Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

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Goyescas y Gianni Schicchi en el Teatro Real

Un curioso programa el que nos ofrece el Teatro Real estos días. La primera parte consiste en una dramatización sencilla de Goyescas, casi una puesta en escena de cámara. A continuación, Plácido Domingo, acompañado de ilustres colegas del bel canto, nos ofrecieron un breve recital de algunas arias deliciosas que entusiasmaron al público asistente. Tras un descanso, en la segunda parte, disfrutamos de una excelente e inteligente puesta en escena de Gianni Schicchi dirigida por Woody Allen. La tercera obra de Il trittico de Puccini, Gianni Schicchi, una ópera cómica inspirada en un episodio de La Divina Comedia de Dante –entretenida y pícara descripción de una astuta codicia– muy pronto se alzó como la predilecta del público, con un lenguaje musical que se revela como el más audaz y moderno de la trilogía. La que se considera última gran obra maestra de la ópera cómica italiana se ha presentado en el Real de la mano del humor ácido y mordaz de Woody Allen. Tres piezas para diferentes paladares que completan una programación sugerente en esta temporada del coliseo madrileño.
Adolfo Simóndetalle_grupo_143


Fernando J. López: Los escenarios pueden crear conciencias críticas y mentes libres

nando¿Cómo surge la obra que acabas de estrenar en el Teatro Bellas Artes?…
De mutuo desacuerdo surge a partir de dos vías diferentes que coincidieron casualmente en el tiempo. La primera fueron mis charlas en centros escolares como novelista. En ellas comento con mis lectores adolescentes títulos como El reino de las Tres Lunas o La edad de la ira y en esos coloquios salen muchos temas que les inquietan y que abren ante mí posibles historias futuras. En más de una de esas charlas se abordó la inquietud que les provocaba verse desubicados ante sus padres, perdidos en una guerra que no era suya y convertidos en armas arrojadizas entre uno y otro. Ese tema, que me pareció que era necesario abordar en el escenario, coincidió con que acababa de estrenar Cuando fuimos dos, una historia de amor entre dos hombres en la que pretendí captar la cotidianidad de una relación gay. Por ese motivo me apetecía cambiar de registro –pasar del drama a la comedia- y, a la vez, seguir trabajando en el mundo de la pareja, pero abordando en esta ocasión el momento de la ruptura. La suma de ambos factores dio lugar a esta comedia ácida en la que bajo cada risa hay una cicatriz y un poso de amargura.

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Háblanos del texto…Del proceso de escritura…
El proceso de escritura del texto fue especialmente complejo. Tenía claro que quería evitar la moralina, los juicios de valor y, sobre todo, el maniqueísmo. Necesitaba entender bien a los dos personajes y construirlos con idéntica grandeza y ruindad. Ninguno de nosotros somos, en nuestra inmensa mayoría, héroes ni villanos, así que intento que mis personajes reproduzcan esa misma realidad. Además, como el tema afecta a mucha gente –más de un espectador y espectadora suelta alguna lágrima en ciertos momentos de la función- necesitaba encontrar el modo de que la comedia funcionase y, a la vez, permitiese una reflexión a posteriori. Todo ello se materializó cuando di con la estructura que es, siempre, el primer elemento que decido tanto cuando abordo la escritura de una obra teatral como cuando me enfrento a una novela. Tenía claro que mi protagonista debía ser un personaje ausente: Sergio, el niño-mochila. Pues esta obra, en realidad, es la historia de su vida y de cómo los actos de los adultos encuentran su eco –irresponsable y peligroso- en los más menores. Si él era el protagonsita ausente, la obra tenía que estructurarse siguiendo el ritmo de su vida, es decir, como un curso escolar. De ahí que se componga de una sucesión de escenas breves que tratan de retratar, de modo impresionista, la evolución de la relación entre Sandra e Ignacio. Por último, como el curso al que se enfrentan tanto Sandra como Ignacio es el de aprender a comunicarse, la obra debía partir del yo para llegar al nosotros, de ahí que el primer acto –en nombre y en espacio- sea Ella; el segundo, Él; y el tercero, Ellos.

