Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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VANESSA MARTÍNEZ nos habla de sus experiencias para la escena

vane¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…¿Realizaste otras facetas además de la dirección?…
Yo aterricé en el teatro a través de la ópera. Estudié la carrera de canto y durante bastante tiempo me dediqué a la lírica. De hecho, cuando empecé a estudiar interpretación actoral con Juan Pastor en la escuela Guindalera tenía toda la intención de aplicar esos conocimientos a la construcción de mis personajes operísticos, pero en el camino descubrí que mis ideas sobre la puesta en escena en ópera no encontraban reflejo en la realidad escénica que me circundaba, y decidí estudiar dirección para cambiar esa realidad. Con tan noble intención comencé la carrera de dirección de escena en la RESAD. Y durante ese viaje apareció Shakespeare y apareció el teatro del siglo de oro español, y entendí que aquello que amaba en la ópera (la forma musical) era el sustrato del teatro clásico, en especial del teatro en verso. Así que he estado compaginando la dirección de teatro clásico y ópera durante 12 años, aplicando lo aprendido en un medio al otro, y viceversa.

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¿Tu trayectoria en el teatro lo has compatibilizado con otros trabajos?…
Sí, muchos. Como estudié magisterio en la especialidad de educación musical, he sido profesora de música en colegios. Guardo especial recuerdo de mi experiencia de cinco años en el colegio Estilo, dirigido por la gran pedagoga Josefina Aldecoa, de quien tanto aprendí. Pero sin duda de quien más aprendí fue de los niños: digerí su capacidad de asociación libre, su ausencia de preconceptos, su vivencia del proceso por encima del resultado… Además he seguido trabajando como soprano, en producciones propias y ajenas, y también he sido directora de coro. Uno de los trabajos que más me ha gustado y que ha sido un compendio de mi formación teatral y musical, ha sido la dirección musical del espectáculo “En este vida todo es verdad y todo es mentira” de Calderón de la Barca para la CNTC, dirigido escénicamente por Ernesto Caballero, hacia quien no tengo suficientes palabras de agradecimiento. Luego repetimos formato en “Montenegro” para el CDN, donde me atribuyó las funciones de entrenamiento vocal y arreglos corales. Todo aquello que fusione música y teatro es el mejor de los paisajes para mi.

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¿Qué balance harías sobre tu s trabajos?…Háblanos de los montajes más significativos…
El balance, con perspectiva, es inmejorable. Llevo 12 años trabajando y he dirigido más de 20 espectáculos teatrales y más de 10 óperas. Todo ello surge, por supuesto, de la inversión vital, económica y emocional de los dos componentes de Teatro Defondo, que somos Pablo Huetos, (productor, actor y alma mater) y yo. Esta inversión no siempre ha sido productiva a corto plazo pero me ha permitido aprender mucho y muy deprisa, desarrollar todo mi imaginario, sin restricciones, sin mediadores, con una confianza y una ilusión algo suicida. Todo ha sido muy intenso, todos los espectáculos son hijos míos. Incluso algunos que al principio sentía como ajenos, cuando el día del estreno me senté en el patio de butacas, me quedé con la boca abierta. “¡Pero si yo estoy ahí, y no me había visto!”.
Si tuviera que elegir tres espectáculos especialmente relevantes para mi serían:
1. “El maestro de danzar” de Lope de Vega, mi primer clásico español, mis primeros pre-mios como directora, mi primera gira grande.
2. “Mucho ruido y pocas nueces”, de W. Shakespeare, mi primer Shakespeare (vinieron tres mas, ¡y todos los que quedan!), con el elenco más grande que he dirigido en teatro hasta la fecha, y aderezado con la maravillosa presencia de Will Keen como asesor y maestro, de quien tantísimo he aprendido.
3. Y finalmente “Don Giovanni” de W. A. Mozart, que tuve la enorme suerte de dirigir en gran formato en el Templo de Debod delante de 1000 personas. Este espectáculo fue probablemente el más personal de todos los que dirigí. Cuando tenía 18 años y empezaba a cantar, mucho antes de saber que yo alguna vez sería directora de escena, escuchaba incesantemente Don Giovanni y lo imaginaba todo en mi cabeza, intención por intención, escenario tras escenario, incluso me hice una especie de (entonces ni sabía lo que era) cuaderno de dirección con diagramas de movimientos escénicos. Almacenaba esa ópera desde hacía 15 años cuando finalmente la estrené. Fue un proceso increíble, los dos elencos ensayaron dos meses y medio 7 horas diarias… Conseguí realizar, gracias a un equipo de cantantes jóvenes talentosísismos (entre los que destaca el grandísimo barítono mejicano Manuel Gorka) el Don Giovanni que existía en mi cabeza. Verlo estrenado fue una emoción muy intensa.

