Una «Cerda» muy especial en La casa de la Portera
«Cerda» de Juan Mairena, regresa a La Casa de la Portera todos los martes de mayo, en función doble. Y para celebrarlo ayer se hizo un estreno de lujo con colaboraciones de amigos que querían entrar en el convento de la Orden del Santo Membrillo. Por allí pasaron Obispos con tacón, Toñi, la de «Elepé» con falso visón y otros seres propios del travestismo ilustrado. Y allí nos obsequiaron con una CERDA, de verdad, pero en forma de galleta creada por Moses Sweetmoses.
Pero no nos equivoquemos: tener actitud travesti no significa ser frívolo… en esta obra se tratan temas muy serios y de una manera bastante profunda.Y es que se puede ser travesti y denunciar hechos que nos conmocionan en nuestra vida diaria, se puede ser travesti y monja, se puede ser travesti y poeta, se puede ser travesti y surrealista y se puede ser travesti y facha… Todo cabe dentro de esta obra que nos habla de niños robados, transexualidad, amor, religión, apariciones de Madonna, podedumbre y anhelos.
Los actores están todos en estado de gracia… y no porque estén en un ficticio convento sino porque cada uno borda su papel y lo hace suyo.
Una obra que debe tener prioridad cuando vayan a hacerse la agenda de ocio de la semana. Apúntense a ser Cerdas!
Luis Mª García Grande
El huésped se divierte de Joe Orton en el Teatro Lara
Joe Orton es, junto a Pinter y Sara Kane, el autor inglés más importante del último medio siglo. Su obra fue precursora y transgresora como pocas en tu tiempo. Trató el tema de las relaciones de manera cruda y real, mostrando a los personajes como realmente son, no como nos gustaría que fuesen. No sé cómo no se representan constantemente sus textos, siguen de rabiosa actualidad. En estos momentos, en el Teatro Lara, se representa El huésped se divierte, dirigida por Adrián Daumas. Esta obra ha sido representada en algunas ocasiones en nuestro país, siempre ha creado cierta reticencia porque muestra una familia, el eje de la sociedad, sin prejuicios ni pudor, traficando con todo a toda costa. Para este tipo de trabajos hace falta poco en escena si ha de distraer la atención de lo esencial y son necesarios unos actores capaces de defender contradicciones brutales en las relaciones entre los miembros de este clan. Aquí hay un cuarteto de actores que se la juegan todo el tiempo: Sylvia Peleija, Manuel García, Eleazar Ortíz y David Rubio.
Adolfo Simón
Perdidos en Nunca jamás de Lucía Miranda en la Sala Mirador
En algún sitio he leído que los cuentos para niños surgen de los terrores nocturnos de los adultos, después, el autor suaviza las situaciones y personajes, llenando de moraleja la historia. Peter Pan es ese niño que no quiere crecer, que quiere seguir siendo niño eternamente y por tanto, deja a su imaginación volar, creando mundos imposibles, para seguir instalado en la infancia, rodeado de sus amigos y cómplices. Lucía Miranda ha tenido una acertada idea al trasladar la esencia y personajes del cuento a la realidad de muchos jóvenes que no podrán crecer porque la sociedad no les va a permitir hacerlo, este mundo de grandes oportunidades que nos habían vendido se ha convertido en una estafa en toda regla y ahí, naufragando, están unas generaciones de personas que deberían construir un futuro mejor y que les amordazan o alejan de sus raíces, para dejan los sueños en el desván, cerrados bajo siete candados, en un baúl donde ya quedaron apolillados los cuentos. Hay otros atractivos en el espectáculo, el tratamiento del espacio escénico, cargado de poética de objetos abandonados a los que se les da un nuevo uso y sobre todo, un equipo de jóvenes actores que transitan por las diferentes formas teatrales con aplomo y entrega. A menudo, leo que La ratonera lleva representándose en Londres desde que se estrenó, hay otros espectáculos, como este, que deberían estar siempre en escena, de visión obligada, sobre todo para las jóvenes generaciones, para que no se dejen engañar con los cuentos tal como nos los narran.
