Amores minúsculos de Loszurdos Teatro en Nave 73
En ocasiones, una novela o una película han sido adaptadas al teatro, pero no es habitual que un espectáculo teatral se inspiré en un comic. Loszurdos Teatro han adaptado las tiras de Amores minúsculos, original de Alfonso Casas y llevan dos temporadas representándolas, con dos repartos. En estos momentos se puede disfrutar de estas breves historias que nos muestran la fugacidad del amor, del cortejo, del desamor y de la esperanza; porque mientras hay vida hay esperanza, de estos jóvenes personajes que podrían tener otra edad y otra ciudad de residencia, porque al fin y al cabo, el amor es una enfermedad global y atemporal. Y mientras duran los síntomas, se disfruta y sufre a partes iguales. Iñaki Nieto ha sabido jugar con los tipos de los actores elegidos, al menos en el reparto que vi anoche, sacando el máximo de partido a sus peculiaridades y también a los elementos que hay en el escenario de Nave 73.
Adolfo Simón
Lluvia constante de Keith Huff en los Teatros del Canal
Es difícil encontrar en el panorama teatral actual, un nuevo autor con un texto potente, de esos que sabes que sobrevivirán al tiempo y se convertirá en un clásico. Lluvia constante es un título que no hace honor al texto, la obra es mucho más que una atmósfera temporal, es un viaje complejo a la psiquis del ser humano, es una radiografía de este tiempo convulso que vivimos en el que muchas veces dejamos que se asome por nuestra boca y nuestro corazón el animal que se esconde en los pliegues de nuestra piel. En este texto, el autor nos pone frente al muro de nuestras pesadillas más profundas para encontrar la salida del laberinto. Es de una teatralidad brutal por el juego que establece con el público y entre los personajes. Te atrapa desde el minuto uno y no te deja escapar hasta el final, cuando descubres el juego que oculta este viaje. Para una propuesta tan esencial, en la que hay que dejar que las emociones y palabras atraviesen a los actores como dardos hacía falta un par de intérpretes de riesgo y compromiso total con la escena, ellos son: Roberto Álamo y Sergio Peris-Mencheta que están todo el tiempo al borde del precipicio. Y David Serrano les ha dirigido con templanza y pasión. Una obra imprescindible.
Adolfo Simón
«El Nombre» en el Teatro Maravillas
Jordi Galcerán nos versiona y ofrece la famosa comedia francesa de Mathieu Delaporte y Alexandre de la Patellière que también ha sido plasmada en una película del mismo nombre y en la que intervienen Amparo Larrañaga, Jorge Bosh, Antonio Molero, Cesar Camino y Kira Miró. No es la primera vez que se versiona una comedia a la francesa en los teatros españoles y la verdad es que suele funcionar bastante bien.
«El nombre» es una comedia aparentemente «blanca», sin ningún tipo de pretensión, y digo aparentemente porque todo empieza con un conflicto debido al nombre que se le va a poner a un bebé y acaba desentrañando toda una serie de resentimientos en la relación que mantiene un grupo de amigos compuesto por dos familias y un amigo común.
Los personajes están bien diseñados para que cada uno cumpla con su papel en cada parte del lío en la comedia e interpretados magistralmente por los actores, que se tiran de cabeza a defender cada uno su papel y sacar a flote las reacciones del público. Destaca sobre todos la interpretación de la veterana Larrañaga, como siempre perfecta en cada papel que interpreta y que se encarga de un pequeño monólogo que es el principal ingrediente que hace subir el tono de la comedia y a la vez provoca el momento agridulce de la misma.
Es difícil poder adaptar los localismos franceses y los chistes al castellano, pero esta vez la versión ha quedado bastante creíble y podría suceder perfectamente en España, además, se plantea un debate de actualidad al incluir en el meollo de la cuestión un nombre «catalán» que va a desencadenar todo el embrollo. A todo ello ayuda una puesta en escena muy bien escogida, asemejando un chalecito de familia acomodada y bien avenida a las afueras de cualquier ciudad y jugando también con pequeños audiovisuales que ayudan a trasmitir la historia de una manera visual y entretenida.
Una opción muy buena para pasar una noche entretenida, salir con buen sabor de boca y con las ideas colocadas sobre nuestras relaciones sociales y personales y para ver a grandes actores españoles sobre las tablas.
