Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

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Boys don´t cry en Cuarta Pared

A veces uno tiene que asomarse al abismo y dejarse caer…o empujar a alguien…en alguna ocasión lo hemos deseado. En Boys dont´t cry, Victoria Szpunberg nos instala en un espacio cerrado donde los personajes quedan atrapados en sus miedos y frustraciones. Allí encuentras respuestas pero también muchos silencios. El espectador de esta pieza no debe esperar que lo que dicen o hacen los personajes tenga lógica, han de abandonarse al abismo como lo hacen los actores frente a situaciones que son reflejos de espejos cóncavos. Cuatro actores representan la obra con aplomo aunque no conozcan lo que ocurre en la mente del que tienen delante. Teatro contemporáneo que tiene en cuenta al público como elemento que cierra el círculo del ritual escénico.
Adolfo Simón

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Victoria Szpunberg nos habla sobre su relación con el teatro

victoria¿Qué es el teatro para ti?…¿Por qué escribes teatro?…
El teatro es un arte presencial que se construye de forma colectiva. Es un lugar de encuentro en el que confluyen elementos terriblemente efímeros con ecos muy arcaicos. Aspectos materiales, físicos y prosaicos conviven con aquello más profundo, y con aquello más elevado. El teatro es aquí y ahora y, sin embargo, queremos eternizarnos en él. «El instante eterno». Es un juego, pero jugársela es cosa seria.

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¿Qué balance haces de tu trayectoria como autora?…
Este tipo de preguntas es para periodistas, académicos o autores que guardan prolijamente todos los recortes en los que aparece su nombre. Me dedico al teatro desde los 17 años, o tal vez antes, hace muchos años… Hago danza desde pequeña, empecé a bailar a los 10 años. Entonces, la respuesta es que aún resisto.
Quiero sentirme libre e independiente, eso tiene su precio. Odio las clasificaciones, eso tiene su precio. Me gusta ir de un lugar al otro, probar, investigar… Eso tiene su precio. He escrito varias obras, se han traducidos unas cuantas, todas las he estrenado, en Barcelona y fuera, casi siempre en salas alternativas. He conocido el teatro oficial, no me sentí bien en ese espacio, aunque creo que no topé con la mejor de las insitituciones. He conocido el teatro comercial, me reí más que en el oficial. Sigo en lo independiente. He hecho dramaturgias para danza, me encanta trabajar con coreógrafos, ahí he encontrado un lugar interesante. He escrito cuentos sonoros, para la radio y para instalaciones, suelo trabajar con Lucas Ariel, un artista del sonido, músico también, hemos hecho varias piezas en las que se mezcla el texto y el espacio sonoro. He escrito obras infantiles, sobre todo desde que soy madre. También he trabajado en proyectos de teatro y educación… Soy profesora en el Institut del Teatre de Barcelona y en otras escuelas. Y sigo estudiando.
He ganado algunos premios. Sin embargo, siento que mis mejores obras (al menos las que yo considero más elaboradas) no encuentran con facilidad su lugar.

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¿Cómo surge el proyecto de Boys dont cry?…Háblanos de la obra….
Cuando Francesc Garrido me propuso hacer algo juntos, me hizo una ilusión tremenda, es uno de los actores que más respeto de la cartelera catalana. Yo tenía una escena breve, casi una obra corta, sobre dos hombres. Hace tiempo que quería trabajar personajes masculinos. En esa escena un personaje mata al otro. Había trabajado en la dramaturgia de una pieza de danza sobre la historia de Caín y Abel, creo que ese episodio bíblico influyó especialmente, quería seguir con eso. Decidí continuar la escena de los dos hombres: uno de los protagonistas había muerto, o seguía con un drama psicologista en el que la viuda se encuentra con el asesino o dejaba que lo inesperado me sorprendiera, transformando el género, el código… Quise trabajar sobre la expectativa. El público empieza «entendiendo», asiste a un codigo reconocible y, de repente, nada es lo que parece. Intento que nada quede enquistado, cuando crees que has entendido, cuando has juzgado lo que ves, aparece lo otro, lo extraño, lo misterioso, el cuestionamiento de la convención.

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¿Cómo fue el proceso de creación del texto?¿Pudiste seguir el proceso de puesta en escena?…
Gloria Balañà, la directora, ha estado a mi lado durante el proceso de escritura. Me gusta mucho compartir el metrial con ella. Es una persona con mucha sensibilidad y una capacidad de escucha impresionante. Luego, hicimos lecturas con los actores, antes de que la obra estuviera acabada. Ellos me dieron ideas buenísimas. Francesc leyó el texto cuando apenas tenía 10 o 15 páginas, me animó mucho a seguir. Aceptaron muy bien el viaje que yo les proponía, en el que el realismo se va desfigurando. O tal vez se trate de un realismo más profundo, en el que se cuela el inconsciente, la contradicción, el deseo, el azar, lo posible y hasta lo imposible.

