Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

DER ZEIT IHRE KUNST… por Pablo Huetos

huetosDER ZEIT IHRE KUNST…
por Pablo Huetos (compañía Teatro defondo)
Verano y crisis: dos condicionantes que hacen que el teatro florezca en Madrid de formas muy variadas. Un paseo por el panorama teatral madrileño en esta situación nos permite ver la cantidad de sinergias que se están movilizando para luchar contra la parálisis que parece querer imponer un Gobierno insensible y estrecho de miras.
Me encanta el lema de la Secesión vienesa: “Der zeit ihre kunst, der kunst ihre freiheit” (“A cada tiempo su arte, a cada arte su libertad”). Parece que la cultura y el arte lo han revisado recientemente, están despertando de un letargo producido por la comodidad de años anteriores y se están poniendo manos a la obra (valga la expresión) para generar públicos, interesar a todos los sectores de la sociedad y dar un servicio social a todo aquel que se siente perdido, ahogado o enrabietado por el crujido de nuestros huesos aplastados por la enorme rueda del sistema, parafraseando a Herman Hesse (aunque ponerse demasiado germanófilo no parece lo más adecuado en estas horas).

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La efervescencia de las artes escénicas en Madrid es, según algunos amigos argentinos, lejanamente comparable con el Buenos Aires del Corralito. El fenómeno, sin embargo, es extraordinario: se multiplican los lugares de muy diverso formato donde mostrar distintas expresiones escénicas. En los últimos meses, por ejemplo, se ha abierto La Neomudéjar de Atocha, un espacio maravilloso (antiguos almacenes de RENFE) dedicado a la videocreación, el arte y la performance que trata de paliar un inmenso vacío; se ha abierto también Nave 73 en Embajadores, donde he tenido la fortuna de trabajar con Escriba su nombre aquí frente a un público deseoso de recibir historias sobre lo que le está pasando ahora mismo; también en Embajadores acaba de abrir La Belloch; se reafirma en el panorama la Kubik Fabrik, una sala en pleno barrio de Usera levantada con muchísimo esfuerzo y disgustos y contra la aplastante burocracia que, parece, sí va a conseguir acabar con otro precioso sueño, el de Garaje Lumiere; prosperan los lugares de investigación, formación y ensayo; los microteatros (dentro de poco se abren nuevas salas en la plaza de Luna), teatros “S” (la Sala Tú, Nudo Teatro, Estudio 2…), cafeterías que ofrecen espectáculos, teatro en lugares inhabituales (como la experiencia hecha en el Hotel Intercontinental por los compañeros de Metatarso), teatros “M”, como El Sol de York que se está haciendo un estupendo hueco en el barrio de Chamberí con programación tan interesante como Muda, de Pablo Messiez, Cuando fuimos dos, de Cría Cuervos… todo ello para complementar la oferta, bien distinta, que ofrecen los teatros talla “L” y “XL”. Todo esto está enriqueciendo y dotando de densidad al tejido teatral madrileño, algo muy necesario tras los recortes y los abusos impositivos.
Ahora mismo la sensación es que hay programación para todos los tipos de público. Ahí van algunos ejemplos:

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El estreno de Maribel y la extraña familia, con dirección de Gerardo Vera, en el Teatro Infanta Isabel nos remite a los teatros de mayor capacidad. El espectáculo es una buena forma de conocer o revisitar a Mihura y tiene un reparto encabezado por una estupenda Lucía Quintana. Es un espectáculo sin pretensiones ni mensajes, una comedia entretenida para pasar una tarde de verano. Seguro que va a hacer una gira muy extensa. En ella pueden encontrar satisfacción, especialmente, aquellos espectadores que buscan un teatro conocido y sin sorpresas.
En un sentido parecido (que no igual) se estrenó en el patio del Teatro Galileo La esmeralda de Kapurtala, que continuará allí durante todo el verano como parte de la programación de Veranos de la Villa. En este caso el espectáculo tiene una propuesta basada en la comedia, la interacción con el público y el cabaret, que funciona muy bien en un ambiente distendido en el que la gente cena mientras ve el espectáculo. Es una buena ocasión, además, para conocer a parte del equipo de Teatro de Malta que ganó el Premio MAX a Mejor Espectáculo Infantil en la última edición hasta la fecha, con Alegría (palabra de Gloria Fuertes).

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También en un contexto puramente veraniego se celebra el Festival Fringe en Matadero Madrid (y en algunas salas asociadas como Lagrada o La Cervantina). Se trata de una propuesta que prima los lenguajes escénicos contemporáneos. Allí hemos visto Las amistades peligrosas, de Metatarso Producciones, un espectáculo arriesgado y redondo que espero que dé mucho de qué hablar porque está hecho con calidad, imaginación, trabajo, talento, frescura… Es ésta una propuesta de teatro a la italiana, pero también se pueden ver propuestas en espacios inhabituales (a veces inverosímiles) como el tejado, un callejón… a esto se une una actividad de mesas redondas y conciertos gratuitos que atraen a mucho público (como en el caso de María Betania) o a no tanto (en el caso de propuestas más “ambient”), pero que siempre han conseguido que haya mucha circulación de gente en la zona de Arganzuela. Por lo que nos comenta alguno de los participantes en el Fringe 13 la asistencia de público teatral también ha sido irregular: en general las compañías madrileñas han sido capaces de movilizar a mucha gente, pero varias compañías “foráneas” han visto que la promoción para dar visibilidad a sus propuestas no ha sido la más adecuada. Recordemos, en cualquier caso, que se trata de un Festival con una media de actuaciones de 8 por día, aproximadamente.
En salas de aforo mediano, como Cuarta Pared, hemos visto La fiebre, dirigida por Carlos Aladro. Es otro caso de teatro que la gente necesita ver hoy en día. Igual que en el caso de Escriba su nombre aquí, en Nave 73, o de Allí, en la Sala Nudo, el público está deseando ver en escena un reflejo, sea realista o más poético, de la tormenta de ideas, sensaciones y sentimientos que nuestras almas están experimentando en los últimos años.
Este análisis, evidentemente, se queda cortísimo, pero permite sacar una conclusión: que el teatro en Madrid, lejos de agonizar, está más vivo que nunca. Las condiciones laborales y salariales no son siempre las más adecuadas, los ingresos de taquilla han bajado en los grandes espacios y el 21% de IVA hace que las cuentas no cuadren ni comiendo arroz para desayuno, comida y cena, pero hay un gran sector de la profesión que necesita expresarse y dar voz a sus conciudadanos y que está generando nuevos ámbitos y posibilidades para que el teatro sea viable y accesible. Y hay mucha gente que se está acercando al teatro para encontrar un sentido de comunidad, un sentido de energía colectiva que, quizá, sea una de las mejores herramientas que tengamos para enfrentarnos a la bomba de succión del neoliberalismo.

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