Adolfo Simón
El baile de Edgar Neville en el Centro de Arte Fernán Gómez
Edgar Neville fue una figura clave del cine y el teatro de la última mitad del siglo pasado, hoy pocos, desgraciadamente, que le recuerdan a día de hoy…Hay tantos artistas a los que habría que reivindicar y recuperar, si así fuese, nuestros escenarios serían otra cosa. De vez en cuando, algunos creadores tienen la necesidad de recuperar una de sus piezas más emblemáticas: El Baile. Es una obra que exige un buen trabajo actoral ya que a lo largo de ella, transcurre la vida de los personajes que, empiezan jóvenes y terminan viejos. Además, es una historia de amor y amistad muy atrevida para la época en que se escribió. Ahora, se ha estado representando en el Centro de Arte Fernán Gómez protagonizada por Pepe Viyuela que sigue demostrando su amor al teatro.
Adolfo Simón
Lucientes de Rakel Camacho en Teatro del Arte
Dicen que cuando uno está a punto de morir, ve pasar la vida como en una película. Me pregunto que habrán visto en ese film último los grandes genios del arte…¿Su vida?¿Su obra?… En Lucientes, la pesadilla de Goya antes de huir…¿De la vida?¿De España?… Hay un ritual que podría haber imaginado Artaud, donde las pinturas del genial aragonés cobran vida, construyéndose y destruyéndose ante los ojos del espectador. Es un gran ceremonial donde los actores son muñecos de un guiñol en el que se burlan de la historia y la vida. No es habitual ver en nuestros escenarios obras comprometidas con el arte y con el presente, aquí, en Lucientes, hay una mirada al pasado para ponerla frente a espejos esperpénticos, la única manera de ver la realidad tal como es según Valle Inclán. Por suerte para los espectadores de Madrid, hay propuestas que no ocurren sobre las banquetas de un bar o sobre historias superfluas, aquí hay una propuesta arriesgada que no dejará indiferente a nadie. Y seis actores entregados a muerte con el discurso escénico…Jorge Kent, Teresa Vallejo, Rebeca Matellán, Lorena Benito, Antonio Sansano, Aldo Lozano y la música en directo de Marcel Mihok.
Adolfo Simón
La cortesía de España de Lope de Vega en el Matadero de Madrid
La Compañía Nacional de Teatro Clásico se ha trasladado en esta ocasión al espacio de la Sala I del Matadero de Madrid, un espacio en el que se muestra con holgura y belleza la producción de La cortesía de España de Lope de Vega. Hay tantas joyas textuales de nuestro Siglo de Oro por descubrir que es un acontecimiento cada vez que una de estas obras ve la luz. En este caso, el texto está defendido por la Compañía Joven, dirigida por Josep María Mestres. El resultado es espectacular y preciosista, algo que ha hecho disfrutar en gran medida al público a fin al verso.
Adolfo Simón
«Jacinto Guerrero, una vida de Zarzuela» en el Fernán Gómez
La compañía Pedro Lagarta nos vuelve a sorprender con una propuesta interesante: La vida de Jacinto Guerrero, músico español y compositor de Zarzuelas, conocido por todo el mundo por varias de sus canciones, aunque no por su obra completa. Si ustedes tararean cuando llegan a trabajar eso de Ay, ayayay, qué trabajo nos manda el señor… seguramente conozcan la famosa canción de Las Espigadoras, que se inserta dentro de la obra «La rosa del azafrán». Como ven, no conocen a su creador, pero seguro que han tarareado esta u otras canciones famosísimas compuestas por el mismo.
Jacinto Guerrero fue un músico que hoy en día tendría su lugar dentro de las listas de los 40 Principales o de la mejor radio fórmula, ya que supo entender que lo que el pueblo quería eran estribillos pegadizos y canciones para cantar en cualquier verbena de La Paloma. Pero Guerrero iba más allá y no se quedaba solo en el populismo. Todos los críticos de zarzuela están de acuerdo en la calidad de múltiples de sus obras como Los Gavilanes, El Huesped del Sevillano, El sobre verde, etc.
