Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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ALBERTO IGLESIAS nos habla de su experiencia en el teatro

albertoiglesias¿Qué es el teatro para ti?…¿Por qué haces teatro?…
El teatro es mi oficio, mi pasión, mi vocación y mi vida. Es el lugar donde maduro, evoluciono, me hago persona y me divierto. Hago teatro (y cine y tele) porque actuar me permite ser muchos y esos muchos me ayudan a comprender el mundo y a mí mismo pero, sobre todo, porque me permite contar historias y disfrutar el arte y la poesía y la comunicación y el ritual que supone subirse a un escenario frente a un público.

¿Qué balance haces de tu trayectoria como actor?…
Un balance muy positivo. Llevo veinte años viviendo de un oficio difícil e inestable. ¿Qué más se puede pedir? Me siento muy afortunado. He participado en espectáculos muy hermosos que han contado con el aplauso del público y me han permitido conocer a compañeros (autores, directores, actores, productores, técnicos…) de gran talento y que rebosan amor por las tablas.

¿Cómo surge el proyecto Serena Apocalipsis?…Háblanos de la obra?
Antonio C.Guijosa me llamó para hacerme una prueba y luego me propuso formar parte del elenco. No conocía el texto, pero había leído Presas, de Ignacio del Moral y Verónica Fernández y hacía poco había asistido a la lectura del Mármol, de Marina Carr, en el CDN – dentro del ciclo de Dramaturgia Irlandesa- que con tan buena mano había dirigido Antonio así que me pareció una propuesta muy atractiva: lanzarse al vacío como uno salta en los sueños. La obra plantea un futuro posible y aterrador, un futuro en el que la supervivencia está teñida de nostalgia, violencia y miedo. Una visión pesimista del presente pero llena de luz en su forma. Un texto, el de Verónica Fernández, que nos enfrenta con nosotros mismos y nos hace reflexionar sobre nuestra situación aquí y ahora, lleno de poesía y de personajes entrañables; supervivientes…

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¿Cómo fue el proceso de creación de tu trabajo?…
Ha sido un proceso rápido en que había que asumir muchos riesgos. Por un lado es un personaje de composición (un hombre mayor que yo y bastante tocado del ala) y por otro, al ir cambiando el texto a medida que el espectáculo avanzaba, he tenido que ir adecuándome a las necesidades de la dramaturgia y la dirección.

¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para crear tu personaje?…
No lo sé. Es muy posible, pero no soy consciente. En algún momento, hablando de fisicidad del personaje, he pensado en la comedia del arte, disciplina a la que me aproximé en Italia…pero como un eco nada más. Ni siquiera estoy del todo seguro y espero que nada de eso se vea en Gallego (mi personaje de Serena Apocalipsis).

¿Qué balances haces de tus últimos trabajos como actor en teatro?…
La experiencia, la formación y el encuentro con las formas de trabajo de otros actores me han ido permitiendo ser más libre para crear. He aprendido a estar inseguro, a no buscar el resultado y disfrutar del camino durante el proceso de ensayos. Veo personajes diferentes entre sí y eso me gusta. Hay variedad de registros y eso me llena de orgullo. Aunque igual la imagen que tengo desde dentro es errónea… En todos los casos el público tiene la última palabra.

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¿Cómo preparas los personajes?…¿Cuál es tu método?…
Yo trabajo con tres herramientas: el texto, los compañeros y la intuición. Luego está el director que me guía y aporta la visión global del espectáculo. Pero yo trato de hacer mis deberes y llevar propuestas. Me gusta saber qué dice cada palabra, el por qué de cada reacción… Primero hay una labor solitaria en la que uno imagina en casa y lee entre líneas tratando de descubrir los rasgos del personaje. Luego, durante los ensayos, trato de estar disponible a lo que ocurra. El reto está en no pensar y hacer, confiando en que la técnica te cuidará de no equivocar demasiado el camino. Es apasionante.

¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Estoy con Brecht cuando habla en su Organón de Divertir. Este Divertir debe entenderse en un sentido amplio: denunciar, emocionar, empujar a la reflexión… Ésta ha sido la función del teatro siempre, en épocas de bonanza y en tiempos de crisis. Quizás ahora, más que nunca, necesitamos un teatro humanista que nos permita ver los vicios de la sociedad en que vivimos, pero siempre teniendo en cuenta que nuestra lucha se hace desde la inteligencia, el ingenio, el humor y el amor.

