Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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“El salto” de Jesús Carmona en Teatros del Canal

Dentro del ciclo Canal Baila, de los Teatros del Canal, hemos podido disfrutar esta semana del resultado que está teniendo en su investigación, gracias  a la residencia en el Centro Coreográfico de esta entidad, el bailarín Jesús Carmona, que ha decidido indagar en su relación  con la masculinidad y las nuevas maneras de abordarla estéticamente y como manera de crecimiento personal. En escena ocho bailarines y tres músicos nos presentan diversos cuadros surgidos de la experimentación en la forma de la danza, en las imágenes que se nos ofrece de lo masculino y cómo se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo. El espectáculo parte de un flamenco clásico para evolucionar a una estética contemporánea, influido por la mano del director de escena Ferrán Carvajal y en el que se canaliza una fuerte energía en el baile y en la interpretación. Si bien es cierto que no existe aún, ya que el proceso de investigación sigue su curso, un hilo acabado, aunque sí un buen inicio y cierre de espectáculo, sí que podemos apreciar el esfuerzo que se hace en el camino hacia una nueva creación y ese “salto” en la evolución artística de un bailarín.

Luis Mª García Grande


Enrique VIII de William Shakespeare en los Teatros del CANAL

Teatros del CANAL
“Enrique VIII”
Autor: William Shakespeare
Dirección: Ernesto Arias

Enrique VIII es la obra menos representada de William Shakespeare, en nuestro país probablemente este ha sido el estreno oficial y tal vez hay razones para que así haya sido… Es una obra cargada de información y con poca acción, sobre todo en la segunda parte cuando se lleva a cabo el juicio. Esto dificulta la tarea de todo el mundo implicado en la producción…Hay que crear una escenografía que facilite la posibilidad de muchos espacios sin cambios aparatosos y esto a veces obliga a dejar demasiado indefinidos los lugares… Hay que conseguir un reparto homogéneo que además permita dobletes porque son muchos los personajes que aparecen y no siempre se consigue ese equilibrio actoral y sobre todo, hay que conseguir que la obra no parezca una historia museística y para ello, la versión es esencial, es preciso ir al eje de la obra aunque se pervierta lo que propone Shakespeare, sobre todo si se le quiere dar contemporaneidad y para que esta no quede solo en el detalle de que se asoma el vestuario actual de los actores por debajo de los ropajes clásicos; muy poco acertados en casi todos los casos. Cuando hay un material tan complejo al que poner en pie, hay que usar el bisturí fino para pulir y ajustar todo; para crear climas y mundo particulares hay que iluminar con detalle y aquí la luz, en general, dejaba demasiado abiertos los espacios dramáticos. Lo que está más cuidado es el trabajo actoral, probablemente porque Ernesto Arias tiene, en realidad, una trayectoria solida como actor y conoce bien los mecanismos de la interpretación. En la escena final, cuando la reina enloquece en medio de ese paisaje de personajes fantasmagóricos, empieza a abocetarse lo que habría sido una propuesta de dirección personal, más allá de lo que el autor dicte en sus acotaciones.
Adolfo Simón