Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

Entradas etiquetadas como “La Ceremonia de la confusión

Miquel Insua nos habla sobre sus trabajos interpretativos

insua¿Qué es el teatro para ti?…
El teatro nació de la comunidad y sigue siendo un ritual comunitario. En el teatro nos encontramos para compartir.

¿Por qué haces teatro?…
El teatro explora lo que significa ser humano. Y la humanidad no es una cosa natural, es una cosa que nosotros construimos. Lo mismo que la justicia. Nuestra concepción básica de lo que es la humanidad lleva el germen de la corrupción desde la Biblia, que nos narra como pecadores. Esa energía psíquica milenaria nos persigue. La literatura y los noticiarios nos narran diciendo lo malos que somos. Vivimos en una sociedad que maltrata a diario la imagen del hombre. Para mi, el teatro es un proyecto humano dónde trato de encontrar respuestas a una pregunta, ¿Cómo ser humanos en un mundo asolado por la guerra y por la injusticia social?.

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¿Qué balance haces de tu trayectoria como actor?…
El balance lo hacen los presupuestos de acción, las historias con las que te acabas comprometiendo. Llevo un año encadenando proyectos, tanto en el cine como en el teatro. En el teatro, he trabajado textos de Lola Blasco, María Velasco y Sergio Martínez Vila. Y en el cine con Carlos Vermut, Borja Cobeaga, Juan Cavestany o Nacho Vigalondo. Y, curiosamente, casi todas interrogan o dan cuenta de los mecanismos del sistema para deshumanizarnos.

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Háblanos de los últimos montajes en los que has participado.
Hace un año, en el CDN, me propusieron uno de los retos más grandes de carrera como actor. Interpreté a una transexual en La Ceremonia de la confusión de María Velasco, con dirección de Jesús Cracio. El texto interrogaba a la generación de la movida desde el movimiento de los indignados del 15M, y mi personaje acababa desmontando la cuestión de género. Después llego un regalazo, abordé a Sócrates en El banquete, que estrenamos en el Fringe y que ahora volvemos a reponer en el Ateneo. Uno del os mejores monólogos que ha llegado a mis manos, escrito por Sergio Martínez Vila. Y, pasado el verano, Carlos Aladro me propuso participar en el Don Juan, de Zorrilla. Un montaje multimedia para Alcalá de Henares. Ahí descubrí lo sagrado del teatro. El viaje culminó en la Huerta del Obispo del Palacio Arzobispal, el 31 de octubre y el 1 de noviembre, ante 20.000 personas en silencio, durante dos horas. Después hicimos Perfiles, de Sergio Martínez Vila, en La casa de la portera. La obra planteaba como en el mundo virtual el Otro desaparece y el sistema nos va convirtiendo en máquinas. Estuvimos cuatro meses reflexionando sobre esas máquinas que llevamos en los bolsillos y que lo aceleran todo pero que no pueden asegurar nuestra humanidad. Y, los dos últimos montajes fueron en el escenario de la Cuarta Pared. Günter, un destripador en Viena, de María Velasco. Un montaje sobre el accionista vienés Günter Brus y sus autolesiones para despertar a la sociedad de su tiempo. Un trabajo que entronca con nuestra actualidad, con la dificultad para renovar en el ámbito del arte y de lo social. Y En defensa( un concierto de despedida), de Lola Blasco. Luis Paniagua compuso la música original del concierto, una elegía para despedir a los jóvenes que abandonan el país, por falta de trabajo. Un montaje de investigación para renovar el teatro político a partir de Brecht y de Piscator. Y una toma de conciencia sobre la resistencia que habitamos. La revolución de las ideas se corresponde con la de las formas y de las estéticas.

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¿Cómo surge El Banquete, el proyecto que vais a presentar en el Ateneo?…
La idea de hacer El banquete surge de María Velasco, que coordinó a la dramaturgia, y de Sonia Sebastián, que se encargó de la dirección. Cinco dramaturgos: Alberto Conejero, Elena Lombao, Ana R. Costa, Sergio Martínez Vila y María Velasco, reescribieron los discursos del amor, a partir del original de Platón.

