Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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Antígona de Jean Anouilh en el Matadero Madrid

Youkali podría ser ese país que todos soñamos, un lugar donde ser libres y respetados. Youkali podría ser España o cualquier país de la vieja Europa pero no lo es. Youkali podría ser la tierra donde el honor no sea moneda que se cambia por sangre. Youkali podría ser un sueño pero se puede convertir en una pesadilla…

Ruben Ochandiano y Carlos Dorrego han hecho, con gran acierto, una adaptación de la obra de Anouilh  a un presente atemporal y dirigen la puesta en escena codo con codo de manera minuciosa…El Matadero ayuda mucho para que su visión sobre ese país gélido y sin alma se materialice…En escena hay un espacio cruzado de circo e intimidad familiar que da un extrañamiento muy sugerente a la obra.  Y sobre él transitan los personajes como fantasmas que vagan en la cabeza de un loco…Solo Antígona da cuerpo a la realidad. Es muy curiosa la idea de que los personajes sean la mezcla de un comic y un monstruo, tienen fragilidad y horror a partes iguales. Todo el reparto cumplen con el dibujo de esta idea y Najwa Nimri sale airosa de su presentación teatral.

Adolfo Simón

Antígona


Orquesta de Señoritas de Juan Carlos Pérez de la Fuente en el Teatro Amaya.

Una versión patria de la obra de Jean Anouilh, que escribió en 1957 y se estrenó en 1962, nos sorprende en el teatro Amaya. La obra se basa en el juego de la apariencia y la realidad en la vida de seis mujeres artistas que, sin embargo, se sienten frustradas.

Pérez de la Fuente quiere evocar en su versión la posguerra española a través del “género frívolo”: las varietés y la verdad es que no nos deja indiferentes. La música recordando a las grandes cupletistas del siglo XX y la escenografía y vestuario forman un conjunto redondo al que Juan Ribó y Víctor Ullate Roche saben sacar muy buen partido a temas como “La Vaselina” o “La Regadera”.  En un ambiente sorprendente por el “reciclado” –construido con envases reciclables- y distendido y aprovechando la inspiración del vestuario de Juan Retana, “el figurinista de las estrellas”  nos sumergimos en el Madrid de los mil placeres en el que el cabaret era el sinónimo de perdición y vicio y en el que se enmascaraban las alegrías y las tristezas.

Hay que destacar también el maquillaje que nos puede recordar a ciertas películas de Bob Fosse y que imprime una especie de patetismo que ayuda al hilo conductor de la obra que se debate entre el llanto y la pluma, mucha pluma.

Luis Mª García.