Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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Ernesto Arias nos habla de sus últimos trabajos como actor y director

ernestoarias¿Cómo surge el proyecto Enrique VIII?…
Rakatá/Fundación Siglo de Oro fue seleccionada para representar a España en las llamadas “Olimpiadas Culturales” en Londres donde en el Globe Theatre se representarían las 37 obras de Shakespeare por compañías de 37 países y en 37 idiomas diferentes; se asignó por parte de la organización Enrique VIII y tuve la enorme suerte de que la compañía me propusiese dirigirlo. Era una tarea difícil por la complejidad del material, pero ha sido muy gratificante y enriquecedora.

¿Hubo ocasión, durante el proceso, para que los actores aportasen ideas en la dramaturgia y la puesta en escena?…
Sí, por supuesto. La puesta en escena nos obligaba a realizar una adaptación del texto, y comenzamos los ensayos con una primera dramaturgia que realizamos José Padilla, Rafa Labín y yo mismo, y esta ha ido enriqueciéndose en el proceso de ensayos, y algunas de las sugerencias vinieron por parte de algunos actores; por ejemplo Fernando Gil, que interpreta el rey Enrique hizo aportaciones en sus parlamentos que fueron fundamentales. En cuanto a la puesta en escena lo cierto es que no hubo mucho tiempo de ensayos con lo que no había demasiadas posibilidades de exploración y se comenzaron los ensayos con una propuesta muy clara.

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¿Hay algún referente técnico o estético del que has partido para esta puesta en escena?… Háblanos de ello…
La función era un encargo muy determinado, era un texto asignado para realizar en un marco muy concreto y con unas posibilidades de producción muy limitadas; con lo que tengo que reconocer que lo fundamental ha sido ajustarnos a todas las premisas que la realidad imponía de antemano. El Globe Theatre es un espacio muy particular que requiere unos recursos teatrales muy concretos, dados por la naturaleza del espacio; allí no puede ponerse una escenografía, las funciones son a la luz del día -con lo que no existe la posibilidad de recursos de iluminación-, ochocientos de los mil trescientos espectadores están de pie viendo la función -con lo que los tiempos de la función son muy concretos y venían impuestos por la organización-. Para pensar la puesta en escena estudiamos mucho el espacio y sus posibilidades. Enrique VIII es una de las llamadas “obras históricas”, y nosotros, humilde compañía madrileña íbamos a acometer la “osadía” de ir a Londres a representar un texto de su gran autor inglés que cuenta un episodio muy importante de la historia de Inglaterra, en el “templo del teatro londinense”; pues ese fue el punto de partida de la puesta en escena, que comienza con unos actores que se suben al escenario saludan a los presentes para luego perderse entre cajas y -tras un prólogo que anuncia el juego teatral y justifica la humildad de la producción- aparecen a modo de personajes para contar esa “historia” que, aunque seguramente los hechos no ocurrieron tal y como se cuentan podrían haber sucedido así.

