Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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Víctor Velasco nos habla de su trayectoria como director de escena

victo¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…¿Realizaste otras facetas además de la dirección?…
Mi afición por el teatro se desarrolló a partir de mi interés por el cine. Yo era un auténtico devorador de películas. De la misma manera que otras generaciones han desarrollado una gran fascinación por el cine, creo que la mía, o al menos yo, ha desarrollado una análoga, por unos locales a pie de calle llenos de estanterías repletas de cintas que conociamos como videoclubs. Benditos videoclubs.Yo, de mayor, quería dedicarme al cine y para conseguirlo, me apunté a un taller de teatro del centro cultural de mi barrio. Benditos centros culturales de barrio. Y desde entonces, mi interés por el cine ha quedado eclipsado por mi pasión por el teatro. Empecé haciendo algún curso y taller de interpretación, hasta que en COU, sin saber qué hacer o qué estudiar, me enteré de la existencia de la escuela de arte dramático. Así que me presenté a las pruebas de acceso de la RESAD para la especialidad de dirección, y me admitieron. A los pocos meses de licenciarme, tuve la gran suerte de entrar a trabajar como segundo ayudante de dirección con Miguel Narros, en la compañía de Andrea D’Odorico. En dicha compañía también trabajé de regidor, de sonidista y como coordinador técnico de la gira. Esos años me permitieron conocer aspectos de la profesión que no había aprendido en la escuela.

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¿Tu trabajo en el teatro lo has compatibilizado con otros trabajos?…
Sí. Por desgracia, en nuestra sociedad ganarse la vida es una tarea muy complicada. Más todavía si se pretende hacer con aquello que a uno le gusta y para lo que has estudiado. Parece hecho aposta. Y conseguirlo se convierte en un auténtico milagro. Pero no me arrepiento. En mi caso, alejarme del ámbito teatral de vez en cuando ha resultado ser un acicate para querer seguir vinculado a él. También dentro de la profesión teatral he trabajado en diferentes puestos. Y estoy orgulloso de todos y cada uno de esos trabajos.

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¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
De muy distintas maneras. Algunos de proposiciones de conocidos, o incluso de desconocidos. Otras, de mi propia voluntad, de la recurrencia de algún texto, o idea en la cabeza. Me alegro de haberme vinculado a proyectos en los que la ilusión de un grupo determinado fuera el motor principal. Pero hasta el momento, he tenido la suerte de no tener que decir que no a ningún proyecto que me hayan propuesto. Digamos que he alternado mis proyectos personales con otros a los que he sido invitado a participar.

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¿Cómo surgió tu participación en el Laboratorio del CDN?…Háblanos de él…
Como integrante del laboratorio Rivas Cheriff sólo puedo tener palabras de elogio hacia esta valiosa iniciativa. Creo que su objetivo es el de generar un espacio de diálogo y creación para que los profesionales más jóvenes puedan desarrollarse. El laboratorio lo componen creadores de todas las ramas teatrales (dramaturgia, escenografía, vestuario, iluminación, audiovisuales), y es un complemento perfecto a “La vía del actor”. El espectáculo que vamos a estrenar, Las horas contadas y La corrupción al alcance de todos de José Ricardo Morales es un buen ejemplo del funcionamiento del laboratorio: Este espectáculo está integrado en su totalidad por profesionales vinculados a dicho laboratorio y al de La vía del actor. Además, el caracter experimental del mismo nos ha permitido indagar en propuestas y lenguajes teatrales que en otros contextos resultarían difíciles. Así ha sucedido con este proyecto, en el cual hemos tenido la suerte de contar con todos los medios técnicos y humanos del CDN, y estrenar a este no muy conocido, pero no por eso menos valioso autor, inédito en nuestro país, con el propósito de acercar su obra a la sensibilidad del espectador de hoy.

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¿En qué proyectos has participado durante el último año?…
He compatibilizado montajes propios con ayudantías de dirección. Hemos tenido bastantes funciones de El chico de la última fila de Juan Mayorga, creo que llevamos unas 120, lo cual, teniendo en cuenta los tiempos que corren y de que se trata de una compañía novel es poco menos que inaudito. Es un espectáculo que no deja de darnos alegrías. Ahora mismo se está representando en Barcelona, en la sala Muntaner. También he tenido el honor de participar en un laboratorio de investigación del ETC, organizado por la Cuarta Pared, del que surgió el impulso de montar Aqui hay una mano, de Juanma Romero Gárriz, recién estrenada en esa sala.

