Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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«Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano» en las Naves del Español

Tenía ganas de rememorar de nuevo la vida de Sócrates, además iba entusiasmado porque iba a ver a José María Pou encarnado en su persona, tan venerable, tan consagrado, tan actor. Me encanta ver teatro a modo de tragedia clásica, disfrutar del discurso intelectual, de la oratoria, tal y como lo estudié y mamé en el Bachillerato… y resulta que, de repente se me cuela el siglo XXI de por medio y me encuentro a un Sócrates hablando de móviles y molestias…y, como se dice vulgarmente, se me bajó todo.

Y me pregunto si acaso estas frases tan fuera de lugar, tan displicentes, estaban en el texto original de Mario Gas y Alberto Iglesias o si se han colado por obra y gracia de un actor que no le tiene mucho amor a los pitidos electrónicos ni a las minipantallas brillantes tal y como ha demostrado en varias ocasiones públicamente. Porque si es así, por muy consagrado que estés y por la infinidad de seguidores que te veneren, no se puede  saltar a la torera el texto del director, consagrado él también, al revés, habrá que seguirlo al pie de la letra e incluso venerarlo… Y, si fuese al revés, ni siquiera la sapiencia y oratoria de Sócrates sería la excusa para insertar tales disertaciones sobre la vida moderna del espectador de teatro en un texto digno. Sabemos cómo es el público y Sócrates también conocía al suyo…al que le llevó a la condena a través de esa falsa democracia.

Aún así, merece la pena ir, disfrutar del discurso original, de la vida de Sócrates y de la interpretación de los otros actores que intervienen en el montaje, de la escenografía pura y adecuada de Paco Azorín y dar unos cortecitos, editar y pulir ese «texto»-incluso digitalmente con tu móvil- para evitar adoctrinamientos banales ideados por abanderados del purismo, que no deben de darse en el lugar sagrado del teatro, a un público que, comprendiendo a Sócrates, también puede retuitear su sabio discurso y tomar las riendas de un smartphone tal y como Sócrates lo hizo de su vida: con honor, entereza y dignidad.

Espero que estos directores y actores disculpen mi atrevimiento y mi ignorancia supinas, basadas en un discurso pobre, con pocos argumentos, pero claro y humilde al fin y al cabo.

Luis Mª García Grande

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