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¿Cómo fue el proceso de creación?…
Escritos los discursos, Sonia Sebastián ofreció a los dramaturgos la posibilidad de que propusieran a los actores que podían interpretar sus discursos. Una vez formado el equipo, hicimos exploratorios sobre la clase social a la que podían pertenecer estos filósofos, su manera de comportarse en este tipo de reuniones y las posibles relaciones que podían surgir entre los comensales. Siempre con la comida de por medio o distintas catas de vinos. El equipo se compactó en seguida, la verdad. Y el resto, con la batuta de la Sebastián, fue rodado.

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¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido, para crear tu personaje?…
A Sócrates lo condenaron por corromper a los jóvenes… Situé su juventud, la década en la que podía haber forjado sus cimientos, en el movimiento hippie, Todavía estamos bebiendo de la revolución sexual de los años sesenta, del amor libre, la marihuana, la experimentación con los alucinógenos y de todo un mundo sonoro. Se instaló una canción y un tempo: Across the universe, de los Beatles. Nothings gonna change my world…

¿Cómo preparas los personajes?…
Suelo trazar momentos de su biografía que le marcaron cambios de conciencia. Trato de documentarme todo lo que puedo y estar alerta de lo que me va dando la vida diaria. Para mi, lo importante es aproximarme a su carácter, sentir de dónde nace el discurso que trata de sostener y de su estado de conciencia en el momento que entra en acción.

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¿Qué función crees que debe tener el teatro para la sociedad en la que vivimos? …
Vivimos la desaparición del especio público, de reunión. Cada día estamos más dispersos y el bombardeo de la información crea confusión. Creo que el teatro nos convoca para sacarnos del ruido del mundo y abrirnos un poco más los ojos a una verdad secreta. Esa que fecunda la conciencia. Tenemos que empezar por entender que sentido nos damos nosotros a nosotros mismos para saber qué tipo de sociedad queremos. Y el sentido también debe aprenderse, nos una cosa natural.

¿Te interesan las propuestas combativas y políticas?…
Claro que sí. Las ideas que mueven al hombre entroncan con la situación política en las que esas ideas se gestaron. Ahora que la democracia no nos ayuda porque no hay una verdadera comunidad, que estamos divididos por la economía, sin objetivos comunes, el teatro tendría que ser más abiertamente político. Es el momento de repensarse. Si no ahora, ¿cuándo?.

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La Subida del IVA…
Tratan de hacer daño a la cultura y, por tanto, a la identidad del país. Nos duele, pero no nos paran.

Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis…
En vez de crisis di resistencia. Estamos en una resistencia y hay que planificar la resistencia. La otra palabra puede llegar a paralizarte.

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Qué obra de teatro has visto últimamente? ¿Qué te pareció?…
Citaría el repertorio de Pablo Messiez. Me interesa lo que cuenta, como lo cuenta, los climas que crea y adónde viajo como espectador.

Proyectos.
Tenemos Los bárbaros como distribuidora y como compañía. El proyecto es crear más visibilidad a la dramaturgia contemporánea; y más amortización del trabajo. Lo más inmediato, el estreno de Perfiles en escenario a la italiana. El 5 de abril, en La Elipa. Nos vamos de bolos con Günter, un destripador en Viena, a Burgos. Seguiremos en Madrid con El Banquete. Y estamos con la pre-producción de El arte de la guerra, una versión de Sergio Martínez Vila sobre el original de Sun Tzu.

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La ceremonia de la confusión de María Velasco

Se acaba de publicar en la colección Autores en el Centro del CDN el texto “La ceremonia de la confusión” de María Velasco.
Se puede adquirir en el Centro Dramático Nacional.