La compañía Pedro Lagarta ha desarrollado un trabajo de introspección en su vida, en la que nos dan detalles de su biografía y la salpica con muchos de sus éxitos musicales. Lo importante es que, partiendo de esas bases, elaboran un trabajo didáctico muy válido sobre el autor y consiguen llegar al público haciéndoles participar en las composiciones y tararear, tal y como querría el maestro, todos sus éxitos. Y todo esto lo hacen a través de una representación que simula un ensayo sobre las canciones del autor… Sin gran despliegue de medios técnicos y con un simple piano,una buena soprano, Sagrario Salamanca, y actores curtidos, se consigue crear un clima íntimo, como si estuviésemos en el ensayo de una gran zarzuela que se quedará en eso, en ensayo, ya que no se necesita más despliegue para transmitir lo que se pretende.
Observo en la sala que hay mucho público mayor, típico de esos que acostumbras a ver en el Teatro de la Zarzuela. Un público fiel, pero adentrado en edad, que, pienso, en mi humilde opinión, llegan equivocados esperando ver romanzas y números de revista en todo su esplendor… Una lástima, porque creo que el espectro de público al que se dirige la compañía debería ser mucho mayor, es un trabajo de investigación y de transmisión de la forma de vivir del maestro toledano.
Así que si ustedes piensan que van a ver una antología de la zarzuela inspirada en Jacinto Guerrero, se equivocan. Lo que aquí importa es más transmitir el espíritu de su autor y su obra que conseguir una puesta en escena espectacular. Es un trabajo arriesgado pero que al final convence a un público, tenga la edad que tenga, que sale encantado y esto sólo se consigue con un buen ritmo en la representación y creando un feeling especial en un público entregado.
Luis Mª García Grande.
Sé de un lugar en Cuarta Pared
La experiencia de crecer es dolorosa. De niño, uno mira alrededor y hacia arriba y no entiende la mitad de las cosas que ve, todo tiene un tamaño y textura difícil de comprender. El tiempo va poniendo las cosas en su sitio o no. Cuando llegamos a la edad adulta y hay que coger las riendas de la propia vida, uno no sabe bien que coche de caballos está dirigiendo ni a dónde le llevan. En algún momento necesitamos bajarnos de la noria a la que nos subieron en este parque de atracciones enloquecido en el que vivimos, amamos y morimos. Porque al final, casi todo se reduce a eso, a saber o no amar. A veces uno cree tener certezas y solo tiene incertidumbres. Y así van pasando los días, los años…la vida. De todo esto se habla en Sé de un lugar, la obra que ha escrito y dirigido Iván Morales. Y los dos actores, entre el público, con cercanía y complicidad, consiguen que la distancia entre realidad y ficción se rompa para que veamos un poco más allá, tal vez…la luz al fondo del túnel.
Adolfo Simón
Berenice amó a Edgar Allan Poe
¿Por qué los seres humanos nos sentimos tan atraídos por el terror?¿Que nos lleva a acudir a esos espacios donde nos prometen vértigo y pesadillas?.
Hay algo atávico en nosotros que seguramente se remite a un tiempo ancestral donde las historias se transmitían a la luz del fuego en cuevas oscuras.
Edgar Allan Poe fue un maestro del terror, describió, como pocos autores, esos personajes y territorios donde la locura se da la mano con la realidad, causándonos zozobra y desequilibrio. Esa frontera entre lo humano y lo monstruoso es lo que nos atrapa de sus relatos. Con sus cuentos se ha hecho de todo, música, cine, teatro…En esta ocasión, Pilar Massa ha elegido tres narraciones y las ha convertido en un oratorio terrorífico a dos voces. El público es repartido en los dos espacios de La casa de la portera para experimentar las historias contadas al oído mientras a través de las paredes, se oyen susurros lejanos. Al final, una Berenice dual nos cuenta el amor mortal que vivió por el propio autor. Una experiencia intensa que se ve reflejada en los espejos del lugar y en las líneas trazadas en el tablero de la guija. Carmen Mayordomo acompaña a la propia directora en este viaje a los paraísos del miedo.
