Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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Josep María Mestres nos habla de su trayectoria en el mundo del teatro.

mestres¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…¿Realizaste otras facetas además de la dirección?…
Empecé estudiando interpretación en distintas escuelas, de manera más o menos diletante, mientras estudiaba en la universidad. Una vez tuve el título bajo el brazo, para contentar las aspiraciones paternas, decidí que ya era hora de hacer lo que realmente me gustaba y entré en el Institut del Teatre de Barcelona. De entrada, yo quería ser actor. Casí no conozco a nadie que se haya metido en el mundo del teatro con la idea inicial de convertirse en director de escena. Le pedí a Pere Planella, un profesor al que admiraba, si me dejaba asistir a los ensayos de uno de sus espectáculos, y a partir de aquí fuí descubriendo y me fuí introduciendo en el mundo de la dirección. Y hasta aquí… Pero a menudo siento unos deseos irreprimibles de pisar el escenario y, como reprimirse no es nada bueno, siempre que puedo vuelvo a ser actor, aunque sea sólo un ratito.

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¿Tu trabajo en el teatro lo has compatibilizado con otros trabajos?…
Pues la verdad es que tengo que considerarme un privilegiado. Desde que empecé a trabajar en el teatro he podido subsistir, mal que bien, en él y de él. Director, actor, profesor… pero siempre en el teatro.

¿Qué balance harías sobre tu trayectoria?…Háblanos de los montajes más significativos…
Me vienen a la mente dos palabras: eclecticismo y free lance. Creo que son las que mejor definirían mi trayectoria. He trabajado tanto en el teatro público como en el privado, he pasado de lo clásico a lo contemporaneo, he hecho comedia (muuucha!), farsa, drama, melodràma, tragedia… Y no ha sido algo buscado, más bien ha ido sucediendo de manera fluida. De mis primeros montajes destacaría Yvonne, princesa de Borgonya de Gombrowicz (éramos muy jóvenes, muy “locos” y muy libres) a la siguió Kràmpack de Jordi Sánchez (un espectáculo que gustó a todo el mundo)… Dakota, que fue el primer estreno de Jordi Galcerán, Klowns, un espectáculo de payasos con el recientemente fallecido Joan Montanyès en el Teatre Lliure, Unas polaroids explícitas de Mark Ravenhill, Un matrimonio de Boston de Mamet, con la Lizarán, la Vilarasau y la Marco también en el Teatro Lliure… Las variaciones Goldberg de Tabori, en Valencia, es un espectáculo que recuerdo muy especialmente. En el Teatre Nacional de Catalunya, en los últimos años, he podido montar espectáculos de grandes autores y de gran formato: Nit de Reis (Noche de Reyes) de Shakespeare, El ventall de Lady Windermere (El abanico de Lady Windermere) de Óscar Wilde, La casa dels cors trencats (La casa de los corazones rotos) de Bernard Shaw, Un mes al camp (Un mes en el campo) de Turguéniev… y tantos otros. Tengo también un especial cariño por el estreno de Purgatorio de Ariel Dorfman en el Matadero, por lo que supuso la relación con el autor, por el trabajo con Viggo Mortensen y Carme Elías… Bufff, me dejo tantas…!

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¿Qué diferencia hay para ti del teatro que se hacía en tus principios al que se hace hoy en día?…
La principal es que los profesionales: actores, directores, escenógrafos, figurinistas, iluminadores, técnicos… todos están mejor formados. Somos más y mejores profesionales. Y se ha conseguido “dignificar” cada vez más esta profesión. Desgraciadamente, en los últimos tiempos, y a causa de los recortes, la subida del IVA y la dejación de las instituciones respecto de la cultura, estamos perdiendo logros que nos había costado horrores conseguir… ¡y va a ser muy difícil recuperarlos!.

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¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
Se me hace difícil objetivarlo, porque cada caso es especial y único. A veces hay espectáculos muy deseados: por el texto, por el autor, por la gente con la te embarcas para hacerlo, y eres tu quien tira del carro para sacarlos adelante… Y otras veces te llama el director de un teatro público, una empresa privada o el grupo “x” y te propone montar un espectáculo a partir de un texto determinado. Y te puedo asegurar por experiencia que no siempre lo más “deseado” acaba siendo lo más interesante. Pero sí te puedo decir que, no importa de donde provenga la propuesta, lo más “motivador” siempre es el texto.