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¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
Mi motor es siempre el amor. Yo me enamoro de los textos, o de las músicas, y entonces empiezo a generar imágenes y sonidos. Mi devoción por la forma, adquirida a través de mi trayectoria en la lírica, me decanta por aquello que revela un enorme contenido a través de una forma estricta y perfecta. El cómo es para mi tan importante como el qué. Y creo que he hallado en Shakespeare y en Mozart el balance perfecto entre los dos.

¿Ha sido importante tener unos colaboradores habituales en los equipos artísticos y técnicos?…
Ha sido vital. He tenido la inmensa fortuna de contar con compañeros/as maravillosos en mi carrera: Pablo Huetos, por supuesto, y una enorme cantidad de actores fantásticos como Pedro Santos, Mon Ceballos, Gemma Solé, Javier Román, Celia Nadal, Maya Reyes, Vicente Colomar, Carmen Gutiérrez… seguro que me olvido muchos. Ellos han sido mis maestros y mis compañeros, hemos podido crear un grupo más o menos estable de “habituales de Teatro Defondo” del que nos sentimos orgullosos.

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¿En qué proyectos has participado durante el último año?…
Esta temporada pasada la comencé estrenando en el Teatro de la Maestranza el espectáculo “Dos pianos con Pasión”, que escribí y dirigí, interpretado por Pasión Vega junto al Dúo Del Valle, y que se acaba de estrenar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid este pasado 20 de mayo. Después dirigí escénicamente dos veces en el Teatro Real: la primera fue “El hombre que se llamaba Amadé”, sobre la vida de Mozart, y la segunda un espectáculo titulado “A mis amigos”, un regalo del gran Jose Manuel Zapata donde colaboró José Mercé, Emilio Aragón, Rocío Márquez, Cecilia Gómez… A continuación estrenamos nuestro proyecto estrella para este año con Teatro Defondo: “La Opera del Malandro” de Chico Buarque, que estrenamos en Madrid este próximo 6 de junio en el Teatro Fernán Gómez. Y continuamos con la gira del “Sueño de una noche de verano” de W. Shakespeare, que parece que nos va a seguir dando muchas alegrías en 2015 después de las 70 funciones que lleva ya. Mucho trabajo, mucho teatro, mucha música… como te decía, ¡el mejor de los paisajes!.

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Háblanos del proyecto de La ópera del Malandro…¿Cómo surgió este proyecto?… ¿Cómo ha sido el proceso?…
Este proyecto surge como todos los demás, surge del amor. Conocí hace año y medio la obra de Chico Buarque y me quedé sin aliento. Entre toda su producción una pieza llamó poderosamente mi atención, por su música deliciosa y compleja y por su poesía y sus imá-genes de altísimo nivel, que dibujaban el sentir de la sensualidad femenina de un modo que yo jamás había escuchado; la canción se llama “O meu amor”. Cuando empiezo a investigar sobre la canción en internet veo que la letra tiene indicado el nombre de dos personajes, Teresinha y Lucia. Y descubro que pertenece a una obra de teatro musical llamada “La opera del Malandro”. Como yo ya había dirigido “La opera de los tres peniques” de Bertold Brecht, entendí la asociación inmediatamente: ¡aquel era el dúo del segundo acto entre Polly y Lucy! Muy emocionada por el descubrimiento me hice con el texto completo (en portugués, no estaba aún traducida al castellano) y descubrí que tal y como sospechaba Chico Buarque escribe en 1978 una brillante versión del original brechtiano (a su vez versión de John Gay) ambientada en el barrio de Lapa de Rio de Janeiro en los años cuarenta, en plena dictadura de Getulio Vargas. El texto era pura dinamita, descarado, actual, rítmico… una vez más, la forma perfecta. Y la música era sencillamente deslumbrante. Era para mi la oportunidad perfecta para hacer realidad un antiguo sueño: reivindicar el género del “teatro musical”, tan vilipendiado por los márgenes comerciales de nuestra profesión. Este es un GRAN musical, de texto preciso, personajes definidos, argumento vertiginoso, poética sorprendente y con una calidad musical digna del autor de música popular brasileña más importante de su generación.
El proceso fue muy intenso: comenzó con un taller de música brasileña y repertorio impartidos por Pedro Moreno(director musical) y Mario Bidart (maestro repertorista y especialista en canto popular brasileño) en la Casa do Brasil. Entre los participantes del taller seleccionamos a los nueve actores/cantantes que compondrían en elenco. Tras un mes de barbecho acometimos un proceso de ensayos largo y denso, complejo por la propia idiosincrasia de la obra. No puedo estar más contenta del resultado.

