Dolly nos habla de sus experiencias en la escena teatral y cabaretera
¿Cómo fueron tus inicios en el cabaret y el teatro?…
En el año 92 empecé a actuar en todo el circuito madrileño de teatro cabaret con un grupo llamado «Luba Kanga» donde hacia varios personajes. Hasta el año 95. Compartimos escenario con Las Virtudes, Anthony Blake, etc. Previamente había actuado en plan amateur en Ibiza, que es de donde vengo, en el grupo de teatro GAT, eso sí, con algún que otro protagonista. Después, en el año 96 nació Dolly en la famosa película coral «Más que amor, frenesí» que más tarde tendría vida propia en el espectáculo «Goodbye Dolly» con cuatro temporadas en cartel. Y hasta ahora.
¿Qué balance harías sobre tu trayectoria?…
Los inicios son duros, pero he tenido mucha suerte y se han cruzado en mi camino buenas personas.
¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
La creatividad es caprichosa. De repente un show se va haciendo solo actuando día a día y fijándote en todo lo que te rodea. Otro show te pones a escribir con alguien y también surge. Otro montaje te lo ofrecen, estudias y ensayas. Lo que me anima a participar es mi amor por la profesión. El aplauso engancha, es adictivo.
¿Cómo surgió tu participación en Cerda?…Háblanos de tu personaje…
El autor, Juan Mairena, me lo ofreció y yo acepté con gusto. Era hacer una Dolly ‘monja’ pero mucho más Bette Davis o Norma Desmond, mas extrema. Y un poco mala. Pero lo justo.
¿Cómo creas los personajes?¿Tienes un método?…
Investigo sobre el personaje y empiezo a tomar referencias, ver películas, fotos, maquillajes, tonos de frases, actitudes…, todo eso que te pueda inspirar y te haga clic en tu modus operandi actoral.
¿En qué proyectos has participado durante el último año?…
Empezamos con «Cerda» a principios del verano de 2013. En navidad «Rubia navidad» en la sala Nada, donde hacía un cóctel de mis espectáculos. Actualmente sigo en dos espectáculos en sendos restaurantes: «Las rubias no somos tontas» en el renombrado Gulagula de Gran Vía desde hace varios años y «El divan de Dolly» en Riofrío de Colón, más recientemente. Y volvemos en mayo con «Cerda» en La CASA DE LA PORTERA después de dos meses de descanso y de haber recibido el prestigioso galardón de la Unión de Actores nuestra querida Inma Cuevas como mejor actriz secundaria por la función y varias menciones más. Ah y un capitular que todavía no se ha estrenado en una exitosa serie donde hay muchos vecinos…
¿Qué proyectos tienes entre manos?…
Seguir currando como una mula y a ver si salimos de esta…
¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?…
Está afectando en todo. Es obvio que si subes la entrada y la gente, cada vez tiene menos dinero, o más miedo a gastarlo, no van a venir a verte. Con lo cual hay que bajar el precio de la entrada y prácticamente no hay margen de beneficio. Es todo un despropósito lo que están haciendo nuestros queridos dirigentes. Ellos si que no se bajan el sueldo que les pagamos entre todos, no. Me enerva.
¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
Mañana voy a ver «Dorian» en la Pensión de las Pulgas y tengo que decir que estoy un poco turbada… y hace poco vi, también en La Pensión «MBIG». Brutalmente intenso. Soberanamente profesional. Una delicia.
¿Alguna sugerencia para seguir creando y haciendo teatro en tiempos de crisis?..
Seguir con ilusión y esas ganas que te crea el gusanillo de la escena. Y seguir adaptándose como uno mejor pueda a estos tiempos de poco presupuesto, intentar aguantar. Tú das y la vida te da. Tú quitas y la vida te lo quita multiplicado. Espero que eso le pase con creces a todos éstos que tanto nos están quitando….. Sin acritud, Dios me libre.
Alejandro Tous nos habla de su experiencia como actor.
¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…
Empecé en el Taller de Teatro Universitario de la Universidad de Alicante dirigido por Juan Luis Mira. Lo recuerdo como una época llena de ilusión y unas ganas enormes de aprender.
¿Qué balance harías sobre tu trayectoria en teatro?…
Muy positiva. Cada proyecto, director, personaje, texto, compañero ha hecho que vaya creciendo y disfrutando cada vez más de estar sobre las tablas. Conforme pasan los años aumentan las ganas de afrontar nuevos retos teatrales.
¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
Los proyectos surgen de diferentes fuentes: por leer algún texto que me emocione, por recomendación de algún compañero o simplemente me lo ofrecen. Lo primero que me anima a involucrarme en un proyecto es el texto, sin una buena historia bien escrita no hay nada que hacer, y después el equipo, tanto artístico como técnico. Si hay profesionales con los que poder desarrollar bien el proceso creativo y un buen texto sobre el que crear, me apunto.
¿Cómo surgió tu participación en Pausa del mediodía?…Háblanos de tu personaje…
Mi participación surgió al leerme el texto, fue un flechazo. Era una obra muy divertida, con muchos matices y que, además, te hacia reflexionar, así que no nos quedo más remedio que montarla. Mi personaje es Juan García, un tipo corriente con más defectos que virtudes, al que, en una situación extrema, se le aparece Dios y le pide que sea bueno y que convenza a los demás de que también lo sean.
¿Cómo creas los personajes?¿Tienes un método?…
Básicamente trabajo utilizando el Sistema de Acciones Físicas. Si en un trabajo el director y los compañeros me aportan elementos o técnicas interesantes, no dudo en aplicarlos y quedármelos para futuros proyectos. Con los años cada vez soy más estricto conmigo mismo a la hora de ejecutar el trabajo.
¿En qué proyectos has participado durante el último año?…
En cine en Working Progres de Roland de Middel, Faraday de Norberto Ramos y El Clavo de Oro de Antonio del Real. En tele he colaborado en Aída y B&B. En teatro llevo año y medio enamorado de La Pausa Del Mediodía.
¿Qué proyectos tienes entre manos?…
De momento disfrutar de La Pausa del Mediodía haciendo temporada en Madrid y estrenar en Almagro De Fuera Vendrá de Agustín Moreto.
¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?…
Está siendo devastador. No podemos cargar ese IVA al espectador porque ya están demasiado apretados con la situación actual así que lo asumimos nosotros. El margen de beneficio empresarial se ha reducido enormemente o simplemente ha desaparecido. Si la gente del teatro en vez de hacer teatro nos dedicásemos a fabricar tornillos, ya hubiésemos cerrado todos nuestras empresas por no ser rentables. Nos puede el amor por nuestra profesión y seguiremos aquí por mucho que nos hagan creer a todos que la cultura no es importante. No es que sea importante, es necesaria.
¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
Ejecución Hipotecaria dirigida por Adolfo Fernández. Una obra muy actual, dura, que cuenta con grandes interpretaciones.
¿Alguna sugerencia para seguir creando y haciendo teatro en tiempos de crisis?…
En mi caso es seguir con la ilusión de contar algo que te importe.
Iván Morales nos habla de su trayectoria en la escena
¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…¿Realizaste otras facetas además de la dirección y la escritura?
Mi debut en el teatro fue, con doce años, haciendo Caricies de Sergi Belbel en el Teatre Romea. Desde entonces he ido trabajando como actor en proyectos teatrales de diversa índole, con directores como Marc Martínez, Carme Portacelli, Alicia Gorina, Francesc Nel.lo, Nao Albet & Marcel Borras…
«Sé de un lugar» es la primera obra que escribí y dirigí, aunque llevaba casi veinte años haciendo teatro como actor y escribiendo guiones de largos («Mi dulce», «El truco del manco») y dirigiendo cortometrajes la escritura teatral me infundía demasiado respeto y tardé mucho en atreverme. Una vez levantamos la companyia Prisamata los miembros nos ponemos manos a la obra y nos encargamos de casi todo, así que tocamos todos los palos de la producción teatral, desde construir la escenografía(cuando hay) hasta hacer de director de promoción.
¿Qué balance harías sobre tu trayectoria?…
Como actor he hecho de todo, la verdad, desde doblaje hasta animaciones publicitarias, he rodado con actores de Oscar en producciones internacionales y he hecho teatro alternativo, como mucha gente, vaya. Así que he podido aprender en todo tipo de escenarios, eso me ha ayudado a saber qué me gusta y qué no por experiencia y no por teoría. Además, desde muy joven he participado en fanzines, radios libres, cultura alternativa, vaya, y ahí he cogido callo en eso de hacer uno mismo las cosas sin pedir mucha ayuda a instituciones, y teniendo claro que la cultura no es sólo un pasatiempo cómodo, sino que hay que tener la idea, por muy naïf que sea, de que estás intentando cambiar las cosas. Ese es el punto de partida a la hora de enfrentarme a proyectos propios con Prisamata, aplicar todo lo aprendido desde esa ética de curro y buscar la máxima libertad posible para hacer el trabajo que queremos hacer. Nos ha tocado vivir esta época de crisis económica o estafa social, como prefieras llamarlo, y hemos decidido usar todos esos problemas a nuestro favor. Hemos tenido suerte con que algunos de nuestros espectáculos han tenido una buena respuesta de público y crítica, y eso nos ha dado más impulso para poner en práctica nuestras quimeras. Tan solo hemos levantado tres espectáculos largos, siento que estamos aún en pañales, pero lo mejor de nuestra ignorancia es que nos ha llevado a hacer realidad proyectos y a poner en práctica ideas que, mirando atrás, sobre el papel, parecen imposibles, quijotescas. Hemos trabajado muchísimo estos tres últimos años, hasta la extenuación: Tres obras de teatro, varios cortometrajes, varias piezas teatrales cortas, giras por Catalunya, España, América… Ahora toca trabajar desde un poco más de serenidad, pero el músculo que hemos cogido nos hace sentir fuertes como para enfrentarnos a nuevas quijotadas. Tengo la sensación de que no hemos hecho aún nada de lo que somos capaces, de que hasta hoy todo ha sido un esbozo, un ensayo. Me huelo que ahora viene lo bueno.
¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
Los proyectos surgen, primero, de la necesidad. Nudos, dolores, frustraciones, apegos, euforias. De las ganas de compartir, con el equipo, con el público. De las ganas de romper con ideas demasiado confortables. De enamoramientos, con personas, con ideas. De la ebriedad. De la soledad. Del deseo. Me gusta el teatro porque obliga a compartir y a vivir el presente. En escena todo parece posible. El teatro parece una posibilidad de salvación, hay que aprovecharla. Parece un buen lugar donde romper las cadenas, las que nos ponemos y las que nos ponen. A partir de ahí, desde esa raíz, todo vale y debe valer. Si no nos sorprendemos y nos imponemos retos imposibles no tiene sentido empezar nada.
¿En qué proyectos has participado durante el último año?…
Este último año hemos estado moviendo «Sé de un lugar». Soy director, regidor, promotor y lo que haga falta, así que eso chupa mucho tiempo. También hemos estrenado y movido «Jo mai» (www.jo-mai.com). Hemos rodado varios videos relacionados con ambos proyectos(cortos, videoclips, fotonovelas, se pueden ver en nuestra web: ciaprisamata.com), ya que intentamos darle vida a nuestros proyectos más allá de la propia obra. He escrito unas cuantas cosas que no voy a levantar aún. Y hemos empezado a ensayar el nuevo espectáculo, que no pensamos estrenar hasta de aquí un año.
