Esperando a Godot de Alfredo Sanzol en el Centro Dramático Nacional
«…no se sabe por qué…» esta frase la repite durante unos parlamentos uno de los personajes de esta versión personal que ha hecho Alfredo Sanzol de la obra de Beckett. Hay que intentar zarandear a los clásicos, sacarlos de las urnas de adoración…es un gesto lícito para los creadores, incluso a riesgo de equivocarse. Sí, hay que probar los límites de los textos importantes del pasado pero hay que medir con inteligencia los pasos a dar o al menos, pensar varias veces si el camino que se va a elegir llevará a algún paraíso nuevo o al infierno del disparate. Alfredo Sanzol está estrenando constantemente como autor y director, está muy bien en estos tiempos de precariedad pero hay que pensar si tanta producción no hace peligrar el fondo del trabajo que realiza. Este autor y director tiene un mundo propio muy sugerente cuando escenifica sus propios textos, un humor disparatado e inteligente que nos sumerge en pequeñas pesadillas deliciosas. Pero cuando se enfrenta a otros autores a los que trata de imprimir su peculiar mirada, no siempre encuentra la horma de su zapato. Al menos en esta clownesca y plana versión de Esperando a Godot no lo ha conseguido. Las dos horas de función transcurren en un diálogo chistoso y rápido que remite más a los shows de café teatro picante que a la obra filosófica de Beckett.
Adolfo Simón
«La importancia de llamarse Ernesto» en el Teatro Fernán Gómez
Muchas veces es importante un pequeño detalle para que todo esté correcto y ya sabemos eso de que un «garbanzo negro estropea el cocido». Por esto es muy importante llamarse Ernesto y no Pepe, Paco o Juan…
Wilde nos traslada a una historia irreal en la que el amor depende de que te llames Ernesto, en la que el malentendido es la clave del éxito dramatúrgico, en la que la apariencia es el becerro de oro y te hace elegir a tus amistades.
Sanzol nos sitúa en un escenario irreal, al estilo romántico y con unos personajes extravagantes y estrafalarios que nos hacen sumergirnos en ese sueño disparatado propuesto por el autor pero que a la vez está criticando las normas de cortesía, la moral y el urbanismo propios, no sólo de la época de Wilde, sino también de la nuestra.
Una obra bien hilada, bien expuesta y con unos actores que saben sacar el jugo a las palabras de Wilde.
Sagrado corazón 45 en La casa de la portera
¿Saben que hay casas que tienen vida propia?…Si, hay lugares que se van cargando de memoria como las personas al crecer y acumulan placer o terror, dependiendo de quienes sean sus progenitores o de las vivencias que experimenten durante el crecimiento. Las casas son como niños, si les pegas siempre te mirarán con odio, si les sonríes te abrazarán…si las llenas de sangre… arañarán sus paredes por siempre. Sagrado corazón 45 es un tríptico en el tiempo a través del cual vamos descubriendo que todo puede ser fruto de la imaginación de quién inventa las historias o de quién las vive…o de quién las escucha. Durante tres décadas vemos transcurrir un rio de sangre en el que se lavan las manos muchos personajes que tiene algo que callar…como Ladys Macbeths tratan de borrar la sangre que sigue apareciendo día a día, recordando que allí se ha construido una memoria cargada de dolor.
Adolfo Simón
Claudio, tio de Hamlet en el Sol de York
Siempre se ha dicho que la historia queda para la posteridad en función de quién la cuenta. Shakespeare escribía muchas de sus obras a partir de acontecimientos de su época, por tanto, lo contó según su punto de vista. Cualquier acontecimiento podría variar dependiendo de qué personaje lo explique. En esta obra que se presenta en El Sol de York, espacio que está dinamizando culturalmente la zona de Quevedo, se le da ocasión a Claudio de contar la historia a partir de su experiencia, de este modo, cambian algunos detalles fundamentales y eso es lo interesante; ya no son los malos tan malos ni los buenos tan buenos como en el Hamlet de Shakespeare. El problema no está en el texto, está en la puesta en escena, si bien hay que valorar que tres estupendos actores resuelvan todos los personajes, confunde, en cambio, la atmósfera espacial y sobre todo el vestuario que nos sitúa en la época en la que ocurrió todo, cuando en el lenguaje y la metateatralidad se nos acerca al presente el conflicto de poder y manipulación que ocurre en la obra.