Adolfo Simón
Sobre algunas especies en vías de extinción dentro del Ciclo José Ricardo Morales en el CDN
El Ciclo José Ricardo Morales forma parte de la línea de programación del CDN que recorre el teatro español más relevante de los últimos cien años. José Ricardo Morales es un destacado dramaturgo que se vio obligado a abandonar nuestro país en 1939, al término de la Guerra Civil. Se instaló en Chile donde ha escrito y publicado la mayor parte de su amplísima producción. Dentro de este marco conmemorativo, se presenta un segundo programa: Sobre algunas especies en vías de extinción, dirigido en esta ocasión por Aitana Galán. Es un texto abierto en el que se va describiendo paso a paso el funeral de algo o alguien que ha debido ser muy importante, poco a poco vamos descubriendo que el muerto es el teatro y su función social, al final, el féretro está vacío y no sabemos si es porque se ha salvado el insigne fenecido o porque alguien ha robado la reliquia. Desde la dirección se plantea un funeral esperpéntico en el que varios personajes van mostrando la teatralidad y el absurdo de las situaciones planteadas. La poética de la puesta en escena está enfocada para mostrar la rabia que en estos momentos amordaza la sociedad que vivimos, situando de este modo la acción en un lugar y momento concreto. En las dos propuestas vistas hasta ahora de este autor descubrimos una escritura abstracta e intimista, fruto tal vez del exilio que ha vivido.
Adolfo Simón
Tape de Sthephen Belber en La pensión de las pulgas
La venganza es un plato que se sirve frio pero a veces, si se recalienta demasiado puede ser indigesto y terminar haciendo más daño a quién lo sirve que al comensal al que va dirigido. La Canoa teatro ha presentado este texto dirigido por Bruno Ciordia e interpretado por Fran Calvo, Jano Sanvicente y Yolanda Vega en los salones de La pensión de las pulgas. En un primer espacio nos sitúan en el pasado, en el origen de un momento de locura de juventud que traerá sus consecuencias. Después, nos trasladan a lo que es la habitación de un hotel donde transcurrirá el resto de la acción. La pieza es teatro-teatro, un solo espacio, un tiempo real y el encierro de los personajes ante los ojos de los espectadores que iremos descubriendo poco a poco las estrategias del que se considera el cazador de esta aventura y que al final, se convertirá en un cazador cazado. Pero, hasta que llega ese momento, vivimos paso a paso el descubrimiento de lo que ocurrió o tal vez desean los personajes que ocurriese. Es curioso comprobar cómo el tiempo coloca las cosas en otro nivel de percepción y nada fue realmente como se recuerda, por mucho que uno desee reafirmarse en sus argumentos. En estas propuestas cerradas y a un palmo de la respiración del público es donde se miden los actores para demostrar que son capaces de mantener firme el viaje ficcional de una historia, capitaneados por un director con las ideas claras.
Adolfo Simón
Ay! Carmela en el Teatro Galileo
Ay! Carmela de José Sanchís Sinisterra ya es un clásico. Recuerdo el primer estreno en el Figaro interpretado por José Luis Gómez y Verónica Forqué…¿Quién nos iba a decir que estábamos asistiendo a la que, seguramente, es la obra más representativa y representada de la transición española?. Desde aquella noche he visto múltiples versiones de la obra, aquí y fuera de España. Es incombustible, sigue sobreviviendo a montajes acertados o no…Al traslado al musical, al cine…Tiene algo en su estructura que no permite locuras al llevarla a escena. En esta ocasión, Pepe Bornás es fiel al texto, añadiendo tal vez, un toque de expresionismo en los personajes que les da un carácter sugerente. La instala en un escenario sin lugar reconocible, podría ser la realidad o la imaginación. Y Jacobo Dicenta y Elisa Matilla recrean de nuevo, con acierto, esos viejos amigos que son Paulino y Carmela. La memoria es frágil y como los seres del más allá, se va desfigurando poco a poco, es importante que este texto siga transitando por los escenarios, para que no se olvide que la historia es un bucle que vuelve a su lugar de origen.
Adolfo Simón
Dinero y poder en La casa de la portera
Todos tenemos un precio, todo se compra y se vende, es algo tan antiguo como la humanidad.
El dinero da poder y el poder pide contraprestaciones.
Vivimos tiempos donde solo vales por lo que tienes y eso pervierte a las personas.
Hay un programa doble perfectamente situado en el mismo día de programación en La casa de la portera que nos habla de todo esto, mirando al pasado reciente y haciendo una radiografía de la actualidad.