“UNA EXTRAÑA COMEDIA” de Darío Paso-Jardiel en La Casa de la Portera
¿Me quieren decir dónde vamos a encontrar, cuando cierre sus puertas La casa de la portera, esas exquisitas piezas que durante dos años han ido poniendo ante nuestros ojos?…¿Dónde van a descubrirse o reinventarse todos los autores, directores y actores que hemos tenido ocasión de ocupar esas inquietantes salas vestidas por un cúmulo fantástico de objetos kich?…Me voy a atar con cadenas a la puerta de este espacio para exigir que no se cierre…¿Alguien se apunta?. Todo esto viene a que este viernes pasado, he tenido la sorpresa y la suerte de descubrir a otro nuevo autor-director: Darío Paso-Jardiel, al menos para mí, con nombre de referencias teatrales apasionantes: Paso-Jardiel. No sé si es familia de estos dos insignes autores de la historia de nuestro teatro, si no es así, ha sabido beber de su mundo delirante. Y ha creado una pieza extraña, fantástica y absurda, no hay otra pieza así en la cartelera de Madrid. Tiene humor enloquecido y situaciones imposibles que disfrutarán al máximo si dejan al entrar todos los tópicos sobre lo que ha de ser o no teatro. Ah! y hay dos actores, deliciososssssssssssssssssssssss: Martha Eguilior y Tato Loché que interpretan el absurdo con una soltura y locura, que se agradece desde ese peculiar patio de butacas. Ay! cuando los popes del teatro dejarán sus sillones y bajarán a los pequeños espacios para descubrir el futuro de nuestro teatro. Dejen de mirar el pasado y miren el presente, por favor.
Adolfo Simón
Belchite y No se puede mirar…Miedo en la noche alternativa!!!
Hay muchas formas de abordar el miedo en la escena, en los últimos tiempos están surgiendo diferentes propuestas que tratan de poner al espectador contra las cuerdas, pegado en su butaca ante lo que ocurre en la escena.
Belchite en La Usina, aborda los acontecimientos ocurridos allí durante la Guerra Civil vistos desde un grupo de jóvenes que se acerca a esta localidad para realizar un juego de rol, entre tirada y tirada de fichas, algo surgirá en el tablero que no estaba previsto.
No se puede mirar en la sala OFF de La Latina nos muestra cuatro secuencias que parecen reflejo absurdo la una de la otra: Unos seres se van encontrando en situaciones cotidianas de las que saldrán modificados una vez hayan vivido experiencias al borde del delirio mental.
Adolfo Simón
Los seres laberínticos de Adriana Roffi
En estos momentos, en la cartelera madrileña se puede disfrutar de dos propuestas escénicas de Adriana Roffi. Como si pasara un tren de Lorena Romanín en el bello y rococó nuevo espacio OFF del Teatro Lara, pieza que dirige y en Ámame en La pensión de las pulgas, obra que firma como autora y directora. Las comparaciones son odiosas y no se trata de hacer esto, más bien, tratar de descubrir cuál es la personal poética de esta autora y directora. En ambas obras hay un trabajo sencillo desde la puesta en escena, son planteamientos realistas con toques mágicos. El trabajo con los actores es sutil; esas composiciones de personajes que parecen extraídos de la realidad: «esos vecinos invisibles» que parecen normales y que esconden laberintos misteriosos en los que se ocultan sus deseos profundos. Y como autora, también trata de acercarnos a la realidad con una mirada aguda; como si a la misma le hiciera un corte con un bisturí fino, pudiendo ver, a través de esa grieta el deseo, la tolerancia, el miedo, la vulnerabilidad de estos seres. No es fácil encontrar nuevas voces personales en la escena, Adriana Roffi lo es.
Adolfo Simón
Con la claridad aumenta el frío en el Teatro de la Abadía
Con la claridad aumenta el frío -título cogido de uno de sus discursos de agradecimiento, desconcertante y cautivador a la vez que dotado de la poética más esencial de Thomas Bernhard- va desgranando anécdotas y palabras de cortesía que apenas disimulan su ánimo gruñón y muestra a través de la risa las miserias del ser humano y del panorama cultural que nos rodea, y del que todos somos cómplices. En estos tiempos convulsos en los que el arte es despreciado por el poder, hay que retirarse a los cuarteles de invierno, donde la nieve llega hasta las rodillas, para conseguir mirar con distancia todo lo que ocurre y poder establecer una estrategia inteligente contra la pobreza cultural. Son importantes todos los actos de reivindicación por los derechos de los artistas pero, a veces, hay que hacer también un acto poético y político en defensa del pensamiento libre, esta obra lo es: Un espacio de reflexión íntimo.
