Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

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Títeres y malabares para los pequeños de la casa

Este fin de semana hemos podido disfrutar de dos propuestas muy diferentes para el público familiar. Por un lado, en el Teatro Rialto se ha estrenado Pinocho, el musical. Una nueva versión del cuento adaptado a la actualidad con canciones pegadizas y bailes divertidos. Y en Cuarta Pared…Mobil, un espectáculo que aunaba música, clown y malabares. Decididamente, tiene más variedad la cartelera infantil que la de adultos. Hay de todo como en botica y para todo tipo de paladares.
Adolfo Simón

mobil


«Titanium» de Rojas y Rodríguez en el Teatro Rialto de Madrid

titanuum 2Rojas y Rodríguez han conseguido que el flamenco se fusione con el hip-hop y break-dance, estilos de danza que nacieron en las calles, no importa dónde, y que tienen muchas cosas en común, entre ellas el virtuosismo, el sentimiento y la importancia de lo que se consigue grupalmente. El espectáculo supone un giro de tuerca más en lo que se conoce como nuevo ballet español, acercándose más de lleno al flamenco pero dejando de lado los faralaes y zaragüelles para adaptarse a los nuevos tiempos. Tiempos en los que se puede ser flamenco y hip-hopero a la vez, en los que se puede taconear por la calle vestido con vaqueros, licras y cazadoras de cuero sin dejar de ser flamenco y sin perder un ápice de sentío.

Pero este espectáculo es más especial de lo que nos venden en esas magníficas fotografías que adornan la entrada del Rialto. El espectáculo, aunque comercial, no cae en los tópicos en que caen otros espectáculos, de mucho ruido y pocas nueces, mucha imagen y poca dramaturgia escénica, mucha iluminación espectacular y poca luz interna, y no pretende epatarnos con la fuerza de un flamenco para modernos. Es un espectáculo pensado y medido en el que reside una poética urbana y en el que los elementos que lo estructuran están pensados al detalle. La influencia de Chevi Muraday en la dirección escénica es clara y aporta ese aire de contemporaneidad bien medida y marcada paso a paso.

La producción ha permitido que puedan subirse al escenario también músicos en directo que nos demuestran su versatilidad en estos tres estilos y consiguen acercarnos a ese mundo de la calle en el que se puede mezclar un hip-hop con una bulería.

Cabe destacar la figura del bailaor y coreógrafo flamenco Manuel Liñán, el coreógrafo y bailarín de danza urbana Juan Montero, y los bailarines de hip hop Fran Eliú, Alberto Montero, Elihu Vázquez y Omar Fraile que comparten escenario con ellos.

Por eso Rojas y Rodríguez han vuelto a acertar al conjugar diversos tipos de danza que buscan una nueva expresión artística y una evolución en lo ya existente, su filosofía de trabajo desde sus inicios, demostrando que no solo hay que venerar a los clásicos para estar en la cresta de la ola y que su versatilidad es tan potente que pueden tener varios espectáculos a la vez en cartelera de muy diverso tono, como «Cambio de Tercio» o «Sangre».

Luis Mª García Grande


«A Marte Cabaret» de Yllana en el Teatro Rialto

Cabaret para tiempos revueltos, cabaret reivindicativo y galáctico, cabaret de otro mundo que nos habla de éste. No hay que tener miedo a expresarse, a reivindicar y a decir las cosas para dar donde más duele y mientras tanto divertirnos y disfrutar de la vida mientras otros intentan amargárnosla. A Marte Cabaret nos traslada a un secretísimo lugar de nuestro planeta donde ha aterrizado una nave nodriza con un buen par de tetas de las que saldrán los marcianos más inesperados que nos podamos encontrar. Es la nueva era del cabaret, es la renovación estética de este género  lo que nos toca vivir de nuevo si no queremos caer en depresión porque ya no nos dejan ni manifestarnos por el centro de Madrid…

Yllana ha apostado por este género y ha aterrizado en la Gran Vía madrileña para calentar un poquito esta época gélida a base de canciones picantes, textos alocados de Secun de la Rosa, amazonas marcianas, superhéroes obsesionados por los huevos…los de comer, no piensen mal, acróbatas y señores batería. Todos ellos capitaneados por un maestro de ceremonias, bautizos, comuniones y lo que se tercie: Ángel Ruiz.  Un maestro polifacético y con tablas que sabe provocar al público y hacer que se olviden por un rato del mundo terrícola. Eróticamente hablando, hay caramelos para todo el mundo, peras y manzanas, y en eso se agradece que haya evolucionado el cabaret.

Si quieren empadronarse en Marte por unas horas y sentirse marciano acérquense al Rialto, que ya ha dejado eso del Hoy no me puedo levantar.

Luis María García Grande

amarte