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¿De qué referentes estéticos o temáticos te has nutrido para su escritura?…
Los referentes surgen sin que los controles, solo eres consciente de ellos cuando has acabado el texto y te das cuenta de que hay muchos elementos de obras y autores que te gustan en ellos. En realidad, no hay obra que no sea una construcción de otras tantas anteriores de las que se nutre. En este caso, confieso que resulta evidente mi pasión por autores como Woody Allen –por el tono urbano de la pieza y su búsqueda de la profundidad a partir de la trivialidad- o Neil LaBute, en especial, en una de mis escenas favoritas de la obra, la del restaurante. Una escena que requería un director tan experimentado como Quino Falero y dos actores de la talla de Toni Acosta e Iñaki Miramón. Lo que hacen ambos en escena en esta obra es prodigioso: sin ellos no habría sido posible que De mutuo desacuerdo fuera como es.

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¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
A veces surgen de mis necesidades expresivas: no puedo vivir sin escribir y sin tratar de retratar el mundo en el que vivo. Este es el caso de Cuando fuimos dos, con la que intentaba ejercer el activismo y la defensa de los derechos LGTB desde una propuesta que ahondaba en cómo el amor no admite etiquetas ni estereotipos, o el caso de De mutuo desacuerdo, donde quería ofrecer un retrato de la familia del siglo XXI alejado de ese buenrollismo tradicionalista que no tiene nada que ver con el concepto de familia actual. Ahora, por suerte, hay muchos más modelos –homoparentales, monoparentales…- y todos son válidos y necesarios mientras se respeten los derechos del menor. De eso y de la identidad tras una ruptura (¿quiénes somos cuando ya no somos parte de aquel a quien queríamos?) habla esta obra.
A veces, sin embargo, los proyectos surgen a partir de personas que me proponen aventuras que me apetece compartir, como mi nuevo texto, Los amores diversos, que no habría abordado si no fuera por el estímulo de trabajar con una actriz como Los amores diversos, que no habría abordado si no fuera por el estímulo de trabajar con una actriz como Rocío Vidal y de repetir con un director al que quiero y admiro tanto como Quino Falero.
Ahora mismo, por ejemplo, ando embarcado en la escritura de nuevos textos e incluso de alguna adaptación que son encargos de gente que me inspira por su implicación y su creatividad. Estar rodeado de personas así es siempre un enorme estímulo.

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¿Cuál ha sido tu evolución como autor?…
No sé si desde dentro es posible responder a esa pregunta. Creo que si tuviera que elegir un rasgo diría depuración. Cada vez busco una mayor precisión, una mayor estilización de la realidad que retrato. Prefiero sugerir a partir de situaciones y esbozos de vidas, dejando que sea el espectador quien complete el resto. Además creo que, frente a lo que debería ser más lógico, he ganado en espontaneidad: la experiencia y el rodaje me han permitido liberarme de miedos y abordar géneros y tonos muy diferentes entre sí. Esa diversidad me permite afrontar nuevos retos y, sobre todo, seguir creciendo.

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¿Crees que se puede aprender a escribir teatro?…¿Tienes un método para escribir?…
Creo que se pueden aprender técnicas, sin duda, pero es necesario partir de una voluntad de comunicación dramatúrgica. No es una pulsión tan infrencuente como creemos y sí estoy convencido de que a escribir se aprende escribiendo. Los talleres o incluso los master –y yo soy actualmente profesor de Dramaturgia en el Master de la Universidad de Alcalá de Henares y la AAT- permiten pulir errores, adquirir nuevas estrategias…, pero sobre todo, son un punto de unión con otros dramaturgos y el verdadero aprendizaje sucede al confrontar textos y experiencias.
En cuanto a mi método de escritura, como comentaba antes, suelo partir del tema que me ocupa y de la estructura. Creo que la forma es esencial para contar algo: el qué puede perder o ver tergiversado su sentido sin el cómo.