Adolfo Simón
PLAZA AVELLANEDA en el CENTRO de NUEVOS CREADORES
Ángel se recupera en la habitación de un hospital de un suceso que no recuerda. Todo el tiempo intenta recordar, para demostrarse a sí mismo y a los médicos, que su memoria está intacta.
A esta habitación llega la visita de un gran amigo, Rubén, a quien Ángel no ve desde hace 16 años. Juntos comienzan a recordar los tiempos de la infancia en los que compartieron una profunda amistad. Los recuerdos transportan a ambos a aquellos años de valores y orgullos, a la loca adolescencia, a la Plaza Avellaneda, a las interminables tardes de juegos donde aquella amistad era un vínculo sagrado. De pronto, ya evocando su adultez, Ángel recuerda un suceso en la plaza Avellaneda que cambiará la vida de ambos para siempre. Una propuesta en la que destaca la sencillez de la puesta en escena y el juego constante de los actores para transformarse con precisión y rapidez en lo que los personajes viven y experimentan en esos saltos temporales que les provoca la memoria.
Adolfo Simón
El loco de los balcones de Mario Vargas Llosa en el Teatro Español
El teatro ha de ser un espacio donde podamos reconocernos todos de algún modo, en ese ritual colectivo hemos de sentir que el discurso de la escena es un cauce por el que navegamos todos. El loco de los balcones es un hermoso cuento en el que lo viejo y la belleza son animales en extinción por una sociedad depredadora que solo piensa en prosperar a partir de destruir la memoria. Es verdad que en medio de ese cuento se cuela el debate sobre si es más importante salvar las cosas o dar de comer a quién no tiene sustento. Pero…¿No es igual de importante el alimento físico que el espiritual?¿No será un problema de este mundo que habitamos que no deja espacio al sustento básico necesario para ser hombres y no animales?. La historia tiene muchos componentes literarios pero también tiene una trama que va desvelándose poco a poco ante los ojos del espectador. Todo transcurre en un espacio a medio camino entre la ensoñación y la cruda realidad, ese toque mágico ayuda mucho al desarrollo de la acción. El equipo de actores está muy bien en sus múltiples caracterizaciones gracias a la precisa dirección de Gustavo Tambascio pero, si hay una razón por encima de todas para ir a ver El loco de los balcones es por ver a ese inmenso actor que es José Sacristán. Su presencia en escena, incluso en los silencios, es emocionante, por momentos es un balcón más que se vuelve frágil ante un mundo deshumanizado y de golpe se convierte en un quijote que lucha hasta la extenuación. José Sacristán es un actor de raza, curtido a base trabajar y trabajar…Da gusto verle con tanta generosidad en escena, no se pierdan esta oportunidad, ya quedan pocos hermosos balcones de los de antes, de esos que no deberían desaparecer nunca.
Adolfo Simón
«Infamia» en el Teatro Alfil
«Infamia» nos presenta de manera idealizada, en forma de comedia, el proceso judicial y de desprestigio que sufrió Oscar Wilde al ser acusado de agasajar a un jovencito, Lord Alfred Douglas, para comprar su amor en la época Victoriana. Wilde pasó del éxito más absoluto con «La importancia de llamarse Ernesto» al desprestigio vil acusador por ser acusado de homosexual.
Wilde se sentará ante su juez y ante la audiencia no sólo para defenderse sino también para poner en entredicho los valores morales, sociales, sexuales y literarios de la sociedad victoriana, esos valores sociales que estaban juzgándole por encima de la ley.
La propuesta dramatúrgica de María Velasco pretende transmitirnos ese proceso desde la mente del escritor, pasando por su literatura con unas respuestas brillantes salidas de la cabeza del autor pero también por otros derroteros que le encantaría expresar, aportando notas musicales que transforman al escritor en un gran artista del vodevil.