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La ceremonia de la confusión en el CDN

Escritos en la escena es un ciclo que ha puesto en marcha la nueva dirección del Centro Dramático Nacional para potenciar la escritura contemporánea, una experiencia que recuerda al T-6 del Teatre Nacional de Catalunya, con la diferencia de que allí, los proyectos elegidos son tutelados en el proceso de escritura y finalmente se incluyen en la programación de la temporada con el mismo tratamiento que cualquier otra producción. Seguramente, la crisis está obligando a que muchas ideas se queden en el chispazo inicial y que si no se desarrollan en condiciones, terminen siendo proyectos débiles. Creo que las propuestas de Escritos en la escena solo disponen de un grupo de actores, un director y un autor, es verdad que muchas veces se cuenta con menos, pero cada historia precisa de unos presupuestos y si no los hay económicos, los ha de haber artísticos. En La ceremonia de la confusión hay poco de lo primero y no mucho de lo segundo. María Velasco propone desde el texto una sugerente situación: ¿Qué pasaría si treinta años después se mira a la transición democrática de este país durante el velatorio de uno de  los protagonistas de aquel momento, en un tanatorio de hoy?. Seguramente, nuestros días se parecen mucho a aquellos, días de confusión donde el poder provoca la atención del ciudadano hacia otro lugar, entonces hacia la movida y hoy…¿Hacia la corrupción?…¿Y si el poder está moviendo los hilos mientras miramos para otro lado?. Toda esa confusión ciudadana no se puede escenificar en el salón del tanatorio donde yace el muerto, hay que bailar sobre la tumba de todos aquellos que no permiten que la luz entre al cementerio.

Adolfo Simón

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¿CUÁNTOS POETAS HAN MUERTO EN LOS ANDAMIOS DE LA CARPINTERÍA TEATRAL?

DOS GENERACIONES DE DRAMATURGOS ESPAÑOLES CONVERSAN

Es emocionante escuchar de boca de Ignacio Amestoy que el dramaturgo español tiene algo de Sísifo: consecuciones y logros efímeros salteados de caídas sin arnés; y, asimismo, el titular: “Seguimos con la furgoneta” (para ilustrar nuestra perenne necesidad de auto-producirnos a falta de que otros lo hagan). Amestoy (Ederra, Chocolate para desayunar, Cierra bien la puerta, etc.) Premio Nacional de Literatura Dramática, venía a corroborar que la etiqueta “emergente” no es solo aplicable a los autores menores de treinta años, aún en ese “purgatorio de duración variable, tras el cual se instalan en la gloria de los elegidos o en el infierno del olvido” (Fernando Savater), sino una condición sine qua non.
El lunes 11 de marzo, sobre la escena del teatro María Guerrero, nos sentamos a conversar dos generaciones de dramaturgos españoles nacidos, respectivamente, en derredor de los cuarenta y de los ochenta. Se trataba de una nueva cita de los “Lunes con voz”, punto de encuentro para el gueto teatral madrileño. Aunque el moderador, Ignacio García May (Alesio, El dios tortuga, Los vivos y los muertos, etc.), envalentonado por “el buen momento que vive la dramaturgia”, dictaminó que esta mesa iba a diferenciarse de otras sobre autoría en evitar el llanto y el deporte de la queja, no pudimos menos que sacar el vaso de lágrimas. La situación (recortes, subida del IVA, etc…) no es para menos.
El veterano, Domingo Miras (Una familia normal, Las brujas de Barahona, La Monja Alférez, etc.), asimismo Premio Nacional de Literatura Dramática, comenzó diciendo que los autores de su quinta, la generación realista, ganaban premios, pero no estrenaban sin haber encanecido. Nada ha cambiado, como pronto tuvimos oportunidad de aclarar los noveles (Lola Blasco –Pieza Paisaje, Proyecto Milgram-, Carlos Contreras –Verbatim Drama, La comedia que nunca escribió Mihura-, Verónica Fernández –Presas, Serena Apocalipsis- y yo –Perros en danza, La ceremonia de la confusión-), que concurríamos allí gracias al nuevo programa “Escritos en la escena”. Esta iniciativa, semejante a otras en Europa (el Royal Court) o, sin ir más lejos, el T6 del Teatro Nacional de Cataluña, ni siquiera nos depara la oportunidad de un montaje profesional. El resultado, difícil de categorizar es un semi-montado o muestra. No obstante supone un conato, un primer esfuerzo, por parte de la nueva dirección del Centro Dramático Nacional, de apoyar la creación dramatúrgica contemporánea.
Mal de muchos, consuelo de todos: las distintas generaciones no solo resemblábamos una problemática similar a la hora de ganar cierta visibilidad… También se evidenció que ciertos referentes seguían vivos y el nombre de Federico García Lorca, aquel que anhelaba el momento de “abrir los viejos escotillones del teatro” salió varias veces a colación, al igual que fuentes inspiradoras, sugeridoras de una mayor libertad dramatúrgica, como la Nouvelle Vague. No faltaron las manidas discusiones sobre si, en paralelo al teatro, podemos hablar de una literatura dramática: ¿es la obra un simple pretexto para el hecho escénico? Se trata de una cuestión cáustica, infalible a la hora de agitar una mesa de dramaturgos… Nunca nos pondremos de acuerdo: mi opinión, que el placer de leer Hamlet es distinto al de verlo representado y que ciertas obras, algunas de reciente factura, son mucho más que un cuaderno de dirección, un libro de cabecera: pequeñas biblias dialogadas.
Y mientras los veteranos discutían acerca de los pormenores biobibliográficos de Goethe (con envidia de su erudición), pensé por un momento en el viejo Allen Ginsberg revolviéndose en su tumba (querido, Ginsberg, ya queda menos para la literatura transgénero; pensé en cuántos poetas habían muerto en los andamios de la carpintería teatral; y cuánto tiempo nos lleva (como decía Picasso) llegar a ser jóvenes.
María Velasco

