Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

La voz de nunca dentro de Territorio Danza en Cuarta Pared

Samuel Beckett y “Esperando a Godot”. “Esperando a Godot” y Samuel Beckett. Obra repetidamente representada y que, sin duda, cabe en nuestra lógica esperar que se siga representando. Misma pregunta, sin obsolescencia programada, planteada una y otra vez en cada función, cada país, cada época: ¿a qué estamos esperando?
Hemos tenido la gran oportunidad de plantearnos de nuevo y novedosamente esta eterna cuestión en la duodécima edición de Territorio Danza, en la Sala Cuarta Pared, con “La voz de nunca” (de Luz Arcas y Abraham Gragera). En La Phármaco, capitaneada por la coreógrafa Luz Arcas, se han propuesto quitarse el bombín y bailar a Samuel Beckett, entre otras cosas, puesto que el espectáculo total es el sello personal del trabajo de la premiada compañía.
Estragón (Luz Arcas), Vladimir (Begoña Quiñones), Lucky (Ignacio Jiménez) y Pozzo (Juan Manuel Ramírez), hacen eco del texto original con sus cuerpos duros, blandos, quebrados, conectados, desconectados, repetitivos, insistentes, inertes, balbuceantes… Visibilizan y revelan lo absurdo como trágico y fulminantemente cierto. Al mismo tiempo, un piano puntillista en directo (Carlos González) toma como punto de partida el “Claro de Luna” de Beethoven y la “Sonata para viola” de Shostakovich para poner en tela de juicio las fronteras instrumentales talladas por algún lutier que, por qué no, probablemente fabrique pianos mientras espera (¿a qué?). El resultado de esta ceremonia escénica es una interpretación de “Esperando a Godot” con un volumen expresivo más grueso de lo habitual que confirma el acierto de canalizar la paradójica y exigente demanda de acción de la espera a través del cuerpo, la música y la palabra.
A pesar de los intensos 60 minutos de función, se deja sentir puntual – puntillista – mente el tedio que, en general, acostumbra provocar esta obra en uno u otro momento por la propia naturaleza del planteamiento de Beckett. ¿A qué esperaba él mientras escribía?
Una vez más, con toda la necesidad del gesto, se subraya el absurdo de llamar absurdo a lo que realmente es un modo de vida basado en la ocurrencia como interrupción de una establecida no ocurrencia. La vida por defecto como una secuencia aleatoria de eructos provocados por la indigestión de la espera.
Bárbara Nita.Lavozdenunca-3

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