Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

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Ay! Carmela, el musical en el Teatro Reina Victoria

Innovadora versión musical de la exitosa trágicomedia ¡Ay,Carmela! protagonizada por Inma Cuesta, Javier Gutiérrez y Marta Ribera Con temas originales de Víctor Manuel, Vanesa Martín, Pedro Guerra y el cancionero popular español, dirigida por Andrés Lima. No es de extrañar que el teatro estuviese lleno cuando fui a ver la función, seguro que el boca a boca hará que el público siga acudiendo de forma masiva para ver este musical español…Por fin se ha conseguido crear un espectáculo que no es la reproducción de un musical extranjero si no algo genuinamente español en el buen sentido de la palabra. La historia que se cuenta nos concierne y para ello se han elegido aquellos pasajes esenciales de la obra de José Sanchís Sinisterra. Y a ellos se han intercalado canciones que parece fueron escritas para esta fábula. Además no es un espectáculo prepotente como suelen ser los que se programan en la Gran Vía, todo está a la medida precisa para contar las aventuras de este familiar dúo que son Carmela y Paulino. Tanto el espacio escénico como la luz, el vestuario, los audiovisuales o la música en directo, acompañan a un equipo fantástico de actores que llenan de emociones diversas el escenario del Reina Victoria.
Adolfo Simón

aycarmela


Javier Gutiérrez nos habla de sus últimos proyectos en teatro como actor y productor.

Javier Gutiérrez nos habla de sus últimos proyectos en teatro como actor y productor.

¿Cómo surge el proyecto de EL TRAJE?…
Surge de las ganas de trabajar juntos Luis Bermejo y yo, y de la necesidad de hablar del momento actual que estamos atravesando (crisis, corrupción…). Para ello le pedimos a Juan Cavestany que escribiese un texto con esos ingredientes y que a ser posible fuese una comedia. A medida que iba escribiendo, nos dimos cuenta que era el director ideal para ponerlo en pie.


¿Hubo ocasión durante el proceso para que los actores aportaseis ideas en la dramaturgia y la puesta en escena?…
Sí, durante el proceso de ensayos iban apareciendo muchas ideas tanto desde la dirección como desde los actores, que ayudaban a entender mejor la historia que queríamos contar. En el trabajo de mesa previo se creó un clima de debate muy interesante. Cavestany tuvo una actitud muy humilde e inteligente, ya que en todo momento estuvo abierto a las propuestas de los actores por descabelladas que fueran, se probaba absolutamente todo. Lo que no funcionaba se caía por su propio pie. Y así consiguió que los actores nos sintiéramos parte importante de la creación en este proceso, gracias sobre todo a ese margen de confianza y respeto en el trabajo.
¿Hay algún referente técnico del que habéis partido los actores para crear los personajes?…
Desde la época de Animalario, en la que trabajamos los tres, hay un lenguaje común y una forma de hacer que compartimos. Juan nos dio una libertad total a la hora de componer los personajes. En mi caso tan solo me pidió hacer un tipo nada sofisticado, sino todo lo contrario, lo más reconocible posible. Un personaje como «El Pocero» como referente. Luis Bermejo dice que Cavestany en esta función da voz a personajes del extrarradio.
¿Cómo ha sido el proceso de ese «combate» escénico?…
Muy placentero. No tuvimos mucho tiempo para montar la función por compromisos anteriores, sólo veinte días, así que fue un trabajo muy intenso. Disfrutamos mucho, sobre todo testando la función en la sala Kubik, con vecinos del barrio.
Trabajas en televisión, cine…pero siempre que puedes vuelves al teatro…¿Es importante para ti?…
Siempre digo que el escenario es el lugar natural del actor. Y que medirse a diario con el público creo que le hace a uno mejor actor. No me importa el medio si la historia y el personaje son interesantes. Pero es cierto que en mi caso el teatro es una necesidad.
¿Qué balances haces de tus últimos trabajos como actor en teatro?…
Muy positivo. De un tiempo a esta parte he podido elegir los proyectos. Por ejemplo en «Woyzeck», independientemente del resultado, tuve la oportunidad de enfrentarme a un personaje capital en el teatro, que me permitió trabajar algo muy diferente a lo que había hecho hasta ahora. En «Elling», pude combinar el drama y la comedia delirante en un montaje a medio camino entre lo comercial y lo alternativo. Y en «El Traje» queríamos, partiendo de un espectáculo muy sencillo, hacer un trabajo muy de actores. Y estamos satisfechos con el resultado.