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María Velasco a punto de estrenar La ceremonia de la confusión nos habla de su trabajo como dramaturga

MaríaVelasco¿Cómo surgió el proyecto de La Ceremonia de la confusión?…
Con la que está cayendo en España, en lo que concierne a lo político y social, hacía tiempo me propuse hablar de los albores de nuestra “democracia”. Los sueños de aquellos que eran jóvenes cuando el dictador nos dejó, el referéndum para la nueva constitución y, a comienzos de los 80, con la movida cultural. Sus aspiraciones en contraste con la realidad actual…

¿Cómo ha sido elegida para Escritos en la escena?…
Envié un dossier a la convocatoria procurando el mayor rigor. Hubo muchos candidatos, porque esta iniciativa es pionera en el Centro Dramático Nacional. En Europa y, sin ir tan lejos, en Cataluña, ya se habían llevado a cabo programas similares, pero aquí era la novedad, y no se sabía qué criterios iba a valorar el jurado. Escogieron las propuestas de cuatro dramaturgos. Conozco bien a dos: Lola Blasco y Carlos Contreras, por eso deduzco que prefirieron autores de nueva cuna y de escritura más bien postdramática. Tanto Lola como yo habíamos participado de experiencias semejantes (para la integración del dramaturgo en el proceso creativo) en la Sala Cuarta Pared.

¿De qué va tu texto?¿Has podido seguir el proceso de creación del montaje?…
Un grupo de viejos amigos se encuentran en el velatorio. Ha fallecido el que era el líder del grupo de su juventud. Hacer el duelo, implica también despedirse de una época, de un pasado mistificado. La pareja del difunto, dos décadas más joven, es testigo de las contradicciones de una generación, la de la democracia. A él le corresponde tomar el relevo. La parte más “trascendental”, por así decirlo, viene edulcorada por el ambiente frívolo de la Movida (flashbacks), así como algunas versiones musicales de temas de los 80.
He estado presente en un porcentaje de los ensayos. He escrito y reescrito, pero no más que en cualquier otro proceso. En ese sentido creo que el programa de Escritos en Escena debe de reforzar la figura del “dramaturgista”: aquella figura que vela, hasta el día del estreno, por que se cuente la historia y se cuente bien.