Richard Collins-Moore ha asumido la gran tarea de encarnar a Wilde, bajo la dirección de Diego Domínguez, y a los personajes que rodean todo este entramado de desprestigio e infamia y lo ha hecho de una manera brillante. Su acento británico nos introduce ya de lleno en aquella época y su capacidad para cantar en directo e interpretar hace que creamos que estamos ante el mismísimo escritor.
Aunque solamente se ha programado una función en el Teatro Alfil, esperemos que esta propuesta pueda ser vista más adelante y pueda rodar un poco más para consolidarse.
La vida es una comedia, Wilde lo sabía y la interpretaba desde que abría los ojos por la mañana hasta que los cerraba por la noche.
Luis Mª García Grande
Seres mutantes en Kubik Fabrik
Kubik Fabrik sigue siendo el espacio más sorprendente de la cartelera, apuestan por un teatro contemporáneo accesible, lleno de propuestas imaginativas y con un trato exquisito a todo el que se acerca a su sala. Este fin de semana pasado hemos podido disfrutar de dos trabajos performáticos sobre la identidad y la mutación de esos seres que se ven abocados a cambiar su cuerpo y su manera de expresarse en una sociedad llena de cortapisas y limitaciones.
LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS de Vicente Colomar
Este trabajo es un homenaje al cine de terror de serie B y especialmente a las películas de marcianos en blanco y negro que proliferaron en EEUU en la década de los cincuenta. A través de las peripecias de un doctor perdido en un pueblo extraño, una mujer que dice que su marido no es su marido, unos seres con una sabiduría revolucionaria y un militar con problemas de identidad asistimos a la sustitución de los humanos por unas replicas idénticas en morfología pero carentes de sentimientos. Un espectáculo unipersonal donde el actor se convierte en un sinfín de personajes, creando situaciones ingeniosas llenas de humor que disfrutamos en la propia escena, y también a través del ojo de la cámara de video, que nos muestra otros ángulos de la historia.
EPISODIO 08 de Rolando Sanmartín y Silbatriz Pons
En el territorio de la espera, del miedo, del disimulo y el aburrimiento, el aire es un superviviente y el ser que transita por la escena también, sobrevive a la oscuridad, al silencio, al vacio del escenario e incluso a la invasión-participación del público. Una propuesta sencilla llena de momentos poéticos que nos remitían a esas pesadillas que a veces tenemos…¿Quién no se ha sentido sin cabeza o con una columna vertebral de cuernos de ciervo?.
Adolfo Simón
Los nadadores nocturnos de José Manuel Mora en las Naves del Español
Debajo del agua se puede ver y sentir el mundo de otro modo, es como volver al vientre materno para despegarse de esas capas de infelicidad y dolor que la vida va adhiriéndonos día a día. José Manuel Mora ha escrito un texto fragmentario que muestra el dolor asfixiantes que siente el ciudadano de a pie, una angustia vital que le empuja a refugiarse en un montón de escondites sin salida. Carlota Ferrer hace una lectura escénica de la obra ubicándola en un espacio de ensoñación acuática, la mezcla de ambos lenguajes consigue hallazgos muy interesantes, una pieza de danza-teatro en la que la palabra y el juego escénico se dan la mano de manera equilibrada e inquietante.
Adolfo Simón
Petit Pierre de Suzanne Lebeau en el Teatro de la Abadía
Pierre Avezard, más conocido como Petit Pierre, fue un ser asombroso cuya vida y obra han emocionado a miles de personas. Mientras el mundo giraba en sus momentos más horribles, este pastor francés pasó casi cuarenta años creando un juego giratorio, una instalación mecánica que fascina tanto por la combinación de personajes como por las invenciones y engranajes que los animan. El Teatro de la Abadía ha inaugurado la temporada con dos propuestas excelentes, por un lado, Mi gran obra de David Espinosa y por otro, la exquisita pieza Petit Pierre, basada en el texto original de Suzanne Lebeau. La Compañía Bambalina Teatre Practicable ha abordado este proyecto desde la necesidad de realizar un espectáculo artesano y artístico, para ello se ha rodeado de su equipo habitual, liderado por Jaume Policarpo y de la interpretación de Adriana Ozores, para llevar a buen puerto esta creación han llamado a Carles Alfaro para que les dirija. El resultado es de una belleza impactante y de una emoción intensa, hay momentos de una plasticidad conceptual de gran calado y al tiempo, llena de un discurso ético sobre la vida y el arte. A partir del personaje real que fue Pierre, nos conducen por todo tipo de paisaje humano y social del pasado siglo XX, a través de la mirada de un «inocente», de esos que miran el mundo de manera sesgada y auténtica. Espectáculo imprescindible, solo hasta el domingo 28.
