Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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“La posibilidad que desaparece bajo el paisaje” en el Teatro Valle-Inclán, dentro del ciclo “El lugar sin límites

La compañía catalana El Conde de Torrefiel (al mando de Pablo Gisbert y Tanya Beyeler) presenta “La posibilidad que desaparece bajo el paisaje” en el Teatro Valle-Inclán, dentro del ciclo “El lugar sin límites. Dramaturgias en movimiento.”

El escenario, un espacio diáfano de suelo blanco, y una pantalla en lo alto donde se lee un texto a lo largo de la función en paralelo con la acción en escena. Cuatro personas (Nicolás Carbajal, David Mallols, Tirso Orive y Albert Pérez), cuatro cuerpos humanos inofensivos nos muestran, sin pretensión moral alguna, varios reflejos de la sociedad moderna. Se subraya que hoy en día el pensamiento y el discurso van tan en paralelo como el texto y la acción en esta propuesta. Decimos y pensamos muchas cosas, pero no siempre coinciden las primeras con las segundas.

El mundo es una gran performance, el absurdo envasado rebosa en las estanterías de los supermercados, nos enriquecemos con castillos en el aire. ¿Es posible que la moral, hoy en día, se reduzca a un estruendoso pedo tras una pesada digestión de la nada cotidiana?

Al final la naturaleza siempre gana y nuestra cruzada en busca de la abstracción quedará sepultada por capas de tierra y un bonito césped mecido por el paso del tiempo.

Quique Rojaselcondetorrefiel6


NIPPON-KOKU de Marcos Morau para la CND

Está claro que para que la siembra de buenos frutos, hay que dar tiempo. Ahora que las nuevas direcciones de las compañías nacionales de teatro y danza tienen ya un recorrido en el que ir implantando la visión de sus directores, empieza a aparecer la personalidad propia que quieren conseguir. Ayer, en la sala I del Matadero se presentó el nuevo trabajo de la Compañía Nacional de Danza: Nippon-Koku de Marcos Morau & La Veronal, probablemente, uno de los mejores espectáculos de danza que he visto en los últimos años. José Carlos Martínez director de la Compañía, ha propuesto, inteligentemente, esta producción a Marcos Morau para que realizase un trabajo personal y al tiempo, para seguir construyendo esa línea de repertorio único y diverso para la CND. El equipo que ha rodeado a esta idea es de lujo y no puedo menos que nombrarlo porque lo que realizan en sus distintos campos es excepcional: Luis Miguel Cobo en la composición musical, Pablo Gisbert en la dramaturgia, Enric Planas en el diseño de la escenografía, Albert Faura en la luz y David Delfín en el vestuario. Una suma de talentos fantásticos. Y aunque parezca un tópico y por mucha inspiración que hay en todos los apartados artísticos, he de nombrar en mayúsculas a los INTÉRPRETES. Y digo intérpretes y no bailarines porque hacen mucho más que bailar que ya es bastante. Recorren un espectáculo complejo, lleno de atmósferas y lenguajes diferentes y en todo momento están en la precisión y creación que requiere la situación. He dejado pasar unas horas desde el estreno para bajar el nivel de euforia que sentí al terminar la representación…Un cuento fantástico de terror y realidad donde nos muestran profundamente el horror de un mundo dominado por la manipulación y la anulación del individuo. Una pieza de danza-teatro que no debería perderse nadie que ame el arte en su máxima expresión.
Adolfo Simón

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