¿Cómo ha sido la experiencia de producir teatro?…
Lo cierto es que le he cogido el gusanillo. Después de las experiencias de «Contraacciones» y «Elling», que fueron tan positivas, he repetido con «El Traje», en coproducción con Teatro del Zurdo. Sobre todo me interesa producir espectáculos donde el actor y la palabra sean lo más importante.
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Entiendo que tiene que ser un espejo de nuestra sociedad, del mundo en el que vivimos. Y que puede entretener, divertir pero sobre todo debe invitar a la reflexión y a ser posible remover al espectador en la butaca. Prefiero que el espectador se sienta incómodo a que salga del teatro sin que le haya pasado nada, más allá de pasar un buen rato.
¿Crees que afectará mucho la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?…
La subida del IVA a la cultura me parece una auténtica salvajada. Además de sonarme a saldar cuentas pendientes por parte del gobierno del Partido Popular con la gente del cine y el teatro de este país por pronunciarnos en cuestiones políticas. Me emociona ver como los espectadores siguen, a pesar de esa subida brutal, acudiendo al teatro. Hoy en día, es una heroicidad levantar un proyecto al igual que acercarse a verlo.
¿Te preparas de manera distinta un personaje para tv, cine o teatro?…
Nunca dispones del mismo tiempo. Por eso prefiero el teatro, donde los procesos son más largos y donde el actor puede probar sin miedo a equivocarse. El cine es dinero, y si no lo hay eso quiere decir que tampoco hay tiempo paras ensayos. Es vital llegar y confiar en el director, además de tener clara la propuesta del personaje. Para eso ha tenido que haber con suerte algún ensayo o encuentros previos con el director, para ver cómo ve cada uno el papel. Y el mundo de la televisión ya es diferente. Mi experiencia es la de sálvese quien pueda, por eso le doy muchísimo valor a los buenos trabajos en la tele. Ahí, sí que el actor debe sacar al director que lleva dentro.
¿Cómo preparas los personajes?…
Hablar con el director es muy importante para mí. Que me dé su visión del personaje, referencias…Y a partir de ahí comienzo a trabajar. Le doy mucha importancia al vestuario, al aspecto externo y desde ahí trabajar lo interno. Suelo leer muchas veces el guión y procurar encontrar cosas nuevas en cada lectura. Y sobre todo estar muy abierto a indicaciones y pequeños hallazgos que vayan surgiendo en el trabajo.
¿Proyectos?…
Seguir con «El Traje» hasta diciembre. Después comenzaré a grabar nuevos capítulos de «Águila Roja» a la vez que ensayo el musical de «Ay, Carmela» que dirigirá Andrés Lima. Y tengo pendiente tres estrenos en en el cine, «A night in old México “ de Emilio Aragón, «Zipi y Zape y el club de la canica» de Oskar Santos y «Dos francos, 40 pesetas» de Carlos Iglesias.


El traje de Juan Cavestany en Kubik Fabrik

El traje de Juan Cavestany en Kubik Fabrik
Los pulsos escénicos funcionan muy bien en teatro, en nuestra memoria están La huella, El veneno del teatro…piezas que permiten que dos actores se midan en escena y mantengan atrapado al público en un combate piscológico y dialético. El traje, es una pieza escrita y dirigida por Juan Cavestany que por momentos nos recuerda a Pinter en el Montaplatos o al Esperando a Godot de Beckett. Hay mucho absurdo y extrañamiento en esta situación anodina producida por la compra de un traje que desencadena en un final inesperado y sorprendente. Pero lo que hará que el público acuda allá donde se represente esta función, es el placer por disfrutar del combate cuerpo a cuerpo que realizan Javier Gutiérrez y Luis Bermejo, los dos actores están espléndidos, llenos de matices, con una entrega descarnada y generosa para dar piel y locura a esos dos pobres hombres metidos en un callejón sin salida del que no saben cómo salir. Teatro de actores, teatro al fin.
Adolfo Simón