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¿Hay que esperar a que un texto se haya estrenado para publicarlo?…
Sin duda. Alguna vez lo he hecho a la inversa y al final he acabado arrepintiéndome. Los textos varían, evolucionan, crecen, mutan… Y esa vida hace que finalmente sufran modificaciones que los enriquecen y que es una pena que no se vean reflejadas en la obra publicada. En el caso de De mutuo desacuerdo, por ejemplo, hay una escena completa que surgió poco antes de los ensayos gracias a una conversación con Toni Acosta en la que, además de quedarme deslumbrado por el talento de quien iba a ser mi futura Sandra, di con una idea a través de esa charla que me permitía cambiar una escena que no me convencía por otra que, ahora mismo y por lo que vemos en la reacción del público, funciona perfectamente. Por eso en este caso la obra se va a editar justo a finales de este mes en Ediciones Antígona, porque ahora sí que el texto ha alcanzado su forma definitiva.

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¿Has realizado otras tareas en teatro además de la escritura?…Háblanos de ello…
Hace mucho tiempo también actuaba, aunque solo en plan amateur y, por suerte para los amantes del teatro, dejé de hacerlo pronto. Creo que era el peor actor del mundo… Y aún hoy me sigo poniendo nervioso cuando, en los estrenos, me toca salir a escena a saludar.
También he dirigido muchos de mis montajes y, aunque no descarto volver a hacerlo, ahora mismo me aporta mucho más el trabajo con otros directores. Así me ha sucedido con Quino, con quien desde Cuando fuimos dos he formado un tándem que me enriquece enormemente y de quien no dejo de aprender en cada nuevo proyecto que abordamos juntos. Quizá por eso ahora no me veo dirigiendo un texto mío, sino que prefiero verlo en manos de otro para que le aporte su personal punto de vista. Ese rasgo colectivo del teatro es lo que más me gusta de este género.

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¿Por qué escribes teatro?…¿Se puede vivir hoy de escribir teatro?…
Porque con quince años me enamoré de una función que vi en la Sala Triángulo gracias a una profesora de mi instituto. Se llamaba Retén y estaba escrita por Ernesto Caballero. Allí me di cuenta por primera vez del poder del teatro para poder alterar conciencias, provocar emociones y, sobre todo, llegar con fuerza a la sensibilidad del público. Por eso en mis obras, ya sean dramas o comedias, abordo temas aparentemente cotidianos que, en realidad, siempre encubren los mismos temas, dos ideas obsesivas que se repiten en todo cuanto escribo: la comunicación (¿realmente el lenguaje nos acerca? ¿y qué lenguaje: el verbal o el físico?) y la identidad (¿quiénes somos ante nosotros mismos? ¿y frente a los demás?).

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¿Cómo ves la situación teatral en estos momentos en nuestra ciudad?…¿En nuestro país?…
Ahora mismo veo un combate que se libra entre la desidia gubernamental –nuestro Ministerio de Educación y Cultura es, posiblemente, el que más ha despreciado la Educación y la Cultura en mucho tiempo- y las ganas y la voluntad de crear de mucha gente que estamos dejándonos la piel en este oficio. Me quedo con los segundos, claro, con toda esa generación de nuevos autores, actores y directores que estamos peleando día a día frente a la mezquindad de quienes prefieren ahogar el teatro con medidas tan inadmisibles como la subida del IVA cultural (no olvidemos que los escenarios pueden crear conciencias críticas y mentes libres).

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¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
No es fácil elegir un solo montaje que haya visto recientemente, pues –por suerte- hay mucho y buen teatro aquí y ahora. Pero admito que tengo debilidad por la versión de Romeo y Julieta que, bajo el título de Hey boy, hey girl, ha escrito Jordi Casanovas para La Joven Compañía. El proyecto en sí me parece excepcional y muy necesario, pero el trabajo del autor sumado al talento de los actores y a la magistral dirección de José Luis Arellano ha dado como resultado un espectáculo redondo en todos los sentidos.

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¿Alguna sugerencia para seguir creando y haciendo teatro en tiempos de crisis?…
¿Proyectos?…
La única sugerencia es la perserverancia. No hay crisis que no se pueda vencer con tenacidad. Aunque a veces la obstinación nos cueste cara y se nos quede media vida en ello…
En cuanto a los proyectos, ando ya trabajando en un monólogo femenino que verá la luz este año y que lleva por título Los amores diversos. Está protagonizado por Rocío Vidal y dirigido por Quino Falero, y se trata de un homenaje a la poesía a través de la historia de una mujer que, tras la muerte de su padre, se ve abocada a afrontar los recuerdos de una vida en la que no acaba de reconocerse a partir de los textos y de los versos que, desde niña, compartieron juntos. Es una obra en la que se habla del amor a la literatura, del amor ante los demás –hay una importante carga de activismo y visibilidad lésbica en el texto- y del amor a uno mismo. De nuevo, el tema que me obsesiona en todos y cada uno de mis textos: la identidad.