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¿Qué proyectos tienes entre manos?…
De manera inmediata dirijo mi primer espectáculo de danza. Es una versión de “El Principito” en el que firmo la versión y la dirección escénica, y la coreografía es del gran bailarín José Tirado. Estaremos ensayando en los Teatro del Canal todo el mes de julio.
La temporada que viene tengo dos cosas en perspectiva: la primera es la siguiente produc-ción de Teatro Defondo, que será casi con toda seguridad un Shakespeare aún no estrenado en España. Recuperaremos todos nuestros espectáculos shakespirianos ya estrenados (“Mucho ruido y pocas nueces”, “Macbeth”, “La Tempestad” y “El Sueño de una noche de verano”) y haremos un ciclo Shakespeare para gira con las cinco funciones y un elenco estable. Al estilo inglés…
El tercero de los proyectos, quizá uno de los más importantes de mi carrera, que gracias a Dios ya está confirmado y cerrado, es para abril de 2015 pero aún no puedo revelar nada sobre él. Seguro que a no mucho tardar sabréis de qué se trata.

¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?…
Está siendo un tsunami destructor, como casi todas las iniciativas que sobre cultura se están tomando de un tiempo a esta parte. Ya no somos empresas teatrales, es imposible tener beneficios, y mucho menos con un espectáculo que da trabajo a nueve actores, cuatro músicos y tres técnicos. Ahora somos devotos teatrales. La profesión se está devaluando, se trabaja de cualquier manera a cualquier precio.

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¿Cómo ves la realidad teatral en Madrid?…
No comparto el optimismo generalizado. Hay mucho teatro de mala calidad, con pocos medios, muy mal pagado. El teatro low cost es exactamente eso, teatro barato. Salvo para los tres o cuatro tocados por la mano de los centros de producción nacionales, la ausencia de tejido teatral profesional nos supone una mengua, no un acicate.

¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
Ejemplar “Novecento” del compañero Raul Fuertes con el gran Miguel Rellán. Tiene la escenografía más cara del mundo.
Muy emotivo “Ay, Carmela” del compañero Pepe Bornás. Historias bien contadas, con compromiso e ideas. Eso es teatro.
“Viaje a ninguna parte”, interesante concepción espacial, correcto el trabajo con los actores, donde sobresalía claramente el maestro Antonio Gil.
Si en algún lugar de España coincidís con la gira de “Barroqueros”, la macarrada más culta de José Manuel Zapata, no dudéis en llevar a todosvuestros hijos para iniciarles en la música antigua.

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¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
1. No conformarse con “hacer lo que se pueda”.
2. No devaluar la profesión; ergo, no devaluarse a uno mismo.
3. Conservar el espíritu crítico.
4. Conservar la dignidad.
5. No olvidar que no somos las circunstancias que vivimos, sino las elecciones que hace-mos en esas circunstancias.


Javier Gutiérrez nos habla de sus últimos proyectos en teatro como actor y productor.

Javier Gutiérrez nos habla de sus últimos proyectos en teatro como actor y productor.

¿Cómo surge el proyecto de EL TRAJE?…
Surge de las ganas de trabajar juntos Luis Bermejo y yo, y de la necesidad de hablar del momento actual que estamos atravesando (crisis, corrupción…). Para ello le pedimos a Juan Cavestany que escribiese un texto con esos ingredientes y que a ser posible fuese una comedia. A medida que iba escribiendo, nos dimos cuenta que era el director ideal para ponerlo en pie.