Adolfo Simón
La pensión de las pulgas, un espacio de otra dimensión
En pocos espacios escénicos de Madrid puedes viajar a otros lugares y tiempos al atravesar su puerta. La pensión de las pulgas tiene esa capacidad, cuando entras en sus salas, puedes dar un salto imaginativo y trasladarte a New York o Los Ángeles o viajar a Dinamarca sin moverte de la silla. Si, el teatro posibilita estas experiencias pero hay ocasiones en que nos hablan de otro sitio y uno no puede despegarse del barrio en el que está situado el teatro. Durante el mes de septiembre y también en octubre, hay tres propuestas nuevas en este espacio de la calle Huertas que tienen muchas razones para ir a verlas…
La Maratón de Nueva York es una obra del dramaturgo italiano Edoardo Erba, dirigida por Jorge Muñoz y protagonizada por Joaquin Mollà y Chechu Moltó.
Dos actores, calzados con unas deportivas, sobre dos metros de césped artificial y dispuestos a pasarse una hora literalmente corriendo, aunque no se muevan del lugar, reflexionan sobre por qué corren y sobre la vida.
Lo más interesante de la pieza, además del esfuerzo físico que realizan los actores durante la duración de la obra, ya que están corriendo literalmente sobre el lugar que pisan, es el juego temporal en el que nos sumergen, la carrera va transcurriendo ante nuestros ojos y les acompañamos tan solo con un movimiento angular que realicen. Pero, hay más sorpresas, porque en ese viaje imaginario descubriremos los detalles de la singular relación de los personajes y sobre todo, descubriremos un final sorprendente que hará que recompongamos de otro modo la peripecia de estos seres huyendo hacia el vacio.
Un disgusto danés es una pieza escrita y dirigida por Jumon Erra e interpretada por Elena Fortuny y Gretel Stuyck
Dos propietarias de un prestigioso restaurante y amigas inseparables, Olga y Lidia, cenan en su local vacío, una vez acabado el servicio. Inesperadamente, su relación se verá puesta a prueba. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por amistad? ¿Qué grado de compromiso es justo exigirle a un amigo? Cuatro años más tarde, las dos amigas se volverán a encontrar para cenar en el mismo lugar. Pero esa conversación, ese pacto alcanzado durante el postre, habrá dejado en ellas una honda huella. Olga y Lidia se verán obligadas a descubrir los auténticos límites de su relación.
También en esta obra vamos descubriendo que nada de lo que parece es, creemos que estamos antes un encuentro cordial de dos amigas pero durante el tiempo que dura la pieza, descubriremos que no están en un mismo plano físico las protagonistas, creemos que están a la misma hora y en el mismo lugar pero no, cada una está en una situación distinta que hace más rica e interesante la propuesta, pero para saber qué pasa realmente, tendréis que acudir a ver las próximas funciones.
Cliff de Alberto Conejero ha sido dirigida por el propio autor y Alberto Velasco e interpretado con entrega absoluta por Carlos Lorenzo
Días antes de la celebración de la ceremonia de los Oscar de 1961 –la cuarta y última ocasión en la que fue nominado– Montgomery Clift prepara en su apartamento de Upper East Side su regreso a los escenarios teatrales con La gaviota de Chéjov. Ha decidido abandonar su carrera cinematográfica y escapar por fin de los mandatos de los estudios y del hostigamiento de la prensa. Pero antes tendrá que cerrar las cuentas pendientes con el pasado.
Esta pieza es un trabajo exquisito desde todos los puntos de vista, Carlos Lorenzo realiza un trabajo intenso y comprometido para mostrarnos ese frágil ser que fue Cliff en el ocaso de su carrera. Para ello, se apoya en un texto complejo y sugerente ya que nos sumerge en todo lo que pasa en la cabeza del actor ante un momento en el que tiene que enfrentarse a sus deseos, miedos, sueños y fracasos…Un texto valiente, duro…como la vida misma. Todo lo que está en juego, espacialmente, sonoramente y en el video que se proyecta, está perfectamente ensamblado y al servicio de la historia que se está contando; todo esto gracias a la mano sensible con que lo han dirigido el autor y Alberto Velasco.