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¿Qué proyectos tienes entre manos?…
Por el momento, estoy absolutamente centrado en el estreno y últimos retoques de los textos de José Ricardo Morales. En cuanto se estrene volveré a la dura actividad de intentar vender Aquí hay una mano, espectáculo complejo con el que estoy muy ilusionado. También hay un proyecto sobre un fantástico texto de Lucía Vilanova, para el cual estamos buscando ayuda para sacarlo adelante.

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¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?…
Los recortes son nefastos. No entiendo que alguien pueda estar de acuerdo con ellos. Para mí, sin duda, los peores son los relativos a la educación, ya que en el futuro afectarán a todos los aspectos de la realidad, desde la sanidad hasta la cultura. Tampoco entiendo la falta de visión estratégica en el apoyo a nuestra cultura. La cultura, si se sabe gestionar, es una poderosísima y peligrosa arma politica y no la seudo-ocupación de un puñado de desharrapados. Otros paises nos colonizan a través de su cultura y eso no parece importarle a casi nadie. España, pese a ser un país no muy poblado en relación a sus vecinos, siempre ha destacado por su cultura. No puedo entender que nosotros mismos la boicoteemos. Es del género tonto. Debe ser parte de nuestra esencia. Siempre que pienso en este tema me acuerdo del cuadro de Goya duelo a garrotazos. No entiendo por qué hemos desarrollado cierto tipo de complejo que nos impide decir (y pensar) que la cultura es una necesidad social, una necesiad del espíritu, una necesidad irrenunciable para el ser humano.

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¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
Disfruté mucho de Ensayando Don Juan de Albert Boadella. Soy un gran admirador de su trabajo. Gracias a su ironía y mala leche habitual sales del teatro con alguna interesante reflexión flotando en la cabeza y una gran sonrisa en la boca. De otro formato, vi hace algún tiempo La otra voz, versión de Manuel De sobre La voz humana y me encantó. Me entusiasmó el universo dramático que plantea a partir del famosísimo texto de Cocteau.

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¿Alguna sugerencia para seguir creando y haciendo teatro en tiempos de crisis?…
Aguantar. El teatro ha resistido crisis y multitud de avatares durante más de tres mil años. Será porque resulta necesario para el ser humano.

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Los conserjes de San Felipe de José Luis Alonso de Santos en el CDN-La vía del actor

Los conserjes de San Felipe de José Luis Alonso de Santos en el CDN-La vía del actor
Cuando se presentó la programación de la nueva etapa del Centro Dramático Nacional y se habló de un nuevo espacio, llamado La vía del actor, en el que se realizarían proyectos de investigación a partir de procesos en los que los actores serían el eje central, a todos nos pareció una posibilidad de crear resultados más acorde con el proceso y no tanto con la exigencia de lo que se vería el día del estreno; algo que ya hacía tiempo debía haber sido asumido por un Centro Dramático Nacional. La primera experiencia surgida de este marco ha sido Los conserjes de San Felipe de José Luis Alonso de Santos, dirigida por Hernán Gené. Para esta primera prueba se convocó a un gran número de profesionales con los que se trabajó durante unas sesiones, de ahí fueron seleccionados doce jóvenes con los que se llevaría a cabo el primer laboratorio de La vía del actor. Durante tres meses han trabajado para compartir con el público el primer resultado final. En el punto de partida llamó la atención que para un laboratorio teatral se plantease un texto realista e histórico de algún modo, es verdad que no solo un teatro vanguardista puede ser materia de búsqueda pero tal vez, para la primera prueba tendrían que haber elegido una obra más abierta y sobre todo, llamó la atención que se eligiese un elenco muy jóven para interpretar a los personajes mayores de esta obra. Así, el proceso debe haber sido costoso y el resultado no es la exposición del texto original ni un salto al vacío sobre el mismo, se queda en un territorio extraño en el que vemos a jóvenes haciendo de viejos que cuentan una historia de antaño. Eso si, si este espacio de trabajo tiene como objetivo que los actores sean los que den sentido al proceso y a lo mostrado, ha sido un acierto, porque hay doce jóvenes que no descansan ni un segundo durante la larga hora y pico que dura el espectáculo, un grupo de actores implicados al mil por cien en este proyecto.
Adolfo Simón