Háblanos del estreno en Cuarta Pared …¿Cómo surgió este proyecto?… ¿Cómo ha sido el proceso?…
«Sé de un lugar» es una obra que empezamos a hacer para amigos y conocidos en el bar de La Caldera hace unos años, y que desde entonces no ha parado de caminar y de hacernos crecer. Es algo que empezó como un acto de amor y que nos lo devuelve cada día con creces. No dejamos de ensayar, de rascar, de descubrir nuevas capas. Llevamos tres años así y parece que no tiene fin. Es una sensación rarísima, algo tan efímero como una función teatral, que se convierte en un eterno retorno que nunca es igual, que siempre va más lejos y que nos pide un compromiso y un mimo extenuante. La hemos representado en todo tipo de teatros de todas las maneras posibles. Sí, nos han dado premios y nos ganamos la vida con ella, pero sobre todo nos ha cambiado la vida y cada día nos enseña un poco más. Estamos enganchados a esta obra, somos un poco yonkis.
¿Qué proyectos tienes entre manos?…
Estamos preparando una nueva obra con la compañía, la primera vez que hacemos un texto ajeno. No queremos decir mucho aún, pero vamos soltando pistas en este blog: http://novaaventuraprisamata.blogspot . También me han encargado un texto para el año que viene y estoy en ello ahora mismo, escribiendo y dándole forma al croquis aún. Todo está muy en paños menores aún. Mientras tanto, seguimos dándole vida a «Sé de un lugar» y «Jo mai», somos una compañía de bolos, y las obras son muy delicadas y piden mucho cuidado y presencia mientras siguen vivas.
¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?…
Obviamente, los recortes, el IVA… son una jodienda, un ataque más de los muchos que recibe el 90% de la ciudadanía. Como en muchos otros, cada dia es más difícil sostenerse en este oficio. Y está claro que la tendencia neoliberal de que las cosas valen el beneficio económico que producen está ganando cada vez más terreno y eso es muy peligroso. Sobre todo si nos lo Acabamos creyendo. Hacer teatro ahora, aquí, no es solamente el reto de crear algo que valga la pena y sea lo más útil y genuino posible, además hay que inventar fórmulas para hacerlo sostenible en un entorno que lo pone todo en contra, y ganarse el respeto de un público que a veces no acaba de confiar en nosotros. Tenemos la responsabilidad de hacer cierta pedagogía, en ese sentido, y de mantenernos a la altura de los acontecimientos para demostrar con nuestro trabajo que somos parte de la solución y no del problema.
¿Cómo es la realidad teatral ahora en Barcelona?…
En Barcelona están pasando cosas muy interesantes a nivel teatral. Cuando estrenamos «Sé de un lugar» éramos unos pocos locos los que hacíamos teatro en compañía sin un duro y pasábamos de los circuitos convencionales y de los peajes aparentemente obligatorios. En los tres años que han pasado desde entonces el paisaje escénico ha dado un vuelco. Por un lado parece que la tendencia dominante de los «nuevos dramaturgos» es un ciclo que está terminando y está dando paso a un resurgir de las compañías, entre otras Muchas razones porque es mucho más fácil, tal y como está el patio, levantar un proyecto desde el colectivo que desde lo individual. Para mi eso es muy positivo, porque poner el foco de la creación teatral en un rol en singular (sea el dramaturgo como el actor o el director) no creo que nos ayudara mucho, para empezar porque no es Realmente honesto con la naturaleza de la creación teatral. La gente se está organizando y el virus de hacer teatro en espacios no convencionales, de compartir las responsabilidades entre todos y de hacer de la experiencia teatral algo menos institucional se ha extendido muy rápidamente en un tiempo record. Eso es maravillloso, teniendo en cuenta la tradición catalana de compañías teatrales que parecíamos haber olvidado. Está en nuestra raíz. A ver qué resulta de todo esto. Creo que aún tenemos todos que entender Realmente que significa hacer «teatro de crisis» y no limitarnos a hacer lo mismo sin dinero: Plantearnos desde la base los procesos creativos y de producción y encontrar un teatro propio, necesario al momento que vivimos. En la parte de lo mejorable, creo que en Catalunya aún arrastramos, los jóvenes también, la idea de que el teatro debe de ser un lugar confortable, que nos complazca(incluso si toca temas políticos o sociales); seguimos pidiéndole a la experiencia teatral que nos permita salir de la sala satisfechos con el mundo, con la idea de que nosotros, al menos, somos de los que estamos «bien». Por lo que veo estos días en Madrid hay una tendencia más marcada entre compañías jóvenes a hacer un teatro más comprometido con remover el aquí y ahora a riesgo de molestar. En Catalunya siento que nos falta romper aún unos cuantos prejuicios al respecto.
¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
Me ha gustado mucho «La pols» de la Arcàdia, escrita y dirigida por Llatzer Garcia. He leído dos tebeos recientemente que me han puesto las pilas como escritor: «No os indigneis tanto» de Manel Fontdevila y «Dream team» de Mario Torrecillas y Laperla. Aquí en Madrid en cuanto tenga un momento voy loco por ver «Perdidos en Nunca Jamás» y «La cena del Rey Baltasar».
¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
No tengo ninguna sugerencia para crear en tiempos de crisis, y si la tuviera desconfiaría de quien me hiciera caso.
Carlos Tuñón nos habla sobre su trabajo para la escena
¿Qué es el teatro para ti?… ¿Por qué haces teatro?…
El teatro me ha dado fundamentalmente la posibilidad de encontrar y definir unos principios, una manera de ver el mundo, de confrontar y analizar lo que ocurre. Antes podía posicionarme o no frente a determinados sucesos pero no podía hablar con derecho de casi nada. Eso me lo ha dado el teatro y no es poco. La posibilidad de encontrarme y encontrar a otros, de contactar, reflexionar y descubrir. Sobre todo eso, he descubierto tantas cosas y a tantas personas gracias al teatro que mirando hacia atrás no entendería el mundo del mismo modo. Hago teatro por la capacidad que tiene de redefinición constante. En cada proceso el teatro nos abre puertas para re-pensarnos una y otra vez, para ponernos contra el paredón de nuestras contradicciones, del fracaso, del abismo, de los discursos que enarbolamos como banderas y que no quedan en ningún lugar; es la posibilidad real de mirarnos de otra manera y de mirar el mundo de otro modo, y esto es, para mí, adictivo.
¿Qué balance haces de tu trayectoria teatral?… Háblanos de tus últimos trabajos…
Comencé en el mundo del cine y del Periodismo en Sevilla, estudié realización audiovisual, producción, guión, etc…, y cuando cumplí veinte años una amiga me invitó a ver «Santa Juana de los Mataderos» de Brecht dirigido por Álex Rigola. Y aluciné… Sobre todo porque descubrí que «eso se podía hacer en el teatro», sentí esa conexión brutal con el público, la lectura contemporánea sobre un texto no ilustrándolo sino agregando otro mundo, el compromiso físico, emocional e intelectual de los actores en directo, el humor, la mezcla de lo divertido y lo didáctico (Brecht en estado puro) y ahí entendí que se podía disfrutar al mismo tiempo que se cuestionaba al sistema. En fin, me enamoré del teatro cuando descubrí que no era tan aburrido ni banal como nos querían vender, que había directores jóvenes haciendo nuevas propuestas y que dirigir escénicamente era transportar al espectador a un mundo maravilloso y en directo. Me aboné al Teatro Central de Sevilla (uno de los mejores del mundo, por cierto, donde estrena media Europa) y desde entonces no he dejado de formarme y aprender de cuantos que podido. Gracias al apoyo de mis padres, compañeros y amigos he podido dirigir siete montajes en estos diez años y con cada uno de ellos el cuestionamiento y la incertidumbre han sido los pilares donde sujetarme: lo importante es lo que queremos generar en el espectador y lo que éste nos quiera devolver. El último montaje que he dirigido como proyecto final de estudios en la RESAD ha sido «La evitable ascensión de Arturo Ui» de Brecht y para mí ha sido como cerrar un ciclo que comenzó con «Santa Juana» hace diez años. En este espectáculo, como ocurre en “La cena del rey Baltasar”, hay una preocupación por crear un contexto donde el público pueda arrojar luz sobre el trabajo realizado, donde su impacto sea determinante en la pieza y en el proceso de investigación. De ahí la fundación de [ los números imaginarios ] como proyecto de investigación teatral y de LA MANADA como centro de estudios y formación para actores y directores.
¿Cómo surge el proyecto de «La cena del rey Baltasar»?… Háblanos del montaje…
El proyecto surge como trabajo de investigación sobre el género del auto sacramental. Queríamos reflexionar sobre el sentido primigenio que tenían estas representaciones en el Siglo de Oro español, su alta codificación y si tiene sentido montarlas hoy, o de qué manera hacerlo. El texto de Calderón es paradigmático en este sentido y a la vez es, rara avis en este tipo de textos, una obra que comienza con conflicto en marcha y que potencia la acción por encima de la descripción. La obra gira en torno al rey Baltasar, descendiente de Nabucodonosor, quien desafió a los dioses con la construcción de la torre de Babel. En el auto, Baltasar se erige como un heredero directo de esta estirpe mítica y no duda en considerarse un Dios en la Tierra. El contrapunto en la pieza lo representa Daniel, el profeta, que no dudará en cuestionar la osadía de Baltasar y para ello invoca a la Muerte, no para que se lleve a Baltasar sino para que le «aterrorice» y se arrepienta de todos sus pecados. Nos parecía muy revelador el uso del «terror» como medio de extorsión en el hombre, ya que Daniel, por sí solo, no dispone de suficientes argumentos para convencer a Baltasar ni al auditorio; de ahí que en la pieza la presencia de ambos (el profeta y la Muerte) sea determinante para el transcurso de la acción.
Otro de los temas ampliamente estudiados en el auto es el desdoblamiento de Baltasar en sus partes simbólicas (Vanidad, Idolatría, Pensamiento) y en nuestra puesta hemos querido ir más allá, de modo que todos los personajes que aparecen son «literalmente» las partes jóvenes y añoradas del rey, representaciones no reales de su mundo interno, incluyendo a la Muerte y a Daniel. Y por ello, el propio Baltasar necesita de ellos para vivir y para actuar, al encontrarse encerrado en un cuerpo enfermo y vencido, en un estado de parálisis que supera gracias a sus alegóricos partenaires.
Como tercera punta de lanza tenemos el dispositivo escénico creado para el público. En lugar de recibir la representación desde lo alto, en carras, sobrevolando al público en el objetivo de edificar y conmemorar el Corpus Christi, en nuestro caso hemos sentado al público alrededor de una mesa, doce comensales como en una “última cena” profana, donde compartirán pan y vino junto a Baltasar y sus alegorías; de pronto, el auto ocurre alrededor nuestra, presenciamos la disolución de la máscara del actor, tomamos partido o no de la acción en favor de Baltasar o de Daniel, contactamos con la celebración, la vida, la enfermedad y la muerte de una manera directa, sin interferencias, viviendo una experiencia donde la inmersión y la relación con el entorno es íntima y personal. Y aún así, después de todo, seguimos estando en el género, ya que se celebra la eucaristía, se sacraliza un lugar profano, se reflexiona sobre los pecados del hombre, se espectaculariza el formato con música en directo, juego de luces, números coreografiados, etc…, es decir, reflexionamos desde el género y el autor pero dándoles actualidad y sentido hoy. O al menos eso es lo que intentamos.
¿Hubo ocasión durante el proceso para que los actores aportasen ideas en la puesta en escena?… ¿Cómo ha sido el proceso creativo?…
El proceso que plantemos desde [ los números imaginarios ] y LA MANADA es considerar al actor como un creador más, un artista con voz y criterio para tomar decisiones activas a todos los niveles, no sólo en lo que se refiere a su parcela como intérprete. Hemos puesto en cuestión la propia narrativa del auto, el formato, el género, el dispositivo, la tesis… Todo lo que tiene que ver con un análisis profundo de la obra ha sido consensuado entre todos, no sólo actores, sino con el resto del equipo artístico. Aún hoy seguimos función a función reflexionando sobre las conveniencias y dificultades de la pieza, siempre hay modificaciones, matices, lugares donde arrojar luz, y siempre partimos de la misma premisa: si está vivo, se mueve. Si no se mueve, es que no está vivo. Por eso no compartimos el mecanismo del «bolo», cuando de pronto se decide que la obra de teatro ya está estrenada y sólo hay que repetirla, una y otra vez, una y otra vez. Lo que intentamos trabajar, semana a semana, es que el público viva una experiencia única, y para eso, el único camino que hemos encontrado es que efectivamente sea único también para nosotros, nuevo y vivo. Y sin reflexión, sin conciencia de lo que estamos haciendo, sin respeto por la vivencia, la experiencia y la re-actualización constante, creemos que es imposible. O al menos muy complicado de conseguir.
¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para la adaptación y la puesta en escena?…
Tengo debilidad por el trabajo de Thomas Ostermeier que viene desarrollando en Berlín desde hace quince años, por sus lecturas contemporáneas sobre textos clásicos, su conexión con el público y la ruptura de fronteras, la estética dura, la música en directo con referentes pop, la expresividad en la interpretación, etc… A nivel estético hay conexiones con el trabajo de Castelluci, Pandur, Lepage, pero todos satélites lejanos; realmente estamos en la búsqueda de un lenguaje propio que parte fundamentalmente de la experiencia con el espectador y la disolución de la máscara del actor y en este sentido los dos modelos más cercanos son Álex Rigola, como ya comenté al principio, al que he tenido la suerte de acompañar en un proceso creativo para el Teatro de la Abadía, y Andrés Lima, al que acabo de asistir en prácticas de dirección con Los Mácbez y que plantea un proceso de trabajo ejemplar para mí: trabajo conjunto con todos los departamentos desde el día uno, lectura y re-lectura de la fuente original para después estirarla hasta otros mundos, el humor, el disfrute en la puesta en escena, etc…
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
En lugar de generar significados para que el espectador tenga que desentrañarlos (como viene siendo tradición desde el clasicismo ilustrado) creo que la sociedad necesita un teatro que genere contextos donde el público se encuentre y comparta con los creadores mundos posibles, donde la reflexión y el impacto sean reales, donde haya intercambio de ideas y de experiencias, no un teatro escaparate que siempre se desarrolle de la misma manera, que ofrezca el mismo «producto» y el escenario sea un mero contenedor. El teatro nos obliga a repensarnos, a identificarnos y a mirar hacia al lado, hacia dentro, hacia fuera. Sólo este acto, el acto de mirar a otro haciendo o diciendo algo, es tan contundente que tiene sentido por sí mismo.
¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al
teatro?…
Se habla mucho de este aspecto pero me gustaría desviar la mirada hacia otro lugar. Está claro que el país donde vivimos no cree en la cultura ni en el teatro, o siendo justos, no cree en la cultura y el teatro incómodo para el propio sistema. Se castiga al espectador, se castiga a las salas de exhibición, se castiga a las compañías que vivían de subvenciones y de giras, etc… Nunca tendremos a un dramaturgo o director como presidente, (como sí ocurrió con Vaclav Havel) ni tendremos I+D+I en industria cultural ni estaremos en la vanguardia teatral europea. Ahora bien, el verdadero problema, donde habría que mirar con lupa porque es un teatro irrecuperable es el teatro “en la sombra”: las salas alternativas de nueva creación, las compañías de pequeño formato, las apuestas por el teatro postdramático, discursivo, asociativo, de investigación sin fines comerciales… Ellos tienen el verdadero problema porque nadie habla, porque los empresarios pierden espectadores, ayudas y giras pero los que nunca optaron a ellas, los que jamás existieron oficialmente, pero existen, estos son los que conforman el tejido cultural invisible y donde realmente está el futuro del teatro español, en los «jóvenes locos y raros» que hacen teatro imposible, ahí es donde está la vanguardia y esto es lo que está desapareciendo: la asunción de riesgos reales, la apuesta por el fracaso en pos de una experiencia no oficial ni oficiante, el teatro anti-sistema no porque lo critique sino porque se encuentra en sus límites, en sus fronteras. Ahí está el germen de lo que podría llamarse la «esperanza de las nuevas ideas» que se están extinguiendo, y como seguimos hablando de los que se mueren permitimos, queramos o no, que “los otros” no puedan nacer.
¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
Aunque suene a tópico, realmente no hay recetas ni soluciones inmediatas, el camino seguro es el de la incertidumbre y la asunción del fracaso. Sobrevivir, tener éxito, que te reconozcan…, todo esto no hace más que incrementar la frustración y la parálisis. Hay que crear y seguir creando, investigando, reflexionando, con pocos medios, con los que haya, pero seguir «haciendo», solo, con gente, con nueva gente, de nuevo solo, pero seguir en este camino si es lo que realmente quieres hacer, si es lo que te hace feliz, no esperando rendimiento, o esperándolo, pero no con hipotecas creativas. Esto de “voy a llamar a este actor o voy a hacer este texto porque así voy a poder moverlo” es algo que lamentablemente hoy ya no es garantía de nada. Puede funcionar o no, pero puestos a arriesgar tiempo, dinero y vida, mejor hacerlo con un barco en el que creas, y si te hundes, te hundes con todo, pero fiel a lo que querías compartir. Ésta es al menos mi manera de verlo, me vaya bien o mal, siempre podré decir que era lo que quería hacer y como lo quería hacer.
¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
«El banquete» dirigido por Sonia Sebastián, un montaje muy interesante y revelador sobre cómo entendemos “el amor” hoy. Me pareció muy elocuente la elección dramatúrgica: un monólogo para cada personaje escrito por un dramaturgo diferente. Traducen escénicamente la heterogeneidad del discurso platónico y me sedujo mucho los momentos patéticos, cómo presentan a Sócrates (viejo, perdido, irónico), su relación con Alcíbiades, el trabajo de Hui Chin, vamos, disfruté mucho de la puesta y creo que es un espectáculo emprendedor que ojalá pueda girar.
¿Proyectos?…
Actualmente con [ los números imaginarios ] y LA MANADA estamos inmersos en un nuevo proyecto llamado «NO EXIT», que estrenamos el próximo 30 de mayo: una reflexión sobre nuestra incapacidad para adaptarnos al otro. Partimos de «A puerta cerrada» de Jean Paul Sartre y estamos en co-producción con Atolladeros, compañía que viene trabajando desde hace años con actores con diversidad funcional (motriz, intelectual y sensorial) y con Espacio en Blanco donde residimos desde hace un año. Volvemos a generar un dispositivo especial para treinta personas que vivirán en «el infierno» durante una hora y compartirán qué supone generar espacios de incomunicación o de inaccesibilidad en el otro, en el que es diferente a mí. Será un montaje cien por cien accesible para el espectador sea cual sea su diversidad y esperamos poder moverlo por espacios no convencionales.
Miguel del Arco nos habla sobre el teatro en vísperas del estreno del Misántropo
¿Cómo surge la elección del Misántropo?…
Yo me enredo en los textos por muchas razones. Porque se te quedan pegados de los tiempos de escuela, porque utilicé el texto de Moliére como base de mi primer guión cinematográfico, porque me ofrecía la posibilidad de hacer un reparto entre los actores de la compañía, porque el talento de Molière es inmenso, porque cuanto más lo he trabajado más me gusta, porque me permite hablar de cosas que realmente me importan…
¿Qué enfoque le has dado desde la dramaturgia para acercarla a nuestro tiempo?…
Hemos cambiado los salones parisinos del siglo XVII donde se encontraban las clases pudientes que vivían de las rentas por el patio trasero del edificio de un corporación sin identificar donde se celebra una fiesta. Desechamos la idea de hacer una versión en verso tal y como Molière lo escribió pero hemos tratado de mantener una prosa viva y elaborada.
¿Cuál ha sido tu planteamiento desde la puesta en escena?…
El callejón infecto al que los invitados salen a fumar, drogarse o solo para huir un poco de la fiesta manda en el espacio. La fiesta nunca se ve pero se intuye a través de las sombras que proyecta su desmedida luminosidad cada vez que se abre la puerta para dejar paso a uno de los invitados.
¿Qué referentes estéticos y éticos hay en tu propuesta para hacerla interesante al público de hoy?…
Hemos tenido dos libros de cabecera a lo largo del proceso creativo y los ensayos, además, evidentemente, de la obra completa del propio Moliére. El primero Discurso y verdad en la antigua Grecia, un ensayo de Michel Focault. El otro Vida del señor de Molière de Mijail Bulgàkov.
¿Cómo ha sido el trabajo plástico poético con los creadores de la luz, espacio escénico y vestuario?…
Queríamos recrear en un espacio único que sin embargo evolucionara con las atmósferas que plantea el texto. Encontramos lo que nosotros llamamos «las fisuras» de Alcestes, momentos de irrealidad del protagonista en las que se ve a sí mismo mirando una forma de vivir de la que, a cada segundo que pasa, se siente más alejado. La luz y el sonido eran fundamentales para crear estos espacios irreales y las paredes de este callejón inerte debían acogerlos como un organismo vivo. El trabajo de video también ha sido básico para conseguir nuestro propósito.
Háblanos del trabajo con los actores…¿Hay diferentes enfoques actorales entre el personaje del Misántropo y el resto de personajes?…
No quise plantearlo así desde el principio. Antes de hacer el reparto definitivo estuvimos un tiempo jugando a defender los personajes tal y como nosotros, en nuestra vida personal, tratamos de reivindicarnos en el grupo. Casi nadie tiene una mala opinión de sí mismo. Por una simple cuestión de supervivencia todos tratamos de justificar nuestras acciones. Quería que los personajes tuvieran esa misma fuerza vital para defender su forma de estar en sociedad. Los actores se intercambiaban los personajes y trataban de defenderlos. Esto nos ayudó a profundizar en cada uno de ellos y ahondar en sus diferentes caracteres.
¿Cómo ves la situación teatral en estos momentos en nuestra ciudad?…¿En nuestro país?…
Me preocupa mucho la precariedad en la que parece estar instalándose la profesión. Estamos retrocediendo a pasos agigantados en cuestiones que costaron mucho conseguir. Celebro la efervescencia creativa pero es necesario tener mucho cuidado con las formas profesionales. No se puede confundir teatro pobre con teatro cutre. Cuando me dicen que La función por hacer se ha convertido en una especie de referente para muchos profesionales siempre recuerdo que nuestros seis actores cobraron los ensayos cuando ni siquiera teníamos un local donde representarlo y cuando entramos en el hall del Lara todos estaban dados de alta. Si nosotros no luchamos por la dignidad de nuestra profesión nadie lo va a hacer.
Has estado recientemente con La función por hacer en un Festival Internacional…
¿Cómo has visto el teatro en aquel lugar?…¿Qué respuesta hubo allí para vuestro trabajo?…
Bogotá es un hervidero teatral gracias a su inmenso festival. Me contaban que la crisis también ha hecho estragos con respecto a otras ediciones pero lo que yo vi fue una ciudad volcada y orgullosa con una fiesta mayor. Viendo esto aún me parece más equivocada la decisión de esparcir nuestro festival de otoño a lo largo de un año haciendo que su presencia sea prácticamente irreconocible. Tuve un encuentro con el público en la universidad donde el interés y la formación de las nuevas generaciones me dejó admirado. Han crecido viendo el mejor teatro del mundo al menos durante un mes al año. En cuanto a la recepción del espectáculo fue muy curiosa. El público convirtió La función por hacer en una comedia delirante. La peripecia existencial de los personajes les producía unas carcajadas tan enormes que a veces interrumpían la acción con aplausos para darse tiempo a reír tranquilamente.