Adolfo Simón
«Dios no tiene tiempo libre» en el Teatro del Arte
Lucía Etxevarría se ha lanzado a escribir su primera obra teatral para adultos. Ya había probado suerte con una obra para niños. «Dios no tiene tiempo libre» nos cuenta una historia contemporánea con tres personajes que tienen problemas muy comunes… y no tanto. Una historia bien montada, de esas a las que nos tiene acostumbrados, y que cumple con las normas «no escritas» que hacen que se mantengan la tensión dramática y la intriga hasta casi el final de la historia, salpicada con toques de sexo, mentiras, corrupción, amor, ternura y perdón.
Pero Lucía ya se ha dado cuenta, y ha anunciado por su Facebook, que su obra era demasiado larga… Efectivamente, ese era el pero. Es una obra que puede enganchar, con referencias literarias y teatrales, con una clara reminiscencia a «Casa de Muñecas», pero demasiado larga para lo que cuenta.
Y no es que las obras largas no vendan en los teatros, es que las obras tienen que durar lo que tienen que durar. Lucía se ha dado cuenta de que no puede hacer una obra como si se tratase de una novela. La novela se abre y se lee a ratos, se va saboreando poco a poco, cuando tienes tiempo libre, ya que no eres ese Dios del que nos habla la Etxevarría. El teatro no. Al teatro vas a que te cuenten algo y entren como una espada bien afilada en tu mente sin que te des cuenta.
Por eso, ha hecho bien en ponerse a recortar y reintentar adecuar esa historia, que tiene su aquel, y que nos interesa, porque los personajes de Lucía siempre tienen recovecos y facetas que van mostrando según avanza la narración.
Los actores actúan correctamente, aunque debería existir más dirección y la escenografía se queda algo corta debido al presupuesto, de manera que dificulta que nos metamos más en la historia, pero los tiempos que corren… obligan al recorte.
Este jueves es la última oportunidad de ver la Long Play de «Dios…» en el Teatro del Arte.
Luis Mª García Grande
Medida por medida de Declan Donnellan en el CDN
William Shakespeare es el mayor dramaturgo de la historia del teatro porque su obra es de una complejidad fantástica y al tiempo, nos cuenta la vida de forma sencilla, como un cuento. Esto hace que cada vez que un equipo artístico se enfrenta a sus textos, tenga que mantener el equilibrio entre la complejidad y la sencillez, de otro modo, fracasará totalmente en el intento de llevar sus piezas a la escena. Declan Donnellan hace fácil lo difícil, en esta ocasión con la compañía que ha creado en Rusia. Ha conseguido que desarrollen un lenguaje propio con el sello de Donnellan que nunca es el mismo, no tiene un molde para el éxito, tiene la curiosidad de cómo traducir y expresar, para el espectador de hoy, las grandes obras de la literatura dramática, en este caso ha sido Shakespeare pero podría ser Jarry como ocurrió el año pasado. En esta ocasión crea un paisaje con los actores y los mueve en escena como piezas de un juego que ha inventado, donde la trama va desarrollándose ante los ojos del espectador, haciendo que una historia compleja nos llegue como si de un cuento para niños se tratase.
Adolfo Simón
«True West» de Sam Shepard en Los Teatros del Canal
La sala «negra» de los Teatros del Canal se inaugura con True West (El auténtico oeste) una obra de plenitud del polifacético Sam Shepard dirigida por José Carlos Plaza. Escrita en el año 80, Shepard nos relata un drama familiar reflexionado sobre la identidad, tanto individual como cultural.
Dos hermanos se reencuetran después de cinco años en su hábitat natural, a 40 millas de las afueras de Los Ángeles, donde los coyotes todavía existen y donde el riesgo flota en la atmósfera. Un lugar alejado de las grandes urbes, de los grandes escenarios que nos suelen mostrar cuando la acción transcurre en esos maravillosos Estados Unidos. Mientras uno de ellos, guionista bien acomodado, intenta encontrar el éxito en cada texto que escribe, otro, perdedor en la vida y ladrón de baja estopa, llega para limar diferencias e intentar llevar una nueva vida rascando en los entresijos de la conciencia de su hermano. Unos personajes cargados cada uno con una mochila muy diferente en la que tienen que encontrar las cosas que tienen en común y las cosas que les desencuentran.
