Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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Décimo aniversario de la Compañía Daniel Abreu

Esta semana se ha celebrado en la Sala Cuarta Pared un ciclo especial dedicado al décimo aniversario de la Compañía Daniel Abreu, residente de la propia sala, que recientemente ganó el Premio Nacional de Danza. Un premio que debería empujar y ensalzar el trabajo de uno de los creadores más arriesgados del panorama actual, que sin embargo es programado más fuera de nuestras fronteras que en su país natal… El coreógrafo y bailarín canario se desligó hace más de diez años de Carmen Werner y Provisional Danza para desarrollar sus propios trabajos, creando una danza de autor, un lenguaje propio donde el cuerpo y el movimiento se transforman en poesía. Esta pequeña compañía que sobrevive a base de subvenciones ha sufrido la mitad de su trayectoria uno de los peores momentos del sector, y el propio Abreu reconoce sentirse cansado no tanto por las más de cuarenta producciones que lleva a sus espaldas sino por la propia burocracia.
El ciclo comenzó con “Acto de fe”, un encuentro de algunos de los intérpretes que han bailado y actuado con Daniel en estos diez años, que narraban sus experiencias los procesos creativos y bailaban fragmentos de algunas de sus piezas. Un relato improvisado que costó arrancar pero que se fue cargando de una emoción y energía desbordantes con momentos hipnóticos maravillosos como el final, en el que, a petición del público, todos los que poseían “el gen Abreu” en su ADN arrancaron a bailar al ritmo de un “temazo” cerrando una noche conmovedora.
El segundo día se mostró “Cada persona”, el resultado de un taller intensivo desarrollado durante cuatro días en la propia Cuarta Pared, en el que Abreu trabajó con 17 actores y bailarines herramientas físicas de composición de una pieza a través de su lenguaje escénico. Después hubo un encuentro abierto con el público donde pudo hablar de estos diez años y responder a las dudas de los espectadores.
El ciclo se ha cerrado con la reposición de dos de sus obras más representativas: “Silencio”, uno de sus trabajos más abstractos, estrenada en la propia Cuarta Pared en 2013 dentro del Festival Madrid en Danza; y el emblemático solo “Perro”, estrenado en 2006.
Esperemos que esta gran Compañía cumpla muchos más años y nos siga regalando esos trabajos tan personales bailados desde el corazón, a ser posible en nuestros Teatros.

Jorge AzconaDaniel-Abreu-cia-1024x639


Afectos de Rocío Molina en el Festival de Otoño a Primavera

Merecedora con tan solo 26 años del Premio Nacional de Danza en 2010, la aplaudida coreógrafa y bailaora Rocío Molina define su última aventura, Afectos, como una “reflexión emocional y un desafío artístico, basado en la lucha del ser y en la capacidad de hallar la sencillez, la naturalidad y la confianza a través de la existencia y del flamenco”. Y vaya si lo consigue, gracias también a la complicidad de La Tremendita y del músico Pablo Martín que crean los sonidos y atmósferas para que Rocío transite por la piel-traje que se superpone sobre el cuerpo para instalarse en esos momentos del pasado o de lo nunca ocurrido en los que los afectos fueron la razón de ser. Su cuerpo se vuelve trágico y juguetón dependiendo del paisaje al que regresa. Una propuesta de flamenco que se cuela en otros lenguajes de danza, sin fisuras.
Adolfo Simón

rociomolina


“METÁFORA”. BALLET FLAMENCO DE ANDALUCÍA.

DANZA EN LA VILLA.

TEATRO FERNÁN GÓMEZ

“METÁFORA”

COMPAÑÍA: BALLET FLAMENCO DE ANDALUCÍA. Instituto Andaluz de Flamenco

Dirección y coreografía: Rubén Olmo. 

Después de su estreno en el Festival de Jerez en Febrero llegó a Madrid la primera de las creaciones de Rubén Olmo al frente del Ballet Flamenco de Andalucía, antes dirigido por Critina Hoyos.

Para este espectáculo, Olmo se ha inspirado para la obra en unos textos de Nietzsche, “que hablaban de la danza como una metáfora del pensamiento”. Precisamente ese ha sido el punto de partida para la concepción de la producción del Ballet Flamenco de Andalucía, tanto para la escenografía, composición musical o la iluminación así como para el número de transición entre la ‘Suite Flamenca’ y ‘Metáfora.

La propuesta se desdobla en dos partes bien diferenciadas. En la primera se ofrecen retazos flamencos al estilo más tradicional y costumbrista. Una Suite Flamenca que desde el comienzo deja claro lo que vamos a ver: una técnica limpia, un resultado correcto pero una falta de emoción y transmisión de lo que es el espíritu flamenco.  Solo cabe destacar la interpretación de las Alegrías de Coral a cargo de Pastora Galván, con un estilo único que demuestra que, aparte de dominar las alegrías, sabe transmitir el espíritu y la gracia de Cadiz, aderezada con unos magníficos mantones de Catiliana. Lamento tener que decir que los trajes del vestuario masculino parecían sacados de cualquier cadena de supermercados baratos, incluyendo el que lució el director en su solo.

La segunda parte “Metáfora”, que no tiene nada que ver con la primera y que podría ser otro espectáculo completamente diferente, pretende ser un “homenaje” a la danza ¿flamenca?,tal y como dice el programa, dotándole de elegancia y dinamismo.  Con esta propuesta quieren abarcar desde la escuela bolera al flamenco más contemporáneo, haciendo un tributo a personalidades como Ángel Pericet, Pilar López o Antonio.

‘Metáfora’ está concebida como “una alegoría de la vida” y pese a no tener argumento, según sostiene el coreógrafo sevillano, es un espectáculo que cuenta con “mucho argumento de danza, ya que aquí la danza se convierte en el impulso necesario para el cuerpo y la mente”.

Con acordes que recuerdan y copian a Falla y Turina la Metáfora se va desarrollando destacando la coreografía e interpretación de Rocío Molina (Premio Nacional de Danza 2010) en Caminante con su particular y exquisita manera de interpretar el flamenco que hace que avivemos nuestra atención cuando introduce la parte más contemporánea en  el tercer movimiento.

Un inicio de “Danza en la Villa” algo difuso y heterogéneo.

LUIS Mª GARCÍA