¿Hay algún referente técnico o artístico del que partiste para crear este texto?…
Como ya he dicho, creo que tuvo especial influencia el mito de Caín y Abel. El primer asesinato. Un hombre que mata a su hermano porque no se siente tan estimado por Dios. Caín está marcado, lleva consigo la marca del crimen y de su propia herida.
En cuanto a la dramaturgia, en esa época estaba leyendo especialmente a Pinter, esos personajes burgueses tan insatisfechos. Recuerdo también que vi varias veces la película Cache, de Haneke, me apasiona como juega con la expectativa. Nunca te da lo que quieres ver, te da otra cosa. Me planteaba un trabajo específico sobre la expectativa.
Por otra parte, hace unos años trabajé en un proyecto con Rafael Spregelburd. He visto muchas de sus obras y he leído con atención sus textos, he aprendido mucho de sus mecanismos dramatúrgicos, en los que de repente se dispara una lógica inesperada y singular.

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¿Qué momento está viviendo hoy el teatro en Barcelona/Cataluña?…¿Cómo está la autoría teatral en Cataluña?…
Como antes, un periodista te contestaría mejor a esta pregunta. Se habla mucho de «dramatúrgia catalana». Tengo colegas muy interesantes, gente que escribe cosas muy variadas. Para mí hay mucho potencial amagado, fuera de lo que vemos en el escaparate.
Existe una escuela de dramaturgos, mucha gente joven escribiendo. Creo que está de moda ser dramaturgo, tengo mi teoría sobre eso. Somos una sociedad con más artistas que espectadores. Todos queremos proyectarnos, que nuestra identidad esté en boca de otros, en los diarios, el facebook, la tele… Hacer cine es muy costoso y escribir poesía o pintar cuadros es demasiado romántico, se ve como algo antiguo. La música ya se ha abaratado hasta límites insospechados, cualquiera hace música hoy en día, o ruido, no sé qué hacen, me parece algo detestable lo que la industria está haciendo con la música. Escribir teatro parece más accesible. Mucha gente escribe obras. Ahora bien, la dramaturgia es otra cosa. El autor teatral es otra cosa. Tanta gente que escribe y tantas obras idénticas, las mismas fórmulas, los mismos giros… De todas formas, me parece bien que haya mucha gente y mucha variedad. Aunque creo que se está apoyando excesivamente un tipo de teatro muy convencional.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?…
El teatro más que nunca debería defender su papel político. También reivindicar lo que tiene de ritual, de lugar de encuentro entre las personas. Y no olvidar que es un acto artístico, cultural. Por lo tanto, debería aspirar a la belleza, al discurso crítico, a una mirada humanista… Crear un espacio en el que la sociedad puediese enfrentarse a sus miserias, a sus virtudes, a sus sentimientos más profundos y a las ideas más arriesgadas.
La gente que nos dedicamos al teatro deberíamos aspirar a metas más elevadas y caminos más elaborados. Y partir de que el público es inteligente.
Estamos viviendo un momento muy difícil. Las salas pequeñas están al límite del cierre. Los programadores tienen mucho miedo y buscan productos absolutamente comerciales. La gente está perdiendo el trabajo. Sin embargo, lo peor es el empobrecimiento espiritual, la falta de criterio, de ética y de estética.
La profesión está deprimida y desanimada. Ojalá fuera un problema sólo del teatro, es un problema sistémico, y muy general. El teatro debe encontrar su fuerza en este momento.

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¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
Viajo mucho a Buenos Aires, ese modelo nos puede dar ideas, aunque las comparaciones son odiosas. Allí han creado sin demasiada subvención, con presupuestos mínimos y, sin embargo, existe una cantera de actores y dramaturgos excepcional. La ventaja que tienen es la enorme tradición teatral que tiene el país. Todos los bonarenses han ido alguna vez al psicoanalista y han estudiado teatro. Es una costumbre social.
En Catalunya tenemos dos problemas importantes, aparte del problemón económico; por una parte, es difícil crear espacios de exhibición por un tema legal (salas que no pueden abrir porque no cumplen los requisitos burocráticos) y, por otra parte, parece ser que no tenemos suficiente público para el teatro más novedoso.
Sin embargo, el que quiere crear algo, el que siente la necesidad de hacerlo, encuentra la manera de adaptarse y de resistir.

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“El año que viene será mejor”. Mercè Vila Godoy. TEATRO BELLAS ARTES.

TEATRO BELLAS ARTES

El año que viene será mejor”

Marta Buchaca, Carol López, Mercè Sarrias, Victòria Szpunberg

Dirección: Mercè Vila Godoy.

Una buena historia que contar puede tener dentro muchas pequeñas historias. Nuestra vida está llena de esas pequeñeces que muchas veces tenemos que compartir para desahogarnos, para luchar, para combatir, para liberarnos…

Las mujeres, en este caso las treintañeras, tienen muchas micro-historias que contar y padecer y, de vez en cuando, viene bien publicarlas y sacarlas a la luz para quitarse los fantasmas y reírse de ellos: la primera vez que te llaman “señora”, las cenitas guays en las que sales perdiendo pagando “a escote” cuando tu no has comido nada porque no tienes un duro, esos sábados por la noche en los que no sabes si sales a ligar o a emborracharte, los hombres que te dejan por mail…”No eres tú. Soy yo…”; “Hola, me llamo Vane, tengo 35 años y quiero volver con mi ex.”, …

Tenemos delante una obra pensada para reírse de la situación actual que vivimos y con un ritmo que engancha, que nos hace salir con algo de optimismo y pensar que sí, que el año que viene ¿será mejor?

Luis Mª García Grande.