojalá se llene todos los días y mis mejores deseos para el Ballet Imperial que ha recuperado lo que siempre fue suyo, el esplendor
Ángel SavínCascanueces