El tesorero de José Ignacio Tofé
Estamos cansados de leer en la prensa las mil y una fechorías que realizan nuestros dirigentes cuando han de administrar el dinero destinado al bien de la ciudadanía, curiosamente, casi nunca va destinado a los contribuyentes, se queda en el camino, en reparto de influencias entre amigos y familiares de quien corta el bacalao. Solo podemos especular entre las noticias, las declaraciones de los acusados y lo que a veces se vislumbra en los juicios. Y como la mentira es la moneda de cambio de estos tiempos, pues nunca sabemos realmente qué pasó y nos quedamos con la duda instalada en el cuerpo. En El tesorero, se nos permite entrar en la intimidad de los personajes que deciden y trafican con los presupuestos y los objetivos pensados para estos. Gracias a la torpeza de un ministro, podemos descubrir el nivel de necedad y perversidad que les mueve a los que manejan los hilos y toman las decisiones. Los unos por los otros, terminan demostrando que el ser humano es un pobre muñeco de cartón fruto de sus debilidades. Hay actores en escena, José Navar y Mario Tardón que juegan hasta el final para, con toques esperpénticos, hacernos disfrutar del mal trago de conocer los entresijos del poder.
Trinidad de Ana F. Valbuena
Isaac Chocrón fue un autor poco valorado mientras vivió, sus obras siempre han mostrado una visión diferente de la realidad, enseñando muchas veces que tras los personajes sencillos se esconden monstruos. En Trinidad se juega a la doble acepción de este nombre, por un lado, hay un personaje que se llama así y conforme avanza la trama, los seres que habitan un mundo creado como un traje a su medida, conforman una nueva trinidad de difícil existencia. Hay un interesante texto creado por Ana F. Valbuena a partir de Okey de Chocrón que traslada la acción a los sesenta-setenta del siglo pasado de nuestra sociedad franquista, con todo lo que suponía ser diferente entonces y los secretos que había que tener para existir. Vivir en un mundo creado para sobrevivir a la falta de libertad de afuera crea otras reglas de juego, a veces, muy peligrosas ya que se corre el riesgo de establecer toxicidad en las relaciones. Aquí también se instala un nuevo poder en la sombra del que siempre saca partido el más fuerte. Es curioso comprobar cómo, La casa de la portera, puede seguir alojando a seres de hoy en día metidos en sus despachos fraudulentos o a frágiles personajes sacados de revistas antiguas y mostrarnos su realidad de entonces, no tan diferente a la de hoy. Hay tres actrices deliciosas en Trinidad…Cristina Bernal, Marta Guerras y Lorena Toré dirigidas con sensibilidad y aplomo por Nacho Sevilla.
Salgo esta vez de esta sala imaginando a Rita Pavone dejando su corazón clavado con alfileres sobre la mesa mientras tararea Cuore.
Adolfo Simón
Continuidad de los parques de Jaime Pujol en las Naves del Español
Hay en las propuestas escénicas de Sergio Peris-Mencheta una musicalidad que da un ritmo particular a la obra, en este caso no solo está en los ecos sonoros que acompañan a la pieza si no en la manera de decir el texto, en el juego coreográfico que los actores articulan entre cada una de las escenas. Continuidad de los parques de Jaime Pujol nos sitúa en ese espacio real por el que todos hemos transitado alguna vez y que puede convertirse en un lugar mágico donde puede ocurrir cualquier cosa, lo impredecible se vuelve normal, incluso florecen rosas amarillas, que tanto gustaba a Gabo, en los bancos. Hay seis actores en escena que se transforman en un momento y pasan de mendigos a dioses…Todo para el placer del público que respondió con una gran ovación al final.
Adolfo Simón
De dioses y simios
Hace años, en Semana Santa no se podía ver teatro porque era una falta de respeto ante el calvario y muerte de Jesucristo. Ahora, por suerte, no solo hay teatro programado en toda la ciudad de Madrid, si no que podemos encontrarnos funciones irreverentes que nos hacen pensar sobre los mitos y creencias.