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¿Cómo ha sido el proceso de creación?…¿Qué has querido contar desde la dirección?…
Todas las decisiones creativas que tomáramos debían ajustarse al equilibrio entre lo que nos interesaba del material original y las limitaciones, y ese ha sido un proceso muy enriquecedor, que oscilaba entre la frustración por no poder hacer exactamente lo que imaginábamos y la ilusión y alegría cuando dábamos con algún hallazgo interesante. Empezamos por la dramaturgia que debía posibilitar poder realizar una función que en su original tiene casi cuarenta personajes con catorce actores, con lo que fundimos personajes, anulamos otros, quitamos alguna escena, reordenamos la estructura de la obra, todo ello con la finalidad de crear un material lo más interesante posible de un original que en mi humilde opinión no lo es tanto. Yo creo que el original de Shakespeare no es ni una obra dramática, es un “guión” para un acto conmemorativo, fue un encargo para una celebración, y pensó una función que permitiera la espectacularidad, la pompa, el lujo, las mascaradas, bailes y fuegos artificiales. A nosotros eso, aparte de que no nos interesaba, se escapaba de nuestras posibilidades. Lo realmente interesante era el episodio histórico en el que se enmarcaba la obra, y los personajes. El texto original cuenta muy por encima el conocimiento de Enrique de Ana Bolena, y el proceso de anulación del matrimonio con la Reina Catalina y ahí fue donde nos centramos; en las motivaciones y conflictos de los personajes, en la lucha del Rey (del poder) por conseguir lo que quiere aunque para ello tenga que cambiar incluso hasta la religión del estado; en la ambición desmedida de Wolsey que precisamente es lo que le lleva a su caída; en el tesón y firmeza de la Reina Catalina para no renunciar a seguir siendo la reina legítima de Inglaterra, en las artimañas de los condes de Norfolk y Suffolk para acabar con la influencia de Wolsey y conseguir ellos esa influencia, en la ingenua hipocresía de Ana Bolena que manifiesta que no querría ser reina, etc…

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¿Qué balances haces de tus trabajos como director y actor?…
Pues hago un balance muy positivo, porque disfruto enormemente con mi trabajo y por suerte hasta ahora no me ha faltado. Yo soy fundamentalmente actor, actuar es lo que más disfruto, y lo de dirigir ha sido circunstancial, no ha sido producto de una inquietud o una necesidad personal, simplemente me lo han propuesto y después de valorarlo he decidido arrojarme a hacerlo. Tanto como de actor como de director hay trabajos de los que me siento más orgullosos que otros, pero de todos he disfrutado y aprendido.

¿Qué es el teatro para ti?…¿Por qué haces teatro?…
El teatro es una dedicación de la que disfruto enormemente, como ninguna otra, y es la manera de ganarme la vida. El que sea esas dos cosas me hace enormemente afortunado feliz; y siendo así ¿cómo no lo voy a hacer?

¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Cada uno que le aplique la función que crea. El teatro es algo muy grande para tener una única función, el teatro es para muchas cosas: para entretener, para pensar, para emocionar, para cuestionar, para reflexionar, para movilizar, para enseñar, para divertir, para descubrir, para ayudar a desahogarse, para soñar e imaginar, para no olvidar, para advertir y alertar, para criticar, para formar, para compartir, estremecer, provocar, incomodar, empatizar, fantasear, vaticinar, para conocer, conocerse y conocernos, para sorprender, y un larguísimo etc… El teatro ofrece todo eso, hay muchas propuestas muy diferentes; sólo basta con elegir la que uno como espectador desee. Es tanto y tan grande lo que puede ofrecer el teatro que hay que cuidar mucho el hecho teatral, cuidarlo y mimarlo mucho por parte de todos.

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¿Qué espectáculo has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
En la casa de la portera he visto Sagrado Corazón, algo impresionante. Muchas veces me preguntan si en el teatro me gusta más dirigir o actuar, y lo que realmente más me gusta es ser espectador sobre todo si son funciones como esta, me gustó muchísimo.

¿Crees que afectará mucho la subida del I.V.A. y los recortes a la escena?…
Ya está afectando enormemente. Con políticas teatrales así no sólo no se cuida el teatro, se le ataca y atenta. La subida del iva al 21 % es una barbaridad. No se recauda más, no contribuye a nada, no tiene ningún sentido.

¿Proyectos?…
Estoy a punto de estrenar “Chamaco” de Abel González Melo un autor cubano, y dirigida por Carlos Celdrán también cubano, es un proyecto con el que estoy encantado porque creo que el texto es muy bueno, es una especie de “tragedia urbana a modo de thriller”, y el equipo es maravilloso. Se presenta en Madrid el 31 de Mayo, 1 y 2 de Junio en el Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes. Y a partir del verano continúo con la gira de “El Malentendido” de Albert Camus, que dirigió Eduardo Vasco, y que estoy junto a Cayetana Guillén Cuervo, Julieta Serrano, Lara Grube, etc.. estoy deseando volver a hacerla.

Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis…
Amor, ilusión, esfuerzo, trabajo, ánimo, humor, dedicación, determinación, confianza… todas esas cosas.

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José Padilla nos habla de sus últimos proyectos en el teatro

¿Cómo surge el proyecto de Sagrado Corazón 45? ¿De qué va la obra?

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Supongo que ahora uno no puede permitirse el lujo de esperar a que lo llamen para ech¿Hiciste algún tipo de búsqueda o documentación sobre el tema antes de empezar a escribirla? ¿Cómo fue el proceso de escritura?ar un proyecto a andar, porque estaría condenado a no hacer nada. Tanto Eduardo Mayo como yo somos creadores, nos hemos hecho conscientes de ello y esta función lo prueba. A falta de propuestas, proponemos nosotros. A grandes rasgos la obra trata de cómo las crisis colectivas generan profundas divisiones en la intimidad, llegando incluso a derivar en violencia

Sí, la obra consta de tres historias en tres momentos de la historia reciente bien distintos: La Transición, la España de principios de los 90 y 2011. La trama está muy plegada a los acontecimientos que se dieron en esos momentos a nivel social, tuve que escarbar en la hemeroteca. Me sorprendió averiguar cómo todo tiende a la repetición…Según se iba conformando el texto tuvimos la enorme suerte de poder irlo escuchando en boca de los actores, eso nos daba indicios muy claros de qué funcionaba y qué no.

¿Cómo ha sido el trabajo de dirección compartido?

Muy cómodo. Eduardo y yo, creo, hemos sabido repartirnos el trabajo (concepción del espectáculo, trabajo con actores, etc…) y la puesta en común siempre ha sido muy sencilla. El cómo han ido fluyendo las cosas repercute en la puesta en escena para bien, o al menos eso espero.

¿Cómo llevas a cabo el trabajo de puesta en escena al ser autor-director?

Es algo que cada vez podemos ver más por aquí (ahí están los trabajos de Alfredo Sanzol, Miguel del Arco o Pablo Messiez, por ejemplo) pero que en Cataluña se hace desde mucho y de forma natural (Josep María Miró, Marta Buchaca, Jordi Casanovas…). Como escritor dramático siempre trabajo pensando en el actor, así que creo que este paso que acabo de dar era el lógico.

 

¿Opinas, como algunos autores, que no hay que publicar un texto hasta verlo estrenado?

No me he parado a pensar nunca en ello, la verdad. Si bien es cierto que una vez estrenado, uno puede detectar muchos factores a mejorar que el papel en bruto no te permite… Sí, quizá sea buena idea esperar a estrenar. Aunque yo soy un caso raro, estreno mucho, no publico nada.

¿Qué balances haces de tus últimos trabajos como autor?

Como te decía, me siento muy afortunado de poder estrenar con asiduidad. Esta temporada, hasta la fecha, se han podido ver en Madrid cinco espectáculos con mi firma: una versión de Enrique VIII, En el cielo de mi boca, Amarradas, la dramaturgia que de La importancia de llamarse Ernesto hemos hecho Sanzol y yo y Sagrado Corazón 45. Quiero creer que esto responde a que, de un modo u otro, mi trabajo genera interés y que mis propuestas son válidas. A partir de ahí ya no hago más conjeturas, sólo que tengo que seguir trabajando, cada vez más y mejor.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?

En esto suscribo a pies juntillas las palabras de Adolfo Marsillach que podemos ver en la placa que hay en la fachada de la que fue su casa, frente al Parque de Debod: “No soy tan ingenuo como para creer que el teatro pueda transformar la sociedad, pero estoy seguro de que existe una posibilidad de ayudar a despertarla”. Creo que esta puñetera crisis nos ha dado conciencia de esto.