¿Hubo ocasión durante el proceso para que los actores aportaseis ideas en la dramaturgia y la puesta en escena?…
Sí, durante el proceso de ensayos iban apareciendo muchas ideas tanto desde la dirección como desde los actores, que ayudaban a entender mejor la historia que queríamos contar. En el trabajo de mesa previo se creó un clima de debate muy interesante. Cavestany tuvo una actitud muy humilde e inteligente, ya que en todo momento estuvo abierto a las propuestas de los actores por descabelladas que fueran, se probaba absolutamente todo. Lo que no funcionaba se caía por su propio pie. Y así consiguió que los actores nos sintiéramos parte importante de la creación en este proceso, gracias sobre todo a ese margen de confianza y respeto en el trabajo.
¿Hay algún referente técnico del que habéis partido los actores para crear los personajes?…
Desde la época de Animalario, en la que trabajamos los tres, hay un lenguaje común y una forma de hacer que compartimos. Juan nos dio una libertad total a la hora de componer los personajes. En mi caso tan solo me pidió hacer un tipo nada sofisticado, sino todo lo contrario, lo más reconocible posible. Un personaje como “El Pocero” como referente. Luis Bermejo dice que Cavestany en esta función da voz a personajes del extrarradio.
¿Cómo ha sido el proceso de ese “combate” escénico?…
Muy placentero. No tuvimos mucho tiempo para montar la función por compromisos anteriores, sólo veinte días, así que fue un trabajo muy intenso. Disfrutamos mucho, sobre todo testando la función en la sala Kubik, con vecinos del barrio.
Trabajas en televisión, cine…pero siempre que puedes vuelves al teatro…¿Es importante para ti?…
Siempre digo que el escenario es el lugar natural del actor. Y que medirse a diario con el público creo que le hace a uno mejor actor. No me importa el medio si la historia y el personaje son interesantes. Pero es cierto que en mi caso el teatro es una necesidad.
¿Qué balances haces de tus últimos trabajos como actor en teatro?…
Muy positivo. De un tiempo a esta parte he podido elegir los proyectos. Por ejemplo en “Woyzeck”, independientemente del resultado, tuve la oportunidad de enfrentarme a un personaje capital en el teatro, que me permitió trabajar algo muy diferente a lo que había hecho hasta ahora. En “Elling”, pude combinar el drama y la comedia delirante en un montaje a medio camino entre lo comercial y lo alternativo. Y en “El Traje” queríamos, partiendo de un espectáculo muy sencillo, hacer un trabajo muy de actores. Y estamos satisfechos con el resultado.


¿Cómo ha sido la experiencia de producir teatro?…
Lo cierto es que le he cogido el gusanillo. Después de las experiencias de “Contraacciones” y “Elling”, que fueron tan positivas, he repetido con “El Traje”, en coproducción con Teatro del Zurdo. Sobre todo me interesa producir espectáculos donde el actor y la palabra sean lo más importante.
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Entiendo que tiene que ser un espejo de nuestra sociedad, del mundo en el que vivimos. Y que puede entretener, divertir pero sobre todo debe invitar a la reflexión y a ser posible remover al espectador en la butaca. Prefiero que el espectador se sienta incómodo a que salga del teatro sin que le haya pasado nada, más allá de pasar un buen rato.
¿Crees que afectará mucho la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?…
La subida del IVA a la cultura me parece una auténtica salvajada. Además de sonarme a saldar cuentas pendientes por parte del gobierno del Partido Popular con la gente del cine y el teatro de este país por pronunciarnos en cuestiones políticas. Me emociona ver como los espectadores siguen, a pesar de esa subida brutal, acudiendo al teatro. Hoy en día, es una heroicidad levantar un proyecto al igual que acercarse a verlo.
¿Te preparas de manera distinta un personaje para tv, cine o teatro?…
Nunca dispones del mismo tiempo. Por eso prefiero el teatro, donde los procesos son más largos y donde el actor puede probar sin miedo a equivocarse. El cine es dinero, y si no lo hay eso quiere decir que tampoco hay tiempo paras ensayos. Es vital llegar y confiar en el director, además de tener clara la propuesta del personaje. Para eso ha tenido que haber con suerte algún ensayo o encuentros previos con el director, para ver cómo ve cada uno el papel. Y el mundo de la televisión ya es diferente. Mi experiencia es la de sálvese quien pueda, por eso le doy muchísimo valor a los buenos trabajos en la tele. Ahí, sí que el actor debe sacar al director que lleva dentro.
¿Cómo preparas los personajes?…
Hablar con el director es muy importante para mí. Que me dé su visión del personaje, referencias…Y a partir de ahí comienzo a trabajar. Le doy mucha importancia al vestuario, al aspecto externo y desde ahí trabajar lo interno. Suelo leer muchas veces el guión y procurar encontrar cosas nuevas en cada lectura. Y sobre todo estar muy abierto a indicaciones y pequeños hallazgos que vayan surgiendo en el trabajo.
¿Proyectos?…
Seguir con “El Traje” hasta diciembre. Después comenzaré a grabar nuevos capítulos de “Águila Roja” a la vez que ensayo el musical de “Ay, Carmela” que dirigirá Andrés Lima. Y tengo pendiente tres estrenos en en el cine, “A night in old México “ de Emilio Aragón, “Zipi y Zape y el club de la canica” de Oskar Santos y “Dos francos, 40 pesetas” de Carlos Iglesias.