Adolfo Simón
«Feelgood» en Matadero Madrid
El poder corrompe… no solamente a los políticos sino a todo lo que les rodea. Las relaciones que se establecen entre el hombre y el poder es lo que ha preocupado a Alistair Beaton al escribir esta obra, que trata de ser un reflejo, no sabemos si muy fiel, de la realidad y día a día de los políticos.
Feelgood, ganó el Premio Evening Standard a la Mejor Comedia en 2001 y, desde entonces, se ha estrenado con éxito en Estados Unidos, Canadá, Alemania, Dinamarca, Austria, Portugal, Eslovenia, Estonia, Finlandia y Hungría.
La publicidad y marketing creados para esta obra no tienen nada que ver con lo que se nos va a proponer sobre el escenario. Al ver el cartel de Feelgood, con Fran Perea a la cabeza, seguido de Manuela Velasco, pensamos en altos ejecutivos, en carreras por el dinero, en jóvenes pero sobradamente preparados, … pero a nivel privado, de empresa. De repente nos encontramos en algo que tiene que ver con los políticos y cómo nos venden sus ideas.
La obra nos mantiene en tensión durante el tiempo que dura, como si estuviésemos trabajando constantemente para mantener ese puesto que no podemos perder y los actores contribuyen a mantener este ritmo de manera que deben acabar agotados tras la representación.
Merece la pena prestar atención a la escenografía creada por Uxua Castelló que ha utilizado la icónica Lámpara Fase, conocida como «Presidente» para hacer que todo este entramado de poderes gire en torno a ella.
En definitiva, una buena adaptación de la mano de Alberto Castrillo-Ferrer que nos mete de lleno en los entresijos del poder político y sus peligros y consecuencias.
Luis María García
Los miércoles no existen de Producciones OFF en El Sol de Yorik
Dos repartos que se alternan, dos grupos de jóvenes valores de la escena que se plantean una aventura en común y como resultado, un producto apetecible para mucho tipo de público. Todas las ciudades se terminan pareciendo, la juventud es la misma enfermedad siempre y el amor, el mismo tropiezo en el viaje a la madurez. Aquí está aderezado con canciones que han sido nuestra banda sonora personal en algún momento del pasado, adaptada a nuestro tiempo, creando un engarce entre escena y escena. Las historias son similares a las que todos hemos vivido o viviremos, con la peculiaridad de que en algún momento hay un giro dramático que le da tensión a la situación y todas las escenas, insertadas en una estructura laberíntica que va del pasado al futuro, mostrando las razones que han desencadenado cada relación de amigos o amantes. La cartelera madrileña se está renovando en todos sus frentes y aparecen proyectos de este tipo que recuperarán el interés por el público a pesar del temido aumento del I.V.A.
Adolfo Simón
Deseo de Miguel del Arco en Teatro Cofidis-Alcázar
Deseo tu piel…
Deseo matarte…
Deseo tu cuerpo…
Deseo dejar de respirar…
Deseo quedarme atrapado dentro de ti…
Deseo perderme en el bosque de tu boca…
Deseo…deseo…deseo…
El deseo es una habitación que solo habría que abrir cuando uno tiene la certeza de que podrá volver a cerrarla y no quedará atrapado en el umbral de la misma. Miguel del Arco ha conseguido de nuevo una propuesta que se ajusta a la producción para la que la ha escrito pero además, arriesga no solo en la historia que cuenta si no también en cómo la cuenta. Para ello tiene un equipo de lujo… Atmósfera de video creación, iluminación y sobre todo una escenografía que se convierte en el laberinto donde transitan los personajes. Y cuatro actores excepcionales que dan vida a esos seres atrapados en la telaraña del deseo, esa habitación que se entreabre en sueños para sumergirnos en pesadillas.