En la Sala Lagrada se ha representado «Últimas palabras de copito de nieve» de Juan Mayorga en un montaje de la Compañía Arte de Urgencia dirigida por David Trueba. El texto de Mayorga sigue de rabiosa actualidad después de haber pasado años de la desaparición del emblemático simio. Y sigue de actualidad porque supo unir muy bien la anécdota frívola de subir a los altares a un mono blanco; por ser diferente al resto y porque su discurso se sustenta en reflexiones filosóficas que nos vienen muy bien tener en cuenta en estos tiempos donde es tan difícil diferenciar entre lo ético y lo ridículo. Plantear la puesta en escena en un salón que podría ser el establo que había en los pueblos tras las casas, es muy acertado. Y el toque burlesco del cuidador, ayuda a comprender mejor la dimensión entre el simio civilizado y el salvaje.
En el Teatro Galileo, Jesús se bajó de la cruz para hacer un acto de valentía y expresar todas aquellas dudas que muchas veces nos han asaltado ante una procesión o la estampa del crucificado. Eduardo Velasco, en El profeta loco, se enfrenta a la escena con entrega total y aprovecha cada detalle e idea para conseguir que el público se sienta cerca del «misterio» y al tiempo sea crítico con toda la parafernalia y negocio que siempre rodea a todo lo concerniente al gran mito de la historia que es Jesús de Nazaret. Sorprende que justo en estas fechas se pueda disfrutar de una propuesta tan diferente a las que habitualmente podemos acceder, algo debe estar pasando en nuestro país o tal vez es que los artistas ya están muy cansados de seguir haciendo la corte a un mundo lleno de injusticias y desigualdades.
Adolfo Simón
Árbol de Lacosaneutra&Cía en Espacio Labruc
Árbol es un cuento fantástico donde las personas son una metáfora de la naturaleza. Hay seres que son como arbustos que viven pegados al miedo y los hay que son hierba fresca sobre la tierra…y también aparecen árboles con raíces profundas que se sumergen bajo nuestros pies, ahí crean su espacio vital, su modo de vida. La naturaleza no tiene reglas ni un lenguaje común, cada rama o brote es un mundo particular. Aquí, en la pieza teatral, se establece una lucha entre lo natural y lo artificial como metáfora de un mundo que nos atrapa en viveros de alquitrán. Ángel Málaga ha creado una puesta en escena sencilla que da vuelo al texto y que facilita que los actores comuniquen su poética al espectador.
Adolfo Simón
«El Banquete. Noche de borrachera filosófica» llega a Nave 73
Después de haber pasado por FRINGE y por «Ateneo mucha vida», El Banquete, inspirado en la obra de Platón llega a Nave 73 para filosofar sobre el amor. Para ello María Velasco ha coordinado dramatúrgicamente a cinco jóvenes autores: Alberto Conjero, Elena Lombao, Sergio Martínez Vila, Anna R. Costa y ella misma y ha contado con cinco actores que saben encarnar perfectamente personajes como Fedro, Áristófanes, Sócrates y los jóvenes Alcibíades y Agatón, entre los que destaca Miquel Insúa en el papel de Sócrates.
El resultado es fresco, trangresor e innovador, tal y como lo era Platón, y con una calidad que hace que se pueda adaptar perfectamente a diferentes ambientes, ya que lo que importa es el texto y la actuación puesto que un banquete se puede organizar en cualquier lugar y así lo han demostrado. In vino veritas, decía algún romano filosofando… y a partir de este aforismo se construyen visiones diferentes sobre lo que es el amor, una excusa banal entorno a una comida y bebida para hablar de un tema básico en nuestra filosofía desde el principio de los tiempos: el mismo discurso de Platón pero visto con un prisma de modernidad y unido dramatúrgicamente de manera compacta, el texto no presenta fisuras debido a haber sido escrito por diferentes autores y desgrana los puntos básicos que nos proponía el autor de manera fiel pero adaptada a nuestros tiempos.
Merece la pena disfrutar de una propuesta cultural que nos hace pensar, nos hace darnos cuenta de que a veces vivimos tan deprisa y hablamos de cosas tan banales y de tantas sandeces en torno a una mesa que nos hacen indignos de probar una gota de vino.
Luis Mª García Grande.