¿Cómo ha evolucionado La función por hacer desde su estreno en el Hall del Lara?…
Llevamos muchas funciones y aún sigue viva. En todos los sentidos. Tratamos de mantenerla. Nos reunimos después de las funciones y hablamos, ensayamos, rehacemos. La función por hacer, un título que aspiramos a que se quede entre nosotros como una manera de trabajar. En el teatro todo debe tener ese espíritu inacabado, con aspiraciones a la repetición como única forma de avanzar y mejorar.
¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
La emoción. Se debe producir algún tipo de reacción química en el cuerpo que me ponga en marcha. Si no me emociona el material que tengo entre las manos jamás venzo la pereza de ponerme a trabajar.
¿Ha sido importante tener unos colaboradores habituales en los equipos artísticos y técnicos?…¿Es posible hoy una Compañía Estable?…
Nosotros los somos, si por estable entendemos un grupo que disfruta trabajando juntos e inventa cuanto puede para tratar de vencer la absoluta inestabilidad en la que vivimos. El grupo es abierto, dinámico. Está vivo. Hacemos cosas fuera pero de momento mantenemos intactas esa necesidad de volver a un espacio habitado por personas que te permitan jugar, perderte, investigar, fallar, probar con humor y con mucho, mucho amor.
¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
El más reciente La cortesía de España. La joven compañía del Teatro Clásico Nacional dirigida por Josep María Mestres. Mucha gente joven alentando un Lope brillantísimo.
¿Alguna sugerencia para seguir creando y haciendo teatro en tiempos de crisis
Como diría el amigo Alcestes, honestidad.
Francisco Vidal nos habla de su larga trayectoria como actor y director
¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…
Empecé en el Teatro Universitario a los 17 años. Gané un premio de interpretación y se marcó mi destino. A los 18 comencé a trabajar con Miguel Narros y William Layton como profesores. Y a los 24 estrenamos “El proceso por lasombra de un burro” de Durretmatt, dirigida por José Carlos Plaza. En 1991 abordé también la dirección con “La isla” de Athol Fuggard. Fué motivado por un bache como actor y ya llevo más de 30 obras. Me apasionan las dos cosas por igual. Pero cuando soy actor me olvido por completo que soy director y me mantengo muy disciplinado.
¿Qué balance harías sobre tu larga trayectoria como actor, director y pedagogo?…
Ha sido un camino largo y bueno. He tenido la suerte de trabajar mucho y casi siempre en cosas interesantes. He estado siempre aprendiendo y oyendo a muchos a los que admiro. Y poniendo en duda muchas cosas para cambiarlas o reafirmarme. Y en el camino estoy, sigo haciéndolo. Tratando tambien de transmitir mis experiencias…y mis dudas a las generaciones más jóvenes.
¿Qué diferencia hay para tí del teatro que se hacía en tus principios al que se hace hoy en día?
Había mucho trabajo. El público estaba preocupado por la cultura. Por la última obra, por el último libro, la última película. Pero a los jóvenes les costaba mucho entrar en la rueda profesional. Sin embargo hoy se encuentran mejor preparados, son más responsables y buscan la excelencia. En cuanto a directores teníamos a José Luis Alonso, Miguel Narros, Adolfo Marsillach… Y productores con ánimo de riesgo. Estábamos al día de las obras más importantes internacionalmente. Y había muchos autores españoles que estrenaban. Lo peor era la censura, pero se intentaba pasar por encima. Hoy los autores estrenan poco, salvo alguna figura, salvo en las salas alternativas, y el riesgo está limitado a ellas que alimentan los deseos de un teatro distinto.
¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que teembarcas? ¿Qué te anima a participar en ellos?…
Pueden surgir por muchas razones. Sobre todo por mi creencia de la obra, poque despierte mi emoción o mi humor, o las dos cosas unidas, porque el estilo que más me gusta es la tragicomedia. Porque sea actual, o despierten cosas actuales, pues el teatro como museo no me atrae. Sigo con el equipo posible y la posible financiación. Muy complejo.
¿Cómo surgió tu participación en Napoles millonaria?…
Siempre he sido un gran admirador de Eduardo de Filippo.Cuando cayó en mis manos la obra me impactó y me divirtió, y desgraciadamente, era muy actual. Había un problema, once actores. Pero no podemos dejar de conocer obras importantes por la extensión de su reparto. Lo más dificil fué conseguir su estilo. Y el trabajo con los actores fué muy gratificante.
¿En qué proyectos has participado en el último año?…
He participado en TV. Pero en teatro ningún otro.
¿Qué proyectos tienes entre manos?…
He acabado de montar una obra sobre la memoria histórica:
“El valle de los cautivos”. Otra vez con el Teatro del Laberinto, que irá a principios de temporada. Es de un autor nuevo, Pedro Martín Cedillo. Magnífico y con mucha magia. Va a sorprender. También preparo “El zoo de Cristal” de Tennesee Williams para el productor Eduardo Galán y “En manos del enemigo” de José Luis Alonso de Santos para Enrique Salaberría. Tambien me interesa una obra de Noel Coward, “La vida manda”.
¿Qué obra te hubiera gustado hacer y no pudíste?…
Hay muchas: Rey Lear, Los bandidos, los últimos Arniches; aunque hice “El Sr. Badanas” y miles más. Mi ideal sería que me tocase la lotería y producir 10 obras al año, 5 de las grandes obras internacionales y 5 de autores contemporaneos españoles. Pero me temo que me voy a quedar con las ganas.
¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. A los proyectos del teatro? Sobre todo a que hay que ir sobre seguro. No caben riesgos. Si el teatro es un negocio limitado, a no ser que tengas un enorme éxito, ahora no hay casi salida.
¿Qué montaje que hayas visto ultimamente te ha interesado? ¿Por qué?…
“Ahora empiezan las vacaciones” de Strindberg, en La casa de la portera. Por la versión de Paco Bezerra, llena de inteligencia; por su dirección y sus actores. “El duelo” de Chejov, por una compañía procedente de Rusia, por su manejo de la teatralidad y el espacio…Dirección y actores. Y ayer mismo “Dionisio Ridruejo” por la complejidad de la obra de Ignacio Amestoy, que nos habla de una manera adulta, por la dirección de Juan Carlos Perez de la Fuente, su escenografía y expresividad teatralidad y mucho, mucho por los actores. El director de Strindberg es Luis Luque. No nombro a los actores porque son muchos y muy buenos. Todos estan magnificos y se puede ver por Internet.
¿Alguna sugerencia para seguircreando y haciendo teatro en tiempos de crisis?…
Hay que seguir haciendo teatro donde sea y como sea. El público se lo merece y nos necesita. Y nosotros no sabemos vivir sin él.
PILAR MASSA nos habla de su último proyecto «Yo amé a Edgar Allan Poe»
¿Cómo surge el proyecto de Yo amé a Edgar Allan Poe?…¿De qué va la obra?…
El proyecto surge a partir del propio espacio, al conocer la Casa de la Portera, pensé que era el lugar idóneo para representar los relatos de Poe que desde siempre me habían atrapado….
Como realmente no es un espacio convencional, tampoco es una obra convencional, la verdad es que el punto de partida es un «cuenta cuentos» para adultos y nada mejor que los cuentos macabros de Edgar Allan Poe para iniciar esta aventura.
¿Hiciste algún tipo de búsqueda o documentación sobre el tema antes de empezar a dirigirla?…
Me documenté muchísimo, pero fue una tarea casi sin fin, el universo de Poe es realmente inalcanzable y además crea una especie de morbosa adicción, como sus relatos…
¿Cómo ha sido el proceso de puesta en escena?…¿Con los actores?…
Primero trabajamos en una dramaturgia para poder «contar» los relatos desde un lenguaje teatral, después elegimos los cuentos con un arco dramático idóneo y empezamos a ensayar buscando la implicación de una narradora emocionada, sobrecogida y casi protagonista del propio relato.
Con la otra actriz, Carmen Mayordomo, he trabajado muy a gusto, apostando y creyendo en el proyecto desde el primer momento.
¿Qué balance haces de tus últimos trabajos como directora?…
Que siempre, siempre estamos aprendiendo.
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Hoy y siempre el teatro tiene que tener algo de espejo, de reflejo de nuestra sociedad, creo que debemos aprovechar el escenario, nuestra posición como comunicadores para hacer llorar, reír, pensar, denunciar, emocionar…Pero concretamente, en los tiempos que corren, creo que los actores, los creadores, deberíamos expresar contundentemente todas las injusticias, las miserias, los desaciertos, los terribles dramas que surgen cada día como pequeñas historias en cualquier rincón, casa, trabajo, familia… de esta sociedad tan vapuleada y maltratada últimamente. Nosotros tenemos el privilegio de poder contar una historia y conseguir trasmitirla hasta el pensamiento y la conciencia del espectador, yo creo que contar una buena historia siempre sirve para algo (los políticos nos cuentan muchas y mucha gente se las cree).
¿Qué te motiva para llevar a cabo un proyecto teatral?…
No se lo que me motiva, pero sí se que no puedo vivir sin hacerlo.
¿Cómo está afectando la subida del I.V.A. y los recortes en las ayudas al teatro?…
Están afectando dramáticamente, terriblemente: si trabajas «a taquilla», al espectador le supone un esfuerzo que ahora no se puede permitir; a «caché», el I.V.A. actual hace que se incremente tanto que los ayuntamientos o quien te contrata te obliga a que el I.V.A. esté incluido en el precio. Todos los profesionales lo estamos sufriendo, porque es una cadena en detrimento de todos.
¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
Antes de ayer fui al Circo Price, tuve la piel de gallina durante una hora y media, me pareció una forma de expresión sublime. Además he visto «La Cortesía de España», con un fantástico reparto de jóvenes actores y «Continuidad de los Parques», con un fantástico reparto de actores consagrados, con lo cual material hay…
¿Cómo ves el teatro en nuestro país, en Madrid?…
Veo que hay muchas ganas, mucha calidad, muy buenos profesionales, muchos espacios nuevos y muchas zancadillas por parte del gobierno actual.
¿Proyectos?…
No se cuentan, ya sabes…
Nacho Sevilla nos habla de su estreno «Trinidad» en La Casa de la portera
¿Cómo surge el proyecto de Trinidad?…¿De qué va la obra?…
Este proyecto nace atendiendo a dos condicionantes:
-Estrenarlo en un espacio no convencional, como La casa de la portera.
-Trabajar con dos estupendas actrices: Lorena Toré y Cristina Bernal.
Soy un lector voraz desde muy jovencito, y con 15 años, y mucho antes de saber que me dedicaría a las artes escénicas, llegaron a mis manos textos de autores que me impactaron. Uno de ellos fue el venezolano Isaac Chocrón, autor maldito e injustamente tratado en nuestro país. Zurdo, judío, homosexual y escritor, así se definió a sí mismo demostrando un gran sentido del humor, y asumiendo una disidencia quizás impuesta.
El primer texto suyo que leí fue Okey, donde, al igual que en el resto de su obra, transgrede doblemente los modelos familiares heredados a través de una pareja de mujer madura y amante joven, a los que se une una tercera mujer en la formación de un trío.
Encargué una adaptación a Ana F. Valbuena, con quien tracé las pautas que marcaron su reescritura: España en los años 60. Ana además propuso un trío de mujeres, doblemente transgresor en la España del momento.
La obra plantea temas aún por resolver como el precio del ser humano, la necesidad de reconciliación entre vencedores y vencidos, o el debate entre los condicionantes sociales y económicos como factores destructores de las relaciones.
¿Hiciste algún tipo de búsqueda o documentación sobre el tema antes de empezar a dirigirla?…
Como egresado y actual profesor de la RESAD en la especialidad de Dirección de Escena, siempre realizo un escrupuloso trabajo de información y documentación relativo al proyecto, previo a toda la labor dramatúrgica y de propuesta de puesta en escena. Soy discípulo de Juan Antonio Hormigón.