Adolfo Simón
La terapia definitiva de Fernando Cayo en el Teatro Bellas Artes
La terapia definitiva basada en Cerebros verdes fritos de Jacopo Fo es un recorrido disparatado y sin complejos por la filosofía, la religión, las relaciones de pareja, los traumas de la infancia y la adaptación del hombre a la vida civilizada. Una conferencia psicodélica sobre la estupidez humana y sus geniales mecanismos. Un ejercicio terapéutico oficiado por un iluminado junto a un músico superdotado y frente a un público privilegiado. Un viaje a lo más profundo de la existencia humana de la mano de la mística y la cáustica. Fernando Cayo siempre asume riesgos en sus trabajos para la escena, tanto si participa solo como actor como si es él mismo el impulsor del proyecto, los realiza como los grandes acróbatas buscando el triple salto mortal. Aquí, se enfrenta a un texto complejo y profundo, sacándole el máximo de jugo jugándolo en la escena… Podría haber resultado una conferencia abstracta pero él la convierte en un viaje inolvidable para los asistentes al rito.
Adolfo Simón
Grupo Corpo en el Festival de Otoño a Primavera…
Brasil como un todo, con toda su diversidad cultural, puede verse a sí mismo en el Grupo Corpo, la compañía de danza fundada en 1975 en Belo Horizonte. En un mundo donde la velocidad de la información está produciendo un paisaje cada vez más homogéneo, destaca por haber desarrollado una firma propia. Hay tres razones básicas para la singularidad de la compañía en la escena de la danza contemporánea. En primer lugar, está Rodrigo Pederneiras, el coreógrafo residente: uno de los pocos capaces de mezclar el ballet clásico y danzas folclóricas y luego añadir los cuerpos en movimiento que empujan los límites del rigor técnico. En segundo lugar, hay una rara estabilidad armónica entre los diseñadores de la puesta en escena para cada producción. Y, por último, hay un reparto equilibrado de los bailarines, estrellas en su propio derecho, ajustándose entre sí con una precisión exquisita. Cuando uno ve la danza del Grupo Corpo en el escenario es como si todas las cuestiones relativas al tránsito entre la naturaleza y la cultura se respondiesen en su totalidad. Todas las facetas de Brasil, pasado y futuro, lo erudito y lo popular, la influencia extranjera y el color local, y el urbano y suburbano se transforman en arte. De nuevo nos visita la fantástica compañía brasileña que siempre sorprende por la espectacularidad de sus propuestas de danza. En la primera pieza nos invitan a entrar en un mundo más conceptual y electrónico para después sumergirnos en la tradición tamizada de modernidad. Una propuesta lumínica es preside todo el primer acto para en el segundo, dejar atrapado a los bailarines bajo una medusa gigante de tela. Los bailarines son máquinas perfectas que destilan constantemente emoción y belleza. Un gran espectáculo de danza que no debe perderse ningún aficionado a este arte.
Adolfo Simón
«Oh! Strass» en el Teatro Arenal
Hacer un musical de revista con los tiempos que corren es arriesgado. Damián Giménez se ha lanzado al vacío y ha arrastrado a Supremme Deluxe, Ana Torres y Néstor Gutierrez con él.
El resultado ha sido una revisión de esos cuplés y temazos que han entretenido a nuestros abuelos y padres y…por qué negarlo, a nosotros mismos, y que nos transportan a otras épocas en las que la pluma y el brillo, la lentejuela y la pestaña, los escotes y los pantalones ajustados de los bailarines hacían las delicias de un buen sábado noche y nos ponían a tono para lidiar con la parienta (o el pariente). En estos días de crisis vuelven el destape y la picardía para recordarnos que la revista española ha tenido una importante función social con esos tangos, cuplés, vedettes y glamour que nos hacían olvidar las penas y disgustos de toda la semana, de todo el mes, de todo el año…
En este espectáculo podemos encontrarnos también con números de revista argentina de los años 70 que nos darán una idea de que lo que allí se vivía era muy parecido a lo que pasaba en España.