La voix humaine de Jean Cocteau en los Teatros del Canal
Jean Cocteau escribió el que seguramente es el monólogo más conocido y representado de la historia de la literatura dramática, una pieza exquisita y dolorosa en la que una mujer espera hablar con su amante en la agonía de la relación. Como un animal acorralado, espera el sonido de la llamada para abalanzarse sobre el auricular, las interferencias y cruces de llamadas crean una angustiosa espera para poder oír la voz amada al otro lado del teléfono. En tres momentos, con unos silencios terribles de por medio, ella pueda hablar al fin con él, para no conseguir que ocurra más que lo previsto…el abandono. Es una pieza corta de una intensidad apabullante que siempre ha medido la capacidad interpretativa de quién se ha enfrentado a hacerla. Lo silencios son tan importantes como las palabras, una partitura musical atraviesa la obra y así lo entendió Francis Poulenc cuando escribió la música para convertir el libreto en una ópera de cámara. Juntos, la música y el texto crean un abismo emocional excepcional, un viaje a los rincones más oscuros de nuestras emociones. Paco Azorín ha creado un espacio que reproduce un delicioso apartamento parisino en el que el terror se esconde entre las líneas del papel pintado de la pared. Al fondo, como si en la terraza de este pisito estuviese situada, la orquesta pone la música a la situación dramática dirigida con precisión por Ernest Martínez-Izquierdo. Pero Azorín realiza una tarea aún más importante, dirigir a María Bayo como a la gran actriz que es, no solo está apoyada milimétricamente en lo concerniente al canto de la función si no que vemos a una mujer desesperada y acorralada en una jaula de oro. Pocas veces se ve un trabajo operístico en el que la interpretación esta a la altura de las grandes actrices de nuestra escena. Todavía quedan dos funciones, no se la pierdan, es una delicia escénica…Y sobre Paris llueve sin parar.
Adolfo Simón
www.teatroscanal.com/espectaculo/la-voix–humaine-opera-maria-bayo/
Un hombre con gafas de pasta de Jordi Casanovas en La pensión de las pulgas
¿Te has levantado alguna vez por la mañana y no te podías poner en pie sin haber bebido ni una gota de alcohol la noche anterior?…
¿Has sentido que en la cola del cine, tras un señor con gafas de pasta, te ha dado un mareo?…
¿Cuántas veces llegas alegre a una cena con amigos y sales con una depresión profunda por aguantar al que te ha tocado al lado?…
Si, los chupa sangre ya no se llevan, están de moda los vampiros de energía…Son peores!!!. Esos que se las dan de inteligentes, amables y comunicativos y que, en realidad, son unos manipuladores de personalidades, energía y emociones. Jordi Casanovas ha escrito y dirigido una pieza extraña e interesante, está a medio camino entre esas películas francesas donde quedan los amigos para cenar en el campo para ponerse al día sobre sus últimas experiencias personales y esas películas fantásticas de los setenta en las que el vampiro de turno vivía en el ático y te chupaba la sangre en el ascensor. Pero no crean que es una obra de bla, bla, bla…o de mordiscos en el cuello, aunque de todo esto hay. No, en el fondo hay una crítica muy sibilina sobre estos tiempos en los que resulta tan fácil quedarse en la fragilidad de lo que nos dicen que somos y por tanto, perder el norte de lo que realmente deseamos. Y está dirigida con muy buen ritmo y algún que otro toque de humor que ayuda a transitar por ese precipicio teatral. Y además, hay cuatro actores experimentados como son José Luis Alcobendas, Markos Marín, Inge Martín y Olga Rodríguez que dan vida y juego a este cuento perverso de rabiosa actualidad.
Adolfo Simón
La piel del agua en el Sol de York
«TODAS ELLAS SE REUNIAN EN EL HAMMAN PARA TEJER LOS DELGADOS HILOS DE LA COMPLICIDAD».
Más que representación teatral, «La piel del agua» es una complicidad total con las espectadoras, piel a piel.
Cuerpos desnudos que se dejan hacer y conducir por la idea poética de definir que somos agua y venimos del agua.
Desde el parto hasta las lágrimas de dolor. Ciclo redondo. Nacemos con dolor, vivimos con dolor pero siempre nos queda el agua como fuente de vida, como recurso de vida.