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¿Ha sido importante tener unos colaboradores habituales en los equipos artísticos y técnicos?…
Absolutamente. Me encanta repetir con los actores, las actrices y los colaboradores con quienes establezco complicidades. Todo resulta mucho más fàcil. Aunque es verdad que siempre se agradece trabajar gente “nueva”. Siempre he intentado encontrar el equilibrio entre lo conocido, lo seguro y lo nuevo, el terreno inexplorado. Y así la “familia” teatral se hace cada vez más numerosa…

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¿En qué proyectos has participado durante el último año?…
Antes de “La Cortesía de España”, las últimas puestas en escena que he realizado han sido Dispara/Agafa Tresor/Repeteix (Dispara/Coge Tesoro/Repite) de Mark Ravenhill en el Teatre Lliure y Llibertat! de Santiago Rusiñol, para el Teatre Nacional de Catalunya.

Háblanos del estreno con la Compañía Nacional de Teatro Clásico…
¿Cómo surgió este proyecto?… ¿Cómo ha sido el proceso?…
Con una llamada de Helena Pimenta: “¿Quieres montar una obra de Lope con la Joven Compañía?”, a lo que respondo “¡Sí!” sin chistar. “¿Cual?”, es mi siguiente pregunta; “La Cortesía de España”, me responde Helena, e inmediatamente ambos estallamos en risas. “¡Ya verás como te gusta!” me aseguró Helena. Y efectivamente, me enamoré de la obra a la primera lectura. A partir de ahí todo fue rodado: me fuí familiarizando con la obra, con el verso de lope, con sus formas estróficas (ten en cuenta que se trataba de mi primer montaje a partir de un texto del Siglo de Oro), asistí un tiempo a los talleres de interpretación, verso, canto… que estaba realizando la compañía… A partir de aquí realicé la distribución de los personajes y… empezamos los ensayos. Yo siempre me he sentido muy cómodo con el verso, tengo la sensación de tener el camino trazado, es como circular por las vías del tren: el color, el ritmo, el tono, la respiración… todo está escrito. Sólo hay que descifrar el código y hacerse amigo del texto, aprehenderlo. Lo demás surge sólo. Por otro lado, en La Cortesía de España, Lope despliega todos sus encantos: el verso transita de lo más lírico y espiritual a lo más pragmático e, incluso, grotesco. Hay comicidad, intriga, romance… Todo con una profunda emoción y una descarada sensualidad. ¿Donde estaba escondido? ¡Hay muchos textos de Lope que esperan a ser contrastados con el público de hoy! A mi desde luego me han quedado muchas ganas de repetir.
También he tenido claro desde un principio que el proyecto tenía un componente pedagógico. Con lo cual, el resultado era el objetivo (¡importantísimo!), pero también era importante el proceso, la formación de las actrices y los actores de la compañía.

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¿Qué proyectos tienes entre manos?…
Estoy trabajando en un monólogo con Mónica Glaenzel. Se trata de M.A.R.I.L.U.L.A, un texto de Lena Kitsopopulu, una joven autora griega interesantísima. Una mujer y un país en crisis. Algo muy cercano. Y también tengo algún que otro projecto que siento no poder desvelar hasta que los teatros no hagan pública su programación.

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¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?…
¡Cómo les va a sentar! Pues muy mal. Y a las pruebas me remito. Por un lado los números cantan: la asistencia del público a los teatros ha descendido peligrosamente, y por otro, aunque todos hacemos esfuerzos para disimularlo o compensarlo, la producción y la factura (el aspecto…) de los espectáculos está empezando a decrecer. Ya hace tiempo que empiezan a proliferar los monólogos, los espectáculos con sólo dos actores, con escenografías sólo “insinuadas” o con cámara negra… Lo positivo es ver como la gente no deja de trabajar, de luchar aunque no sea en las condiciones óptimas…

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¿Cómo es la realidad teatral ahora en Barcelona?…
No muy distinta de la que se vive en Madrid. Por un lado, los que estamos trabajando más o menos regularmente, estamos luchando por hacer el teatro que nos gusta e intentando preservar los derechos y las condiciones de producción adquiridos a base de largo tiempo de esfuerzo y tesón. Y por otro, están surgiendo voces nuevas que luchan por encontrar donde expresarse: nuevos y muy interesantes autores, directores, actores… Hay la sensación de que se está gestando algo nuevo: nuevas formas de expresión, de producción… pese a lo dificultoso del momento.

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¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
El caballero de Olmedo de Lluís Pasqual, por la poética de Lluís, por la Machi, por el flamenco, por la persecución de la belleza…; La verdad sospechosa de Helena Pimenta, por su melancólica asertividad, por lo bien que explica la historia Helena, por proporcionar diversión a partes iguales, por mis amigos David Lorente y Marta Poveda…

¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
Ir a la búsqueda de lo comprometido sin dejar de ser lúdicos.

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