Locuras cotidianas de Petr Zelenka en el Teatro Lara

Petr está a punto de volverse loco: su novia le ha dejado y va a casarse con un desconocido, su mejor amigo permanece encerrado en casa con sus ingenios y sus padres no hacen más que discutir en torno a enfermedades imaginarias. Con Locuras cotidianas, su autor, Petr Zelenka, debutó en la escena de Praga cosechando un gran éxito de crítica y público, además de ganarse el apelativo del Woody Allen de la comedia checa. Cinismo, disparate, ternura y ritmo trepidante se reparten a partes iguales en esta comedia fresca de humor inteligente del autor checo. The Zombie Company lleva una década provocando en la escena con textos y adaptaciones que nos hacen ven la realidad desde un espejo cóncavo y convexo, dependiendo de la propuesta. Carlos Be ha estrenado textos propios gracias a un equipo cómplice, construyendo una poética personal y arriesgada. Ahora, cuando han demostrado su peculiar mirada sobre el mundo desde el escenario. Se enfrentan a la obra de otro autor, alguien que coincide en huir de la convención y la comodidad escénica. En Locuras cotidianas, se nos muestra una inteligente y enloquecida pieza teatral para hablarnos del mundo que estamos construyendo, un mundo que se parece más al que habitan las ratas entre tuberías, enfermas de delirio. Para llevar a buen puerto esta pieza, el reparto exquisito está protagonizado por Pepa Rus, Carmen Mayordomo, Fran Arráez, Esperanza Elipe, David González, Alfonso Torregrosa y José Ángel Trigo.
Adolfo Simón

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Ana Rayo nos habla de sus experiencias como actriz.

rayo¿Cómo surge el proyecto de La vida en blanco?…
Un día llamé a José Manuel y le dije: mira, estamos los dos sin trabajo en este momento, por qué no me escribes un monólogo? Un proyecto sencillo que pueda hacer en cualquier espacio, solo tu y yo, y lo producimos nosotros. Empezó a escribir con una idea radicalmente opuesta a la historia de “La vida en blanco”, me llegó a dar una primera versión de ese otro monólogo, esa misma tarde me mandó un mensaje que decía mas o menos: olvídate de ese monólogo en unos días te doy otro texto, a la semana me mandó el texto de “La vida en blanco” una versión de media hora, a partir de ese momento nos pusimos a ensayar y lo estrenamos en octubre del 2012 en la librería 8 y medio, un año después escribió la versión de una hora y la montamos para “La casa de la portera”

¿Hubo ocasión durante el proceso para que aportases ideas en la puesta en escena?…¿Cómo ha sido el trabajo con el director-autor?…
El texto de esta segunda versión, de una hora, me lo dio 10 días antes del estreno, cuando nos pusimos a ensayar en dos días me lo marcó entero, yo fui creando a partir de sus marcas, José tenía clarísimo lo que quería, y yo soy una de esas actrices que hago, a saco, lo que me piden los directores, así que él iba pidiendo y yo haciendo y de ahí él cerraba la puesta.

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¿Qué balances haces de tus últimos trabajos como actriz?…
Tengo un balance muy positivo, porque puedo hacerlo! Creo que lo mas importante en esta profesión es poder vivir de ella, en los últimos años he tenido mucho trabajo en todos los medios y estilos, espero poder decir lo mismo dentro de otros 20 años de profesión.

¿Cuál es tu método de trabajo?…
Depende de a qué me enfrente, tengo un método que cambia con cada trabajo, medio y director. Lo que si hago siempre es hablar con el director e intentar apoyar su historia con mí trabajo, creo en el trabajo de autor, por eso para mí lo mas importante es entender lo que el director quiere contar y apoyarlo al máximo con todos mis recursos.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Creo que el teatro debe tener una función renovadora siempre, en este y en cualquier otro momento, creo que la gente tiene que salir del teatro planteándose algo… Creo que igual desde el teatro no se puede cambiar el mundo pero si se puede hacer que la gente se cuestione su mundo y con ello ayudar a cambiarlo.

¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?…
Como a todo, esto es un horror. El ahogo al que nos está sometiendo la administración es brutal, nuestros sueldos se hunden ( en nuestra profesión han bajado mas de un 50%) y la presión fiscal no hace mas que aumentar, mientras nos ofrecen menos servicios y de menor calidad. El otro día oí a Woody Allen en una entrevista decir que en Estados Unidos la lucha de clases la había ganado la clase alta, y que pensaba que esto pasaba en todo el mundo. Así es han ganado ellos, y ahora quieren que seamos mano de obra barata y calladita, para eso necesitan una sociedad de borregos sin cultura ninguna para que les sigan votando. Y el plan les está saliendo redondo. El acoso a la cultura es absoluto. Pero también a la educación, a la ciencia… A todo lo que nos haga evolucionar, mientras subvencionan la venta de coches o aumentan el presupuesto en defensa.
En fin, creo que la subida del IVA es solo una parte del plan.

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¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
Pues he visto, últimamente, tres obras maravillosas. La última el Macbeth de José Martret, con apertura de nuevo espacio, “La pensión de la pulgas”, nadie en Madrid debería perdérselo. Otra es “Dos Ninas para un Chejov” que este mes seguirá en “La casa de la portera” los jueves y viernes a las 20h un trabajo de actrices realmente espectacular y auténtico y por último vi a Alberto San Juan en el Alfil con “Retrato de un joven capitalista” ahora este maravilloso e imprescindible monólogo se puede ver en el recién inaugurado “Teatro del barrio” que se ubica en la antigua Sala Triángulo en Lavapies, un espacio que creo que va a ser el centro de aprendizaje y creatividad más interesante que se ha puesto en marcha en Madrid en los últimos tiempos, animo a la gente a entrar en su página web teatrodelbarrio.com porque todo lo que están haciendo merece la pena, además tienes la posibilidad de participar en el proyecto.

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¿Proyectos?…
Lo primero seguir con “La vida en blanco” a ver si el público nos sigue acompañando y puede seguir creciendo.
Estoy pendiente de un proyecto en televisión, que espero salga adelante, y poder contarlo prontito.
Y por otra parte el proyecto personal mas potente, que es montar compañía, en ello estamos, para seguir creando proyectos en los que poder dar nuestro punto de vista del mundo en que vivimos y las consecuencias que tiene vivir en él.

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Maridos y mujeres de Woody Allen en La Abadía

En las producciones de La Abadía siempre hay rigor y profesionalidad, también lo hay en esta mirada escénica sobre la película de Woody Allen. Maridos y mujeres tiene en las vallas publicitarias el subtítulo de mirada obscena sobre las relaciones de pareja, creo que sería mejor describirla como una radiografía profunda y descarnada sobre el caos en el que viven las relaciones afectivas en estos tiempos convulsos. Los personajes y las escenas son perfectamente reconocibles, en más de una ocasión podemos reconocer a alguien de nuestro entorno o a situaciones propias. Se podría haber caído en la tentación de mostrar secuencia tras secuencia como si fuese la proyección en vivo de la película. Por suerte, hay un salto poético provocado por la propuesta del espacio escénico de Max Glaenzel…la disposición en el centro de la sala de doce sofás creando un cuadrilatero donde se llevarán a cabo los combates emocionales, en los que irán cambiando en cada asalto los contrincantes, para perder finalmente todos por puntos. Àlex Rigola maneja muy bien esta exposición íntima a los espectadores(algunos sentados juntos a los personajes)…Se crean, sin apenas darnos cuenta, esas reuniones privadas en las que se empieza con un chiste y se termina en una batalla campal. Cuando los personajes están en foco, los demás actores pueden observar sus reacciones y las del público, creandose otro nivel dramático muy sugerente. Que el público esté tan cerca de la piel del drama permite ver la mirada furtiva de una actriz, la lágrima huidiza de un actor y una línea emocionante escrita a tiza en la mesa…”Anna Lizarán In memorian”.
Adolfo Simón

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