¿Cómo ha sido el proceso de puesta en escena?…¿Con los actores?…
Es éste un trabajo fundamentalmente basado en la interpretación actoral. A Lorena y a Cristina ya las conocía de trabajos anteriores. A Marta Guerras siempre la tuve en mente para interpretar a la joven Trinidad. Tres actrices egresadas por la RESAD, con una disciplina de trabajo común, y con distintas peculiaridades técnicas.
El resto de la propuesta se apoya en una escenografía de finas líneas, artesanal y cercana, firmada por David Orrico, y en ingredientes como la radio, o la música de Rita Pavone quien ha marcado nuestro espacio sonoro no sólo por sus temas, sino como modelo de mujer que destacó en la música de una manera muy peculiar e inspiradora para nuestro trabajo.
¿Qué balance haces de tus últimos trabajos como director?…
Mis cinco años en la directiva de la RESAD me han impedido llevar a cabo más proyectos deseados. Destacaría mi trabajo con La Bernalina, cupletista interpretada por Cristina Bernal, con textos de Alberto Conejero, con quien he realizado dos puestas en escena que aún siguen girando, Sicalipsis now! y La chica del XVII o El corral de los cuplés. El musical es uno de mis géneros.También Migraciones internas, de Ana F. Valbuena, estrenado en el Piccolo de Milán, con profesores, egresados y alumnos de la RESAD, en una experiencia maravillosa.
Echando la vista atrás veo que he montado textos de autores emergentes: Paco Bezerra, Alberto Conejero, Nacho de Diego, Ana F. Valbuena.
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
El que siempre tuvo: señalar con el dedo. Sea cual sea el género.
Si además tenemos en cuenta las especiales circunstancias de nuestra realidad, y que los políticos se están dedicando a hacer teatro (del malo), el teatro debe hacer política, más que nunca.
El circo en el congreso, el debate político en el escenario.
Los cómicos nunca tuvieron tanta competencia. Ni el poder tanta desvergüenza.
¿Qué te motiva para llevar a cabo un proyecto teatral?…
Un director siempre tiene muchos proyectos a la espera de que llegue su momento (tú lo sabes, como director). Okey ha tardado 30 años. Ahora se llama Trinidad.
Mi maestro Bielski decía que lo importante es tener un buen texto y unos buenos actores. Lo suscribo.
¿Cómo está afectando la subida del I.V.A. y los recortes en las ayudas al teatro?…
Mientras tengamos un ministerio donde ya no caben más competencias, todo bajo el mismo presupuesto, seguiremos viendo mermados los derechos básicos del ciudadano.
El teatro debe ser un servicio público, como la educación y la sanidad. ¿Quién ha dicho que no debe subvencionarse? No es una limosna, es un presupuesto que sale de los impuestos de los ciudadanos y a él debe volver.
Pero no nos engañemos, la crisis económica evidencia una crisis de pensamiento, y la imposición de una ideología.
¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
¿Hablas en singular? Veo mucho teatro. Acudo al teatro con el respeto que merece un trabajo que se hace con tanta entrega y disciplina y con tantos inconvenientes.
¿Cómo ves el teatro en nuestro país, en Madrid?…
Buscando nuevas fórmulas de supervivencia, rompiendo espacios convencionales y nuevos medios de autogestión, como Hilvanando Producciones, de total autofinanciación y capitaneado por la gestión de Eva Campillo, una productora creativa, resolutiva y con nuevas fórmulas de producción.
¿Proyectos?…
Si nos dejan… Desgraciadamente tenemos más proyectos que realidades.
RAKEL CAMACHO nos habla de su proyecto Lucientes
¿Cómo surge el proyecto de Lucientes?…¿De qué va la obra?…
Amo a Goya, como tantos. Cuando descubrí Los Caprichos de Goya, hace años, sin que nadie me los mostrará en escuela alguna, quise estudiarlos, investigarlos; ví en ellos acción, verdad, sátira, humor, dolor de España, esperpento y poesía, pero sobretodo, una sociedad despiadada y deshumanizada. Comparto tanto esta visión del hombre que un día, contemplando la portada de un libro de Susan Sontag titulado «Ante el dolor de los demás» cuya imagen es el grabado de la serie desastres de la guerra titulado por Goya «Tampoco», nació la idea de crear una obra a partir de los grabados, pero en especial Los Caprichos Goya.
LUCIENTES plantea un recorrido por la idiosincrasia española a partir de una selección de los Caprichos, cuya propósito es:
«Ridiculizar los errores y vicios comunes en toda sociedad y consagrados por la autoridad, la ignorancia y el interés», expone el propio Goya.
La acción transcurre la última noche de Goya en la Quinta del sordo, antes de exiliarse a Burdeos.
El proyecto no es una biografía del artista, como muchos desearían, sino una creación escénico-poética basada en la fuerza de las imágenes que nos evocan sus Caprichos hoy, en un momento de sinrazón donde los monstruos cobran vida.
La obra no se basa en un argumento al uso, sino en una estructura fragmentada por capítulos independientes, cuyo hilo conductor es la obra de Goya y las reflexiones del artista. Se trata de un esperpento contemporáneo en el que lo que impera es la estimulación del espectador, las sensaciones y las emociones provocadas por lo que ve y escucha.
¿Hiciste algún tipo de búsqueda o documentación sobre el tema antes de empezar a dirigirla?…
Partamos de que Goya es infinito y necesitaríamos toda una vida para estuadiarlo al completo.
Nuestro proceso se ha basado fundamentalmente en una exhaustiva documentación de los Caprichos de Goya creando un puente con noticias actuales españolas, unas más reconocibles como es el caso de los dashaucios y los problemas de la educación española (algo que preocupaba bastante a Goya hace doscientos años y que sigue sin resolverse. Caprichos: Trágala Perro y Si sabrá más el discípulo), y otras más desconocidas. La relación de las noticias con los Caprichos fue muy directa y fácil, esto resultaba asombroso. Partiendo de esta simbiosis capricho-noticia, pasamos a trabajar mediante improvisaciones y creaciones a partir de tema e imagen, sin perder de vista lo que Goya denunciaba y ridiculizaba hace 200 años con su obra artístico-satírica.
¿Cómo ha sido el proceso de puesta en escena?…¿Con los actores?…
En la sala de ensayos se contaba desde el primer día, con elementos que ayudasen a crear los personajes de cada capricho, la esencia española, la tradición, la animalización del hombre, y un largo etc, así como el trabajo con luces y sombras.. siempre se ha tenido en cuenta la idea de ruptura entre una escena y otra, evitando la continuidad también en cuanto a género, pues a una escena cómica le sigue una más dramática, y a esa dramática le sigue una más poética, después una coreografía… en algunos momentos se alcanza el carácter de show cabaretero que tanto me atrae como directora. También es un espectáculo puramente brechtiano, pero esto se fue forjando, pues inicialmente no era la premisa de más valor.
Los actores no podían ser actores al uso, pero tampoco la escenógrafa ni el iluminador, ni la vestuarista ni el músico en escena, pues ha sido una creación colectiva en la que jugaban un papel fundamental la imaginación y la valentía de cada miembro del equipo. En el proceso de creación había una libertad que aterra a muchos actores, pero los actores de Lucientes han creado y luchado como merecía el proyecto. Esto no siempre pasa, los actores necesitan que se les diga qué hacer, y yo como actriz, como huyo de eso, pues no hago a los demás lo que no quiero que me hagan a mí. No ha sido nada fácil porque todo lo que concierne a crear y seleccionar creación, es complejo, pero también hace que la implicación y pasión del equipo por el proyecto sea mayor, pues sus miembros lo sienten suyo. Para llevar a cabo un proceso así, otro de los requisitos fundamentales es la confianza enre actores y dirección y viceversa, pues se trabaja de una manera pura y visceral.
¿Qué balance haces de tus trabajos como directora?…
Generalmente esto muy orgullosa de mis trabajos, porque son verdad y están en mí. En el caso de Lucientes todavía es mayor la satisfacción(me declaro mitómana de Goya), sobre todo cuando detectas tantos obstáculos y falta de confianza alrededor y luego observas como alucina el espectador, y viaja, y siente. Esto no tiene precio. No hay persona que lo haya visto que no haya vivido la experiencia Lucientes, claro que, queda todavía mucha gente por verlo, y hay de todo en la viña . Eso sí, tras el estreno, puede hablarse de éxito.
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Para mí hacer teatro hoy es una lucha por la cultura, por comunicar. Por acercar la cultura a todos los espectadores, porque todos disfruten y crezcan.
Considero que el teatro que se haga hoy tiene que ser necesario,un medio que eduque y conciencie a la sociedad que no está reñido con que este medio divierta y entretenga (Lucientes es muy divertido a veces). Hasta que no se convierta la cultura en algo imprescindible para una sociedad, el ciudadano no verá lógico emplear 15 euros en una función de teatro. Esto es doloroso, sobre todo cuando una copa que se bebe en media hora, cuesta 7 euros. Pero de esto ya hemos hablado muchas veces.
También en este sentido del teatro como hecho cultural (a veces artístico) y necesario para el desarrollo y la humanización de la sociedad, propongo y ofrezco con LUCIENTES un teatro que une disciplinas artísticas como la danza, el teatro, la música en escena y los audiovisuales, además del supercabeza de cartel: GOYA, un artista imperecedero e infinito, arte y cultura en estado puro. Ni creo ni le veo ningún sentido a los espectáculos caducos y obsoletos en los que se dirige el tráfico de actores y muebles, que a menudo están carentes de contenido. La falta de contenido, de sustancia, no la perdono.
La cultura está por los suelos, y es responsabilidad nuestra resucitarla, llevarla a todos los ciudadanos a través del teatro y resto de disciplinas.
¿Qué te motiva para llevar a cabo un proyecto teatral?…
Generalmente me dejo llevar por la poesía de las imágenes y el contenido que evocan. Me ocupo de trabajar la tragicomedia y el estilo expresionista, pero sobretodo decir algo al espectador, directo y sin tapujos, quizá algo que ya sabe, pero que hay que reforzarle para que despierte del letargo social en el que estamos.
Otro gran motivo es el trabajo en equipo, las personas con las que se cuenta en cada proceso es algo fundamental para el director y el proyecto, el equipo hará que todo sea una maravilla… o que se llene de mierda.
Pero lo que más valoro, sin duda, es la libertad creadora que me supone un trabajo, detesto pasar por aros establecidos y la autocensura.Considero que arriesgo con la mente y el alma.
¿Cómo está afectando la subida del I.V.A. y los recortes en las ayudas al teatro?…
Estupendamente. La Intemerata tiene 4 años de vida y nunca ha recibido una ayuda (lo cual comprendo porque en este país hasta que no se cumplen los 50 se sigue siendo director/a novel), y por supuesto ahora menos, pese a estar llevando a cabo un proyecto que tanto interesaría apoyar a España. Pero sólo en Zaragoza nos están apoyando y tratando realmente bien.
En Madrid con tantísima oferta y tan poca demanda de Artes Escénicas es más difícil pero en Teatro del Arte de momento nos va bien.
¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
Lo último que he visto fue en Valencia, El rayo colgado, de Francisco Nieva, que me apasiona y dirigido por Juan Dolores Caballero. Me pareció un buen montaje y excelente trabajo actoral.
¿Cómo ves el teatro en nuestro país, en Madrid?…
Regulero tirando para mediocre. Aunque de repente se ven cosas estupendas como André y Dorine.
Siempre están conviviendo los dos circuitos, el off y el on sin atender a la esencia que define a cada uno, pues el off lo es porque no le queda otra y el on a veces es para mear y no echar gota. En el off se ven cosas más interesantes que en los grandes teatros, a veces hay un riesgo. Por otro lado, El viaje a ninguna parte en CDN me encantó. Hay una buena propuesta por parte de Ernesto Caballero con Festivales como una Mirada al mundo.