¿Crees que afectará mucho la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?…
Ya están afectando, y mucho. Se está alejando al público de las salas. Estamos sufriendo un proceso de inquisición amparado en la economía. Quieren ponernos en contra del pueblo con ese discurso de vivimos del cuento… Ahora, nosotros, cuando subimos a un escenario, subimos a mentir y esas mentiras tienen un efecto sanador y reconfortante en la mayoría de los casos. El público va al teatro para que le engañen y vota para que le digan la verdad. Es muy injusto lo que nos están haciendo. Veo muchas compañías desapareciendo y otras malviviendo, reinventándose… Artistas con mucho talento a los que no se les da ninguna oportunidad… Saldremos adelante, porque siempre lo hemos hecho, pero no tratar el teatro como un bien cultural me parece un error histórico.

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¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?
Anne Bogart lo explica muy bien. Trataré de resumir sus palabras: No esperes a tener las mejores condiciones, ni el tiempo, ni el dinero. Trabaja con las personas y con lo que tienes “aquí y ahora”. Y sé paciente. Yo añadiría que vivimos un tiempo para la unión. Somos artistas de la imaginación y lo estamos demostrando: se abren espacios nuevos, lugares donde se hace posible lo difícil. Todo para llegar al público. Y no venirse abajo y no dejarse vencer por el miedo. Trabajar, trabajar y trabajar…

¿Ayudan los premios para seguir peleando por mantener un lugar digno en esta profesión?…
Todo ayuda. Esta es una carrera de fondo y no está mal que alguien, de vez en cuando, te pase una botellita de agua o alguna bebida energética. En este caso, con el premio de la Unión de Actores, la ayuda es el pensamiento de que el trabajo que uno hace va por buen camino y que los compañeros lo reconocen y lo aprecian. Y eso es oro para cualquier profesional.

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¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
La última que he podido disfrutar ha sido “Claudio, tío de Hamlet” dirigida por Antonio C. Guijosa con dramaturgia de Ozkar Galán. Me gustó mucho la idea, el texto y los actores. Un montaje humilde pero ambicioso al mismo tiempo, inteligente, divertido e interesante.

¿Proyectos?…
Muchos siempre. A punto de realizarse uno en el que tengo muchísima ilusión: estrenar en el teatro romano de Mérida. Será de la mano de José Carlos Plaza en un Hécuba cuya dramaturgia ha corrido a cargo de Juan Mayorga. Llevo tiempo estudiando así que igual eso no es un proyecto… Más proyecto es la dirección de mi última obra de teatro. Esperemos que el 2014 me traiga ese regalo. Hay más, pero me los callo. Sueños y proyectos van de la mano. Uno espera poder hacerlos todos y si no…paciencia.

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Claudio, tio de Hamlet en el Sol de York

Siempre se ha dicho que la historia queda para la posteridad en función de quién la cuenta. Shakespeare escribía muchas de sus obras a partir de acontecimientos de su época, por tanto, lo contó según su punto de vista. Cualquier acontecimiento podría variar dependiendo de qué personaje lo explique. En esta obra que se presenta en El Sol de York, espacio que está dinamizando culturalmente la zona de Quevedo, se le da ocasión a Claudio de contar la historia a partir de su experiencia, de este modo, cambian algunos detalles fundamentales y eso es lo interesante; ya no son los malos tan malos ni los buenos tan buenos como en el Hamlet de Shakespeare. El problema no está en el texto, está en la puesta en escena, si bien hay que valorar que tres estupendos actores resuelvan todos los personajes, confunde, en cambio, la atmósfera espacial y sobre todo el vestuario que nos sitúa en la época en la que ocurrió todo, cuando en el lenguaje y la metateatralidad se nos acerca al presente el conflicto de poder y manipulación que ocurre en la obra.
Adolfo Simón

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José Padilla nos habla de sus últimos proyectos en el teatro

¿Cómo surge el proyecto de Sagrado Corazón 45? ¿De qué va la obra?

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Supongo que ahora uno no puede permitirse el lujo de esperar a que lo llamen para ech¿Hiciste algún tipo de búsqueda o documentación sobre el tema antes de empezar a escribirla? ¿Cómo fue el proceso de escritura?ar un proyecto a andar, porque estaría condenado a no hacer nada. Tanto Eduardo Mayo como yo somos creadores, nos hemos hecho conscientes de ello y esta función lo prueba. A falta de propuestas, proponemos nosotros. A grandes rasgos la obra trata de cómo las crisis colectivas generan profundas divisiones en la intimidad, llegando incluso a derivar en violencia

Sí, la obra consta de tres historias en tres momentos de la historia reciente bien distintos: La Transición, la España de principios de los 90 y 2011. La trama está muy plegada a los acontecimientos que se dieron en esos momentos a nivel social, tuve que escarbar en la hemeroteca. Me sorprendió averiguar cómo todo tiende a la repetición…Según se iba conformando el texto tuvimos la enorme suerte de poder irlo escuchando en boca de los actores, eso nos daba indicios muy claros de qué funcionaba y qué no.