Sin embargo la Revista aparece actualizada por la introducción de un elemento que no existía en los 70… la Drag Queen. Supremme ejerce la función de vedette cómica e improvisadora de monólogos y diálogos con el público que hace que el tiempo se pase volando en la preparación del siguiente número.
Todos los miércoles a eso de las 10, para los que la añoran la revista y para los que la quieren descubrir: «Oh! Strass».
El coloquio de los perros de Joglars en la Compañía Nacional de Teatro Clásico
En esta nueva etapa de la Compañía Nacional de Teatro Clásico hay varias cuestiones a destacar, una de ellas, la diversidad de propuestas y encargos a profesionales que no habían trabajado en este centro de producción. De este modo, aparecen poéticas distintas y propuestas novedosas a la hora de abordar a los clásicos. En El coloquio de los perros, la adaptación que han realizado Albert Boadella, Martina Cabanas y Ramón Fontserè(que también ha dirigido la puesta en escena)se permiten muchas licencias sobre el original; alrededor del mismo, crean dos planos dramatúrgicos que ayudan a entender el periplo de estos perros, uno desde la narración del cuidador de la perrera y otro desde los distintos personajes con los que se van encontrando los canes. Así, disfrutamos de varios lenguajes verbales, de composición de personajes y de situaciones escénicas a través de diferentes formas teatrales. Todo ello, desde la sencillez y el trabajo artesanal que es sello inequívoco de Joglars. Los espectadores reconocemos los códigos que nos proponen y jugamos con ellos al teatro dentro del teatro, como niños.
Adolfo Simón
Don Giovanni en el Teatro Real
La historia de Don Juan ha sido contada desde múltiples perspectivas. Todos los grandes creadores han sido seducidos por este personaje, al igual que la larga lista de mujeres que han caído en sus redes amatorias. Wolfgang Amadé Mozart y Lorenzo Da Ponte también tuvieron la necesidad de crear alrededor de este inquietante ser. En el Teatro Real se ha presentado una nueva producción coproducida por el Festival de Aix-en-Provence, Teatro Bolshoi de Moscú y Canadian Opera Company de Toronto. Este drama en dos actos dirigido musicalmente de manera magistral por Alejo Pérez y con la concepción escénica de Dmitri Tcherniakov ha provocado de nuevo a un público que parece no aceptar que los tiempos cambian y que para contar a Don Giovanni no hace falta que los actores lleven pelucas y se comporten con decoro. La lectura de esta propuesta es rabiosa y caótica. Empieza en un mundo civilizado y cuadriculado para ir degradándose y mostrando que no solo Don Juan es un manipulador y abusador si no que él, también es víctima de un sistema que muchas veces aprovecha la figura del díscolo para desviar la atención de las catástrofes humanas. Por suerte, los cimientos de la opera también se mueven, le pese a quién le pese.