Shepard otorga a estos personajes una complejidad y riqueza a la altura de los grandes dramas americanos. Nos encontramos sumidos en la América profunda, esa que no nos mostraban en las películas del los 80, donde sólo exhibían ese gran sueño americano y que luego han sabido reflejar otros cineastas como los hermanos Cohen o Tarantino. Un guión a la altura de grandes películas que nos sumerge en diferentes escenas llenas de humor, violencia o sátira y que oscila entre el «naturalismo americano» y el «realismo mágico».
Se aprecia el trabajo que Plaza ha realizado con los actores, otorgándoles unas subidas y bajadas dramáticas dignas de un clásico de Hollywood y sobre todo disfrutamos con esa madre de los protagonistas que aparece como una especie de pin-up desmejorada y frágil que nos conmueve con solo verla hablar.
Una buena inauguración en una sala muy especial que ha vivido grandes ensayos y que ahora espera alcanzar grandes estrenos en un espacio diáfano y contemporáneo que no le resta un ápice de calidad ni dinamismo. Acérquense a conocer el verdadero oeste, con sus historias reales, sus dramas y…por qué no con sus comedias.
http://www.teatroscanal.com/espectaculo/true-west-autentico-oeste-teatro/
Luis Mª García Grande
La sangre de Antígona de José Bergamín en Una mirada al mundo-CDN por la Compañía Nacional de Teatro de México
José Bergamín escribió una Antígona moderna y dura, un texto de una contemporaneidad abrumadora; seguramente él se sintió más de una vez la Antígona que vaga por fronteras extranjeras, esperando justicia. El ciclo Una mirada al mundo ha empezado con un montaje de altura, una propuesta compleja espacialmente y de interpretaciones de corte trágico, con un reparto de primeras figuras del teatro mejicano. Nacho García, el director, ha querido conjugar el clasicismo de la historia con referencias atemporales o de rabiosa actualidad; hay imágenes que todavía están instaladas en nuestras retinas de acontecimientos recientes. Antígona es uno de los grandes mitos de la historia del teatro universal y aquí, los elementos que le dan vida, están a la altura de su destino trágico.
Adolfo Simón
Ouija House de Pablo Raijenstein en el Teatro Arlequín
Ouija House, producido por la mansión del terror, sonorizado por Giulio Perinello y escrito por Gema Navarro y Pablo Raijenstein llega al Teatro Arlequín, en plena zona de la Gran Vía madrileña. Durante todo el mes de septiembre podrás disfrutar de un espectáculo diferente y original en el que se funden las disciplinas del mentalismo y el ilusionismo, además de otras experiencias de índole extrasensorial. Ouija House cruza los caminos del mentalismo e ilusionismo que bebe de la esencia del cabaret europeo y del “Grand Guignol” o Teatro del Horror. Raijenstein, cada vez más, está afianzando su sello particular que no se parece a ningún otro dentro del mundo del mentalismo, su estética de aromas clásicos se alimenta de números novedosos e impactantes que dejan al espectador boquiabierto; sin saber cómo ha podido realizar los sorprendentes juegos. En el mundo del mentalismo hay mucho personaje que se limita a entretener y nada más, Raijenstein, nos adentra al mundo de lo paranormal y extrasensorial en ese terrible y fascinante lugar que es Ouija House.
Adolfo Simón
Love room de Tirso Calero en el Teatro Arlequín
La noche tiene su peligro, uno puede dejarse llevar por los efectos del alcohol y el juego y la partida puede terminar saliendo fallida o no. ¿Alguna vez te has despertado y no recuerdas nada de la noche anterior ni sabes cómo llegaste a la cama con la persona que está a tu lado?. Este es el punto de partida de Love room. Pero…Todo podría haber sido convencional y tras el cruce de saludos, despedirse y tratar de olvidar lo que pasó y sin embargo, en esta pieza, los acontecimientos se van desencadenando de manera sorpresiva y no hay una despedida si no que hay más encuentros que llevan a los personajes a…Tendrán que ir a verla para descubrir el desenlace de esta habitación del amor.
Adolfo Simón
































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