Por otro lado, como directora, pediría el mismo apoyo para los jóvenes directores que tienen los jóvenes dramaturgos. Es lo que más echo en falta. A veces creo que no se sabe todo lo que supone dirigir, y me molesta.
¿Proyectos?…
Uno de los proyectos es 2, 4, 1 que está en proceso embrionario. 2, 4, 1 es teatro documento y trata el movimiento social de la insumisión en España. El título se debe a la condena por insumisión: 2 años, 4 meses y un día.
Otro proyecto es El año que mi corazón se rompió, de Iñigo Guardamino. Premio Leopoldo Alas del Festival Visible de Sgae.
Y muchísimos proyectos más, ¡será por proyectos!. Haría otros 5 o 6 espectáculos sobre Goya… esta es la verdad.
DANIEL MURIEL nos habla de sus últimos trabajos para la escena
¿Qué es el teatro para ti?…¿Por qué haces teatro?…
El teatro es vida. Es un arte que muestra otros mundos. Es entretenimiento. Me encanta que el teatro modifique de algún modo al público. Hacerles sentir, reflexionar, reír, que olviden por un momento sus vidas y vivan otras historias. Como actor también disfruto con ese viaje, que varía mucho dependiendo del tipo de función.
¿Qué balance haces de tu trayectoria como actor?…
La verdad es que me siento muy afortunado. Llevo 16 años ya como profesional y vivir de esto ya es un privilegio. He tenido mucha suerte de trabajar con grandes directores de este país, lo que me ha hecho crecer como actor.
¿Cómo surge el proyecto de Dionisio Ridruejo?…Háblanos de tu personaje…
Conocí a Juan Carlos Pérez de la Fuente hace unos años y siempre quisimos trabajar juntos. Surgió esta posibilidad y no me lo pensé.
Mi personaje es el Capitán Alonso, un miembro de la Unión Militar Democrática, algo que en el año 75 conllevaba la cárcel o algo peor. Por suerte soy hijo de un General y por eso he acabado en este «centro de rehabilitación» militar. El viaje de estar con estos personajes hace que se replantee todo su mundo.
¿Cómo fue el proceso de creación?…
La obra es muy compleja pero Juan Carlos es un gran director y ha sabido llegar a la esencia de la función con sencillez. Además hemos entrenado cada día baloncesto, canto.. Ha sido muy divertido.
¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para crear tu personaje?…
Hay bastante material de estos militares de la UMD en internet. Fotos, entrevistas.. Sin fijarme en ninguno en particular sí he partido de esos personajes reales para crear a mi Capitán Alonso. Esa parte de investigación del trabajo es muy enriquecedora, muy interesante.
¿Qué balances haces de tus últimos trabajos como actor en teatro?…Háblanos de ellos…
Ahora mismo estoy haciendo «Los miércoles no existen» de Peris Romano los fines de semana en el Teatro Lara. Una obra muy fresca, muy divertida. Mi personaje es Hugo, un vividor bastante descerebrado. Es una maravilla hacer reír al público durante casi 2 horas.
A la vez estoy los lunes, también en el Lara con «Las heridas del viento» de Juan Carlos Rubio. Una obra intimista, muy poética, con una inmensa Kiti Manver. Una gozada de función que el público disfruta enormemente.
¿Cómo preparas los personajes?…¿Cuál es tu método?…
No tengo ningún método en concreto. Creo que todo esta en el texto, ahí es donde hay que buscar el personaje, escuchar al director para ver qué estamos contando y luego hacer los deberes en casa. Un actor tiene que ser disciplinado.
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Creo que está muy bien entretener y hacer que el público desconecte por un rato de sus vidas. Pero el teatro puede y debe ir un poco más allá. Deberíamos hacer reflexionar a la gente con textos inteligentes y dejarles tocados de algún modo. Que las obras perduren en sus cabezas por un tiempo.
¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes en las ayudas al teatro?…
La subida del IVA es algo que tendrán que rectificar, esperemos que pronto, porque es un problema muy grave. Los teatros y los productores están aguantando como pueden pero realmente este es un mundo que da de comer a mucha gente (actores, técnicos, acomodadores..) y cuyos puestos de trabajo peligran. Aparte de que la cultura es nuestro legado a la historia. Si nos cargamos eso…
¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
Siempre hay modos de crear con pocos medios. Sin ir más lejos, «Las heridas del viento» está hecha con 4 focos y 2 sillas. No usamos más. Un buen texto con trabajo y talento. No hace falta más.
¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
Una de las últimas ha sido «El viaje a ninguna parte», una maravillosa historia sobre el mundo de los cómicos de la legua. Gran montaje. También «Locos por el té» para reírte durante 2 horas.
¿Proyectos?…
Entre los proyectos que vienen, el que más me apetece es el retome del monólogo que hicimos la temporada pasada «Agonía y éxtasis de Steve Jobs» dirigido por David Serrano. Y que vengan muchos más.
Entrevista a Blanca Li
¿Cómo surge el proyecto de ROBOT?…
Todo empieza del cotidiano, no hay un momento concreto en el que digo ¡Ay! voy a hacer este espectáculo, sino que, poco a poco, me voy dando cuenta de que las máquinas están invadiendo mi vida y están cada vez más presentes y esto me va creando una reflexión sobre un cambio que está ocurriendo y un día me entran las ganas y pienso que podría ser interesante trabajar sobre este cambio, la adaptación del hombre a la máquina… Hojeas la prensa y ves los robots, te metes en Internet e investigas un poco en nuevas tecnologías, y cosas que se utilizan ahora en la relación contemporánea: música, cine, … en la robótica hay un mundo increíble de posibilidades para crear y en Japón están muy obsesionados por encontrar un robot de compañía para, de alguna manera, ocuparse de una población que es cada vez más vieja y que necesita asistencia… hay un mercado a la vista. En Francia también existe una de las mayores empresas de robótica desarrolladas: acaban de sacar un nuevo robot que se llama Romeo, que es el hermano mayor de Nao, el que yo uso en el espectáculo, y cada vez se acerca más al robot de compañía.
Así que me fui a Japón para interesarme por todo ésto, inspirarme, ver exposiciones, encontrarme con gente que investigaba, ver los artistas que usaban máquinas y tecnología y ahí descubrí a Maywa Denki que es uno de los artistas que ha creado máquinas autónomas que en realidad son instrumentos que tocan solos, y me encantó el trabajo que hacía, me pareció muy bonito y poético y a la vez supermoderno y ultradesarrollado tecnológicamente. Correspondía con la idea que yo tenía del proyecto en el que los artistas y las máquinas compartían el espacio escénico.
¿Cómo ha sido el proceso dramaturgico en la puesta en escena?
En realidad, para mí, es como una metáfora del mundo contemporáneo y una reflexión sobre el presente y el posible futuro de la evolución de la relación del hombre y la máquina, que es obvia y que ha cogido una velocidad increíble: en los próximos años van a pasar todavía muchas cosas como las impresoras en 3D, que imprimen comida, los coches que viajan solos, … Hay un futuro muy cercano en que las cosas van a cambiar de manera radical y a mi me apetecía hablar de todo ésto, pero a través de sensaciones y con la idea de la evolución del hombre y de la adaptación del hombre a la máquina, que eso es lo que me sorprende: la velocidad a la que va surgiendo y a la que nosotros nos adaptamos, a los tres días ya manejamos el teléfono y sabes cómo funciona… las máquinas las crea el hombre, pero para que éste se adapte rápidamente. Y también reflexiono sobre la aparición del hombre-máquina: obviamente, con el primer implante de corazón y con otros órganos que se van a ir haciendo, el hombre tendrá piezas de recambio… Con todo este tipo de sensaciones es con lo que quiero experimentar.
Dentro del propio espectáculo se expresa esta evolución: al principio están los cuerpos y es una danza depurada, no hay nada, y poco a poco las máquinas van invadiendo el espacio escénico hasta que las máquinas están ahí como pepito por su casa y los bailarines se van acostumbrando a ellas, que es lo que pasa en la vida real… no nos damos cuenta pero ahí están.
¿Hay algún referente técnico del que has partido para esta coreografía?
Las máquinas de Maywa Denki serán las máquinas que toquen la música en directo, autómatas que son mis músicos. Al volver a París me encontré con los fabricantes de Nao, el robot humanoide que no llega al metro de altura y que está bastante desarrollado. Fui a ver a los fabricantes, ya que la parte del movimiento les interesa mucho y todavía tienen que investigar mucho hasta que el robot pueda moverse mejor. Decidí que haría el espectáculo con los autómatas musicales, las partes de video que suelo utilizar para mis espectáculos y los robots humanoides que me acababan de presentar. Ahí empezó la aventura y primer paso del espectáculo.
¿Cómo ha sido el proceso de creación?…¿Qué te ha inspirado?…
Ha sido largo, han sido casi tres años desde que tuve la idea hasta que he acabado el espectáculo. Siempre me ha gustado utilizar la tecnología, pero sabía que es algo lento y pesado y que tiene otro ritmo diferente al del bailarín en un estudio. Entonces, empecé mucho antes con las máquinas que con los bailarines. Sé el ritmo de los bailarines pero no sabía el de las máquinas y tenía miedo de que las máquinas me superaran y comencé con un programador que venía conmigo al estudio. Yo tenía que entender cómo funcionaba la programación de un robot y cómo podía darle una coreografía. Te das cuenta de que es muy lento, manipular mucho, es un trabajo de animación: le pones la mano en un sitio, lo grabas, subes un poco la mano, lo grabas…pero la pierna ya la has tenido que mover antes y grabarlo y tener mucho cuidado para que no pierda el equilibrio entre un movimiento y otro… es bastante complicado, lento y al principio frustrante porque llevaba cinco horas y no había conseguido que diesen un paso… Primero me tuve que adaptar a ese trabajo y saber cómo funcionan para poder saber lo que iba a hacer.
Por otro lado, con las máquinas musicales teníamos el mismo problema…hay que componer la música expresamente para esas máquinas, ya que no tienen todas las notas musicales, son instrumentos musicales y algunos tienen tres notas, dos sonidos… y entonces Tao Gutierrez, el compositor al que pedí toda la música, se tuvo también que ir a Tokio, pasar tiempo con las máquinas para entenderlas y cada uno intentábamos avanzar para tener, cuando llegaran los bailarines, una parte del trabajo hecho, porque sino era imposible.
Luego llegaron los bailarines, después de saber cómo funcionan las máquinas y como se programan, y en el estudio se empieza a trabajar… Primero organicé una parte de trabajo sólo con los bailarines y luego ya los juntábamos a las máquinas y a partir de ahí venían todos los problemas, muchísimos, la máquina se aceleraba, la música se cortaba, el robot se caía… todo era una superación de problemas…poco a poco y día tras día, y ante la desesperación de todo el mundo, conseguimos todos adaptarnos a ese ritmo de las máquinas y tener un poco de paciencia… a veces hasta se iba el wi-fi y había que parar, el ordenador que se bloqueaba, … los bailarines a veces se desesperaban también… no era un ensayo normal de esos que empiezas de arriba a abajo… al minuto teníamos que parar… pero día tras día superamos los problemas. El proceso duró 4 meses todos juntos y como un año desde el momento en que tengo las máquinas hasta el estreno.
¿Qué balances haces de tus últimos trabajos como creadora?…
Yo no hago balances… En realidad en el momento en que acabo un trabajo ya estoy pensando en el siguiente. Sobre todo vivo experiencias, cada trabajo para mi es una experiencia y es un periodo de mi vida que corresponde a un estado de ánimo, a algo que he vivido y cada trabajo corresponde a un periodo, a cómo estaba en mi vida y porqué lo hice y durante el momento en que vivo ese proceso, estoy metida en algo, me lo paso superbien y me divierto un montón y cuando ya salgo de ese proceso, que ya siento que lo he acabado, porque no es el día del estreno, sino que a veces tardo un par de meses más mientras el espectáculo gira y lo veo, lo analizo, lo cambio, lo arreglo… y hay un día en que lo dejo en paz y me vuelve a arrancar la capacidad de crear. Pero mientras tengo un proyecto es un bloqueo que me cuesta pensar en otro proyecto…aunque a veces se me han juntado varios… Muchas veces tengo que esperar meses para que de entre las ideas que tengo una coja más fuerza.