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¿Qué lectura escénica han hecho en la puesta en escena sobre tu texto?…
Creo que la propuesta de Jesús Cracio “barroquiza” más un texto ya de por sí formalista. A veces, ir a favor del texto es ir contra… y viceversa. La propuesta ha apadrinado, en cierta forma, la estética de la Movida. Esta es muy “poderosa”, engatusa; pero el público de hoy no reaccionará igual al eclecticismo y la tentación del kitsch.

¿Qué balance haces de tus últimos proyectos como autora…
Ha habido de todo: encargos, producciones propias, trabajos de creación colectiva… El teatro hoy es un cajón de sastre y a mí, como autora, me ha proporcionado experiencias muy distintas: desde un encierro con unas monjas carmelitas para documentar una obra sobre Santa Teresa de Ávila (Tiempo de caminar) al frenesí creativo (Lorca al vacío). Creo que lo interesante es estar abierto al mundo sin perder la voz propia…

¿Cuál ha sido tu evolución como autora?…¿Estás escribiendo algún texto?…
El primer espaldarazo me lo dio Cuarta Pared. Me becaron, y coordinaron el proceso de escritura de “Günter, un destripador en Viena”, que tuvo cierta repercusión después de que José Monleón la publicara en Primer Acto. Luego llegaron otras como “Los perros en danza”, “Nómadas no amados”, “Manlet”… Ahora tengo varios proyectos en ciernes con las directoras Sonia Sebastián y Rakel Camacho. Y estoy escribiendo narrativa, para depurarme.

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¿Cómo ves el panorama teatral en nuestro país?…
Gris oscuro, casi negro, mientras las autoridades competentes sigan viendo la cultura como un bien de lujo y la gestión cultural esté en manos de personas que privilegian los intereses económicos por encima del humanismo. Ahora bien, en lo creativo, se hace notar cierta ebullición. El CDN, de la mano de Ernesto Caballero, comienza a asumir la responsabilidad de pujar por la dramaturgia contemporánea española; las salas alternativas se ven abocadas a la necesidad de llegar a un público más amplio (se acabó el “todo para el pueblo pero sin el pueblo”), y la proliferación de espacios no convencionales, pese a las limitaciones técnicas, augura un renacimiento cultural. La materia prima está; en el ámbito de la escritura, que el que mejor conozco, autores como José Manuel Mora, Alberto Conejero, Pablo Iglesias, Carlos Contreras, Lola Blasco, Zo Brinviyer, José Padilla, Antonio Rojano o Sergio Martínez Vila han demostrado con su poética que si son jóvenes (lo cual, biológicamente, ya es más que dudoso), no son célibes.

¿Crees que el aumento del IVA y los recortes perjudicarán al teatro?…
Estas “políticas bárbaras” han sido como un electroshock para los gestores y los creadores. Hecha la ley, hecha la trampa… El teatro va a tener que maridarse con la desobediencia civil.

¿Qué obra has visto últimamente que te interesase?¿Por qué?…
Me impresionó mucho “Autopsia”, de Jose Manuel Mora, dirigida y protagonizada por Fernando Soto. Hubo dos únicas representaciones dentro del Festival de Escena Contemporánea en la Sala Triángulo. Desearía que fueran más. Con una modestia de medios y recursos admirable se accedía, por el llanto y por la risa, a la filosofía, el amor al saber. La palabra hablada era poesía y los actores no tenían nada más que citarla. La plástica y el espacio sonoro eran hipnóticos. Salí de la sala como si hubiera estado soñando despierta… y, con la sensación, de que había crecido unos centímetros.

¿Alguna idea para seguir creando en estos tiempos de crisis?…
En una sola expresión, robada además a Enzo Cormann, “POELÍTICA”.

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