Adolfo Simón
Romeo y Julieta de la Compañía Nacional de Danza en el Teatro Real
El Teatro Real ha acogido de nuevo a la Compañía Nacional de Danza para estrenar el martes 16 de abril, una nueva producción del ballet Romeo y Julieta, con coreografía de Goyo Montero, responsable también de la dirección, escenografía, vestuario e iluminación, que se podrá ver en el escenario de la Plaza de Oriente hasta el 27 de abril. Hay que hacer otras lecturas de los ballets que han marcado historia, de nada sirve quedarse pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Creo que este espectáculo tiene muchos elementos de interés que el público agradece con bravos al finalizar la función. Por encima de todo, destacaría el personaje en sombrado que introduce cada acto con unos breves comentarios en inglés sobre el texto de Shakespeare; genera la sensación de alguien que hace la premoción de una historia trágica a su pesar. Este mismo personaje transita por todo el ballet, observando, manipulando o acompañando la acción; es la mirada del destino que espera atenta a que todo se realice como está previsto. La dramaturgia de la obra ha respetado todos los momentos importantes en Romeo y Julieta para que podamos seguir los acontecimientos leyendo en los cuerpos y movimientos de los intérpretes. El elenco de bailarines defiende con entusiasmo la propuesta de Goyo Montero, creando por momentos verdaderos paisajes corporales. Y los protagonistas están acordes a su rol. Tal vez, la luz, el vestuario y el espacio quedan algo planos; el director debería haber tenido aportaciones de otros creadores para elaborar una mayor complejidad estética en la escena.
Adolfo Simon
Los iluminados en el Teatro Español
Escrita en el 2008, y precursora de lo que sucedió después a nivel global, Los iluminados es una comedia salvaje que narra el comienzo de la larga caída que hemos y estamos sufriendo. Velarde, Amor, Amanecer y David son cuatro activistas políticos que viven y regentan el restaurante vegano “Los iluminados”. Esta particular familia batallará con uñas y dientes para mantener a flote su idea de utopía, frente a las profundas contradicciones internas y externas de vivir en el corazón de un sistema que se hace pedazos. Los iluminados es el retrato de una generación atada a un edificio que se derrumba, y cuyos lastres residen, ante todo, dentro de ellos mismos. Los iluminados es un texto sobre la desintegración de nuestro sistema y nuestra forma de vida, y sus protagonistas son el segmento más delicado de ese sistema: los idealistas. Una “tribu contemporánea”, unida frente al adversario común, el liberalismo salvaje, comprobará como las semillas de lo que ellos mismos buscan destruir están firmemente plantadas en ellos mismos. Los iluminados se aproxima a los conflictos en los que todos vivimos inmersos con una salvaje carcajada a costa de nosotros mismos, atreviéndose a hacer una sátira social del momento presente, sin glamour y sin planfletarismo. Los iluminados es un ataque al idealismo, y también es una defensa de mismo, es un patada en el estómago y una palmada de ánimo, es una obra totalmente contradictoria y por lo tanto intensamente vital y vibrante. Es, en suma, el retrato fiel de la realidad delirante y distorsionada en la que, hoy, vivimos. Viendo esta pieza pienso en como el teatro siempre se convierte en el termómetro que mide la temperatura de la sociedad. En esta ocasión, la propuesta transcurre con energía y poética contundente, sumergiéndonos en las entrañas de donde se pudieron vivir las contradicciones de un sistema perverso que trata siempre de convertirnos en marionetas.
Simón Ribes
La cena en Cuarta Pared
Hay que seguir inventando fórmulas que atraigan al público, que le hagan sentir útil en el patio de butacas. En Cuarta Pared se ha presentado un experimento dramatúrgico curioso…Antes de empezar la obra, se avisa a los espectadores que tendrán que seguir a uno de los actores y poner de acuerdo, con él, una serie de detalles que conformaran la personalidad del personaje que interpretará finalmente en esa cena de ficción. Un breve cuestionario que se decide por votación entre el grupo de espectadores dramaturgos, conforma una pieza del puzle que finalmente que construirá en la escena. Mientras los actores se visten en función de la personalidad creada, el conductor de esta experiencia nos da ocasión de elegir la música con la que se abrirá y cerrará la macro improvisación. Durante este juego de cruce de ideas, los espectadores seguimos atentos para ver cómo aparecen en la escena nuestras pistas y como se van conjugando con el resto, creando una obra diferente cada día. Una propuesta diferente incluso a aquellas en las que el público propone temas sobre los que se improvisará, aquí, somos dramaturgos tras la barrera del tendido, viendo como nuestro enlace actoral da capotes al toro de la acción. Que siga renovándose la escena…una sugerencia, menos es más…unos minutos más corta y habría sido perfecto.