¿Qué te motiva o inspira para escribir teatro?

Hace poco leía un lúcido artículo del dramaturgo Antonio Rojano, hablando de las tormentas meteorológicas como inspiración para crear estructuras dramáticas. Yo mismo escribí una función a partir de aquella desastrosa erupción del volcán islandés, que paralizó el tráfico aéreo mundial. Pongo estos ejemplos para decir que casi cualquier cosa es susceptible de ser contada, si tienes ojo y le dedicas el trabajo suficiente.

¿Crees que afectará mucho la subida del I.V.A. y los recortes en las ayudas para el teatro alternativo?

Afectan muchísimo al teatro en sí. Al alternativo no digamos. Creo que José Ignacio Wert es el peor Ministro de Cultura que hemos tenido jamás y el hombre se está afanando en demostrarlo. Un reciente artículo de Marcos Ordóñez describe muy bien esta situación, se titula El eslabón más débil por si alguien quiere leerlo.

¿Qué obra de teatro has visto últimamente? ¿Qué te pareció?

Varias. Ahora empiezan las vacaciones de Luis Luque y Paco Bezerra, un trabajo de orfebrería, emocionante y con pulso. Claudio, tío de Hamlet, interesante trabajo de dramaturgia, cambiar la perspectiva de quién cuenta la historia, con actores y dirección fabulosos. ¡Ah! Y El intérprete, con ese animal escénico que se llama Asier Etxeandía. Hay que verlo.

¿Cómo ves la autoría teatral en nuestro país en estos momentos?

Bullendo. Parece que esta situación nos ha afilado el ingenio o algo así, porque jamás vi mayor brote de creatividad que en estos tiempos. Coge la programación de Madrid o Barcelona, y ahora respira hondo porque no vas a dar abasto con tanto espectáculo bueno.

¿Proyectos?

Siempre. Voy a seguir dirigiendo mis textos, lo tengo claro. Y también voy a volver a actuar en breve. No tengo claro el orden aún, pero hacia allí voy.


Enrique VIII de William Shakespeare en los Teatros del CANAL

Teatros del CANAL
“Enrique VIII”
Autor: William Shakespeare
Dirección: Ernesto Arias

Enrique VIII es la obra menos representada de William Shakespeare, en nuestro país probablemente este ha sido el estreno oficial y tal vez hay razones para que así haya sido… Es una obra cargada de información y con poca acción, sobre todo en la segunda parte cuando se lleva a cabo el juicio. Esto dificulta la tarea de todo el mundo implicado en la producción…Hay que crear una escenografía que facilite la posibilidad de muchos espacios sin cambios aparatosos y esto a veces obliga a dejar demasiado indefinidos los lugares… Hay que conseguir un reparto homogéneo que además permita dobletes porque son muchos los personajes que aparecen y no siempre se consigue ese equilibrio actoral y sobre todo, hay que conseguir que la obra no parezca una historia museística y para ello, la versión es esencial, es preciso ir al eje de la obra aunque se pervierta lo que propone Shakespeare, sobre todo si se le quiere dar contemporaneidad y para que esta no quede solo en el detalle de que se asoma el vestuario actual de los actores por debajo de los ropajes clásicos; muy poco acertados en casi todos los casos. Cuando hay un material tan complejo al que poner en pie, hay que usar el bisturí fino para pulir y ajustar todo; para crear climas y mundo particulares hay que iluminar con detalle y aquí la luz, en general, dejaba demasiado abiertos los espacios dramáticos. Lo que está más cuidado es el trabajo actoral, probablemente porque Ernesto Arias tiene, en realidad, una trayectoria solida como actor y conoce bien los mecanismos de la interpretación. En la escena final, cuando la reina enloquece en medio de ese paisaje de personajes fantasmagóricos, empieza a abocetarse lo que habría sido una propuesta de dirección personal, más allá de lo que el autor dicte en sus acotaciones.
Adolfo Simón