Todos los liquidos que llevamos dentro, que transmitimos de forma diferente en las distintas etapas de la vida, y en las complejas emociones.
Es tambien un elogio a la mujer como dadora de vida… madres, trabajadoras…
La interacción que se produce entre las asistentes no es forzada, todo lo contrario, te dejas llevar por la dulzura y cariño con la que las actrices te envuelven. Una confianza poco usual. Caricias, baños, olores, sabores, música pautadas por unos textos dichos en diferentes idiomas que van dando forma al ritual y haciendo partícipe al público femenino de todo este mundo sensorial.
No se alude a una provocación sexual sino más bien a una apertura a los sentidos y calma interior.
Quizá en algunos momentos donde el ritual torna de lo poético a lo cotidiano se rompe la magia establecida, aunque de formal sutíl y cercana las actrices lo vuelven a retomar.
«La piel del agua» es una propuesta libre y gratificante cargada de generosidad.
Las interprétes son Laura de Casas, Rocio Herrera, Mercedes Salvadores, Maria Otero y Lidia Rodriguez, esta última también tuvo la idea y la ha dirigido. La música es de Mauri Corretjé.
Teresa Vallejo
Éramos tres hermanas de José Sanchis Sinisterra en el Teatro de la Abadía
Uno va al teatro a recuperar la memoria y las emociones de otro tiempo…
Uno va al teatro para que le acaricien y le acunen…
Uno va al teatro para sentirse niño en un cuerpo viejo…
Uno va al teatro para saber que siempre hay que soñar con ir a Moscú.
Es complicado tratar de seguir los pasos dramáticos de las grandes obras de la literatura dramática…¿Quién no ha tenido la tentación de especular sobre lo qué habría pasado tras el portazo que dio Nora en Casa de Muñecas o si las Tres hermanas llegarían algún día a Moscú?… José Sanchis Sinisterra arriesga mucho más en su propuesta y traslada a los personajes a un espacio sin tiempo en el que las protagonistas de la obra de Chejov se han quedado atrapadas en aquella noche en la que desean ir a Moscú…pero sus cuerpos han seguido latiendo y esas jóvenes laten dentro de unas pieles marchitas que siguen soñando con huir de la casa-cárcel en la que vivieron los mejores años de su vida. Y como huéspedes de otra A puerta cerrada, conviven con sus fantasmas y les dan voz. Así transcurre un tiempo de sueños cruzados de pesadillas. Un material dramático muy sugerente que Carles Alfaro ha dirigido sutilmente, dejando a las tres espléndidas actrices: Julieta Serrano, Mariana Cordero y Mamen García, jugar en la escena como niñas que sueñan un futuro escrito ya en la geografía de sus cuerpos. Delicioso espectáculo para paladares exquisitos.
Uno sale del teatro tarareando esa canción final a tres voces, teniendo la sensación que al dar la vuelta de la esquina…aparecerá Moscú.
Adolfo Simón
Kiss & Cry dentro del Festival de Otoño a Primavera en los Teatros del Canal
Cuando era niño, había un programa en televisión que se llamaba las manos mágicas, era un micro espacio en medio de la programación de noche que mostraba unas manos enfundadas en unos guantes blancos que hacían magia en primer plano, magia sencilla y efectista que abría el telón de la madrugada. Ayer volví a ver ese programa pero en escena, en una pantalla gigante se iba componiendo el viaje sensorial y emocional de unas manos que van narrando un cuento con pequeñas e impactantes coreografías. Las manos son cuerpos que se aman, bailan o muestran fantasmas de la memoria. Un complejo trabajo entre la danza y las artes visuales. Una experiencia inquietante ya que disfrutamos de los pequeños momentos en espacios mínimos al tiempo que observamos el truco que los manipuladores realizan para crear estas ensoñaciones…Y como resultado, la proyección de ese montaje en directo de las grabaciones que se realizan paso a paso. Un espectáculo que va de lo mínimo a lo gigantesco pero no de manera ostentosa, no hay una necesidad de impactar por impactar si no de mostrar los pequeños recovecos de las manos protagonistas.
Adolfo Simón





























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