Adolfo Simón
Las chicas del calendario en los Teatros del Canal
Entrañable y divertida historia solidaria escrita por Tim Firth, a partir de hechos reales y llevada a Hollywood con Helen Mirren y Julie Waters como protagonistas. Posteriormente fue adaptada al teatro en un exitoso montaje que triunfó en el West End y no ha dejado de girar por todo Reino Unido y por muchos otros países, consiguiendo la misma estupenda respuesta. Cuando una obra tiene componentes dramáticos y solidarios tiene asegurada una buena respuesta por parte del público y más si es interpretada por un grupo fantástico de populares actrices y actores como: Beatriz Carvajal, Maria Garralón, Asunción Balaguer, Soledad Mallol, Berta Ojea, Cati Solivellas, Carmen Esteban, Cristina Fenollar, Manuel Fernández Nieves, Javier Lago, Samuel Señas, Charo Zapardiel y Sonia Villalba.
Simón Ribes
La caja en el Teatro Lara
¿Qué hay en la obra?…Por un lado, una mudanza pendiente, tiempo escaso e incapacidad de organizar el asunto. Por otro, al individuo que hace la mudanza. Un treintañero en crisis, necesitado de vaciar sus emociones, en crisis personal continúa, eso sí, cargado de amigos. ¿Y qué nos ofrecen?…Una manera distinta de contarla. La crítica francesa dijo que Michel Clement había “modernizado el vodevil” con este montaje que versa, ante todo, sobre la amistad. Y yo añadiría que, han conseguido un equipo joven que se entrega con entusiasmo a este disparatado juguete y que además, no siempre se podrá ver el mismo reparto ya que se irán rotando diferentes actores según las representaciones. Ah! Y aprovechan el espacio escénico de la obra Burundanga, con lo cual, plantean también una salida a estos tiempos de crisis económica…Un mismo espacio para dos espectáculos.
Adolfo Simón
Elepé de Carlos Be en La casa de la portera
En La casa de la portera he viajado a todos las épocas y mundos a lo largo de este año de existencia del peculiar lugar…Anoche viajé a los ochenta; los que en esa década ya andábamos trasnochando por Madrid, volvimos a pisar las noches de la movida en la calle Abades…La transición y la movida parece que ahora son temas de interés teatral: Mirar sin ira aquel tiempo. Hay varias propuestas en la cartelera que recorren musicalmente aquellos años pero lo hacen desde esa forma musical donde se enlaza una canción tras otra, sin dramaturgia ni compromiso. Todos tenemos nuestra propia banda sonora, esa que cantamos en la ducha o en el pasillo de casa con una toalla como peluca. Elepé tiene los componentes apropiados para que todos sintamos que están contando nuestra historia emocional acompañada de las canciones que hemos tarareado alguna vez volviendo a casa de madrugada, tras un polvo fallido. Elepé da un giro en la dramaturgia de Carlos Be que abre muchas posibilidades, tiene elementos para seducir al gran público sin dejar de lado su personal sello como autor…Hay una historia que se cuenta sin necesidad de dar la mano a Aristóteles y la puesta en escena que el propio autor realiza es ingeniosa, divertida y emotiva…Un melodrama exquisito. Para que este plato agridulce llegue a nuestro paladar hay muchos elementos de apoyo…una adaptación musical estupenda, un espacio escénico que nos transporta a los pubs de aquel tiempo, un vestuario singular y sobre todo…unos actores que viajan de la emoción a la acidez sensacionalmente. Los grandes musicales no son esos que aprietan tema tras tema, son aquellos en los que las canciones forman parte de la historia que se cuenta y que se cuelan en medio de un diálogo, a estos pertenece Elepé…No se la pierdan.
Adolfo Simón


























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