¿Qué espectáculo de danza has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
Lo último que he visto es el de Benjamin Milpied, el que va a ser director de la ópera de París, y era un espectáculo interesante con piezas de cuatro coreógrafos invitados, cada uno con personalidades diferentes y a la vez con cierta unidad con lenguajes comunes y a la vez completamente diferentes y me apetecía verle porque es el referente de la ópera de París y viene de estar muchos años en Los Ángeles y es una personalidad en la danza. Me gusta ver el trabajo de otros coreógrafos.
¿Conoces el estado de la danza contemporánea en España?…¿Qué referentes internacionales tienes en la danza?…
Es una catástrofe, pero no es de ahora, ha sido siempre una catástrofe. La pena es que no ha evolucionado mucho en todos estos años. Me fui de España por desesperación, no sé si me habría quedado si la danza estuviera mejor. Tenía la sensación de tener un paredón delante, de estar encerrada ante una muralla. Sentí claramente que no iba a crecer. Tenía mucha energía y ganas pero es como cuando estás encerrado…y lo sentí como una necesidad fuerte el tener que salir e irme para poder crecer y, realmente, es lo mejor que hice en mi vida, porque creces con la experiencia y la posibilidad de crear, nadie es crear, pero si tienes la posibilidad de crecer y crear como artista hay que intentarlo y eso solo te lo permite la creación, darte hostias y trabajar día a día… Para mi la creación es como un músculo, hay que ejercitarlo e ir mejorando, pero si no puedes, y es el caso aquí, porque es muy difícil crear si no tienes un contexto, ayudas… las compañías están solas y no tienen ningún tipo de ayudas y como artista es difícil crecer en esas condiciones. No es cuestión de ganar dinero en la danza… aunque seas el mejor del mundo no genera grandes beneficios, es una economía pequeña, pero por eso es importante el apoyo, que te arropen, que haya teatros que te programen, gente interesada… En Francia los teatros tienen la programación hecha con un año de antelación, tienen los teatros con su público y te hacen promoción, en España no. Incluso hay teatros que te ayudan en la producción. Tienes compañeros y no estás solo, aquí no.
¿Proyectos?…
Tengo siempre mil… el problema es decidir cual. Estoy haciendo un rodaje de una adaptación de mi espectáculo «Electro Kif» al cine y tengo otro proyecto cinematográfico, otro espectáculo con el que voy a empezar a trabajar, otra cosa en Nueva York, otra en Buenos Aires…
http://www.teatroscanal.com/espectaculo/robot-danza-blanca-li/
PEDRO YAGÜE nos habla de su larga trayectoria como iluminador escénico.
¿Cómo surge tu participación en el proyecto del Laboratorio del CDN?…
Me llama Aitana Galán en representación del CDN para proponerme el proyecto. Tres textos diferentes del mismo autor, con tres directores diferentes, y tres propuestas diferentes… Me interesa desde el primer momento.
¿Qué balance haces de tu trayectoria como iluminador?…
El balance es muy positivo. LLevo casi veinte años vinculado al mundo del teatro, al mundo de la iluminación teatral. Mis inicios se remontan al Teatro Universitario de Murcia. El balance profesional ha sido muy bueno. Desde mis comienzos, cuando llego a Madrid, como técnico de luces en compañías privadas, pasando por mi estancia en el Teatro de la Abadía durante ocho años y ahora trabajando como diseñador de iluminación para diferentes directores. Es totalmente satisfactorio.
¿Cuáles han sido los proyectos para los que has realizado un diseño de iluminación en el último año?…
«Julio César» con dirección de Paco Azorín. He trabajado en la CNTC, realizando «El Lindo Don Diego» con dirección de Carles Alfaro. «Esperando a Godot» para el CDN con dirección de Alfredo Sanzol. «Días sin gloria» con dirección de Fefa Noya para el CDG. «No se elige ser un héroe» con dirección de Roberto Cerdá, producción de Mutis a Escena. Con la compañía Nao d´ Amores «Penal de Ocaña» con dirección de Ana Zamora. «Ejecución hipotecaría» de K Producciones, dirigido por ADolfo Fernández… Entre otros proyectos.
¿Cuando te llega la propuesta de un proyecto te dejan margen de creación o te piden lo que necesitan?…
Si. Es una combinación entre lo que te piden y lo que tu puedes aportar al proyecto. Considero que un proyecto teatral surge de una combinación de disciplinas artísticas que están coordinadas por el director. En lo que concierne a la iluminación intento aportar todo aquello que pueda ayudar al espectáculo en su conjunto.
¿A partir de qué creas los diseños de iluminación?…
Son muchos los factores que inciden para la creación de un diseño.
Comienzo el trabajo por una primera lectura del texto, una aproximación, llamémosle, limpia de intenciones, un dejarse impregnar por lo que el texto nos dice. De esta lectura se van a desprender las primeras impresiones generales, a la búsqueda de una perspectiva necesaria para más tarde, a posteriori, adentrarme en un análisis más profundo y pormenorizado.
El texto, de primeras, suele darnos un espacio y tiempo determinados que, en su interpretación, el director podrá modificar en mayor o menor medida. Será también el director el que establezca, sobre todo en el transcurso de las primeras reuniones de equipo, las pautas a seguir para mostrar lo que él defina como lo esencial del montaje. Partiendo de esta base, el devenir del proceso creativo se irá trazando en posteriores reuniones y, fundamentalmente, durante los ensayos, que para mi son esenciales para el trabajo de creación, y consistentes en lo que su propio nombre indica: ensayar, probar para desechar, y así poder encontrar los elementos artísticos que puedan confluir en la puesta en escena final. Los utilizo fundamentalmente, para hacer el guión o la dramaturgia de la luz que más tarde plasmaré en la puesta en escena, es decir, realizo bocetos de guión, una especie de story board, que durante el montaje iré perfilando hasta el mismo día de el estreno. En esta parte del proceso, el papel de la dirección artística es crucial para llegar al final del camino con una estructuración de imágenes e ideas subyacentes que estén al servicio de esa esencia del trabajo que mencionamos.
También la documentación, es decir, recabar la información que considero necesaria para el proyecto, supone uno de los puntos más importantes y divertidos a la hora de desarrollar el trabajo.
En sentido, suelo trabajar mucho con imágenes, sobre todo pintura, fotografías, y también con videos y películas que puedan estar relacionadas de alguna manera con el tema que trate el texto.
¿Qué iluminadores tienes como referencias?¿Por qué?…
Uno de mis primeros referentes cuando empece fue Robert Wilson, quizás por ese universo tan particular que crea en sus montajes, y que en un primer momento llama poderosamente la atención. Visualmente, siempre me han llamado la atención figuras como Vittorio Storaro, Gordon Williand, Gregg Tols, importantes directores de fotografía. Y en España, son referentes para mi trabajo maestros como Juan Gómez Cornejo o Francisco Leal. También lo fue el desaparecido Josep Solbes. Son las primeras fuentes en las que bebí.
¿Hay una carencia de formación a nivel iluminación en la profesión teatral de nuestro país?…
Creo que cada vez está mejor, se lucha para ello. Pero sí, es evidente que estamos muy lejos de disponer una formación adecuada y profesional en el sector del diseño de iluminación teatral.
¿Cuál ha sido tu formación en esta materia?…
Mi formación es y ha sido totalmente autodidacta. Como decía más arriba empece en el Teatro universitario de Murcia (estudiando Filología hispánica), y mis conocimientos los he adquirido a través de mi interés por aprender y por la práctica de mi trabajo, por la experiencia adquirida a lo largo de los años.
¿Qué iluminación has visto últimamente que te haya interesado?…
El último espectáculo de teatro que he visto ha sido «El viaje a ninguna parte», con iluminación de Juan Gómez Cornejo. Me gustó mucho su trabajo.
¿Están bien dotadas técnicamente las salas actualmente?…
Depende. Hay de todo. Pasas del todo a la nada. No existe un equilibrio, lo que implica que los montajes teatrales sufran fuertes adaptaciones para poder moverse.
¿Se nota la crisis actual en la demanda de iluminación?…
Si se nota, como creo que en todo. Seguimos trabajando pero las condiciones económicas y de infraestructura de montaje se han rebajado de manera considerable.
¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempo de crisis?…
Creo que lo importante en nuestro trabajo, tanto en tiempos de crisis como en cualquier otro, es no perder nuestra ilusión y amor por este oficio que considero una profesión tan digna como otra cualquiera, y a la que hay que dedicar todo nuestro esfuerzo.
¿Qué proyectos tienes entre manos?.
Ahora mismo estoy trabajando en el CDN en el Ciclo de José Ricardo Morales, y también en una ópera (coproducción del Teatro del Liceo y el Teatro del Canal), «La voz humana» con María Bayo y dirigida por Paco Azorín. También hay un proyecto para el Festival de Mérida. Para después del verano, una «Carmen» para el Teatro de la Zarzuela dirigida por Ana Zamora y un «Don Juan…» dirigido por Blanca Portillo.
INMA CUEVAS nos habla de su intenso trabajo en los últimos proyectos escénicos.
¿Qué es el teatro para ti?…
Donde crezco, donde me refugio, donde respiro. La libertad. A donde acudo para hacerme mayor, para volver a ser niña, donde juego, donde sueño.
¿Por qué haces teatro?…
Porque un día decidí que allí, encima de un escenario podía ser.
¿Qué balance haces de tu trayectoria como actriz?…
Más que positivo, soy muy afortunada.
El esfuerzo se ve recompensado.
¿Cómo surge tu participación en los proyectos en que estás implicada ahora?…
De muy diversas maneras.
Juan Mairena, director y autor de Cerda se puso en contacto conmigo para ofrecerme un personaje en su obra. Lo leí, me apasionó su lírica y su sentido del humor. Entendí cada palabra y el porqué de cada coma. Delirante y valiente.
Pablo Muñoz -Chápuli, director de No son maneras de tratar a una dama, me conocía de haber trabajado en una producción anterior, Anda que no te quiero, parece que mi locura y mi comicidad le atrajo para colaborar en este gran musical del Off Broadway, lo único que le faltaba era saber si daba la nota, y ahí la he estado dando con fortuna.
True West es el más personal de todos. Mis compañeros de Los últimos días de Judas Iscariote , Alberto Berzal ,Luis Rallo e Israel Frías llevaban mucho tiempo soñando con poner en pie este texto de Sam Shepard. Quisieron contar conmigo y ahí estuvímos los lunes de Marzo, en el Hall del Teatro Lara bajo una impecable dirección de José Carlos Plaza.
MBIG llegó de la mano de José Martret. Imagino que entre los pasillos de La casa de la portera e iluminada por los cirios de Sor Cicilia, Martret vio la luz para enfundarme en una deliciosa Camelia a la que la debo tantas satisfacciones…
¿Cómo fue el proceso de creación en cada una de las propuestas?…
Cada proyecto nace de un lugar distinto, con compañeros que aportan desde perspectivas diferentes, pero siempre los abordo desde la ilusión, el compromiso y el rigor.
¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para crear tus personajes?…
Todos ellos están llenos de matices partiendo primero del propio texto.. porque ahí están muchas de las respuestas y luego añadiendoles color con todas las referencias posibles, desde lo que te dice el director de primera partida y leyendo sobre el autor, un perfume, una obra pictórica, una banda sonora particular, alguna serie de tv, viajando y descubriendo con tu imaginación lugares donde nunca has estado. Improvisando entre cajas. Dejandote llevar por lo que te proponen otros. Cuantas más referencias tengas más rico es el personaje.