¿Cómo ha sido el trabajo de dirección compartido?

Muy cómodo. Eduardo y yo, creo, hemos sabido repartirnos el trabajo (concepción del espectáculo, trabajo con actores, etc…) y la puesta en común siempre ha sido muy sencilla. El cómo han ido fluyendo las cosas repercute en la puesta en escena para bien, o al menos eso espero.

¿Cómo llevas a cabo el trabajo de puesta en escena al ser autor-director?

Es algo que cada vez podemos ver más por aquí (ahí están los trabajos de Alfredo Sanzol, Miguel del Arco o Pablo Messiez, por ejemplo) pero que en Cataluña se hace desde mucho y de forma natural (Josep María Miró, Marta Buchaca, Jordi Casanovas…). Como escritor dramático siempre trabajo pensando en el actor, así que creo que este paso que acabo de dar era el lógico.

 

¿Opinas, como algunos autores, que no hay que publicar un texto hasta verlo estrenado?

No me he parado a pensar nunca en ello, la verdad. Si bien es cierto que una vez estrenado, uno puede detectar muchos factores a mejorar que el papel en bruto no te permite… Sí, quizá sea buena idea esperar a estrenar. Aunque yo soy un caso raro, estreno mucho, no publico nada.

¿Qué balances haces de tus últimos trabajos como autor?

Como te decía, me siento muy afortunado de poder estrenar con asiduidad. Esta temporada, hasta la fecha, se han podido ver en Madrid cinco espectáculos con mi firma: una versión de Enrique VIII, En el cielo de mi boca, Amarradas, la dramaturgia que de La importancia de llamarse Ernesto hemos hecho Sanzol y yo y Sagrado Corazón 45. Quiero creer que esto responde a que, de un modo u otro, mi trabajo genera interés y que mis propuestas son válidas. A partir de ahí ya no hago más conjeturas, sólo que tengo que seguir trabajando, cada vez más y mejor.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?

En esto suscribo a pies juntillas las palabras de Adolfo Marsillach que podemos ver en la placa que hay en la fachada de la que fue su casa, frente al Parque de Debod: “No soy tan ingenuo como para creer que el teatro pueda transformar la sociedad, pero estoy seguro de que existe una posibilidad de ayudar a despertarla”. Creo que esta puñetera crisis nos ha dado conciencia de esto.

¿Qué te motiva o inspira para escribir teatro?

Hace poco leía un lúcido artículo del dramaturgo Antonio Rojano, hablando de las tormentas meteorológicas como inspiración para crear estructuras dramáticas. Yo mismo escribí una función a partir de aquella desastrosa erupción del volcán islandés, que paralizó el tráfico aéreo mundial. Pongo estos ejemplos para decir que casi cualquier cosa es susceptible de ser contada, si tienes ojo y le dedicas el trabajo suficiente.

¿Crees que afectará mucho la subida del I.V.A. y los recortes en las ayudas para el teatro alternativo?

Afectan muchísimo al teatro en sí. Al alternativo no digamos. Creo que José Ignacio Wert es el peor Ministro de Cultura que hemos tenido jamás y el hombre se está afanando en demostrarlo. Un reciente artículo de Marcos Ordóñez describe muy bien esta situación, se titula El eslabón más débil por si alguien quiere leerlo.

¿Qué obra de teatro has visto últimamente? ¿Qué te pareció?

Varias. Ahora empiezan las vacaciones de Luis Luque y Paco Bezerra, un trabajo de orfebrería, emocionante y con pulso. Claudio, tío de Hamlet, interesante trabajo de dramaturgia, cambiar la perspectiva de quién cuenta la historia, con actores y dirección fabulosos. ¡Ah! Y El intérprete, con ese animal escénico que se llama Asier Etxeandía. Hay que verlo.

¿Cómo ves la autoría teatral en nuestro país en estos momentos?

Bullendo. Parece que esta situación nos ha afilado el ingenio o algo así, porque jamás vi mayor brote de creatividad que en estos tiempos. Coge la programación de Madrid o Barcelona, y ahora respira hondo porque no vas a dar abasto con tanto espectáculo bueno.

¿Proyectos?

Siempre. Voy a seguir dirigiendo mis textos, lo tengo claro. Y también voy a volver a actuar en breve. No tengo claro el orden aún, pero hacia allí voy.