Camelia de MBIG siempre despierta a la mañana cantando a Frank Sinatra, por ejemplo.
¿Cómo preparas los personajes?…¿Cuál es tu método?…
Después de un camino andado seleccionas lo mejor de cada casa, lo que de verdad crees que concuerda con tu forma de trabajar y de jugar con un texto, con un personaje, con tu compañero, con el público.
El rigor, la intuición y el trabajo constante. Ese es mi método. Saber lo que uno dice, a quién y por qué. Preparar el cuerpo y seguir descubriendo.
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Cualquiera que nos remueva en la butaca, cualquiera que al salir sigamos pensando que estamos vivos.
¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes en las ayudas al teatro?…
Por un lado parece que al haber poco presupuesto todo vale encima de un escenario y además se están recortando mucho los sueldos. Ya no se puede vivir de hacer un espectáculo, haces varios a la vez, o te buscas un trabajo alternativo como es el caso de muchos de nosotros… y por otro están surgiendo grandes propuestas teatrales que hacen que valga la pena seguir luchando a pesar de los obstáculos que nos ponen.
¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
Eso mismo, seguir creando. Los actores siempre estuvimos en crisis. Perseverancia y pensar que se puede.
¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
La visita escrita y dirigida por Antonio Muñoz de Mesa con Rosa Mariscal e Ivan Villanueva. Gran texto, grandes personajes. Delicada, poderosa, exquisita y al estómago.
¿Que ha significado el premio de la Unión de actores?…
He recibido todo el cariño y más por parte de mis compañeros actores. Después de todo un año trabajando duro este reconocimiento me alienta a seguir caminando. Muy agradecida.
¿Proyectos?…
Sigo con MBIG hasta el 13 de Abril y en Mayo estrenaré un proyecto muy personal y necesario en la sala Kubik Fabrik.
Muy pronto os iré contando.
Víctor Velasco nos habla de su trayectoria como director de escena
¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…¿Realizaste otras facetas además de la dirección?…
Mi afición por el teatro se desarrolló a partir de mi interés por el cine. Yo era un auténtico devorador de películas. De la misma manera que otras generaciones han desarrollado una gran fascinación por el cine, creo que la mía, o al menos yo, ha desarrollado una análoga, por unos locales a pie de calle llenos de estanterías repletas de cintas que conociamos como videoclubs. Benditos videoclubs.Yo, de mayor, quería dedicarme al cine y para conseguirlo, me apunté a un taller de teatro del centro cultural de mi barrio. Benditos centros culturales de barrio. Y desde entonces, mi interés por el cine ha quedado eclipsado por mi pasión por el teatro. Empecé haciendo algún curso y taller de interpretación, hasta que en COU, sin saber qué hacer o qué estudiar, me enteré de la existencia de la escuela de arte dramático. Así que me presenté a las pruebas de acceso de la RESAD para la especialidad de dirección, y me admitieron. A los pocos meses de licenciarme, tuve la gran suerte de entrar a trabajar como segundo ayudante de dirección con Miguel Narros, en la compañía de Andrea D’Odorico. En dicha compañía también trabajé de regidor, de sonidista y como coordinador técnico de la gira. Esos años me permitieron conocer aspectos de la profesión que no había aprendido en la escuela.
¿Tu trabajo en el teatro lo has compatibilizado con otros trabajos?…
Sí. Por desgracia, en nuestra sociedad ganarse la vida es una tarea muy complicada. Más todavía si se pretende hacer con aquello que a uno le gusta y para lo que has estudiado. Parece hecho aposta. Y conseguirlo se convierte en un auténtico milagro. Pero no me arrepiento. En mi caso, alejarme del ámbito teatral de vez en cuando ha resultado ser un acicate para querer seguir vinculado a él. También dentro de la profesión teatral he trabajado en diferentes puestos. Y estoy orgulloso de todos y cada uno de esos trabajos.
¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
De muy distintas maneras. Algunos de proposiciones de conocidos, o incluso de desconocidos. Otras, de mi propia voluntad, de la recurrencia de algún texto, o idea en la cabeza. Me alegro de haberme vinculado a proyectos en los que la ilusión de un grupo determinado fuera el motor principal. Pero hasta el momento, he tenido la suerte de no tener que decir que no a ningún proyecto que me hayan propuesto. Digamos que he alternado mis proyectos personales con otros a los que he sido invitado a participar.
¿Cómo surgió tu participación en el Laboratorio del CDN?…Háblanos de él…
Como integrante del laboratorio Rivas Cheriff sólo puedo tener palabras de elogio hacia esta valiosa iniciativa. Creo que su objetivo es el de generar un espacio de diálogo y creación para que los profesionales más jóvenes puedan desarrollarse. El laboratorio lo componen creadores de todas las ramas teatrales (dramaturgia, escenografía, vestuario, iluminación, audiovisuales), y es un complemento perfecto a “La vía del actor”. El espectáculo que vamos a estrenar, Las horas contadas y La corrupción al alcance de todos de José Ricardo Morales es un buen ejemplo del funcionamiento del laboratorio: Este espectáculo está integrado en su totalidad por profesionales vinculados a dicho laboratorio y al de La vía del actor. Además, el caracter experimental del mismo nos ha permitido indagar en propuestas y lenguajes teatrales que en otros contextos resultarían difíciles. Así ha sucedido con este proyecto, en el cual hemos tenido la suerte de contar con todos los medios técnicos y humanos del CDN, y estrenar a este no muy conocido, pero no por eso menos valioso autor, inédito en nuestro país, con el propósito de acercar su obra a la sensibilidad del espectador de hoy.
¿En qué proyectos has participado durante el último año?…
He compatibilizado montajes propios con ayudantías de dirección. Hemos tenido bastantes funciones de El chico de la última fila de Juan Mayorga, creo que llevamos unas 120, lo cual, teniendo en cuenta los tiempos que corren y de que se trata de una compañía novel es poco menos que inaudito. Es un espectáculo que no deja de darnos alegrías. Ahora mismo se está representando en Barcelona, en la sala Muntaner. También he tenido el honor de participar en un laboratorio de investigación del ETC, organizado por la Cuarta Pared, del que surgió el impulso de montar Aqui hay una mano, de Juanma Romero Gárriz, recién estrenada en esa sala.
¿Qué proyectos tienes entre manos?…
Por el momento, estoy absolutamente centrado en el estreno y últimos retoques de los textos de José Ricardo Morales. En cuanto se estrene volveré a la dura actividad de intentar vender Aquí hay una mano, espectáculo complejo con el que estoy muy ilusionado. También hay un proyecto sobre un fantástico texto de Lucía Vilanova, para el cual estamos buscando ayuda para sacarlo adelante.
¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?…
Los recortes son nefastos. No entiendo que alguien pueda estar de acuerdo con ellos. Para mí, sin duda, los peores son los relativos a la educación, ya que en el futuro afectarán a todos los aspectos de la realidad, desde la sanidad hasta la cultura. Tampoco entiendo la falta de visión estratégica en el apoyo a nuestra cultura. La cultura, si se sabe gestionar, es una poderosísima y peligrosa arma politica y no la seudo-ocupación de un puñado de desharrapados. Otros paises nos colonizan a través de su cultura y eso no parece importarle a casi nadie. España, pese a ser un país no muy poblado en relación a sus vecinos, siempre ha destacado por su cultura. No puedo entender que nosotros mismos la boicoteemos. Es del género tonto. Debe ser parte de nuestra esencia. Siempre que pienso en este tema me acuerdo del cuadro de Goya duelo a garrotazos. No entiendo por qué hemos desarrollado cierto tipo de complejo que nos impide decir (y pensar) que la cultura es una necesidad social, una necesiad del espíritu, una necesidad irrenunciable para el ser humano.
¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
Disfruté mucho de Ensayando Don Juan de Albert Boadella. Soy un gran admirador de su trabajo. Gracias a su ironía y mala leche habitual sales del teatro con alguna interesante reflexión flotando en la cabeza y una gran sonrisa en la boca. De otro formato, vi hace algún tiempo La otra voz, versión de Manuel De sobre La voz humana y me encantó. Me entusiasmó el universo dramático que plantea a partir del famosísimo texto de Cocteau.
¿Alguna sugerencia para seguir creando y haciendo teatro en tiempos de crisis?…
Aguantar. El teatro ha resistido crisis y multitud de avatares durante más de tres mil años. Será porque resulta necesario para el ser humano.
ELISA MATILLA nos habla de su pasión por la interpretación
¿Qué es el teatro para ti?… El intercambio de energía entre público y actor.
¿Por qué haces teatro?…Es el medio en el que me siento más cómoda y en el que tenido oportunidad de interpretar los personajes más interesantes.
¿Qué balance haces de tu trayectoria como actriz?…He tocado cine teatro tv , conedia y drama . Actriz multiusos.
Háblanos de tus últimos trabajo…
En tierra de lobos la prostituta borracha y descarada, y ahora La Carmela. Creo que es el personaje más bonito que me ha llegado. Su fuerza y fragilidad conviven en un corazón grandísimo.
¿Cómo surge el proyecto de Ay! Carmela?…
Fui yo la que me ofreci, me enteré que Pepe Bornas tenia el proyecto para montarla y le dije a mi amigo Javi Mora, amigo del director también, que le dijera que yo era su Carmela.
Háblanos de tu personaje…
Realmente hemos apostado por dos Carmelas diferentes, Carmela viva y Carmela muerta. La viva es madre, con carácter, espontánea y descarada. La Carmela muerta es hija, débil, borrosa, dulce e inocente. Es maravilloso poder hacer dos registros en un mismo personaje.
¿Hubo ocasión durante el proceso para que los actores aportaseis ideas en la puesta en escena?.
Pepe Bornas es un director que escucha mucho al actor…Muchísimo. Te deja probar todo y si le convence te lo compra.
¿Cómo ha sido el proceso creativo?…
Muy minucioso, hemos dado mil vueltas al texto. En los ensayos descubierto una dependencia entre Paulino y Carmela que aprovechamos para enfocar la historia de amor de esta pareja.
¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para crear tu personaje?…
La verdad…las tripas y la honestidad es mi referente.
¿Cómo preparas los personajes?…Como un niño con un juguete nuevo, no lo suelto durante el día y duermo con el. Luego lo desmontó para ver que tiene dentro y lo vuelvo a montar.
¿Cuál es tu método?. La verdad…es el único método que conozco.
¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?… Todas…entretener, divertir, enseñar, reivindicar, que el público escoja lo que quiere sentir cuando mira la cartelera y que tenga la oportunidad de poder verlo.
¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?… Puñalada, andamos heridos. Las producciones han dejado de ser rentables y es casi imposible vivir de esto, que es nuestra profesión.
¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?… Respetar los convenios y los derechos por los que mucha gente lleva luchando mucho tiempo. Esto no es una afición es una profesión de la que vivimos.
¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?… La vida resuelta, cuenta problemas actuales que llegan al público a golpe de carcajadas
¿Proyectos?… Continuar disfrutando de este regalo que es la Carmela y que pase por todos los teatros posibles .











































































































































































































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